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Un Alarcón… de puro cobre

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pelotero

Ninguno como él para echarse encima a todo un pueblo, incluidos los rivales. Para muchos fue el mejor, aunque otros exhiban resultados superiores. Su  huella se mantiene incólume de generación en generación, para alimentar un  mito que, con el tiempo, se convertirá en leyenda. Sucede con los grandes, que  logran “colarse” en las profundidades de las almas de sus coterráneos.

Manuel Alarcón Reina brilló con luz propia en los primeros destellos de  las Series Nacionales, y lo hizo a fuerza de coraje, voluntad, y un cúmulo de  condiciones naturales enraizadas, que alcanzarían el afluente inequívoco de su  gente, más allá de cualquier dispensa. Fue todo carácter y se le agradeció con  creces. La palabra rendición no estuvo en su vocabulario; hasta un día.

En una jornada de sentencias dijo así, más o menos: “Cierren la trocha y que  salga el Cocuyé, que la serie va para Oriente…” Y la cumplida promesa oficia  día a día, como una carga pesada sobre el fardo de equipos que se saben  inferiores o mejores, cuando ven erguirse a un extraterrestre sobre la lomita imperecedera de los sesenta pies, y otro poquito. Su sola presencia inspiraba respeto; carisma irrepetible.

Quien estas palabras suscribe, una vez cerradas las puertas del profesionalismo, ha simpatizado con infinidad de jugadores. Comenzó por un torpedero del centro del país que se llamó Juan Emilio Pacheco, hoy recordado por pocos. Algunos discreparán, pero para los gustos se han hecho los colores.

Espigado como pocos, jugaba con mucha limpieza la difícil posición y poseía  un excelente brazo. –Demasiado alto, –dirán algunos; otros que si no fue buen bateador. El problema es que me acostumbré a buscarlos en otras posiciones, para perdonar el campo corto, cuando vi a Willie Miranda. Después me detuve en la furia de Silvio Montejo, cuya sangre parecía no caberle en el cuerpo.

Hasta que apareció Urquiola con aquel guantecito desvencijado… y Casanova. Sobre las famosas lomitas del box han desfilado pitchers que levantan el graderío con “escones” uno tras otro: Lazo, Vinent, Valdés, el recientemente fallecido Pérez Pérez, Changa, Rogelio… También los espectaculares  ponchadores, que en el favor de la gente emulan con los jonroneros. La gente los tararea y disfruta de verdad. Últimamente hasta hacen olas, copiando a brasileños y argentinos del hoy sempiterno fútbol. Y Alarcón, en 583,2 entradas lanzadas, propinó la friolera de 529, con un férreo control de 118 bases por bolas.

Después de meditar, entre tantos, me decido por El Cobrero, epíteto que le endilgaron por un tío paterno. Otros lo superaron en ponches, lechadas, juegos ganados, promedio de carreras limpias y todo lo que lleva un buen pitcher. Pero qué le vamos a hacer. Cada cuál que escoja el suyo; yo me quedó con quien opacó a todos en una época donde los jugadores de la capital acumulaban los mayores halagos; con más justificación que hoy. De indescifrables lanzamientos y un temple que sentó cátedra, sus compañeros tuvieron en él a un paradigma.

No fue lo que se llama un lanzador con suerte. Le persiguieron las lesiones y una que otra indisciplina, la misma que suele ir con los imprescindibles, hasta que un día de 1968 apareció la maldita hernia discal que lo sacó del montículo a las puertas de un importante torneo internacional. Sintió que no podía más y con su genuina sinceridad se lo confesó a los entrenadores. Quizás otros, por integrar el equipo de las cuatro letras, lo hubieran callado, pero en él no hubo medias tintas.

Sometido a una delicada operación, se recu-peró, mas nunca fue el mismo. Lo vi regresar en la XI Serie (1971-1972) y me anticipé a Felipe Álvarez para saludarlo en la Ceremonia de Inauguración, en el Latino. Un último esfuerzo, no se reconocía fuera del diamante. Allí, por la sempiterna admiración, solo detecté destellos de lo que había sido. Sentí, en lo más profundo, aunque estuviera en un equipo rival, lástima por el destino deportivo de uno de los monstruos sagrados de nuestra pelota.

Los cintillos de los periódicos, en su momento de esplendor, no se cansaban de anunciarlo y proclamar: “Esta noche un duelo de titanes, Manuel Alarcón contra Manolito Hurtado…” Su aparición en el montículo era sinónimo de estadio repleto, en especial el Latino, donde tantas batallas ganó a los que parecían invencibles INDUSTRIALES. El Cobrero jugó con ellos, les anunció derrotas y ponches, con lanzamientos ofrecidos; y cumplió. Fueron memorables aquellos duelos con un lanzador diferente, de mucha calidad, que se apoyaba más en la inteligencia, el control y lanzamientos prácticamente desconocidos en aquellos tiempos: cambios, nudillos, sinkers… Alarcón ganó más de los que perdió contra quien cargaba un equipo superior a las espaldas.

Nuestro hombre incorporó a las Series Nacionales el estilo de enseñar el número. Lo perfeccionó tanto, que lograba desequilibrar a los bateadores. Una tarde confesó a Padura el método perfeccionista: “Eso lo aprendí a hacer yo solo, durante el año que estuve sancionado y no jugué en la Nacional. Yo me propuse encontrar un estilo propio de pitcheo y me conseguí un espejo grande y delante del espejo empecé a ensayar movimientos, hasta que descubrí que ese giro me permitía darle la espalda al bateador y enseñar el número, como decían los narradores. Al año siguiente, cuando regresé a la Nacional, ya lo tenía perfeccionado (…) Nunca perdí el control en mis lanzamientos y cuando hacía el wind-up podía tirar cualquier pelota y ponerla donde quería…”

Algunos achacan la causa de su dolencia, hasta convertirse en hernia discal, al acto creativo desde el montículo. En una entrevista televisiva en el programa “Confesiones de Grandes”, de Aurelio Prieto Alemán, descartó esos criterios. Se lo endilgó a la fatalidad, que científicamente no es otra cosa que la casualidad.

Había nacido en Bayamo, el 19 de febrero de 1941, en la finca “El Aguacate”, cerca del pueblo de Canabacoa, en el municipio Bartolomé Masó, en las inmediaciones mismas de la Sierra Maestra. Según Leonardo Padura y Raúl Arce, en El alma en el terreno: “El joven Alarcón debió ingerir un apresurado desayuno para dedicarse, por el resto del largo día, a ordeñar vacas, chapear caña y cortar arroz, como le correspondía a un hijo de Manuel Alarcón

Gamboa, un guajiro que no creía en sueños ni en strikes en la esquina de afuera…” Su viejo, en el duro bregar, supo enseñarle a la prole el buen camino en una vida incongruente, de culpas no ganadas que les deparó el destino. No obstante, brindó por los éxitos del hijo en un par de ocasiones.

Oriental de carácter campechano y jodedor, El Cobrero gustó de los tragos y la vida bohemia. Después del retiro, defraudado por la interrumpida carrera en plena efervescencia, se dedicó a cantar boleros, guarachas y algún que otro son, en cabarets nocturnos que dañaron su salud, pero no podía ser de otra forma, el estigma de la mala suerte se posó sin piedad sobre su espalda.

Reconoció que discutía indirecta-mente con los ampayas: “Oye Chava, qué malo eres, esa bola era strike, pero te movis- te y el árbitro no la cantó. Si hicieras las cosas mejor, enton-ces sería distinto…” Ramón Hechavarría sabía perfectamente que la pelea no era con él. La inusual protesta imposibilitaba una expulsión. Cosas del Cobrero, quien estuvo sancionado, pero regresaba por sus fueros, mientras la salud se lo permitió. La calidad infinita le permitía algunas licencias, bien lo sabían sus managers.

En siete series alcanzó un balance de 41-24 (.631), con efectividad de 1,82. En el exterior también fue un valla- dar. Cuentan que lloró al regreso de los Panamericanos de Winnipeg 1967, cuando perdió el juego decisivo ante los ESTADOS UNIDOS, en un play off que no debió jugarse. En la ronda eliminatoria les había ganado con facilidad.

Unió el deporte con el arte y se hizo cantante. Por mí cual si Pavarotti. Coincido con Amado Maestri, que tanta pelota vio y lo consideró por encima de los demás. Aunque fuese un buen vocalista, lo prefiero como artista del box. Un destello al infinito que abarca espacios siderales y se sostiene, a pesar de los pesares, desde que un buen día nos abandonó definitivamente, para incrustarse en el corazón del pueblo.

Como simple mortal tuvo otros yerros, solo las inmaculadas divinidades están exentas. Y no amerita destacarlos, porque supo estar por encima de ellos, con una fuerte carga de viril mortal. Por eso es tan grande.

Se han publicado 22 comentarios



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  • Carlos Enrique dijo:

    Sinceramente yo era un niño cuando lo vi pitchear y de verdad lo siento por los que no pudieron disfrutarlo. Creo que no ha pasado por nuestras series nacionales otro pitcher TAN ESPECTACULAR

  • Carlos Enrique dijo:

    Sinceramente yo era un niño cuando lo vi pitchear y de verdad lo siento por los que no pudieron verlo y disfrutarlo. Creo que no ha pasado por nuestras series nacionales otro pitcher TAN ESPECTACULAR como el. Saludos

  • El Loco dijo:

    Muy buen trabajo Osaba, menos mal que alguien se acuerda del pasado…..

  • Rolando García Cortés dijo:

    El problema de Stgo es increible, un equipo de calidad con hombres como Despaigne, bell,Olivera Reutilio, Edilse, que en cualquier momento cambian la decoración de un juego, no sean capaces de llevar a su equipo a la senda de las victorias, con un pitcheo discreto perode calidad con lanzadores como Dani, Delá, Yaumier, Guevara entre otros no pueden salir mal todos los días, para mí francamente( y ed mi criterio) el problema radica en la disciplina de sus miembros , parece que Luís Danilo no ha sabido mantener una disciplina que es necesaria para aspirar a la victoria, los veo jugar sin deseos(parecen desestimulados) y menos con garras, realmente es decepcionante para los aficionados de esta provincia la actuación de este equipo.

  • Santiago dijo:

    Como dice el periodista, otros han tenido mejores números, pero para mí fue el mejor de todos los tiempos, yo era bastante niño y era mi pitcher favorito, gracias por recordarlo de esta manera, es una lástima que no se hable más del por los narradores de la pelota actual y que tampoco hayan videos de sus juegos.

  • Guille dijo:

    Grande entre los grandes. Los duelos entre los dos Manolos (Hurtado y él) hicieron historia. Es una pena que no existan al menos quinescopios de aquellos juegos. ¿O sí?

  • José Enrique dijo:

    Excelente trabajo periodístico de Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga.

    Era muy niño cuando escuché hablar de Manuel Alarcón, pero en la narración y la historia de quienes lo mencionaron, hablaron de un maestro del montículo, de su talento inigualable, de la rutina al enseñar el número en su espalda. En mi imaginación infantil siempre lo pensé como sobrenatural. Veo que la leyenda que es hoy superaba mi recuerdo.

  • arroyo dijo:

    En realidad,Alarcón fue GRANDE ENTRE LOS GRANDES.

  • Eduardo dijo:

    “Algunos achacan la causa de su dolencia, hasta convertirse en hernia discal, al acto creativo desde el montículo. En una entrevista televisiva en el programa “Confesiones de Grandes”, de Aurelio Prieto Alemán, descartó esos criterios. Se lo endilgó a la fatalidad, que científicamente no es otra cosa que la casualidad” Me pregunto si es posible que Alarcón haya aparecido en ese programa. Creo que murió antes de que saliera la primera vez al aire. ¿Quién puede aclararme?

  • Ramòn Garcìa dijo:

    Una vez màs agradezco a Martìnez de Osaba sus bellas crònicas dedicadas a figuras que NO PUEDEN NI DEBEN ser olvidadas.
    Alarcòn fue el primer Îdolo de mi infancia.
    Los nùmeros no son todo.
    Para definir el mejor se deben tener en cuenta muchos aspectos, algunos de los cuales no aparecen recogidos en las estadìsticas. Por eso para mì el pitcher màs grande de la pelota cubana desde 1961 es BRAUDILIO VINENT.
    Un saludo

  • Ismael dijo:

    Gracias por traerlo a los recuerdos. Fue uno de los grandes del monticulo. Hay anécdotas de él que dicen que le decias a sus amigos del equipo contrario “hoy voy dar 17 ponches, repartanselos entre ustedes” y así era. Recuerdo que dominaba con mucha facilidad a Marquetty y Capiró, pero Urbano González y Miguel Cuevas le conectaban bien. Gracias nuevamente y ojalá se sigan recordando a los grandes de la pelota cubana. Quisiera que un día se hablara de Roldán Guillén, el picher más veloz de la pelota cubana.

  • El Maestro dijo:

    Bravo Osaba, menos mal que alguien aun desempolva el baul y rescata del olvido a esas glorias del pasado.Creo que muchos aun esperamos un trabajo suyo sobre Cristobal Torriente.

  • Agustín Navarro dijo:

    Que decirles tremendo lanzador este “Cobrero” lo conocí en la escuela de natación que nos visitaron por los años 65 66 más o menos nos visitaron entre ellos don Miguel Cuevas otro peloterazo,lo vi lanzar muchas veces el dia que nos ganaron estuve en el Latino por la parte de tercera llegamos a la 5 de la mañana para poder entrar le dieron tres hits no se me olvidara nunca 2 de Pedro Chávez línea por el cf y un machucón que se convirtió en hits el otro fue de Pablo Cruz el chofer de guaguas que pelota señores tengo historias como estas que no se me olvidan y este Juan Emilio Pacheco tremendo pelotero pero esa es otra historia

  • manolon dijo:

    Yo tuve la posibilidad de verlo lanzar y sobresalió en una época de grandes pitchers. Siempre he dicho que con Alarcón sufrí en dos grandes ocasiones: una, cuando le ganó a Hurtado (Industriales) el famoso juego de “Cierren la Trocha…” y el otro cuando perdimos contra USA en Winnipeg en gran duelo, si mal no recuerdo, con John Curtis. Alarcón es uno de los imprescindibles en la historia del béisbol cubano. Una vez más, gracias, Martínez de Osaba y siga trayéndonos a estas grandes figuras. Saludos.

  • Const@ntine dijo:

    Nunca lo vi trabajar,desde la lomita de los martirios, devido a mi corta edad, pero mi abuelo se ha encargado de que lo conociera, me dijo una ves, que cuando Alarcon salia, los bateadores temian en el home plate. que lastima que no se guarden cosas en video. Gracias Osaba, por darme un poco mas de un idolo para aquel que me enseño el beisbol.

  • guinero-bayamés dijo:

    YA ERA DE OSABA QUE ESCRIBIERAS SOBRE ALARCÓN, YO REALMENTE NO RECUERDO HABERLO LANZAR ,CUANDO MIS TIOS ME LLEVABAN AL LATINO Y TENIA 6 O 7 AÑOS PERO SI CRECI OYENDO HABLAR DE SU CALIDAD,DEPORTIVA COMO HUMANA,Y DE QUE CUANDO LANZABA SE VIRABA Y DABA LA ESPALDA Y EL NUMERO LO VEIA EL BATEADOR, YA YO CUANDO VINE PARA BAYAMO SI LO VEIA POR LA CALLE , CANTABA EN VARIOS CENTROS NOCTURNOS Y EN LA CALLE CUANDO SE DABA UN TRAGO, MUY CAMPECHANO Y HUMILDE SABIENDO DE LA FAMA QUE ARRASTRABA, NO SE CUIDABA FISICAMENTE PORQUE LE GUSTABA LA VIDA BOHEMIA,HOMBRE DE PUEBLO, GRANDE DE LOS QUE SE HABLA Y SE HABLARA SIEMPRE EN CUBA,MUY AMIGO DE URBANO GONZALEZ, DEL QUE QUISIERA SE ESCRIBIERA AQUI, AL IGUAL QUE DE LINO BETANCOURT, CHANGA,PEREZ PEREZ,AQUINO Y OTROS. RECUERDO CUANDO URBANO CONTÓ LA VEZ QUE ALARCÓN SE LO LLEVO POR TODO SANTIAGO DE CUBA PARA CON TRAGOS Y COMEZÓN DE PUERCO ASADO, URBANO NO LE BATEARA AL SIGUIENTE DIA QUE SE ENFRENTABÁN ORIENTE CONTRA HABANA,ASI DE GRANDE COMO PERSONA Y AMIGO ERA EL COBRERO LOS 2 ERAN DE EQUIPOS RIVALES EN EL TERRENO PERO AMIGOS EN LA VIDA, URBANO,CHAVEZ TIENEN MUCHAS ANÉCDOTAS JUNTOS A ALARCÓN, SIGUE MARTINEZ DE OSABA CON ESTOS RECUERDOS DE GRANDES FIGURAS DE NUESTRA PELOTA.

  • Héctor González dijo:

    Los duelos con Hurtado, con Rolando Pastor y aquel que interrumpió la cadena de campeonatos de Industriales, frente e Ángel García, quedaron en mi memoria para siempre, en particular este último, que disfruté en vivo desde las gradas del Latino. Otras veces escuché en la radio o vi en la TV la grandeza de este lanzador: bases llenas sin out, Chávez, Marquetti y Germán Águila al bate… y salir los tres, excelentes peloteros, con una K(S.O.)en el bolsillo. En esa etapa de la pelota revolucionaria se impuso de tal manera que nadie le disputaba el codiciado número UNO del pitcheo cubano y si alguna vez era bateado todos decían, tuvo una mal día reconociendo que de venir con todas sus armas, era invencible.
    Luego vinieron otros como Vinent,Huelga, Liaño, Tati Valdés, Rigoberto Betancourt, Changa Mederos, Ajete, Valle y El Duque, Vera hasta llegar a los días de hoy con Freddy Asiel y Vladimir;todos con números mejores que El Cobrero pero sin superarlo en espectacularidad y convicción ganadora.

  • pedro manuel dijo:

    Recuerdo a Alarcòn tanto en el estadio de Santiago como en el de La Habana y coincido con lo apuntado en el artìculo. Opino que no ha existido en la pelota cubana un lanzador tan espectacular como èl. +

  • orodriguez dijo:

    QUE BUENO QUE SE ACUERDEN DE EL, DICEN QUE FUE DE LOS BUENOS DE VERDAD

  • TRESYDOS dijo:

    Qué si era bueno?…Pregúntenle a Marquetti, que cometió la novatada de declarar que le hacía daño la curva hacia abajo y esto llegó a oídos del cobrero.Demás está decir que de ahí en lo adelante Alarcón jamás y nunca le ensñó una recta al toletero de Alquízar. Entonces llovieron las K para el legendaro N0. 40 de Industriales cuando se enfrentaba a Manuel Alarcón.

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Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

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