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Literatura invisible

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Leonardo Padura Fuentes.

Leonardo Padura Fuentes.

La concesión de los dos más recientes premios nacionales de literatura – los otorgados a Leonardo Padura y Reina María Rodríguez – me han ayudado a acabar de definir unas ideas cuyo germen tenía en mente desde meses atrás.

Lo primero que me gustaría aclarar es que admiro la obra del novelista y la poetisa.
La poesía de Reina María (su autora está llegando ahora a los sesenta años) me interesó desde que apareció La gente de mi barrio, el primero de sus poemarios.
Me pareció entonces que, de modo bastante obvio, ese libro estaba en la dirección de la poesía que venía, en estilo y asuntos poéticos, de la manera que caracterizó nuestros años sesenta, desde el cuaderno que mejor y primero la representó, que fue Historia antigua, de Roberto Fernández Retamar, de 1965.
No tuve duda entonces que tanto por su fecha de nacimiento como por su trabajo poético, Reina María se colocaba como un claro final de la poesía conversacional que había sido el centro del trabajo de los poetas de mi generación aunque, en manera alguna, constituyó el único modo que ella tuvo de expresarse.
Puedo decir que, cuando en 1984 fui miembro del jurado de poesía del Premio Casa, me complació contribuir a otorgarle a Reina María ese importante premio por su libro Para un cordero blanco.
A la poesía conversacional rinde también tributo la voz de Nancy Morejón (1944) con poemarios como Amor. ciudad atribuida y, sobre todo, Richard trajo su flauta y otros argumentos, de 1967. Pero, después, la poesía de Nancy enrumba por caminos diferentes: el hallazgo poético de su negritud y el culto a una expresión signada por el amor a la palabra lujosa, que le trae su formación en la tradición poética francesa. Pero Nancy tiene, desde bien temprano, el premio nacional de literatura, que todavía le falta a otra esencial voz femenina que –a mi modo de ver– debió recibirlo antes que Reina María. Estoy hablando de Lina de Feria.
Todavía más que la de Nancy, la de Lina representa esa poesía de la oscuridad, del enriquecedor laberinto de la palabra que, en la poesía cubana, permanentemente aparece al lado de la poesía de la claridad. Creo que, además, Lina ha tenido más incidencia que Reina María en el trabajo de las nuevas promociones de poetas cubanos.
A ese ámbito casaliano de la oscuridad, pertenece también la obra de Raúl Hernández Novás, a quien se ha colocado como representante de la “generación de los años ochenta”, denominada por algún crítico por su fecha de irrupción en la difusión de la literatura pero, como se ve, en la que puede resultar esencial una voz que pertenece a la generación que la precede.
Nacido en 1947 – tres años después que Nancy Morejón y Luis Rogelio Nogueras, dos después que Raúl Rivero – Hernández Novás es un hombre de esa generación, que no pudo expresarse en los años setenta,  en los que le habría correspondido naturalmente comenzar a publicar, porque es ese el momento dogmático del Quinquenio Gris, en la que no es admitida una poesía como la de Raúl, que tiene que esperar hasta los años ochenta para empezar a darse a conocer. Pero esa circunstancia sociológica no autoriza un cambio de generación.
Reina María Rodríguez.

Reina María Rodríguez.

Ante la reaparición televisiva de algunos de los más destacados impulsores de la política cultural del Quinquenio, una zona de nuestra intelectualidad reaccionó vivamente, temiendo la reaparición efectiva de ellos en la dirección de la cultura.

A través de la que se llamó en esos días “la guerra de los correos”, se dijeron electrónicamente las cosas que no se pudieron decir en los años setenta y, de alguna manera, fue también llover sobre mojado.
El caso de Raúl Hernández Novás y el de mi propio poemario El libro rojo, aparecido muchos años después de 1971 – cuando debió editarse, después de haber sido finalista en el Premio Casa – nos están indicando que hace rato sonó la hora de cesar las repetitivas quejas sobre el Quinquenio y, en su lugar, precisar que procesos cortó, cuáles obras interrumpió y de qué manera alteró el proceso de nuestra literatura.
Aunque no he sido íntimo de Leonardo Padura, creo que tengo una buena relación con él y, sobre todo, he sido un admirador de su obra narrativa. Mi voto fue el que, en muy reñida decisión, decidió el otorgamiento del premio de la crítica a su obra La novela de mi vida, sobre la esencial figura que es, para la literatura cubana, José María Heredia.
Me hubiera parecido su novela mejor, si no hubiera sido porque, a la ácida crítica de Padura a Domingo Delmonte, le faltó un aspecto esencial: consignar el equivocado rechazo de Delmonte a los hallazgos románticos del poema herediano. Acaso Padura – narrador y no poeta – no pudo adentrarse en esa manquedad esencial de la sin duda muy calificada crítica delmontina. Por ello, entre sus novelas, sigo prefiriendo la excelente La neblina del ayer.
La superexitosa El hombre que amaba los perros me parece un tanto reiterativa después de la gran trilogía histórica de Isaac Deutscher, que acaso la generación de Padura ignoró, pero que fue esencial para la formación ideológica de una fundamental porción  de la mía. No hay que olvidar que el grupo de jóvenes pensadores que centró el trabajo de Pensamiento crítico, publicó regularmente en El Caimán Barbudo. Y, literariamente, creo que la investigación histórica le desborda la estructura novelesca a la novela: la trama sufre porque empiezan a aparecer situaciones narrativas que podrían ser útiles a la indagación histórica, pero que ella no necesita.
Padura ha dicho que fue su generación la que devolvió la vitalidad a la literatura cubana tras el penoso período del Quinquenio Gris. Creo que esa es una visión extremadamente parcial.
Las represiones y censuras del Quinquenio Gris fueron tan abarcadoras en el ámbito literario que fue casi toda la literatura cubana de valía – exceptúo a Nicolás Guillén y a Alejo Carpentier, que claro que no fueron censurados –la que recomenzó a devolverle vitalidad a la difusión de la misma. En cuanto a las obras nuevas, resultó esencial, en las entradas de los años ochenta, la obra de Luis Rogelio Nogueras: me refiero a la aparición de un poemario como Imitación de la vida, (Premio Casa de las Américas y elogiado por José Saramago) y de una novela como Y si muero mañana, en la que la trama policial se trataba como nunca hasta entonces se había tratado entre nosotros.
Antes de otorgarle el Premio Nacional de Literatura a Leonardo Padura, me parecía más justo y mucho más correspondiente con nuestra historia cultural, habérselo concedido a Eduardo Heras León.
El Chino, ácidamente estigmatizado en los días del Quinquenio Gris por haber escrito el que me parece su mejor libro (Los pasos en la hierba) no escribió una literatura que las conservadoras grandes editoriales de los tiempos que corren habrían editado, pero contribuyó, con varios libros de relatos de gran calidad a conformar una narrativa épica que, junto a los libros de Jesús Díaz y Norberto Fuentes, Ilustra los días heroicos en que se enmarcaron hechos como la batalla de Playa Girón, la limpia del Escambray y la Zafra de los Diez Millones: no mirar esa historia, es no mirar lo que somos, es desconocernos nosotros mismos.
Lamenté enormemente cuando Jesús decidió abandonar el país y la Revolución. Pero le escuché decir alguna vez a mi profesor Raimundo Lazo que los escritores no cruzan las fronteras con sus libros debajo del brazo. Si hemos publicado textos de exiliados como Jorge Mañach, Lino Novás Calvo y Carlos Montenegro, esenciales para comprender la literatura del país; si premiamos estudios sobre la obra narrativa de Calvert Casey, o publicamos un importante estudio sobre la crítica cinematográfica de Guillermo Cabrera Infante, creo que es imposible no reeditar novelas como Las iniciales de la tierra –la mas importante novela de la Revolución Cubana– o editar esa juguetona y trágica obra maestra que es Las palabras perdidas.
Admiro el trabajo de Padura, pero creo que tenía tiempo para obtener ese galardón por un trabajo que abarque mejor la obra de toda su vida.
Si vamos a subordinar el Premio Nacional a los éxitos de mercado –sobre todo foráneos– creo que desconoceremos nuestra historia y tendremos que esperar a que desde fuera nos digan cómo debe ser.
Dos veces he sido miembro del jurado que concede el Premio Nacional de Literatura. La primera vez, tuvimos en cuenta la decisiva obra crítica de Ángel Augier, pero también su ancianidad; lo propio ocurrió al concederle el galardón a Humberto Arenal, autor de una obra narrativa un tanto magra. Valoramos la larga presencia de Humberto en la vida cultural cubana.
Los jurados que conceden el Premio han variado numerosas veces. Por ello, no creo que su otorgamiento deba regirse por el variable criterio de los diferentes jurados, sino que debieran existir unas normas que guiaran la acción del jurado para conciliar –como ha sido en algunos casos– el éxito editorial con el reconocimiento a la obra de la vida y a la historia de nuestra cultura, y no invisibilizar momentos, obras y autores esenciales de nuestra literatura.
(Tomado de Segunda Cita)

Se han publicado 33 comentarios



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  • Guajiro dijo:

    Aquí noto un eco de mis pensamientos cuando salió premiado Leonardo Padura,en el que se decía que sus narraciones eran de lo más leído en el país, y me pasé años persiguiendo sus libros en las Ferias del Libro y me decían que no habían (Ciego de Avila), en una ocasión dijeron en la TV que se habían editado unos mil ejemplares para la venta en MN , imaginé se quedaron en La Habana . Soy gran admirador de los libros de Padura, pero de que escribe para los cubanos en Cuba? Lo dudo a no ser que compremos sus libros en las librerias de ARTEX en CUC. o fuera del país.

    • Juno dijo:

      Si macho, tienes ke remar para encontrartelo. Aqui en la habana tambien

    • Manuel Valls dijo:

      Pero eso no es responsabilidad del escritor, sino de las editoriales cubanas, que priorizan libros que se llenan de polvo en las librerías y nadie compra.

  • reynerio alvarez Borroto dijo:

    Me fascina la frescura y “atrevimiento” del pensamiento de Padura, que rompe moldes y esquemas. Cuantos libros formidables (y autores) ha mencionado Guillermo q nosotros no hemos podido leer (y no solo por razones economicas, sino, principlamente, por tabues). Salud Padura!

  • rebeca dijo:

    felicidades a padura y a reina maria,
    felicidades a lina de feria y a Eduardo Heras Leon
    por escribir
    gracias tambien a ud,

  • arielbe dijo:

    !Bah!

  • Jose dijo:

    Guajiro,

    Ni en La Habana tampoco, “El hombre que amaba a los perros” me lo enviaron por correo electrónico, lo que agradezco.

    Es un problema, que si los escritores van a esperar a que les publiquen o el pago sea semejante a otras editoriales, seguiremos enterandonos de que publican, pero será dificil leer las obras. Para un escritor como Padura, aunque se agradece el intento, mil libros son cosa de risa… enteramente inadecuado para la expectativa en nuestro país.

  • Miguel dijo:

    Considero poco ético y poco humilde decir “Mi voto fue el que, en muy reñida decisión, decidió el otorgamiento del premio de la crítica a su obra La novela de mi vida …” además de que deja que desear sobre la forma de votación porque serían todos los votos a favor los que deciden un premio y no el de una sola persona.

    No soy un estudioso de la poesía como para evaluar las carencias que al respecto puedan haber en La novela de mi Vida. Pero lo cierto es que luego de leerla la califiqué como una de las mejores novelas cubanas que había leído, rango que también le doy a Las Palabras Perdidas muy justamente calificada como obra maestra (aunque tal vez no debería ser R Rivera quien lo dijese dada su cercanía a dicha novela).

    De igual modo al decir “Si vamos a subordinar el Premio Nacional a los éxitos de mercado –sobre todo foráneos– creo que desconoceremos nuestra historia y tendremos que esperar a que desde fuera nos digan cómo debe ser” se está solapadamente dando a entender que el otorgamiento del premio estuvo influenciado por eso. Padura es también muy exitoso en Cuba, no son muchos los autores cubanos actuales de narrativa tan prolíficos, capaces de llenar a desbordar el teatro de Casa de las Américas y que sus libros se agoten rapidamente. Si Padura no se difunde y vende mas en Cuba es porque no se imprimen mas ejemplares (y eso no está determinado por su voluntad ni por imposiciones de sus editoriales extranjeras, valga esto como información al comentario de Guajiro). Rodríguez Rivera debiera en todo caso elogiar que un cubano de Cuba, y escribiendo en Cuba como Padura, sea exitoso en el extranjero y que su obra se venda incluso en Amazon, y no dejarlo entrever casi como una mácula con el uso maniqueo del término “mercado”.

    Sobre el análisis de que Heras León merecería haber recibido antes el premio nacional de literatura que Padura, R Rivera tiene derecho a exponer su criterio, pero me hubiese gustado que en tal caso debería haber comparado también a Heras León con otros premios nacionales de Literatura otorgados con anterioridad.

    Por último decir “que debieran existir unas normas que guiaran la acción del jurado para conciliar” estaría en la practica suponiendo la existencia de un “metajurado” (¿R Rivera incluido?) para que redactara dichas normas y eso también puede fallar o estar viciado. Por otra parte, aunque lo desconozco, no creo que el premio nacional de literara se otorgue según la inspiración de cada jurado, algunas pautas habrá. En todos los examenes (y por su experiencia docente R Rivera lo sabe), premios y concursos nunca habrá uniformidad total y siempre habrá inconformidades para algunos, eso es humano y las normas no lo pueden resolver.

  • Eusebio Hdez dijo:

    Coincido con GRR en este artículo.
    Comparto su punto de vista. Yo le hubiese dado el premio a Heras León cuamdo compitió con Padura en el 2012, pero yo no estaba en el jurado.
    Considero que Heras es de los mejores escritores que a dado la revolución, sus escritos luego de que saliera de Antillana, son muy buenos también.

    Es cierto, que quizás eso dependa de los gustos de cada quién, pero aparte de esto, debieran editarse por nosotros su obra completa, para que la gente común y los jóvenes sobre todo, puedan leerle y aprender de uno grande.

  • BGGYPSY dijo:

    Estimado profesor Rivera, gracias por su artículo, no comparto totalmente todos de sus puntos de vista, aunque los que discrepo también se los agradezco porque me agranda el campo visual.
    Coincido con usted en que “hace rato sonó la hora de cesar las repetitivas quejas sobre el Quinquenio y, en su lugar, precisar que procesos cortó, cuáles obras interrumpió y de qué manera alteró el proceso de nuestra literatura”, a mi juicio es hora de este análisis y de su exposición pública.
    Ante la reaparición en uno de los medios de uno de los actores o impulsores de las políticas del llamado “Quinquenio Gris”, le digo que no sentí temor de una vuelta atrás ni de un “revival”, sólo sorpresa y estupefacción por la incoherente, incómoda y desagradable presencia. Estoy seguro que fue un hecho aleatorio aquella comparecencia, si es que se puede llamar así.
    Gracias por sus trabajos y no deje de escribir.

  • Alguien dijo:

    Coincido con usted de la A a la Z en sus criterios. La literatura de estos es excelente pero creo que se ha magnificado en ambos casos zonas extraliterarias y no se ha tenido en cuenta el aporte de otros escritores a la literatura cubana que van más allá de la propia creación. En el caso de Heras León, además de su literatura, habría tenido que figurar como un mérito adicional su labor pedagógica y su carácter de formador de escritores, su trabajo como editor que ya le ha valido premios nacionales, eso más su excelsa literatura, tal vez obviada por la crítica de mercado, pero reconocida por toda la otra crítica seria, le suman méritos más que suficientes para haber recibido el premio desde hace algún tiempo. En el caso de la poesía es todavía más abundante la lista, pensemos no solo en Lina de Feria, hay otro afectado por la burocracia cultural de los 70, al que incluso se tardó más de 20 años en reconocerle un premio, Delfín Pratt, el holguinero, premio David de 1968, que ha aportado a la poesía del país una hermosa obra que ha sido referente de escritores jóvenes y están también los casos de Víctor Casaus y el de usted mismo, también merecedores, a mi criterio de ese galardón. Pero profesor eso ha pasado ya en otros momentos, recuerde que Onelio Jorge Cardoso y Samuel Feijoo murieron sin haber sido considerados para el premio nacional de literatura. Creo que Reina y Padura y a estos añado a Daniel Chavarria (este es un premio con siempre he considerado inmerecido) tienen una valiosa obra, pero también creo que hay otros que debieron recibirlo antes.

    • Katniss dijo:

      Gracias por su comentario sobre Daniel Chavarria; uno de los mas sobrevalorados y pedantes escritores de Cuba.

  • Roberto Quiñones Haces dijo:

    Coincido con el profesor Guillermo Rodríguez Rivera en las apreciaciones que hace sobre las repercusiones de la política cultural adoptada en el llamado “quinquenio gris”, lapso que otros extienden a un decenio y algunos hasta nuestros días, porque aún existen funcionarios que priorizan factores ajenos a la creación cultural para determinar el valor de una obra literaria o artística. Igualmente creo que Lina de Feria y Eduardo Heras León merecen el Premio Nacional de Literatura, considero que también lo merecen Rafael Alcides y Julio Travieso.
    Discrepo con él en cuanto a los cuestionamientos que hace sobre si fue anticipado el premio otorgado a Padura y a Reyna María Rodríguez. La calidad de la obra de ambos y sus actitudes cívicas resultan muy sólidas ante ese tipo de análisis.
    Creo que al mencionar la narrativa de los años ochenta el profesor olvidó mencionar la novela Un tema para el griego.
    Coincido con él en que deben publicarse obras de importantes narradores cubanos que salieron del país, como es el caso de Jesús Díaz, pero también de otros como Guillermo Cabrera Infante y Antonio Benítez Rojo. Extiendo el señalamiento a obras cumbres de la literatura mundial como Los sonámbulos, de Herman Broch, El hombre sin atributos de Robert Musil y Ferdydunke de Gombrowicz, tres ausencias imperdonables del mundo editorial cubano, por sólo mencionar tres ejemplos de una lista que sería extremadamente larga.
    Estoy totalmente de acuerdo con él en que el jurado que otorgue este importante premio debe regirse por normas y no por criterios generacionales o personales, algo que debió tenerse en cuenta desde la primera vez en que se otorgó.
    Termino enviándole al profesor un fuerte abrazo y los saludos que desde el patio de la casa natal del gran poeta cubano Regino E. Boti le enviamos sus admiradores guantanameros, que lo queremos y respetamos, aunque en ocasiones como ésta no coincidamos en todo.

    • cioran dijo:

      Roberto Quiñones Haces, le informo que la editorial Torre de Letras, que dirige Reina María está trabajando en la edicion de Ferdydurke de Gombrowicz, traduccion de Virgilio Piñera, que debía haber sido editada en Cuba hace mucho, veremos si sale pronto, aunque esté atento, sus ediciones tienes nada más que 120 ejemplares cocidos a mano, y después este dice esto de Reina!!!! Nadie ha hecho más por los jovenes que Reina en nuestra literatura, lo que sucede es que no se ha aguachado!!!!

  • Galiano dijo:

    La obra de Leonardo Padura —hasta el momento, pues él tiene muchísimo que decir todavía—, ensayística, narrativa, periodística (no olvidar sus guiones cinematográficos), prestigia al importante Premio Nacional de Literatura, y a la literatura cubana toda. También Reina María.
    Eduardo Heras León lo merece desde hace demasiado tiempo. Él ha sido el eterno postergado. Me regocija pensar que el 2014 pueda restañar tal injusticia. Por la buena salud del Premio Nacional de Literatura. Simplemente.

  • zuli dijo:

    LARGA VIDA A ESCRITORES TAN BUENOS PARA QUE SIGA CRECIENDO LA LITERATURA
    FELICIDADES

  • Guille dijo:

    Pude leer El hombre que amaba los perros gracias a que lo alquilé “por la izquierda”. De otra forma habría sido imposible, pues dijeron que lo habían editado en Cuba pero hicieron una tirada mísera, solo para decir “lo publicamos”. Es una vergüenza para un país que se ufana de que una de las conquistas de la revolución ha sido el desarrollo de la cultura que sus ciudadanos sean los últimos en conocer la obra de uno de sus coterráneos más famosos en el mundo de la literatura y que su autor tenga que caer en manos de editoriales extranjeras para publicar su obra.
    ¿Quinquenio? Yo diría que medio siglo.

  • Guille dijo:

    Envidia generacional. Si algunos se merecen el premio por la única razón de haber sido estigmatizados durante el Quinquenio, también se merecen el premio por haber sido un hato de pendejos, que después de apaleados ahora aplauden a sus victimarios, todo lo contrario de Padura que ha sido históricamente valiente. Y el premio nacional no creo haya sido por su “éxito comercial” internacional, pues es todo lo contrario: Ha tenido que recurrir a editoriales extranjeras porque las de su país no le publican. Mientras, el autor, a quien no censuran y sí le publican, no tiene el éxito de público de Padura.

  • truenoazulito dijo:

    Coincido con ud Guillermo en que al chino Heras le hubiera correspondido desde hace años el Premio Nacional de Literatura. Personalmente pensé que se lo iban a otorgar (a Heras León) después que se lo dieron a Reinaldo González, pero no, ya ud ve que no fue así y aun no se lo han dado. Él se lo merece por esos buenos relatos que nos narran etapas importante en la vida de los cubanos. Espero que pronto le otorguen merecidamente ese importante galardón. Gracias Eduardo por tu obra litreraria.

  • Jorge dijo:

    El problema es que la lietratura de Padura es bastante critica y eso duele, pero si se lee y son muy buscados sus libros en Cuba. Es una pena que las ediciones sean tan pocas en su caso y otras que no interesan tanto sean tan grandes y seguidas.

  • orlando cruz dijo:

    Considero seriamente muy oportuno el comentario argumentado del profesor Guillermo Rodríguez Cabrera. Tan necesario no solo en las páginas web cubanas, sino en nuestra prensa nacional escrita.

    Esta última tan escasa de trabajos valorativos (críticos al fin de cuenta) de esa índole. Y aclaro que no significa que no existan, pero algunos periódicos de tirada nacional ya no acometen una crítica de esa envergadura, con comparaciones y analogías, que puedan confrontar al lector viejo, mediano y maduro con una obra (literaria, pero de otro tipo también)con obras que quizás ya no se conozcan, pues muy seria las limitaciones de editar y reeditar libros de personas que se quedaron y se fueron (no sólo las que emigraron, sino las que murieron). Las revistas especializadas han quedado para un lector que las busque y que las encuentre, porque en algunos estanquillos no están. De eso hablo, como de los estantes de las librerias abultados por una literatura occiosa -con perdón de algunos autores que no merecen esa denominación a su obra- que no circula. La comparación no es el arte de encontrar, simple y llanamente, semejanzas y diferencias, sino la contextualización de las obras en su espacio tiempo, elemento que falta en muchos comentarios que se publican.

    El problema que aborda pone a pensar en apresuramientos y tardanzas, símbolos de ignorancias y omisiones, además de intenciones.

    Creo que es un serio aporte de este profesor que tiene una letra y pluma muy aguda y un halo crítico mesurado, pero que expresa sin tapujos criterios que, en mi caso, comparto total o parcialmente, pero que no dejan lugar a dudas que estamos en presencia de un criterio serio y concienzudo.

    Ojalá no se haga mutis o algarabía ante un hecho artístico -cultural en esencia- que merece no sólo un premio sino el reconocimiento por el simple hecho de que existió.

    Congratulaciones profesor,

    Orlando Cruz

  • el_viti dijo:

    FELICIDADES a Padura y a Reina Maria

  • Yulián dijo:

    MI admiración para Guillermo sobre todo a partir de que lo conocí por su libro “Por los caminos de la mar o nosotros los cubanos”, que me pareció facinante y respeto mucho su opinión sobre Padura, solo que me parece que la aparente solapada crítica al recibimiento del Premio Nacional de Literatura se relaciona más con el desacuerdo de sus críticas, sobre todo a las fortísimas de El hombre que amaba a los perros, con las que estoy de acuerdo en casi todas porque tengo conocimiento de causa histórica que fueron ciertas y nunca se reconocieron honestamente, que por su enome y obvia calidad literaria, sin embargo no estoy seguro de que quiera hablar sobre el hecho, un tanto hipócrita para mí, que a nivel social no se promueve esa novela, que aunque le mereció el Premio de la Crítica, sea por un voto más o menos, solo se publicaron unos cuantos cientos de ejemplares después de publicada fuera, y sobre todo se justifica con eso que no hay censura cuando en ninguna emisora, ni programa de televisión se le promociona y por tanto el gran público, ni sabe que existe, ni se la lee.

  • ramsay dijo:

    Muy acertado el comentario del profe Guillermo. Y de acuerdo con él. Padura es un autor joven todavía, en el sentido de que le queda mucho por escribir.
    Sin embargo, Heras León ha demostrado siempre una línea consecuente en literatura y además, ha sido pedagogo en ese tema..algo díficil.
    Y confieso que Los pasos en la hierba, que leí muy adolescente, me sigue gustando. Y tampoco comulgo mucho con toda la crítica desmedida a todo lo que huela a “quinquenio gris”. Qué lo hubo ? Es cierto. Pero se escribieron también cosas buenas. Hoy nadie recuerda a Manuel Cofiño.
    Por otro lado, la literatura cubana actual se me parece al cine cubano: “Me quiero ir”, las minorías sexuales, las prostitutas y no se refleja a los que ni nos queremos ir, somos heterosexuales y no nos prostituimos en ninguna forma.

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Guillermo Rodríguez Rivera

Guillermo Rodríguez Rivera

Escritor cubano nacido en 1943. Su producción incluye poesía, novelas como “El cuarto círculo” (1976, en coautoría con Luis Rogelio Nogueras) y ensayos como “Por el camino de la mar. Los cubanos” (2005).

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