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Cultura, historia y un águila que sí caza moscas

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Monumento al Maine. La Habana, Cuba

Monumento al Maine. La Habana, Cuba

Hace cerca de un año, en un coloquio fértil —y celebrado en Cuba, no en otros lares— oí una ponencia que ahora rozaré levemente. Si quien la presentó, persona joven y de notable inteligencia, solo se hubiera propuesto enaltecer las edificaciones de utilidad pública hechas construir antes de 1959 en Cienfuegos —también pudieran ponerse ejemplos de otras ciudades cubanas— por la alta burguesía local, que tenía los recursos para ello, habría poco o nada que discutir. El valor social, masivo y sin racismo, de tales edificaciones creció con una revolución que triunfó en el año mencionado y las puso verdaderamente en función de intereses nacionales y populares que —¿saldrá sobrando recordarlo?— no caracterizaban a los millonarios, por muy grande que fuera o se considere su filantropía.

Pero la ponencia iba más allá de sostener que aquella burguesía en particular era buena, generosa, aparte de encantadora y democrática: según el texto, a tal punto lo era que integrantes suyos hasta iban a los entierros de sus empleados. En algún momento brotó lo que pudiera tenerse como tesis central: dando por sentado lo antes dicho, el caso de esa urbe mostraba que un hijo suyo, Carlos Rafael Rodríguez, cuyo centenario se cumpliría apenas unos días después del coloquio en el cual se presentó la ponencia, había errado al calificar de conservadora y antinacional a la alta burguesía cubana.

Era difícil que tales criterios pasaran inadvertidos. Entre quienes les salieron al paso estuvo el autor de un texto dedicado poco antes a la recordación de aquel eminente intelectual y político a quien no habrá que perdonar las imprecisiones o errores que hubiera cometido (hasta donde sabemos, no era un dios ni pretendió serlo). Pero más injusto aún sería responsabilizarlo por el hecho de que hoy el marxismo y los ideales comunistas en general no estén de moda en el mundo. Lo más probable es que esta circunstancia figure entre revisiones como la dirigida a su obra en aquel encuentro.

La aludida refutación a la ponencia recordó que entre las grandezas históricas y culturales de las que puede blasonar Egipto, e incluso sacar dividendos de ellas por la vía del turismo, sobresalen las famosas Pirámides. Solo que sería por lo menos tan cuestionable afirmar que los faraones allí sepultados las concibieron con ese fin, como olvidar que ellos ordenaron su construcción, no las hicieron. Con ese trabajo corrieron incontables seres humanos cuyos nombres hoy nadie conoce, y a quienes habitualmente se pasa por alto, aunque muchos de ellos habrán muerto en el esfuerzo hecho para levantar obras que hoy siguen desafiando la imaginación y mereciendo que se les considere maravillas.

Tal vez aquellas personas creían que acataban un mandato divino, o simplemente cumplían el papel que “les tocaba”, pero nada echa por tierra esta verdad: fueron brutalmente explotadas, condenadas a trabajar para erigir tumbas que ratificarían como imagen y realidad el poder político y económico, asegurado por la ideología dominante, de monarcas que, de paso, procuraban asegurarse, o hacer ver que se aseguraban, la perpetuidad y el bienestar de su alma, ya fueran ellos el poetizado Tutankamón o cualquier otro.

No hay que retacearles a los burgueses cienfuegueros ni de ningún otro sitio las virtudes personales que tuvieran, ni olvidar que sus “pirámides” —de etiqueta y encanto que constituían evidencia de sus riquezas— se construían con mano de obra explotada, un hecho que no debemos ignorar cuando la explotación de unos seres humanos por otros sigue siendo realidad generalizada en el planeta. Tampoco se necesita ignorar la posible sinceridad de gestos como el de ir a entierros de empleados fieles, para suponer que acciones como esas podían figurar entre los recursos extraeconómicos válidos para ganar la lealtad de los siervos, sobre todo en ciudades relativamente pequeñas, donde resultaba o resulta más factible exhibir relaciones patriarcales de signo feudal.

No insistamos más en una ponencia que no carecía de aciertos en otros órdenes, ni ha de verse como un hecho aislado, sino como expresión de tendencias contemporáneas en las cuales se trenzan marcas diversas: como las del repliegue de las izquierdas y la propensión de representantes suyos a perpetuar códigos de poder nacidos de las desigualdades sociales, y como la euforia de las derechas exitosas, que tienen de su lado aquel repliegue, cuyo significado se refuerza con la extendida resignación que los medios dominantes cultivan con abarcadora eficacia. En ello los auxilia la desprevención de algunos, sin descontar el posible servilismo voluntario de otros, ni ignorar el peso de la realidad.

El culto a los valores del llamado Occidente cristiano —dígase con mayor exactitud: del capitalismo dominante, concentrado en un imperio que explícitamente revalida la guerra entre civilizaciones— lo fomentan los centros de poder con el concurso de sus potentes recursos mediáticos. Procuran que la lucha ideológica parezca demodé, cosa del pasado, mientras ellos mantienen una incesante campaña —enmascarada por imágenes diversas incluso cuando se trata de acciones bélicas genocidas— para que su ideología sea la única o, por lo menos, se acepte con pasividad como si no hubiera otra posible.

El imperio ha impuesto la imagen de una globalización con arreglo a la cual el mundo es una aldea homogénea, a pesar de las abismales diferencias que hay entre unos países y otros, y dentro de cada país, por poderoso que sea. A la vez, difunde la idea de que se ha llegado a una modernidad que representa los valores e intereses imperiales, y a la cual no es razonable, en caso de que sea posible, oponerse.

Ambos extremos o rostros de una misma realidad se apoyan en la colonización cultural, y en las últimas décadas el centro de influencia “académica” se trasladó a los Estados Unidos. Lo que huela a violencia revolucionaria es calificado de terrorismo, y la violencia imperial es un recurso para defender o imponer la democracia, intereses civilizados, aunque los frutos conseguidos sean los que están a la vista en Irak y en Libia, por ejemplo.

Si en tal urdimbre hay textos que cuenten con la propulsión en medios dominantes, no son los que tengan visos de defender ideales comunistas, sino los que se enfilen a devaluarlos. Es algo que se puede hacer, o se hace, a propósito de sucesos identificables con los excesos del llamado estalinismo, y si en medio de eso se puede citar el asesinato de un intelectual y político víctima de la persecución soviética, mejor. Similar rasero se aplica para devaluar realidades como la Segunda República Española, proyecto democrático y fundador derrocado por un bando fascista que durante décadas sumió a España en el terror. Cualquier hecho puede ser sometido a lentes de tal índole, siempre que hacerlo invite a la parálisis social, y refutar esas maniobras puede ser tenido por acto inculto, de muy mal gusto.

La desmovilización de las izquierdas en gran parte del mundo es el mayor aliado que en su afán de perpetuarse puede tener el imperio, cuyo poderío mediático ni remotamente supone la exclusión del uso de la fuerza militar. A las personas honradas podría servirles de brújula, para orientarse en hechos y pensamiento, saber qué defiende el imperio. No coincidir con él no necesariamente garantizará abrazar siempre lo más acertado, pero será una guía para no caer en el bando de los mayores errores y horrores. Parézcalo o no lo parezca, el imperio mete su hocico en todas partes, o tiene quienes lo metan por él.

Si un país conoce esa realidad es Cuba, que lleva más de medio siglo enfrentándola con firmeza, y debe seguir haciéndolo: en primer lugar, para bien de su pueblo, y también porque es objeto de la mirada expectante o inquieta de quienes en el mundo siguen buscando en su resistencia pabilo para la esperanza. Por tanto, debe proponerse, para alcanzarlo, el mayor acierto en sus decisiones de toda índole, y su prensa debe contribuir con eficacia a señalar peligros, vengan del asedio enemigo o de errores propios.

Los planes enemigos incluyen sembrar confusiones y cizaña. Recientemente un despacho aparecido en un sitio digital contrarrevolucionario anunció que el águila yanqui volverá al monumento que frente al Malecón de La Habana recuerda a las víctimas del hundimiento del acorazado Maine. El mismo sitio, que afirma haber recibido la supuesta información de cubanos bien enterados sobre el programa de restauración constructiva de la capital del país, sostiene —como dando voz a presuntos estados de opinión— que unos reaccionan ante la noticia “con sorpresa y otros con la esperanza de que Cuba vuelva a la normalidad”.

Así, según la nota, se rectificaría un “disparate”: el cometido en mayo de 1961, días después de la victoria del pueblo cubano sobre mercenarios del imperio en Playa Girón, dato que el texto pasa por alto, al derribar “el águila norteamericana” que coronaba el monumento, y —añade el texto— “los bustos de Leonard Wood, William Mc Kinley y Theodore Roosevelt”.

Llama la atención que, al reclamar la vuelta a su estado original, no se mencionen las más de doscientas cincuenta víctimas del hundimiento del Maine, en cuya memoria se inauguró el monumento en 1925, como expresa una de las dos tarjas centrales, que se conservan hoy. Reclaman, aunque no sabemos que formaran parte del monumento —no aparecen en fotos ni se mencionan en textos consultados anteriores a mayo de 1961, ni los recuerdan personas que lo conocieron antes de esa fecha—, la restitución de los bustos de tres representantes conspicuos del imperio directamente vinculados, dos de ellos, con la intervención en la guerra que los patriotas cubanos libraban contra el colonialismo español, y, el tercero, con la instauración en Cuba de una república maniatada por la Enmienda Platt, contexto en el cual se construyó el monumento, y que algunos quisieran restablecer junto con el águila.

Los contrarrevolucionarios dejan ver su orientación: “Si los Estados Unidos se hubieran apoderado de Cuba, algo que fácilmente habrían logrado al finalizar la guerra de independencia”, los cubanos no sufrirían “una dictadura militar de más de medio siglo, ni el país estuviera destruido”. Anexionistas —y autonomistas— de hoy son continuadores de aquellos a quienes José Martí repudió a lo largo de su vida, como ratificó en carta a Manuel Mercado el día antes de caer en combate para frenar los planes de los Estados Unidos desatados con su intervención militar de 1898, que frustró la independencia de Cuba.

Según investigaciones —alguna de ellas hecha incluso en la Cuba revolucionaria— el hundimiento del Maine, suceso utilizado como pretexto por los gobernantes de los Estados Unidos para desatar la intervención que Martí quiso impedir, no fue el resultado de una operación española ni de un autoatentado de los Estados Unidos, sino de un accidente. Ahora bien, cualquiera que haya sido la causa del desastre, los marinos estadounidenses muertos en él fueron víctimas físicas de la explosión, y víctimas morales del imperio que usó su muerte como pretexto para consumar sus planes injerencistas. El siglo XX traería nuevas evidencias de cómo actúa ese imperio: ahí están los sucesos de Pearl Harbor; y el XXI casi se estrenó con el derribo de las Torres Gemelas, que aún genera graves sospechas.

A diferencia de otras, la Revolución Cubana no se caracterizó precisamente por la iconoclasia que en otros lares derribó monumentos. Para la vocación independentista del pueblo cubano, derribar de aquel monumento el águila imperial —no la tarja que recuerda a las víctimas del hundimiento del barco, ni la que cita la Resolución en que el gobierno de los Estados Unidos supuestamente se comprometía a reconocer la plena independencia de Cuba— era un acto más legítimo que perpetuar aquella insignia. No hay por qué restablecerla para obedecer un sentido acrítico de la restauración urbana, y menos aún por aceptación de una “normalidad” que negaría la historia revolucionaria del pueblo cubano y de su lucha, pasada y presente, y futura en un plazo que se prevé largo, contra el imperio encarnado en fuerzas que Martí calificó de ultraaguilistas.

El monumento sería fiel a la historia, y a la voluntad del pueblo cubano si en vez de restituir el águila imperial se añade adecuadamente una placa en la cual se informe sobre su derribo, y se expliquen, para quienes no las conozcan, las razones. Incluso, dado que no llegó a hacerse realidad la ilusión de que su lugar lo ocupase una paloma de la paz, obra de Picasso, tal vez lo más acertado sería poner al pie del monumento, como símbolo de rotundo rechazo al imperio, la que se derribó en 1961, esté como esté.

Un proverbio latino en el que se valora ese animal, genéricamente, como símbolo de grandeza, sostiene: “águila no caza moscas”. Pero la imperial, que representa la voracidad ajena a toda norma ética, caza cuanto convenga a sus intereses. La dificultad para ello, en este caso, no radica en el instinto de la voraz ave, sino en que Cuba no es un insecto.

(Tomado de Cubarte)

Se han publicado 38 comentarios



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  • Manuel López Rodríguez dijo:

    Al autor de este valioso y valiente artículo, Luis Toledo Sande, muchas gracias.
    Manuel López.

  • maracas dijo:

    Creo mas en la difusión y estudio de los hechos historicos en si mismos que en el valor de los monumentos para rememorar la historia; de ahí la importancia que pueden tener estos coloquios.
    El hundimiento del Maine es una verguenza para el gobierno de los EEUU, tras quedar demostrados varios indicios de su implicación en el hecho y el derribo del águila ocurrió en circunstancias que le confieren un marcado simbolismo, aunque esa página de la historia de Cuba ya había quedado escrita en playa Girón.
    Si insistimos con los monumentos; estaría bien que el día que un presidente de EEUU dejará de agredir a Cuba y favoreciera una relación de paz, se erigiera su busto en ese lugar.

  • Leandro dijo:

    “Obraría muy de ligero quien creyese que la idea de la anexión, irrealizable e innecesaria como es, desaparecerá de nuestros problemas por su flojedad esencial, por la fuerza de nuestros desdenes, o por el brío de nuestra sensura… La idea de la anexión es un factor político menos potente hoy que nunca, y destinado a impotencia permanente; pero como factor político se le ha de tratar a la vez que se demuestre su ineficacia” José Martí.

  • Albe dijo:

    Es cierto que es horrible la campaña mediática. No se me olvida cuando la invasión a Libia el periodista de CNN en Español, dice que era inmenso el júbilo del pueblo Libio por la intervención de las tropas de la OTAN y lo que hay de pueblo en las imágenes son 10 o 12 Libios levantando las manos que se puede ver a las claras la manipulación y tergiversación de la realidad. Esto es solo poner un ejemplo de los miles q vi yo estando en Venezuela.

    • JOSE LUIS dijo:

      Si los medios informativos están a favor del capitalismo como dice Albe en su comentario, quieren y engañan a todo el mundo que no se informa contrastando las noticias del mundo capitalista con otras como Cuba debate.
      Pero el comentario se quedo corto, Libia lo dejaron en manos los propios enemigos del Imperio Norteamericano, y se esta fraguando una guerra civil que como siempre pagara el pueblo, la OTAN malditos asesinos.

  • Ramanoco dijo:

    Lo unico que encuentro para justificar las mentiras y barbaridades que este supuesto poeta escribe es que algunas de ellas tambien se decian en los tiempos de La Republica.

    Qizas en el proximo articulo nos de algo original o por lo menos actual.

  • jotab dijo:

    La tendencia neobatistiana de engrandecer y magnificar a la Cuba
    prerevolucionaria se originó en Miami y hace un tiempo dispone de su pequeño ejército de cronistas e “historiadores”. Es lógico que intenten borrar nuestra historia, de prostituirla, para intentar volver a ponernos de rodillas.
    Es evidente que aqui ya se replican los mismos hijos de p..lumíferos.
    Bajo un aparente manto de academicismo, se escuchan solapadas propuestas de restauración pseudorepublicana. Por supuesto, estos neoanexionistas nunca se refieren al estado generalizado de pobreza, ni al latrocinio de los terratenientes nativos, ni de las empresas yankis, ni a la humillante Enmienda Platt, ni al analfabetismo, ni al estado paupérrimo de la salud pública, ni a la corrupción en las más altas esferas políticas y administrativas, -con mafia incluid-, y mucho menos a los miles de torturados y asesinados, por solo enumerar algunas de las lacras de la Cuba de antes de 1959.
    El país que con total cinismo nos pretenden mostrar estos revisionistas solo refleja el “glamour” de los exclusivos clubes y las historietas de la crónica social. Su versión de nuestra historia es la misma que nos contaba día tras día el tristemente célebre y reaccionario “Diario de la Marina”. Todo esto, aderezado con ridículas loas a alguna obra caricativa de un oligarca local, olvidando que precisamente para eso los cubanos hicimos una Revolución. Para no implorar ni vivir de la caridad de un semejante.
    Para quitarnos la Patria primero van a intentar quitarnos nuestra historia.

  • Cayo dijo:

    Gracias Toledo.
    Hace falta que ciertas personas conozcan que la historia es inmortal, que los hechos quedan allí, en un monumento, en la memoria y en la literatura como constancia de haber ocurrido pero nadie puede revertirlos y fijo mi atención en las dos vertientes de su análisis:
    Las magnificas obras de la burguesía, como lo fueron en el feudalismo los castillos, solo pretendían mostrar el inmenso poder de quienes tenían riquezas suficientes para costear su construcción. Los “gestos buenos” de los burgueses nunca llegaron a utilizar el capital destinado a sus suntuosidades en la construcción de viviendas para sus miserables explotados.
    El enfrentamiento ideológico hoy, en Cuba, frente a la supuesta ideología contrarrevolucionaria de billetera, a veces nos pone en la disyuntiva de odiarlos, maldecirlos o ignorarlos para finalmente decidir combatirlos. Hoy son parte de lo cotidiano, si algunos de ellos quedan 50 años adelante a lo mejor soliciten un busto para Bertha Soler o Yoani Sánchez sin que los vivientes para entonces sepan quienes fueron esas personas. Pero si sabrán que la revolución cubana un siglo antes derribó águilas “caza moscas” y también a sus mercenarios.

  • WilliamSC dijo:

    Tenemos que abrirnos al mundo, buscar la paz, la unidad y la concordia de todos los cubanos pero no podemos olvidar quienes somos y porque somos, es así de simple. Tenemos que aprender a enmendar nuestros errores pasados y tratar de construir una sociedad cada día mejor y más justa pero hay que tener cuidado, no olvidar las palabras de los grandes pensadores cubanos de todos los tiempos y dejar que por inocentes terminemos entregando las banderas a esos superficialistas que intentan ver solo una cara de la moneda cuando les conviene. Tenemos que recuperar la calidad y eficiencia de nuestras conquistas, tenemos que revolucionar nuestros medios de prensa y comunicaciones, nuestros centros educacionales, nuestro sistemas de propaganda, nuestra forma de hacer política y economía, tenemos que cambiar lo que haya que cambiar y construir los monumentos a los nuevos héroes de la resistencia y el deber de los años difíciles del período especial hasta hoy, a esos son los que debemos exaltar a todos los que luchan por construir y no por destruir…

  • Zugor Seg. dijo:

    ¡Excelente artículo!
    Muy poco que agregar y relacionado con la vigencia de las palabras del Apóstol, muy atinadamente recordadas por Leandro.
    Tenemos al anexionismo en forma de contrarrevolución, actuando en casa, no ha desaparecido, está agazapado a la espera de oportunidades como estas, sutiles, disfrazadas de “ingenuidad y buena voluntad”, “tolerancia” ¡Pero no es mas que contrarrevolución!!!, que además está pendiente de las debilidades, oportunismo y corrupción que aún no enfrentamos como es necesario, como lo que es, como la supervivencia de la Revolución y nuestro Socialismo.
    Ramanoco, ¿A quien se refiere Ud., al articulista? Si es a el, Todo es muy actual y ¡No hay mentiras en este articulo!, y las únicas barbaridades serian hacerle juego al anexionismo mercenario, bajo mantos sutiles, en los que estos son especialistas en crear, pero que nuestra Revolución y el pueblo verdadero de Cuba (entiendase bien alto y claro, el verdadero pueblo de Cuba, que no los vende patrias zoquetes, y los estúpidos que por unas monedas le hacen el juego) también son especialistas en descubrir y neutralizar…

  • pablo perez dijo:

    muy bueno este articulo, de Toledo respecto a lo tratado en el,la historia cubana ha sido, es y seguira siendo cubana por mayoria de sus hijos que la aman,siempre libre y bien soberana gobernada librenmente por sus lideres guiando a su pueblo mayoritario,que creen en ellos, y sera siempre como decida,como lo decidio desde aquel ano de 1962,las nuevas generaciones de ayer hoy y del manana, sabran defender la soberanis y su independencia que llego a cuba desde ese mismo ano 1959,asi que de eso estamos seguros,no abra articulos adversaarios que podran destruir lo que ya en cuba se ha logrado por mas de 55 anos,eso si los ojos bien abierticos

  • Julio dijo:

    Interesante punto de vista.

    Buena iniciativa rescatar monumentos, aunque haya que explicar su significado.
    No entiendo por que el autor afirma que las personas que construyeron esos moumentos o edificaciones eran explotados. ¿Acaso no eran obreros constructores que recibieron un salario por eso?
    Me gustaría leer otro artículo similar describiendo los diferentes monumentos a lo largo de a avenida de los presidentes, así como el paradero de algunos como el del padre de la patria Carlos Manuel de Céspedes del que solo se conservan sus zapatos.
    ¿Por qué no se conservan las estatuas del resto de los presidentes de nuestra patria, con idependencia de lo mala que haya sido su labor? Eso también es parte de la historia de Cuba. No quiero ser mal interpretado, no menosprecio la inclusión de otros presidentes latinoamericanos como Salvador Allende, o la presencia de Simón Bolivar, pero es importante tener primero los de nuestro país . En una época no estaba ni José Miguel Gómez, frente al hospital Pedro Borrás. En un momumento que fue pagado por el pueblo cubano, a pesar de lo que se sabe que robó este señor durante su mandato.
    Ojalá el historiador de la ciudad ayude, como ha hecho con el casco histórico, donde muchas de las indudablemente maravillosas construcciones se erigieron durante la penosa época colonial, quizás algunas de ellas con trabajo esclavo…
    La historia de Cuba no es solo lo bueno o solo lo malo. Es un todo.

    • Leandro dijo:

      Si Ud. lee a Carlos Marx o a ese hijo ilustre de Cienfuegos: “Carlos Rafael Rodríguez” podrá comprender por qué esos obreros eran explotados.

  • Nimia dijo:

    Pero bueno… ¿y cuál es su problema con los cienfuegueros?

  • JOSH dijo:

    En el Parque Central de Nueva York existe una estatua e nuestro Apostol JOSE MARTI al igual que en la Universidad Popular de Filadelfia, siempre con flores y turistas tomando fotos. Para un cubano es emocionante detenerse frente a la estatua y pensar con orgullo en nuestro apostol. Siempre pense y aun pienso que la historia de Cuba no empezo en 1959 sino antes de la llegada de Colon a nuestra Isla. Que dano puede infligir a la Revolucion el reconocer que antes del 59 existieron Presidentes, hubo una historia QUE NO SE PUEDE NEGAR, el Monumento al Maine debe ser totalmente restarado incluyendo el aguila, o es que este plumifero elegido no solo por USA, el imperio romano y hasta Alemania Nazi puede representar un peligro para Cuba?.

    • Sahira dijo:

      No es posible que alguien compare a nuestro apostol Marti con el águila imperial. No olvidemos que El vivió en el monstruo y conoció sus entrañas, que murió tratando de evitar que cayera sobre nuestra América…

    • Adonis De los ángeles Vázquez dijo:

      Estimado JOSH, tu tesis no tiene ningún amparo consciente, y si quieres entenderlo plantéate solo dos preguntas:
      1. ¿Qué significó José Martí para América y el Mundo?
      2. ¿Qué significado, a través de la historia, ha tenido el Águila Imperial?
      Estoy convencido que si conoces un ápice de historia llegarás a la misma conclusión que aquellos con la facultad de juzgar de manera razonable la historia.
      Pero te ayudo. Mencionas en tu comentario tres imperios representados por el mismo Águila Imperial, ¿conoces el carácter expansionista de cada uno, y su carrera de muerte por toda la historia de la humanidad con su águila como única bandera? Todo cubano digno ha de sentir orgullo, cuando en cualquier país del mundo, hasta en el menos pensado, ve una estatua erigida a nuestro Martí. Como ha de sentir orgullo el de Norte América cuando mira la de Martin Luther King, y otros que se levantaron por la libertad en ese país, erigidas en su honor en varios países del mundo.
      No puedes comparar una paloma símbolo de amor y paz, con un águila que simboliza el interés dominante de las naciones que lo toman como símbolo.

      La estatua al Maine debe ser restaurada, como bien dices cuba no puede negar la historia trascurrida antes de 1959; pero no es una arrogancia que cuba se niegue a levantar ese águila con sus alas verticales u horizontales, como quiera que sea, es una afrenta a esos marineros muertos en la explosión del Maine por el propio país que orquestó su final infeliz. Como tampoco es arrogancia negarnos restaurar los bustos a William McKinley, el altanero que pidió poner las Filipinas en el mapa de los Estados Unidos y a quien correspondió declarar la guerra a España en cuba. Leonard Wood, primer interventor en la Isla, nombrado luego gobernador militar de Santiago de Cuba, y por último, Theodore Roosevelt, el presidente. Negarse a eso no es una arrogancia, es sencillamente el derecho de elegir sin olvidar la historia. Esa historia que jamás usted debiera olvidar.

      Adonis.

  • jose carlos dijo:

    La historia no es mas que ese pergamino que queda en la memoria de los pueblos, escrito en su conciencia y que origina, si el pueblo sabe usarla el futuor de una nación. Si la historia quiso que el águila desapareciera, es porque así lo auiso el pueblo y tengan por seguro que si a alguien se le ocurriese, equivocadamente , implantarla de nuevo, de nuevo se barrería como el estiercol de la historia.Los cubanos debemos unirnos para erigir una sociedad mejor, no para entegarla a enemigos, a lacayos del imperio que solo piensan en si mismo. Jamás una burguesía como eslabón social, va apensar en el pueblo. Si creo que una parte de ella, individuos elegidos de ella lo hagan y sean los que encaminen la historia , pero no como grupo social. Pueden participar en la revolución , pero no será nunca la parte importante de la revolución, solo entegará una estrella que la guie, pero no dará la luz intensa que la ilumine.

  • Ismael Ramos dijo:

    Gracias, educativo documento

  • cubano dijo:

    Al autor del articulo le digo que aunque esta muy bueno también esta muy extenso lo que provoca que se haga tediosa su lectura, ciertamente me interesaba pero lo que antes manifiesto hizo que me saltara algunas partes y aun así pude comprender la idea fundamental, no es menos cierto que la inmensa mayoría de monumentos y sitios de alto valor arquitectónico en Cuba fueron erigidos antes del triunfo revolucionario y esto no los tenemos que anotar, es de mucho valor humano fomentar y mantener en alto logros sociales tanto en la salud y la educación pero esto aunque lo mas importante no es lo único que define la grandeza de un sistema, también debemos de cuidar de la economía del país que tan mal anda y que se esta tratando de revertir su situación, con una buena base económica lo demás( alimentacion, vivienda, transporte, aumento de la calidad de vida ) viene casi de la mano y no tuviéramos que aguantar, sobre todo, el que decir de aquellas personas que mas que por sentir yo diría que por vivir $$$$$, hacen comentarios mal intencionados y tesis anexionistas intentando desmoralizar nuestro sistema y resaltar otros que son tan hipócritas que van haciendo guerras por el mundo en nombre de la democracia.

    • CubanadelGuaso dijo:

      Estimado cubano, lo suyo también es larguísimo, pero tanto Toledo como usted dan puntos de vista interesantes.
      Cierto lo que pasa en varias ciudades, también en Guantanamo que siempre hay algunos cambiando los nombres por los que en el pasado le pusieron los dueños, y no precisamente porque no se pierdan las raíces, mas bien con una cierta añoranza trasnochada que olvida lo que realmente era la ciudad del Guaso, muy bueno un trabajo del Historiador de la ciudad que hace un tiempo explico cuanto de miseria y mal vivir tuvo nuestra natal aldea hasta que triunfo la Revolución.

  • Ramadan dijo:

    Ramanoco, qué no te gusta del artículo ? O es que quieres esconder la verdad que plantea ? Qué hay neo-anexionistas, disfrazados de historiados, expertos, polítologos e itnelecutales, dentro de la sociedad cubana actual ?. A ti te parece “desactualizado”, pero el artículo es muy claro y actual. No por gusto, Raúl Castro y Miguel Díaz-Canel han hecho llamados en la misma dirección.

  • Ramadan dijo:

    Muy buen artículo. Y como se ve, entre los opinantes hay algunos neo-anexionistas solapaditos, a los que el tema les parece “mentiras y barbaridades”.

    Raúl y Díaz Canel han alertado de esto en sus últimos discursos. Pero desde hace años, elementos de aqui y allá tratan de “despolitizar” nuestra historia.

  • Angel dijo:

    Muchas disertaciones, lecturas de artículos y otros materiales cómo documentales, pueden transmitir la idea que los diferentes gobiernos de USA desde aquello tiempos eran imperialistas. Para algunos puede parecer qaue reciben mensajes repetitivos, más de lo mismo e increibles. No existe mejores mensajes que las realidades de los hechos desde aquella época y hasta la actualidad, para llegar a una conclusión. SON IMPERIALISTAS DE PURA CEPA. En lo personal no me afecta que se restablezca ese monumento tal y como era, como se está haciendo hoy en día con el Capitolio que albergaba las Cámaras de Representantes y Senadores en tiempos de la República que casi fue impuesta por 2 intervenciones de los gringos.Me molesta que otros piensen y decidan por mí, por lo tanto no quiero hacer lo mismo con los demás. ¿Por-qué no sometemos ese caso y otros parecidos a consulta con la población?

  • Santiago Espinosa dijo:

    Qué agradable leer textos,integros,valientes e inteligentes. Ese es el papel de la prensa revolucionaria, como recientemente lo señaló Raúl.

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Luis Toledo Sande

Luis Toledo Sande

Escritor, poeta y ensayista cubano. Doctor en Ciencias Filológicas y autor, entre otros, de “Cesto de llamas”, Premio Nacional de la Crítica. Mantiene el blog http://luistoledosande.wordpress.com/

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