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Un recuerdo inolvidable

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Vuelvo a la playa de Jaimanitas, pues yo la considero  mi segundo terruño, allí, se desarrolló mi adolescencia.  Con sólo 13 años comencé a visitar diariamente este pueblo, iba en el carretón para vender  viandas y frutas. Íbamos de casa en casa y de cuadra en cuadra. Eso me permitió establecer muy estrechas relaciones con la mayoría  de los que allí vivían, alli vi, sentí y viví muchos  momentos decisivos de mi vida.

¿Cómo olvidar a Blas y Eustronia su mujer, que tantas veces me acogieron en su modesto hogar? Ella fue como una madre para mí, cariñosa y servicial. Otra vecina  extraordinaria  lo fue Carmelina y su familia. ¿Acaso sería posible no recordar al viejo López, aquel que me compraba los mangos? Él no dejaba de aconsejarme que me superara.  Juan Chiquito también era otro que me estimulaba.

Allá arriba, casi al final de la calle principal, vivían el viejo Leo y su familión, estos siempre tenían para mí su mejor trato, alimentaban mis deseos de vivir eran todo: dulzura y cariño.   En la siguiente esquina estaba el bungaló de Angelita, este era una casa de madera, siempre pintada de blanco y filetes rojos, tenia  dos plantas y sin portal, su fondo era acariciado por las olas del mar. En la temporada de playa, ellos alquilaban habitaciones. Allí vivían; Angelita,  su esposo y su hijo quien  fue afectado cuando muy niño por la  poliomielitis, Angelita con su elevada cultura, puso un estimado por ciento en mi superación.

Mi última parada en esa calle,  era en  la casa de Alejandrina, otro manantial de amor, era viejita, de unos 70 años, aunque actuaba con espíritu juvenil, siempre tenía algo que ofrecerme para mitigar el hambre  que ya me golpeaba a esa hora. Al lado de la residencia de Alejandrina estaba la mansión de Lucilo  de la Peña,  viejo camaján, que había estado muy compenetrado con los gobiernos de Machado y después con el primer gobierno de Batista, del 33 al 44. Este había construido dos muros que se adentraban, más de 50 metros dentro del agua de la playa que estaba en la parte trasera de su mansión. Eran muros, altos y sólidos, así evitaba que el pueblo entrara en lo que el consideraba, su predio. Esto motivaba, el odio y rechazo de todo el pueblo.

El 1ro de junio de 1944, Ramón Grau San Martin ganó, con el Partido Auténtico, la presidencia de la República.  Eduardo Chibás, quien había sido un eterno crítico de los gobiernos anteriores y muy especialmente del viejo Lucilo de la Peña, y quien era en esos momentos, parte del Partido que tomó el poder,  se las arregló y consiguió un barco guardacostas y vino a Jaimanitas. A golpe de mandarria, con la ayuda de los marinos y el pueblo, echó abajo aquellos odiados muros.  Fue un verdadero acontecimiento, el pueblo se votó para la calle.  Toda la prensa nacional divulgó el hecho.

Son muchos los recuerdos que tengo aún, incrustados en mi mente, son recuerdos que sembraron la semilla, en aquel surco abierto, que era mi adolescencia. En este trabajo, que hoy expongo, he relatado muchos momentos vividos en esta playa, estos son solo algunas de las muchas experiencias que viví.

Gilda Hernández con su esposo y el hijo (Sergio Corrieri) en Jaimanitas.

Gilda Hernández con su esposo y el hijo (Sergio Corrieri) en Jaimanitas.

He dejado para el final, el intercambio, que día a día, yo sostenía con aquella extraordinaria patriota intelectual, Gilda Hernández. Ella marcó mi vida para siempre, fue la que más me alentó, para superar la categoría de “viandero” y convertirme en otra  persona.  Ya, al final, yo contaba con 17 años de edad y creo que es cuando doy el salto.  ¿Como olvidar aquel tesón y sacrificio diario, estudiando en el camino de ida y vuelta a la playa?, ¿cómo olvidar  los consejos constantes de Gilda?

Esa foto que aparece en este trabajo, donde estoy detrás del carretón con una piña en la mano, me la tomó ella, allí a su lado estaban su esposo y su hijo, este último, de unos 10 u 11 años, espigado y flaco.  Años después supe, que aquel hijo de Gilda, se nombraba Sergio Corrieri, convertido en un extraordinario actor y  el principal protagonista de las películas cubanas “Memorias del Subdesarrollo”, “El hombre de Maisinicu” y el David del serial “En Silencio ha tenido que ser”.

Aquí tenía 17 años, época en la que hacia los viajes a Jaimanitas vendiendo viandas.

La foto de la piña tomada por Gilda. Aquí tenía 17 años, época en la que hacia los viajes a Jaimanitas vendiendo viandas.

Él partió a las montañas del centro del país para llevar la cultura a los campesinos que vivían  en esa zona, y allí creó el teatro Escambray, uniéndosele su madre en esta tarea. Su obra política estribó a la par de la lograda en el campo artístico.

Me he detenido en Corrieri, pues éste, con su actuar en la vida, ratifica los valores que le inculcó a su hijo aquella mujer, Gilda Hernández.

Sergio Corrieri amó su terruño con pasión, y tanto que cumpliendo sus deseos, al morir, sus cenizas fueron esparcidas en el territorio de aquel pedazo de su patria: Jaimanitas.

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  • Ramón dijo:

    Rectifico la falta de ortografía: Se escribe adjudicación y no abjudicación como aparece en el escrito. Gracias.

  • francisco dijo:

    Muy buenas narraciones de la epoca! Gracias a Pedro Urra por tan amenas publicaciones.

  • Ismael Glez dijo:

    MAGNIFICA Y SENTIDA CRONICA.

    OTRAS MUCHAS COMO ESTAS HACEN FALTA PARA: ENALTECER Y FORJAR UN NUEVO CRISOL PARA LOS ESPIRITUS DE NUESTRAS JUVENTUDES PRESENTES

  • Inés Sánchez dijo:

    Querido Pedro, como me alegró ver este capítulo. La anécdota de la playa cortada por los muros la refleja Sergio en uno de los cuentos de su libro También lo Imaginado. Gracias por recordar y hacerme recordar.

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Pedro Urra Medina

Pedro Urra Medina

Nació en 1929. Es historiador y columnista de Cubadebate.

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