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Festival de Cine Francés: No muy jugoso, mas siempre se agradece

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La edición 17 del Festival de Cine Francés no deja muchas sorpresas. Buenos títulos hay como siempre, mas siendo totalmente honestos, no se aprecia el parejo (y elevado) nivel de años anteriores, sobre todo el décimoquinto, que acaso celebrando la dorada fecha, regaló jornadas mucho más sustanciosas.

De cualquier manera se agradece: sigue tratándose de un impresionante fenómeno de público (la crítica no es que le haga mucho caso, pero eso es común a casi todas las ediciones) y siempre hay filmes que valen la pena.

Les 400 coups

Los 400 golpes.

Continuando la tradición de homenajear a una figura cimera del cine francés, esta vez la reverencia tocó, con gran justicia, al desaparecido cineasta François Truffaut, ese artífice de la Nouvelle Vague y mucho más que siguió. La revisión de los cuatro filmes seleccionados, empezando por ese clásico llamado Los 400 golpes patentizó la frescura de que gozan, como ocurre con toda gran obra.

Respecto a estrenos, resaltaríamos Los sabores del palacio/La cocinera del presidente (2012) del francés Christian Vincent, inspirado en personajes reales. Trayecto salpimentado con deliciosas recetas que sirven no solo lo mejor de la famosa cocina francesa sino atinadas reflexiones en torno a las luchas de poderes, envidias y rivalidades a los que se imponen la autenticidad (de lo cual los métodos y dedicación de la protagonista en la cocina son todo una metáfora), la dignidad y la autoestima.

Los sabores de palacio

Los sabores del palacio/La cocinera del presidente.

Funciona de manera bastante atinada en el filme la yuxtaposición temporal, cuando alternadamente nos enfrentamos al pasado “presidencial” de la competente chef y su presente en el nuevo sitio gastronómico. Sin embargo, no siempre el ritmo mantiene su curva de entonación: a veces se resiente, otras incluso cae y las propias alternancias de los planos temporal-espaciales se perciben un tanto violentos.

Ello no es óbice para que el trayecto gastro-fílmico se disfrute, tanto como cualquiera de las recetas de Hortense. Humor y seriedad conviven armónicamente en este grato periplo donde una vez más descuella esa notable actriz llamada Catherine Frot (La cena de los idiotas). La cocinera del presidente nos hará la boca agua durante 95 minutos.

Otro momento significativo del festival ha sido Renoir (2012), de Gilles Bourdos. A principios de siglo XX en la Riviera francesa, el gran pintor impresionista sufre por la reciente viudez, la artritis y la herida de su hijo mayor en la guerra; conoce una modelo que resulta la última en su vida y carrera, quien a la vez se enamora del militar cuando este regresa de pase.

Renoir

Renoir.

Andrée —que así se llama la joven— quiere ser actriz y lo entusiasma con la idea de tomar la cámara; él le hizo caso se convirtió en Jean Renoir, uno de los grandes del “realismo poético” del cine en Francia.

Más que una biopic, el filme es una celebración por la vida, un ars poetica que reflexiona en torno a la creación estética, una indagación acerca de los vericuetos del amor y los linderos que separan lo profesional de lo personal, con excelente diseño de personajes y una sólida estructura narrativa.

Hondamente lírica, para lo cual se apoya en virtuosa fotografía, Renoir cuenta con magistrales desempeños, ante todo, de Michel Bouquet y Christa Theret, ambos justamente laureados con los premios Lumiére que otorga la cinematografía gala.

Los viajes hacia el pasado nutren el cine; Camille regresa (2012), de la realizadora Noémi Lvovski trata el asunto, cuando la protagonista —una madura actriz alcohólica a punto de divorciarse-despierta en 1985, volviendo a la adolescencia.

Camille

Camille regresa.

Resulta original el hecho de que el personaje se rodea de condiscípulos, padres, amigos, en su edad y presencia actuales… sin que nadie lo note; mas, aunque se pongan de nuevo sobre el tapete los temas pulsados en este tipo de abordaje (lo irreversible del tiempo, las segundas oportunidades en la vida, etc.) el “chiste” se alarga demasiado, la obra se torna reiterativa y pedante y poco de real sustancia deja cuando ya se llega al minuto 115 de su largo metraje.

Si acaso, las notables actuaciones, comenzando por su propia intérprete protagónica, que es la misma directora.

Una historia que penetra en el sórdido mundo de la política en medio de crisis económicas y luchas por ascensos la ofrece El ejercicio del poder (2011), dirigida por Pierre Schoeller.

Al ministro de transporte le avisan de un terrible accidente en plena noche, y hasta los minutos finales del relato seremos cómplices del infierno que vive el funcionario y muchos de sus colegas, subalternos y personal de ese mundo.

El ejercicio del poder

La cinta se luce sobre todo en un dinámico montaje (Laurence Briaud) que impulsa la energía de la narración proyectando el estrés, la angustia y la presión del protagonista, sin que falte su vida personal, generalmente interrumpida por los imperativos de su puesto; de fondo, una Francia sacudida por la indetenible crisis que zarandea hasta hoy a toda Europa, la cual se refleja con detalle en el filme.

La actuación de Oliver Gourmet proyecta la complejidad de su personaje y su entorno, secundado por no menos eficaces colegas. Premio Fipresci en “Una cierta mirada” (Cannes) y 11 candidaturas a los César, avalan este notable título del Festival de Cine Francés.

Ese no es el caso, a propósito, del elegido para la  premiére: Como hermanos (2012) resultó una verdadera decepción, sobre todo porque siempre se espera para tal “arrancada” una obra con mayores quilates.

Como hermanos

El realizador Hugo Gélin comete errores típicos de debutante; esta, su ópera prima en torno a tres hombres unidos por el amor de una amiga que muere de una enfermedad terminal, carece de la gracia y la fuerza esperable en cualquier road movie (filme de carretera); aunque algunas situaciones son ingeniosas, aunque cuenta con desempeños saludables (Pierre Niney fue nominado como actor revelación en los premios César) esta comedia agridulce peca de reiterativa, no se acaba cuando y donde debe, es larga por gusto y por tanto no llena las expectativas que prometió en sus minutos iniciales.

Todo lo contrario, afortunadamente ocurre con La jaula dorada (2013), dirigida por Rubén Alves. Cinta en torno a inmigrantes, el mundo de una familia portuguesa en Francia —como los padres del joven realizador— nos sitúa ante el consabido desarraigo de quienes permanecen en la disyuntiva de lo que dejaron y lo que han construido, pero también es un discurso que, aun empleando las amables herramientas de la comedia, se antoja felizmente corrosivo en torno a oportunismos, gente utilitaria y falsamente compasiva, en torno a colisiones culturales, generacionales y por encima de todo, muy humanas.

La jaula dorada

La jaula dorada.

Sí, porque esta comedia —chispeante, dinámicamente narrada, fluida— trasciende las peculiaridades de la anécdota para adquirir un alcance universal; mérito indudable de Alves, quien para ello se auxilia de competentes profesionales, como el fotógrafo André Szankowski, el editor Nassin Gordjill, el músico Rodrigo Leao —una gloria de la cultura portuguesa— y sobre todo, un equipo de excelentes actores, tanto los dePortugal (Rita Blanco, el célebre Joaquim de Almeida, Jacqueline Corado…) como los franceses (Roland Giraud, Chantal Lauby, LannickGautry…).

Hablaba al principio de la ausencia en lo que va de festival, de obras verdaderamente contundentes, sin embargo, hay dos que si no magistrales, van por ese camino.

Una de ellas es Paseando con Moliére (2012), de Philippe Le Guay. Dos actores de diferente formación y gustos se ponen de acuerdo para montar una versión de El misántropo, del prestigioso dramaturgo galo. Uno, retirado y decepcionado del mundo escénico en una isla, el otro, un exitoso histrión de series televisivas.

Alceste en bicicleta

Alceste en bicicleta / Paseando con Molière.

Los choques que van desde los personajes a asumir hasta los métodos de trabajo, ponen sobre el tapete tanto cosmovisiones y conceptos estéticos como rencillas, celos, desencuentros… y más de una vez los diálogos de la obra parecen aludir oblicuamente a la situación vivida por los colegas.

Este paseo por las líneas clásicas de Molière desde la contemporaneidad, recordándonos, ante todo, que sus grandes conflictos siguen siendo los mismos, con apenas variaciones, no logra salir airoso ciento por ciento: personajes secundarios que no se integran bien a la línea principal del relato, dilaciones innecesarias y un giro final que —bien consecuente con los rumbos de trama y protagonistas— no deja de antojarse algo efectista.

Pero, quién lo discute, Paseando… es cine del bueno, ese que, homenajeando el teatro, enaltece la escena en general y ese otro escenario más inclusivo, donde se alternan las pasiones humanas de todo tipo. Las actuaciones, principalmente la de ese gigante de la escena francesa, Fabrice Luchini, nominado a los César por su desempeño aquí, y quien ya había estado cerca del dramaturgo también cinematográficamente, además de haberlo abordado más de una vez en teatro, cuando participó en Moliére (2007) son otra virtud indudable.

El otro filme muy sugestivo es La batalla de Solferino (2013), otra primera obra esta vez de una fémina: Justine Triet. Mientras se decide el presidente del país en mayo de 2012 en la céntrica calle que integra el título del filme, la reportera de televisión Leticia se enfrenta a un dilema: cubrir el importante acontecimiento mientras trata de mantener a sus dos hijas pequeñas alejada del insistente ex marido, Vincent, recluido antes por violento lo cual le  restringe la visita a las chicas…

La batalla de Solférino

La batalla de Solferino.

Admirable el modo en que, ayudada por un montajista, sin duda, muy capaz (Damien Maestraggi), la realizadora logra insertar el caso individual entre el colectivo; las angustias del matrimonio y los cuidadores entre aquel mar de pueblo que se agrupó realmente la víspera de las elecciones que llevaron al poder al candidato socialista François Holland.

Muy conseguido también el diseño de personajes en medio del griterío y la euforia popular, ambiente que no es mero telón de fondo, sino una manera de enfocar cuánto de problema individual, de pareja puede esconderse entre una gran celebración cívica.

Tanto narrativa como conceptualmente, La batalla… resulta una victoria para un cine ajeno a las complacencias banales; Triet logra enfocar los puntos de vista de los personajes —cada cual con sus razones— sin juzgarlos apriorísticamente, como tampoco desea emitir juicios políticos sobre los partidos postulados, más bien persigue enfocar el trabajo de la joven protagonista como otro lado de sus conflictos.

El cambio brusco de registro en las escenas finales —aparentemente conciliatorias— no contradice el tempo mantenido hasta entonces, ese ritmo, esa fibra difíciles de seguir pero que en definitiva nos envuelve en tanto espectadores, exigiéndonos complicidad.

Los actores —quienes no gratuitamente prestan sus nombres a los personajes que interpretan— llevan buena parte de la responsabilidad, y salen muy airosos, no solo Vincent Macaigne, como el marido —justamente laureado en Mar del Plata— sino Laetitia Dosch y el resto del elenco; sobre todo, teniendo en cuenta que las escenas más encrespadas dramáticamente —como la del enfrentamiento final de la ex pareja junto al abogado de él—se aprecian fruto de una afortunada improvisación.

Queda mucho aún por apreciar y disfrutar del festival de cine francés, que prosigue hasta el 25 de mayo en la capital y provincias,  pero basten estas notas para dejar nuestras impresiones sobre lo visto, que pese a las desigualdades, testimonian sobre la variedad de registros e intereses de la indetenible producción gala.

(Tomado de La Jiribilla)

Se han publicado 5 comentarios



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  • thelastsoulja dijo:

    Yo lo que no entiendo es la necesidad de tirar piedras cuando el techo es de vidrio y del malo. Porque criticar a un lejano y voraz enemigo cuando no somos capaces de realizar un programa audiovisual que sirva???. Que pelicula cubana despues del 2000 sirve y tiene algun valor???. Salvo las que han sido rodada por extranjeros(cosa curiosa) no hay nada salvable. Chico y Rita, Habana Blues… de ahi para aca todas siguen la misma cuerda, homosexualidad y salidas del pais o llegadas al pais y homosexualidad.

    • Otelo dijo:

      thelastsoulja: Al parecer no estas actulizada con las últimas produciones de nuestro cine. Creo que te has perdido algo como “Conducta” muy vista y comentada por nuestro publico joven y de mayores que es muy critico, gracias a los buenos empeños de los criticos y ensayistas de cine que tenemos que ya es algo que esta en nuestras venas.

      • porernesto@gmail.com dijo:

        Otelo deja el cuento que un palo no hace monte. Y conducta no es la quimera de oro es mas de lo mismo un cine cubano oscuro de tramas oscuras y de miserias humanas, donde si se refleja la realidad pero del director. La realidad es relativa y cada uno tien su propia vision de esta. Conducta es una de tantas historias que hay en cuba otras buenas otras malas. La verdad es que no se que de bueno son nuestros criticos y ensayistas de cine, cuando les es mas facil despotricar de peliculas extranjeras que de las propias. Fresa y chocolate es un ejemplo de como reflejar una trama cubana y a la vez ser universal. Los pajaros tirandole a la escopeta, se permuta…. tambien reflejaron y refleja la realidad. Las peliculas no son un espejo, ni la realidad estan real.

  • Otelo dijo:

    Frank: Coincido contigo, disfrute muchisimo -hasta saciarme- tanto de los buenos y tradicionales platos culinarios “Galos” que la señora Catherine Frot encarnó en su piel como “Chef privada presidencial” y las consecuencia que acarrea ser uno superandose asi mismo, como de la belleza estética y pictorica de “Renoir” y la ultima musa desnuda, en la piel de Christa Theret, cuyo desenfadado, natural y rebelde desempeño la llevan a ser casi el centro de este filme, además de la “Ingenuidad militar” y “descubrimiento del mundo que lo rodea” a través de los intercambios estremecedores que tiene con esta chica, que encarna Michel Bouquet como el hijo agraciado de “Papá Renoir”. Aunque sigo inconforme, al igual que tú, que pudo haberse mostrado más y mejor cine Frances, cuya cinematografía sigue siendo la más y mejor de Europa. Esperemos que los organizadores de este gran y bello evento, al menos tomen en cuenta que seguimos esperando más.

  • carlos urgelles dijo:

    Frank, claro que siempre se agradece la presencia del cine francés en nuestras salas, aun considero que son pocas las muestras exhibidas en las salas del interior del país, para no tocar el tema de lo que se proyecta en las Salas de Videos de los municipios. Me interesarían tus criterios sobre la muestra de cine argentino que ya está rodando, ¿que opinion te merece?. ¿que valores tienen las propuestas?

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Frank Padrón

Frank Padrón

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