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Conversando de Reynaldo y muchos más, en Las Terrazas

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Reynaldo, en la dedicatoria del libro me escribía “…esto no es un libro, es un trago de mi vida, un regalo, fue una tregua en una guerra de un solo lado”.

Reynaldo, en la dedicatoria del libro me escribía “…esto no es un libro, es un trago de mi vida, un regalo, fue una tregua en una guerra de un solo lado”.

No piense en la terraza de una casa, piense en una superficie horizontal de terrenos en declives, en un producto de la obra humana que se sostiene por un talud y que se utiliza para labores agrícolas. Las terrazas se preparan en terrenos de grandes pendientes, de más del 30 por ciento, donde no es factible la excavación horizontal.

El desarrollo de este tipo de construcciones escalonadas tiene relación directa con la falta de terrenos de cultivos llanos, o una alta densidad demográfica que obliga a poner en producción nuevos terraceos, en otros tiempos desechados. La creación y el uso de terrazas requiere movilizar una gran cantidad de mano de obra para su construcción y mantenimiento, los cuales terminan por abandonarse una vez se reduce el crecimiento demográfico y ya no se requiere ponerlos en producción.

“Conversación en Las Terrazas”, escrita por Reynaldo González Zamora (Ciego de Ávila, 1940), fue publicada hace apenas 4 años, pero escrita en 1971. Narrador, ensayista, periodista, Premio Nacional de Literatura, Premio Nacional de Periodismo Cultural y muchas veces Premio de la Crítica, Reynaldo es también el autor de “Siempre la muerte su paso breve”, “Al cielo sometidos”, “Miel sobre Hojuelas”; de los ensayos  “Contradanzas y latigazos”, “El bello Habano”, “Lezama revisitado”, “Cine cubano, ese ojo que nos ve”, “Llorar es un placer”, “Caignet, el más humano de los autores” y de los testimonios “La fiesta de los tiburones”.  En la actualidad, dirige la revista literaria “La Siempreviva” y es miembro de la Academia Cubana de la Lengua.

El libro narra la vida de los pobladores que hicieron posible la existencia de una especie de paraíso verde hoy en día, de 5000 hectáreas de bosques, puesto a disposición de los amantes del ecoturismo. De una zona rica en flora y fauna, en sitios históricos, en lagos, ríos, cascadas y cuenta cómo vivían los que habitan un asentamiento poblacional, de aproximadamente 1000 habitantes,  construido por los protagonistas de la única experiencia rural en vías de desarrollo sostenible en Cuba. Casas de familias de campesinos, obreros, artistas plásticos, músicos, artesanos, actuales anfitriones del lugar y en muchos casos descendientes de campesinos y carboneros que apostaron a favor del mejoramiento humano.

Pero si el libro “Caignet, el más humano de los autores” de Reynaldo, nos pareció una revista de la década del 30 o del 40 o un documental; “Conversación…”, es un documental, en blanco y negro, que se puede hojear y el espíritu del libro y las fotos que lo ilustran, de Osmany Cienfuegos y Miguel Alfonso, así lo confirman. Este libro, a cargo de Ediciones Boloña, Publicaciones de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana sobriamente editado, entrega al lector un tesoro que hará recordar a quienes lo oteen cómo se llevó a cabo la reforma agraria en la zona donde estuvo enclavado el antiguo cafetal “La Ermita” en  Pinar del Río, y el esfuerzo que costó unir a los pobladores y crear lo que hoy se conoce como la Comunidad Las Terrazas, enclavada en la Sierra de los Órganos.

Por boca de Aquilino Mendive, Alberto y Justo Naite, Toribio y Sabina Ramos, Antolín Mezquía, Julio Borreego (sic), Ernestina Laborí, María Morejón, Sandalio y Tomás Rivero, Isidra Hernández, Margarito Barbosa, Juan Martínez Martín, Aurelio Graverán, Luis Romero, Basilio Castillo, José María Benítez y Aleja Naite Cabezas, de la mano y de lo escuchado por Reynaldo, vamos conociendo las referencias históricas de la zona, la tenencia de la tierra, la organización política y social,  el ciclo de la vida y las costumbres, la explotación de los bosques y el nacimiento de una comunidad que la Revolución creó entre el lomerío de Rancho Mundito y San Andrés del Caiguanabo.

Historias insólitas hoy para los cubanos, como esta de Sandalio Rivero acerca de los zapatos que usaba su padre que le transcribimos. “Mi papá vino a usar zapatos después que ganó la Revolución. Antes, para ir a las poblaciones, buscábamos a algún vecino que tuviera zapatos, porque siempre había gente con otras posibilidades, con otras condiciones de vida. Ese compraba un par de zapatos y lo guardaba. No porque él los usara todo el tiempo, no, los guardaba. Zapatos que se llamaban Chipe, que los fabricaban en Bahía Honda. Un zapato fuerte, de trabajo. La cosa era que cuando papá tenía que ir al pueblo, mandaba a alguno de nosotros. “Dile a fulano que me preste los zapatos”. Le prestaba los zapatos, se los echaba al hombro, cuando iba llegando al pueblo se los ponía, estaba un rato allá, haciendo las diligencias que había ido a hacer cuando salía, se volvía a quitar los zapatos para devolverlos sin estropeo. Y no era mi papá solo. Allí había doscientas o trescientas familias y, entre esas familias, si había treinta personas con zapatos, eran muchas”[i].

Y ¿cómo llegó Reynaldo González allí? Fue una época difícil hubo desde “indigencia crítica”[ii] hasta censura insana. Fueron años en los que a algunas obras no solo le “cortaron” pedazos sino que pasaron al ostracismo con sus autores y que muy bien Jorge Fornet analiza en su reciente ensayo: “El 71. Anatomía de una crisis”, Editorial Letras Cubanas, 2013[iii].

Reynaldo, en la dedicatoria del libro me escribía “…esto no es un libro, es un trago de mi vida, un regalo, fue una tregua en una guerra de un solo lado”.

Entre colinas y valles, por ejemplo, en el Valle San Juan, quedó construido el hotel “El Moka” una instalación que deviene sitio ideal, porque nos sale de entre los árboles y nos invita a descansar luego de caminar por senderos de montañas. Está también en el lugar la reconstruida la casa del cafetal “Buenavista” y se puede andar y desandar en busca de la flora autóctona por los senderos “La Serafina”, “Las Delicias”, “El Terracero” y “El Taburete”, y hasta se puede uno sumergir en las aguas de los ríos San Juan y Bayate.

Pero para comprender lo que hoy es este lugar hay que volver a “Conversación en Las Terrazas”, para que perciba el lector de dónde salió esto que vemos hoy. Para ello reproducimos el testimonio de Isidra Hernández, Lila, que cuenta.  “Me encontré sola en aquel parto y ni me puse a pensarlo. No me podía levantar, me daban mareos. Me senté en la cama y yo misma le corté el ombligo y la preparé. Había oído conversaciones de parteras y, de tanto oír cuentos, sabía como hacerlo. El cordón del ombligo es un tripote largo. Usted mide el grueso de un dedo, para dejárselo, y amarra. El grueso de dos dedos son los que deja, para que se le caiga con los días, cuando sane por si mismo. Si mide bien esos tramos, usted verá que no hay problemas. Sana solo”[iv].

Pero, ¿cómo comenzó lo que es hoy en día el Complejo Las Terrazas?. Un amigo me contó que él había cometido un error y su jefe le dijo, “mira después de la que has armado…, bueno vete para el Cuzco”. Mi amigo cerró los ojos, era 1968, y pensó rápido “eso queda en Perú”. Era la época de las guerrillas, estaba reciente la experiencia del Ché en Bolivia. Mi amigo pensó, “para allá vamos”. Pero en la conversación con su jefe se fue dando cuenta que era otro Cuzco, el cercano al cafetal de “La Ermita”, era la loma del Cuzco en la Sierra de los Órganos y se fue hasta allí, llegó, trabajó durante años, hasta 1973, después regresó, y por allá anda todavía.

“Conversación…” no es solo historia, es una investigación socio cultural y una especie de regreso al pasado, para ser revisitado, para no olvidar y para tener siempre presente de dónde se viene y hacia dónde no se puede tornar.

Referencias

[i] “Conversación en Las Terrazas”, pág. 61

[ii] Ver: Eduardo Heras León: “Siempre la vida, su paso breve”,http://www.lajiribilla.co.cu/2010/n459_02/459_05.html

[iii] Ver: Leonardo Padura Fuentes. “El 71. Anatomía de un crisis”,  http://www.ipscuba.net/index.php?option=com_k2&view=item&id=9901:el-71-anatom%C3%ADa-de-una-crisis&Itemid=11

[iv] “Conversación en Las Terrazas”, pág. 56

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  • Rogel dijo:

    Conozco el poblado y lo he visitado varias veces pues me encanta y además mi hermano Fernando vive allá. El lugar es increíble por lo que ha logrado una comunidad completa bajo la conducción de líderes locales y Osmani Cienfuegos. Toda la población trabaja para lograr un entorno hermoso, de respeto al medio ambiente y la naturaleza. Cada casa, instalación turística, camino, institución y acción de los terrazeños se piensa en esa dirección y los resultados se viven en cada paso que tu das. Desde el maravilloso hotel Moka hasta las más modestas viviendas de los lugareños, sus jardines y patios, los senderos y parques…todo, en fin es un ejemplo. Pero lo más maravillosos es su gente: sencilla, afable, servicial, cariñosa y familiar; un tipo de persona que el terraceño más popular: Polo Montañes definió muy bien; “guajiro natural”

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F. Vladimir Pérez Casal

F. Vladimir Pérez Casal

Filólogo cubano. Colaborador de Cubadebate.

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