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Padura, la literatura, el compromiso

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Cuando impugné el otorgamiento del Premio Nacional de Literatura a Leonardo Padura y afirmé que Eduardo Heras León debió recibirlo antes que él, creía –y creo– que la cuentística del Chino representaba un momento de la épica de la Revolución Cubana comenzante: pasarla por alto para premiar en su lugar una obra mucho más reciente implicaba olvidarnos de un momento esencial de nuestra literatura e incluso, de nuestra historia misma.

Escribí entonces –lo repito ahora–, que ello no implicaba desconocimiento o subvaloración de la obra narrativa de Padura ni, mucho menos, algún conflicto personal con el novelista.

Conocí a Padura en las aulas de la Escuela de Letras de la Universidad de la Habana –tal vez en los años en que se llamaba Facultad de Filología–, y si bien no fuimos amigos cercanos, hemos tenido siempre buenas relaciones. Lo recuerdo visitándome junto a Rigoberto López cuando ambos planeaban ese muy buen documental que se llamó “Yo soy del son a la salsa”, ganador del premio principal en una de la ediciones del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. Ambos querían escuchar conmigo los iniciales sones cubanos, los del Sexteto Habanero y el Trío Matamoros, que yo empezaba a atesorar en viejas cintas y, sobre todo, charlar sobre ellos, que era hacerlo sobre nuestra música. Después, estuvimos implicados Padura y yo en un proyecto que no llegó a materializarse: hacer una suerte de curso sobre la música popular cubana, que se llevaría a cabo en Palma de Mallorca, con el auspicio de la Universidad de las Islas Baleares y la gestión del común amigo Gonçal López Nadal. Alguna vez estuvimos Gonçal y yo, en el ámbito del hogar de Padura, en Mantilla.

Ocurre que soy poeta, ensayista y, como sabe quien me conozca, profesor de literatura desde hace más de cuatro décadas. En esos años, entre otras cosas, me ha correspondido enseñar la gran poesía contemporánea de la lengua española, tanto la de la península como la de América y, hace ya más de 10 años, me ha dado enorme gusto trabajar, en la Fundación Nicolás Guillén, la obra de ese cubano que es uno de los grandes poetas del español, en el siglo XX.

En una entrevista concedida a La Nación, de Buenos Aires, Leonardo Padura discurre ahora sobre lo que llama “jugar a hacer política desde el arte” lo que, a su juicio no se debe hacer, porque “los artistas comprometidos de una manera militante con un partido, estado, filosofía o poder, terminan siendo siempre –o casi– marionetas de ese poder”.

Quisiera comenzar afirmando que esa voluntad de independencia en los seres humanos es muchas veces más deseo que realidad, y que demasiadas veces se usa como una coartada política. Los periodistas cubanos opositores a la Revolución consideran “oficialistas” a los revolucionarios, y se llaman a sí mismos independientes, aunque dependan económicamente de ciertas instituciones que los sostienen, y políticamente de importantísimos poderes.

En el complejo entorno del mundo actual, el hombre inevitablemente contrae compromisos. Uno puede ganar su salario en una institución, sin que ello lo obligue a la esclavitud ideológica, a ser esa marioneta que mencionaba Padura. El escritor independiente depende de lo que escribe, y debe conseguir que esos textos satisfagan las aspiraciones de la editorial que los publica. Absolutamente independiente era Diógenes el Cínico (cínico porque llevaba una vida de perros) que dormía en una barrica y se dice que iba al mercado a mirar con satisfacción, cuántos objetos había que él no necesitaba.

El periodista del rotativo bonaerense ha entrevistado a Padura a través de un cuestionario trasmitido por correo electrónico, por lo que las afirmaciones recogidas en el viejo diario argentino –Bartolomé Mitre lo fundó en 1870, pero ya es otro periódico bien diferente a aquél en el que colaborara José Martí en las últimas décadas del siglo XIX–, deben ser textuales, fieles, exactas.

A la inversa de lo que se deduce de las opiniones de Padura, no creo que el compromiso del artista derive de su militancia: casi siempre el flujo, en los casos de real significación, ha sido a la inversa. Son las grandes conmociones históricas las que han impulsado a grandes artistas a eso que Padura llama (minimizándolo) “jugar con la política desde el arte”.

En aquel poema que Pablo Neruda tituló “Explico algunas cosas” y que colocó al frente de España en el corazón (1937), su primer poemario comprometido, exponía en un verso el por qué sus poemas de Madrid olvidaban los grandes volcanes chilenos:

venid a ver la sangre por las calles,

decía. Eran los tiempos de la Guerra Civil española.

El caos hondamente conmovedor que Picasso llamó “Guernica”, se pintó después que los cazas alemanes bombardearan la aldea vasca que inmortalizaron al destruirla. ¿Voy a dudar de la honestidad de César Vallejo, de su plena integridad al escribir “España, aparta de mí este cáliz” y sumarse al Partido Comunista, como también lo hizo Nicolás Guillén?

Mi mente, mi sensibilidad que han disfrutado las obras de esos hombres y los han admirado (del mismo modo que a Alberti, Maiacovski, Bertolt Brecht, Paul Eluard, Roque Dalton), se resisten a degradarlos, y mi lengua –y me precio de tenerla bien mala– rechaza cometer el parricidio de llamarlos marionetas.

Yo, que no he sido militante de ningún partido y ya no lo seré nunca, no seré tampoco quien sostenga que para defender sus ideas, el escritor, el artista esté obligado a figurar en la membresía de alguno. Pero tan intolerante como resultaría exigir esa militancia, me parece que lo es el hecho de descalificar al escritor porque su conciencia lo haya llevado a ello.

Yo estoy persuadido de que la novelística policial de Leonardo Padura tiene un claro maestro: el español Manuel Vázquez Montalbán, cuyo Pepe Carvalho es un primo español (en su escepticismo, en su estar de regreso de casi todo) del habanero Mario Conde. Vázquez Montalbán murió perteneciendo al partido comunista de Cataluña, el PSUC. Estando en España tras la extinción de la Unión Soviética, escuché en la radio una entrevista al autor de Los mares del sur, en la que una periodista con voluntad de incordiar, le preguntaba por qué militaba en un partido cuya ideología se había derrumbado. El poeta y narrador respondió que se había derrumbado una “lectura” del comunismo, una aplicación de la teoría marxista, pero que en el mundo había un número de pobres que crecía diariamente y cada vez menos ricos que atesoraban casi todos los bienes de la tierra. “Esa situación no se puede mantener”, concluyó. “En un momento del futuro, vendrá el triunfo del sistema comunista”.

En un artículo que publica “Rebelión”, el politólogo argentino Atilio Borón enjuicia la entrevista con Padura aparecida en “La Nación”, y subraya la que llama la “unilateralidad” del enfoque de Padura al valorar la Revolución Cubana. En sus últimas novelas se insiste en “el desencanto, las ilusiones perdidas” de una generación cubana que, obviamente es la del propio autor.

En la excelente trama policial que tiene “La neblina del ayer, el narrador omnisciente y a veces conductista, que describe el ambiente de las calles cubanas de un barrio popular, presenta a unos jóvenes aburridos, poblando las aceras y son, en su punto de vista, la resultante de la “frustración histórica” de Cuba.

Pero Cuba no ha sufrido una frustración histórica. Cuba zanjó –está zanjando–su diferendo histórico con los Estados Unidos, la gran potencia que la convirtió en 1902, en un protectorado suyo y luego en una neocolonia y ahora, tras bloquearla por más de 50 años, hace lo único que tiene a mano: incluirla en una espuria lista de “países promotores del terrorismo” para desacreditar lo que no ha conseguido vencer.

El fin del socialismo del siglo XX determinó otra crisis que vino a sumarse a la que representaba el bloqueo norteamericano. Ahí se generó no una frustración histórica, sino una abrumadora frustración material. Pero Cuba se mantuvo, cuando parecía que no podía ser: no pudo regresar la ultraderecha de Miami para hacerse del poder y llevar adelante eso que uno de ellos ha llamado el “destriunfo” de la Revolución.

América Latina no es ya la sumisa región que cohonestaba el derrocamiento por la CIA del régimen democrático de Jacobo Árbenz, la invasión de la República Dominicana por los marines, o las tiranías de Augusto Pinochet y Rafael Videla. Es la región de la Revolución Sandinista en Nicaragua; del proyecto bolivariano que comenzó la Venezuela de Chávez; de la refundación plurinacional e inclusiva de Bolivia; de la revolución ciudadana de Rafael Correa en Ecuador; del Brasil emergente de Lula y de Dilma Roussef; de la argentina antimilitarista y progresista de los Kirchner; del Uruguay del tupamaro Pepe Mujica, y hasta del FMLN del mínimo Salvador, por el que dio la vida el poeta Roque Dalton.

El punto inicial de ese proceso fue la aislada Cuba, la de Fidel y el Che, que generó ideas que volaron sobre el continente, y se quedó atrás, con un viejo modelo económico improductivo del que se ha propuesto deshacerse no tímida, pero si lentamente.

Leí con mucho interés “El hombre que amaba los perros”, a pesar de que Padura se enamoró de su investigación histórica y a veces hizo crecer demasiado la novela con páginas que no le hacen bien. Únicamente le reprocho el personaje de Iván, el cubano que azarosamente encuentra al fanático Mercader, e interactúa con él. La periodista, de “La Nación”, y que tiene el inesperado nombre de Hinde Pomeraniec (desciende de rusos y ucranianos) lo caracteriza velozmente:

un cubano sombrío, que pudo haber sido un gran
escritor pero a quien el sistema hizo a un
lado por haberse resistido a la obediencia irrestricta.

Ese es un personaje de ficción, seguramente procedente de la reprimida literatura soviética de los estalinistas de los años treinta, y para nada representativo de la realidad cubana.

Cuba tuvo un período de represión cultural, el llamado Quinquenio Gris (1971—1976) que Leonardo Padura no pudo vivir, porque era casi un niño entonces. Muchos artistas y sobre todo escritores –después de todo manejan el mismo peligroso instrumento del pensamiento, que es el lenguaje– fueron puestos a un lado por no trabajar dentro de los “parámetros” que la burocracia cultural del momento consideraba pertinentes. Ese fue también el tiempo de un intenso auge de la homofobia. Pero fue un período que acabó y esos artistas y escritores recuperaron su lugar en la cultura del país.

El Instituto Cubano de Radio y Televisión, no difundía las canciones de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, y Haydee Santamaría, la heroína cubana que dirigía Casa de las Américas, le pidió a Alfredo Guevara, el director del Instituto del Cine, que le creara un lugar de trabajo a “estos muchachos”. Así apareció el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, que dirigió el gran músico Leo Brouwer, y que empezó a difundir por el mundo la música y la poesía de Pablo y Silvio.

Y ya está bien. A pesar de que me satisface la divulgación de la obra del buen narrador cubano que es Padura, me sentía incómodo con la muy parcial entrevista ofrecida por él a “La Nación”, que Pomeraniec se encarga de matizar con sus observaciones. Ojalá el viejo diario donde colaboró Martí, edite otros trabajos que le permitan a sus lectores conocer mejor la realidad de Cuba, incluyendo la realidad de su cultura.

(Tomado de Segunda Cita)

Se han publicado 92 comentarios



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  • Dailyn dijo:

    Muy buen comentario profe, lo cortés no quita lo valiente.

  • Atenea dijo:

    Mientras no publiquen íntegra la entrevista de Padura, seguiré pensando bien de él,no me gusta dejarme llevar para juzgar a alguien, además no me considero con la suficiente relevancia (tal vez ud sí, Profesor GRR) para juzgar a Padura por una entrevsita, cuando por él hablan mejor sus buenos libros.
    No va usted a negar que desde «La novela de mi vida» sobre Heredia, nadie vivo y en Cuba ha escrito mejor, los otros ,todos los otros libros de él han sido del gusto de todas las personas que vivimos aquí, será que tantas personas pueden esta equivocadas, creo que no.
    Atilio Borón podrá decir lo que quiera, lo respeto pero no estoy de acuerdo con él ,ahora tampoco con usted.
    Creo que Padura es un orgullo nacional, pocas personas son más cubanos que él al escribir, algunos son solo escritores de un libro o un premio, Padura tiene ya unos cuantos libros y premios, no lo considero disidente, solo que tiene el valor de decir cómo está este país, duélale a quien le duela.
    Si publican la dichosa entrevista y me desencanto de Padura, lo escribiré, pero no voy a atacarlo por lo que dos escritores dicen sobre una entrevista que nadie ha leído.
    Primero transparencia, después libertad para opinar todos acá, sin censura, como debe ser.

    • Yadira dijo:

      Atenea:
      La entrevista puede encontrarla, publicada dentro de los comentarios de los foristas, en el artículo donde se informa del último premio alcanzado por Padura, por su novela Herejes en España. Allí se publicó la entrevista y el artículo que a raíz de ella escribió Atilo Boròn.

    • gaviota dijo:

      Atenea
      El profesor Guillermo no ha puesto en duda ni en tela de juicio la calidad de Padura como escritor, el comentario se refiere a otra cosa, bastante clara por cierto. Pienso al igual que el profe que se puede ser crítico y valiente, lo que no se debe ser es hipercrítico y ver sólo las manchas del sol mientras se ignora por completo la luz.

    • Juan Jose dijo:

      No entendiste el articulo. No se cuestiona la calidad de Padura como escritor sino sus criterios politicos, porque sus opiniones no son para nada ingenuas. Padura tiene muy bien definido a quien y por que critica. Su posicion nunca ha sido nuetral cuando de politica se trata.

      • Lic. Julio Arjona dijo:

        ¿Y por que alguien critica los criterios políticos u opiniones de otro?
        ¿es que acaso no tenemos ese derecho?
        ¿es que son mentiras nuestras carencias?

    • Kender dijo:

      Atenea:

      No entendiste ni una palabra de lo dicho por GRR ni por Atilio.
      O quizá no quieras entenderlo.

    • Ricardo dijo:

      No entendiste ni pitoche…parece que quieres hacer catarsis antes de ello….suerte entonces.

    • Adolfo dijo:

      Atenea de eso se trata, uno espera de personas tan célebres y con tanta facultad para la expresión escrita análisis menos simplistas, mucho más cuando se trata de un personaje célebre. Yo estoy en dresacuerdo con su expresión de «generación perdida», vivo en Mantilla como él, no hemos logrado todo por lo que luchamos, esperamos un socialismo más equitativo que el que estamos construyendo, nunca esperé que lo que prevaleciera fuera lo que uno tiene materialmente, ni pensaba en la pérdida de valores. Pero esa generación mantuvolas raices del Socialismo en Cuba y fue el portador principal de la resistencia ante el bloqueo total que fue el períodoo especial.

    • carlos de cardenas dijo:

      Con todo el respeto que le guardo al profesor. Veo un gran resentimiento por el premio a padura y no estoy de acuerdo, porque me parece que el resto de su opinion pierde valor. Creo que ante todo una entrevista de un personaje como Padura, necesita respeto y analisis. Es mentira lo que dice? Es necesario volcar odio y desprecio, por alguien que explica su realidad? Si no es la de los demas pues de acuerdo, explique la suya pero de forma equlibrada. Todos tenemos derecho a pensar, eso no es un delito. Muy mal por Cubadebate por poner una sola parte y ademas envenenada por algo que a las claras se ve una opinion ya marcada por el resentimiento. A los que dicen su opinion, les pido que busquen la entrevista de padura y luego opine. Reitero mi respeto de todas formas por el profesor. Mi opinion, hemos sobrepolitizado la vida de nuestro pais que hoy estamos en un problema gigantesco, nuestra economia no funciona. Y esto sin dejar de hablar del bloqueo y las carencias que nos han hecho padecer los norteamericanos con su politica. Pero cuando botamos los materiales que con tanto esfuerzo importamos en nuestras obras mal hechas, cuando botamos las producciones , cuando no se les paga al campesino y se les pide se produzca, cuando actuamos tan mal que hemos llevado este pais a una situacion economicamente grave por administrar mal nuestra economia de quien es la culpa? del imperialismo yanki?. por favor hablemos con propiedad y dejemos a un lado la politiqueria que no nos lleva a ningun lado. la revolucion ha conseguido que seamos un pueblo preparado, con la capacidad de pensar y discernir. No necesitamos extremismos de izquierda o de derecha, sino equilibrio, dialogo y sobretodo mucho trabajo para salir de este gran problema que tenemos hoy. Lo malo siempre nos vendra de afuera de los que quieren cambiarnos a su forma. Hagamos las cosas bien por lo menos donde estamos.
      Saludos

  • Almagueroski dijo:

    Me gusta el contenido de este comentario del escritor Guillermo Rodríguez Rivera que impugna el otorgamiento del premio de literatura al escritor Leonardo Padura y considera más justo otorgarselo al tambien escritor Eduardo Heras León. Recuerdo haber leido unas crónicas de Padura sobre los jovenes de hoy y el futuro de la Revolución Cubana y al final de la lectura……fruncí el seño, aunque en realidad era una fotorradiografía de la situación socioeconómica y sociopolítica de la Revolución Cubana en ese entonces que no ha cambiado sustancialmente hasta hoy, aunque discrepo de algunos aspectos. Quizás Padura ganó adeptos y seguidores y muchos casi lo tildaron de escritor no comprometido y liberal porque algunas de sus observaciones eran un poco tendenciosas y tuvo gran repercusión en la juventud cubana desorientada. Parece que eso no perturbó su andar periodístico y literario en el entorno cubano. Saludos

  • MANOLOGLEZ dijo:

    Al final me quedo con el último párrafo del profe.

  • diana dijo:

    Muy bien por la diáfana y clara valoración de Guillermo Rodríguez Rivera, al pan, pan y al vino, vino. Guillermo su vivió las épocas que comenta y el reconocer cada período como el de años 70 es justa su expresión: … “Pero fue un período que acabó y esos artistas y escritores recuperaron su lugar en la cultura del país”. Bien por Guillermo.
    Diana, diana@gecyt.cu

    • EST dijo:

      La mayoría de los que se refiere recuperaron su lugar en la cultura lo hicieron POST MORTEM, yo que soy contemporáneo con Padura y tuve el gusto de leer lo que se publicaba entonces (el dinero hoy no me alcanza para comprar libros), me viene a enterar hace solo 10 o 12 años que por la misma Habana que yo transitaba entonces lo hacía un gordo asmático llamado Lezama Lima, personaje totalmente desconocido para mi generación, tambien un dramaturgo espejuelú llamado Virgilio Piñera.Cuando aquello Lennon no tenía parque ni IMAGINE cerraba actos políticos, era un pelú hippie con nada agradable que enseñàr a las futuras generaciones de cubanos.

  • JORGE MORALES dijo:

    Lo felicito PROFE. Cuando se habla de COMPROMISOS creo que la cuestión no tiene que ver con la afiliación a PARTIDO alguno. Uno VIVE la realidad objetiva y según sus relaciones e intercambios con las personas en el día a día va generando sus interpretaciones sobre el mundo, va formando sus VALORES, SENTIMIENTOS… va formando su ÉTICA, SU IDENTIDAD. Ha sido así siempre , desde HEREDIA , pasando por MARTÍ, MELLA, HASTA FIDEL. Recuerdo el legado de CINTIO en «ESE SOL DEL MUNDO MORAL» donde describe la eticidad de los cubanos a lo largo de la historia.Ese compromiso con la historia, con la verdad y con el pueblo sencillamente nos define.

  • del Centro dijo:

    Como he aprendido algunas cosas que desconocía.

  • Daurys Suárez dijo:

    Aunque no he leído la citada entrevista aparecida en La Nación, mi conocimiento previo de la obra ensayística y crítica del profesor Guillermo Rodríguez Rivera me hacen confiar en su buen juicio y objetividad, que no renuncia a expresar el criterio propio, con la carga subjetiva que implica, a la hora de analizar las palabras vertidas por el narrador Padura. Comparto además, su defensa del comprometimiento, sea del signo que fuere, de los artistas con unas o otras causas sin que ello implique sometimiento intelectual al poder. Basten los nombres mencionados para probar que la militancia política no demerita ni disminuye el alcance artístico de una obra.
    En cuanto a la «polémica» en torno al Premio Nacional de Literatura, que he seguido en artículos anteriores de este autor, igualmente coincido en que los méritos narrativos de Padura son suficientes quizás, pero no oportunos en este caso, siendo más pertinente a mi modesto entender, haberlo otorgado al profesor Eduardo (El Chino) Heras León. Tal vez sea otro ejemplo de porque a las decisiones de un jurado se les denomina «fallo».

  • marcelo dijo:

    G. Rdguez. Rivera tiene toda la razón, al igual que Atilio Boron, cuando se refieren a Padura, a su posición de «desencanto» y al intento de descalificar, como marionetas, a intelectuales que fueron consecuentes con las ideas de la izquierda. Todo esto es parte de su marketing. Lamento que alguien con talento como narrador trabaje contra la imagen de su patria. Lo que le reprochó Atilio es incuestionable: cómo vas a hablar de Cuba y de su revolución sin mencionar a la superpotencia que la ha acosado sin piedad durante 50 años.

  • vivianv dijo:

    Saludos,nada hay mas oportuno que contextualizar los hechos,personajes y actores sociales..El escritor Guillermo Rodriguez me recuerda agradablemente,a nuestra Mirta Aguirre..felicitaciones..

  • Luis dijo:

    Guillermo como simpre con su diáfana visión y excelente pluma. Si el propio Padura dice que «Cuba es muy peculiar. Entender a Cuba es muy complicado, y explicarla es más complicado todavía», entonces ¿por que entonces en su entrevista a La Nación fue tan simplista? ¿No será que eso es lo que querían escuchar sus interlocutores? Cuando las personas por sus hechos o su obra se convierten en figura pública no pueden olvidar nunca el compromiso social que adquieren y el peso que pueden tener sus comentarios especialmente en la política. Creo que le faltó bastante por decir a Padura si es coherente con sus propias palabras.

    • abel dijo:

      leiste la entrevista de padura?

  • MSR dijo:

    El intelectual Atilio Borón y el profesor Guillermo Rodríguez Rivera han abordado con mucha sabiduría la cuestión sobre la dolorosa pero real costumbre de Leonardo Padura de denigrar a la Revolución Cubana y por tanto a la mayoría del pueblo, que no está ni desencantado, ni frustrado, ni rememorando todo el tiempo lo vivido en épocas pasadas. Padura, en su egocentrismo, nos presenta como personas que no tenemos ni principios, ni ética, ni identidad al calificarnos como marionetas. Y me pregunto ¿Quién está realmente detrás de esa máscara?
    Ahora ya esperamos con escepticismo su próxima novela Herejes que Tusquet publicó en España y que nosotros tenemos que esperar a que nos otorguen los derechos para que una editorial cubana la publique. Y señalo con “escepticismo” porque no sabremos si al personaje cubano le caerá el techo encima o tendrá un desenlace trágico en una “Habana decadente”

    • ABS dijo:

      Padura no denigra, el habla de sus experiencias personales. Es su opinión que muy pocos en Cuba la tienen.

  • mono-escorpiona dijo:

    Con esa arrogancia para descalificar a otros a los que se cree superior, Padura debe ser efectivamente la Marioneta de algún poder, pero por una razón contraria a la que él plantea: independientemente de sus ideas, la lucha de clases existe para todos, incluidos los intelectuales y artistas; declararse apolítico, no comprometerse (ser militante) con la causa del pueblo batallador donde él se formó es una toma de posiciones que marca muy claramente de qué lado está en la guerra cultural contra nuestro país, contra nuestros valores.

    Para mí su metamorfosis lo ha llevado a ser un objeto más, un libro en la repisa y no un contemporáneo vivo y coleando del que uno se enorgullece por la coherencia de su calidad literaria y humana.

    Gracias, Guillermo por su análisis crítico de cuestiones que otros prefieren no abordar en público, con lo que estimulan los giros reaccionarios.

  • ABS dijo:

    Primero, no veo justo que publiquen la dura crítica de Guillermo cuando la mayoría de los lectores «cubanos» no tienen acceso a leer la entrevista de Padura. Esto es el primer ejemplo que demuestra la ocultación de información. Incluso quitaron el artículo del sitio cubano de Cubasi, en el cual estaba publicado. Esta es la oportunidad que buscaban para desacreditar al Premio Nacional de la Literatura, que no tiene pelos en su lengua para hablar de su realidad.
    Segundo: Padura nunca menciona «jugar con la política desde el arte», en ningún momento, ni siquiere aparece la la palabra jugar una sola vez. Con respecto a la militancia esta es la pregunta que le hacen:
    -¿Se puede hacer «periodismo militante»? ¿En qué medida el militante se traga al periodista?
    -Se lo traga completo. El militante obedece al Partido. El Partido decide y manda. El periodista entonces desaparece.
    A mi entender Padura no afirma que todo artista es una marioneta de la militancia. Padura habla en el contexto Cubano. Saquen sus propias conclusiones.
    Gracias

  • LA SIBILA dijo:

    Por mera casualidad me encontré con el primer artículo de Guillermo Rodríguez Rivera y me di a la tarea de leerlos todos a ver en que termina esta historia.
    Realmente los noto un poco reiterativos ,GRR en casi todos nos recuerda su currículo repetidamente, después “elogia” a Padura ,pero a la vez critica mordazmente su obra ,que si a esta le sobran páginas, que si este personaje es primo de no sé cuál otro, en fin, parafraseando a un gigante .. “¿Eres o no eres?
    Yo tengo también el derecho de decir lo que siento y en mi muy personal opinión me parece ver en todo esto al profesor que siente envidia del alumno que lo aventajó en mucho.
    Eso sí, constantemente se nos aclara aquí que existe una relación no mala entre el articulista y Padura.
    ¿No sería entonces más sano si esta relación existe expresarle estos criterios mediante una carta personal?
    ¿Por qué por ejemplo refiriéndose al libro sobre Heredia no respetar la visión y el punto de vista del escritor sobre Domingo del Monte?
    Jamás he podido ser partícipe de esa sentencia que dice: “conmigo o contra mí”.
    ¿A qué novela no le han sobrado paginas o a lo mejor faltado en opiniones muy personales de críticos?
    ¿Tiene Padura la verdad absoluta en lo que dice en las entrevistas que concede?
    Para nada, esa es su verdad y su criterio y yo se lo respeto aunque no lo comparta, es precisamente esto lo que nos diferencia del Quinquenio Gris, tenemos por suerte muchas formas de demostrarle al mundo (aunque esto para mí no es necesario en lo absoluto) que somos mucho más que eso que él dice.
    Es más hipócrita la situación de quien no vierte estos criterios, aduce patriotismo y vive como un marajá aunque la era este pariendo un corazón.
    Creo que en los tiempos que corren, que son los nuestros también los premios deben ser para los escritores que “producen” por aplicar un término meramente económico y no para aquellos que se sientan a la sombra de un libro.
    Opino personalmente que no va a ser un premio, sea cual sea, el que inmortalice a un escritor bueno, su obra está ahí y estará si buena es, muchos, diría yo que cientos, han llegado a nuestros días sin siquiera haber estado cerca de un estrado para recibir nada.
    Veo un poco pedestre aducir que la obtención del premio sería como una remuneración por la obra de toda una vida para nadie, eso es darle a un galardón la categoría de una buena “jubilación” y no el acicate para escribir mejor.
    En fin, si le fuera a caracterizar a estos artículos con un color, sería el Gris.

  • pablo dijo:

    Lo siento, pero La Nación era tan diario de la oligarquía cuando escribía Martí, de hecho más que ahora, la historia no es lineal sr Rodríguez— si martí escribió ahí NO PODIA ser un diario de derecha…. así no funcionan las cosas. Ahora usted viene a jugar de comisario político contra Padura. es coherente en todo caso

  • Miguel Crispín Sotomayor dijo:

    Es impresionante como algunas personas que han recibido todos los beneficios de la revolución que sin ella no hubieran sido nada de lo que son niegan explicitamente la necesidad de que hubiera una revolución en Cuba y se sitúan por encima de esta. Que escriben porque la revolución los enseñó a escribir y hoy reniegan del socialismo y se desviven en loas por las cosas del capitalismo y aspiran que Cuba vuelva al capitalismo, claro, ellos quieren el capitalismo nórdico no el de un país del tercer mundo que es el que volvería a Cuba. Muchos criticamos, tenemos insatisfacciones, pero es para mejorar nuestro socialismo no para destruirlo, no críticas venenosas, y no solo las de Padura, hay otros que quieren pasarlas como chistes o humorismo, y son venenosas. Si usted viaja a Estados Unidos y lo encuentra tan bueno, y tan mala es Cuba tiene la opción de quedarse allá, pero sepa que si tiene esa opción es porque en Cuba hay y hubo una revolución, sino pregunte a los dominicanos, haitanos, mexicanos, etc.
    Nuestro vino es de plátano, pero es nuestro vino, dijo Martí. Ninguno de esos venenosos proviene de familia rica sino pobre e incluso descendiente de esclavos. No se puede ser ingrato. Dicen que los ricos,los burgueses vivian en el Country Club, y otros repartos cercanos, no en Párraga.

    • XX dijo:

      Miguel:
      Sí vas a citar a Martí, cítalo bien. La frase correcta es: «El vino, de plátano; y si sale agrio.¡es nuestro vino!»

  • CHANO dijo:

    PADURA ASPIRA A SER EL SAJAROV CUBANO, TIENE INMENSOS DESEOS DE QUE LO CENSUREN PARA SALTAR AL OLIMPO, LE PONGAN SU NOMBRE A UN PREMIO Y ACABAR COMO VARGAS LLOSA, UN DERECHISTA ULTRAREACCIONARIO

  • Jesse dijo:

    Yo soy de los que me abstengo de comentar casi siempre. Pero en este caso solo me queda pararme del asiento y gritar:

    BRAVO!!! MAGNIFICO!!!!!

    Excelente artículo.

  • Santos Pérez dijo:

    Padura, presionado por los periodistas en Buenos Aires, se decidió (“sin querer polemizar”, aclara) a responder la crítica de Atilio Borón a su balance “desencantado” de la Revolución Cubana. Atilio se preguntaba en esencia si, errores aparte, era posible negar las conquistas de la inmensa obra revolucionaria y si no le faltaba a Padura un elemento clave, el imperialismo yanqui, a la hora de hacer con un mínimo de seriedad el balance de marras. En una entrevista, Padura descalificó a “alguien” que no vive en Cuba, que la idealiza, para hablar de los problemas de la isla; en otra, asegura que, cuando falta el yogur y el papel higiénico, uno tiende a criticar “instintivamente”.

    Para saber qué ha significado el bloqueo y el acoso cotidiano de la mayor potencia del mundo sobre la Revolución, durante más de 50 años, no es necesario vivir en Cuba. Basta con haber estudiado los hechos, probados y verificables, condenados todos los años en la Asamblea General de la ONU, para entender el peso de tal hostilidad en la historia revolucionaria. Y Atilio Borón conoce a fondo el proceso cubano y no lo idealiza. La 2ª respuesta no merece comentarios.

    Padura dice que aspira a que Cuba sea un país “normal”. ¿Qué es un país “normal” para Padura? Por lo pronto, es probable que él no hubiera llegado a la universidad si Cuba no se convierte, a partir de enero de 1959, en un país “anormal”, diferente, que liquidó el analfabetismo en un año y convirtió en un principio el derecho a la educación gratuita y universal.

    A Padura no le conviene, como figura mediática, que Cuba regrese a la “normalidad” del capitalismo dependiente. Su encanto está ligado a vivir y escribir en ese país “anormal”. El personaje que se ha montado para sí mismo, el “desencantado”, ya no funcionaría en la “normalidad” capitalista.

    Atilio y Padura se diferencian de madera sustancial en un punto: la ética. Atilio habla de Cuba desde la ética. Padura lo hace desde el personaje que le permite vender más libros y ganar dinero y celebridad.

    • Inés María Miranda dijo:

      Excelente comentario Rodríguez Rivera. La verdad hay que esgrimirla siempre. La ética también y el amor a la Patria, que es ara y no pedestal, sobre todas las cosas. Gracias a Atilio, profesional y revolucionario destacado, por siempre estar al lado de las causas justas.

      • Rafael dijo:

        Me encanta la literatura de este escritor pero no niego que es un reflejo de cierto desencanto de cierta generación que no ve el lado positivo de lo que se logro en estos años de revolución, y generalmente se parte desde una posición sin compromiso con la realidad contemporánea. El hecho de ser militante no implica ser una marioneta sino que ello implica repeto a posiciones políticas y a la ética que emana de ellas. Lo que sucede que hoy día las posiciones a tomar tratan de no dañar los aspectos materiales por lo que toda vida pasa.

    • mandy62 dijo:

      Es cierto, no hay que vivir en la miseria para conocerla, pero el que la vivve, el que la sufre aunque reconozca otros logros se cansa de ella y desea que se cambie rapidamente, le urge. No sucede lo lo mismo con quien desde affuera solo la comenta, aun cuando sus intensiones sean buenas

  • marcant dijo:

    Resulta que Padura tiene todo el derecho a denigrar de la Revolución Cubana y de los cubanos que se resisten a servir al imperio y Guillermo Rodríguez es «oficialista» y «marioneta» etc. Ningún sistema político, y que me demuestren lo contrario, permite que sus adversarios tomen la tribuna libremente para combatir al sistema. ¿Por qué nosotros: los bloqueados, los que tienen en contra al imperio, tenemos que permitirlo?
    Padura se ha desenmascarado como lo que realmente es: un buen «ensartador de palabras», que se ha montado en el carrito de la contra-nación. Allá él.

    • ABS dijo:

      Que significa denigrar la revolución, hablar de sus males? Según tengo entendido, las transformaciones positivas que han ocurrido en la socidad han sido gracias a aquellos que han criticado y querido cambiar los problemas sociales de su época. No estar de acuerdo con algo no es malo, recuerdo que esa es la forma de pensar de Padura y hay que respetarlo, lo que deberíamos analizar que veracidad hay en sus palabras y cambiar entonces.
      Ud justfica que los sistemas político censuren la libre prensa? Eso seria un falta a la libertad de expresión y a la democracia por la que lucha hoy nuestro pueblo.

  • tdl dijo:

    No he leido esta entrevista de Padura, he leido otras y en TODAS se nota el mismo «desencanto», aunque gradualmente ha ido subiendo el tono y ahora habla por mi. No ha realizado encuestas, pero habla por toda la juventud de Cuba y no menciona las causas del desencanto, sin llegar a mencionar las agresiones, el bloqueo, etc; que si existe, pero que se ha traído tanto de la mano, que muchos de nosotros mismos hemos minimizado. En fin, me gustó el artículo del profesor y sería bueno preguntarle a Padura, si en la normalidad del capitalismo se publican TODAS las obras de la «oposición». Me gustan sus novelas, pero veo con excepticismo, cuando toma a un personaje, lo viste de realismo, lo hace popular y pone en su boca sus propias frustraciones. ¿Que será lo que persigue?

  • Sahira dijo:

    Que pena que el buen escritor Padura, tan bueno como otros menos galardonados, solo vea las manchas de nuestro sol cubano.
    Hay quien lo recuerda todavía de la época en que era un homofóbico extremista de izquierda, crítico e implacable como ninguno si te salías de la «línea».
    Quizá entonces era una marioneta por conveniencia, tal como ahora lo es de otros, igual por conveniencia. Traté de dejar este comentario en La Nación pero no lo conseguí.

  • Liskbe dijo:

    Para Padura:
    Qué fue lo que cambió al muy combativo revolucionario, casi extremista, sobrino de Mario Conde, sería el dinero, la fama, la autosuficiencia, o como dijera alguien: llevaba la inmundicia por dentro y un día se le salió.
    No digo esto con ánimo de ofenderlo, pero tampoco hay que poner la otra mejilla, porque Padura ofende gratuitamente a los cubanos decentes y comprometidos con la Revolución, que somos muchos, duélale a quien le duela.
    Siento pena por él, verdadera marioneta del mercado que solo lo reconoce por anormal, es decir por vivir en el país que él califica como tal.

  • Bárbaro Teodoro dijo:

    Me gusta mucho la literatura y por eso he leído los libros de Leonardo Padura.
    Por supuesto que no tengo la cultura y los conocimientos del profesor, y de algunos compañeros que han escrito sobre la entrevista concedida por Padura, pero me inquieta el hecho que siempre se critica algo, a lo cual la mayoría del pueblo no tiene acceso. No entiendo porque no se publica la entrevista de Padura y de esa forma todos podemos sacar nuestras propias conclusiones.
    En mi modesta opinión, Padura no es un contrarrevolucionario, solo que muchas veces tiene un criterio distinto sobre determinado asunto y tiene el valor de expresarlo.
    Se dice que el Quinquenio Gris es cosa del pasado, pero el profesor Esteban Morales escribió hace unos años un artículo muy valiente sobre la corrupción en Cuba y lo expulsaron del PCC, porque según dijeron, lo publicó en un momento que no era oportuno y eso favorecía a nuestros enemigos.Sin comentario. Es cierto que después rectificaron ese adsurdo, pero queda la duda si lo hicieron por convicción o conveniencia. El ejemplo que pongo no es sobre la cultura, pero estamos acostumbrado a este tipo de reacción cuando se critica algo en cualquier esfera.
    Soy un cubano de a pie y no podemos negar que la situación económica influye en que muchos cubanos sientan una gran frustración y mucho desencanto, porque no pueden resolver problemas de alimentación, vivienda, etc. Es una realidad, aún cuando el Estado hace todo lo posible por mejorar las condiciones de vida del pueblo.
    Que un artista refleje en su obra todo ese sentimiento, no creo que sea un pecado.
    Precisamente esa es la razón por la cual Padura es tan popular, porque escribe como se vive en Cuba en estos momentos. Lo demás es interpretación de cada cual.
    Estoy seguro que la película «‘Conducta» le ha gustado a muchos enemigos de la Revolución, y la exhiben para satanizar algunos aspectos de la Educación en Cuba y la condiciones de vida de muchas familias. Salvo la maestra de Chara, todo es negativo. Podemos tildar de contrarrevolucionario a ese Director? Creo que no.

  • juana dijo:

    Padura: Ser o no ser, esa es la cuestión

    Orestes H.

    Segunda Cita

    Fue la idea central del archiconocido monólogo del bardo inglés William Shakespeare, la que primero vino a mi mente, cuando hace unas horas leí la entrevista que el exitoso escritor cubano Leonardo Padura ofreció al diario “La Nación” de Buenos Aires en ocasión de su visita a la Argentina a propósito de la presentación de su última novela en el contexto de la concurrida Feria Internacional que anualmente allí se organiza.
En la obra de Shakespeare, el personaje Hamlet se debate en la trágica contradicción (universal) entre ser o no ser ante las disimiles coyunturas que le ha presentado la vida: sufrimientos, fortunas, armas y adversidades; siendo éstas, algunas de las encrucijadas ante las que el protagonista debate su decisión entre morir o vivir, e incluye muy a propósito la opción de soñar.

    No soy escritor, ni especialista y mucho menos crítico literario, soy ni más ni menos que un hijo de Cuba, tanto como el propio Padura, en mi caso nacido con la Revolución y educado en los principios que heredamos de la historia de nuestro pueblo desde la conformación misma de la nacionalidad cubana; principios que la etapa del proceso revolucionario iniciada a partir de 1959 (aunque Padura lo desdeñe en cada una de sus apariciones) ha llevado a su máxima expresión. 
Tampoco pretendo hacer aquí un análisis de la obra literaria del escritor, a todas luces muy exitosa y de calidad sin discusión, y que debo reconocer he disfrutado mucho, desde la serie que protagoniza el sempiterno Mario Conde, hasta la “La Historia de mi Vida”, que considero su mejor y más lograda investigación, en la cual- debo también decirlo- de manera magistral nos lleva por los vericuetos de una parte de la historia de Cuba y sobre todo de la vida de nuestro poeta José María Heredia que desconocíamos. Ese es un libro digno de estar a la cabecera de cada joven cubano y en cada biblioteca de escuela de nuestro país.

    Volviendo a la idea original de este comentario, digo que vinieron a mi mente Shakespeare y su Hamlet al leer la entrevista concedida al diario porteño porque aunque ya me he ido acostumbrando a las reflexiones claramente narcisistas de Padura, no lograba entender en esta ocasión las razones por las que decidió antes de su arribo a Buenos Aires ofrecer declaraciones justo a ese “medio de incomunicación”.
Inmerso en esa duda me convencí que Padura siempre está (o debe estar) ante la disyuntiva shakespeariana de ser o no ser (o en todo caso “hacerse el muerto para ver el entierro que le hacen”, según reza un popular refrán cubano. 
Dedicaré mi comentario a dos temas que considero, entre otros, importante debatir alrededor de la mencionada entrevista.

    En primer término vale mencionar que “La Nación”, si Padura no lo sabe (lo cual dudo), tiene un historial digno de una novela trágica, asociado a su complicidad con las dictaduras militares de los años 70, que costaron solo al pueblo argentino más de 30 000 desaparecidos, complicidad que está probado respondó a negociados por los que la justicia le ha abierto una o varias causas.
Es el mismo diario que desde hace dos siglos y bajo la dinastía de la familia Mitre, ha desatado sin sonrojo todo su poder contra las ideas y acciones integracionistas de nuestros próceres y que en los últimos 50 años no se ha privado de nada para atacar todo proceso social en el continente que desee ser “normal” (para usar una palabra que expone Padura cuando es cuestionado sobre lo que desea para Cuba en el futuro) y trabajar por distribuir un poco mejor la riqueza.

    Ese es el diario al que Leonardo Padura ofreció sus primeras declaraciones aun antes de llegar a la Argentina, y que los editores decidieron además ubicar en página privilegiada.
Algunos, el propio Padura incluido, podrán aducir que José Martí, el prócer mayor de Cuba, colaboró con ese diario cuando estaba en Nueva York durante su prolongado exilio.
Ello es cierto, muy cierto. 
Un Martí descollante en lo intelectual y definido en lo políticamente revolucionario (remarco: políticamente revolucionario), colaboró con varios diarios de la región y “La Nación” fue uno de ellos. El que lea sus crónicas de entonces, (estoy seguro que Padura lo ha hecho dada su condición de acucioso investigador), se dará cuenta que Martí hizo gala de una exposición clara de lo que estaba conformándose en el impetuoso imperio, y la combinaba con comentarios excepcionales que permitían al lector del sur de América adentrarse en realidades que marcarían su futuro.

    Ahora se conoce que aquellas crónicas generaron temor en los editores aristócratas y desde aquel entonces, ya pro imperiales, por lo que la censura y la mutilación mostraron la verdadera esencia de lo que los dueños del diario pretendían.
Para muestra, un botón. Fue el propio Bartolomé Mitre, Director del periódico quien el 26 de septiembre de 1882 remitiera a Martí una carta que se explica por si sola y en la cual le dice:
(…)La supresión de una parte de su primera carta (…) ha respondido a la necesidad de conservar al diario la consecuencia de sus ideas, en lo relativo a ciertos puntos y detalles de la organización política y social y de la marcha de ese país (…) La parte suprimida de su carta, encerrando verdades amigables, podía inducir en el error de que abría una campaña de “denunciación” contra los Estados Unidos como cuerpo político, como entidad social, como centro económico (…). Su carta hubiera sido todo sombras, si se hubiera publicado como vino, y habría corrido el riesgo innecesario, publicándola íntegra, de hacer suponer la existencia de un ánimo prevenido, y mal prevenido (…) pero tratándose de una mercancía –y perdone Ud. la brutalidad de la palabra, en obsequio a la exactitud- que va a buscar favorable colocación en el mercado que sirve de base a sus operaciones, trata como es su deber y su derecho, de ponerse de acuerdo con sus agentes y corresponsales en el exterior acerca de los medios más convenientes para dar a aquella todo el valor de que es susceptible”.
Elemental Watson! Habría dicho el inigualable Holmes.

    El otro tema que deseo abordar asociado a esta entrevista realizada al escritor cubano Leonardo Padura, tiene que ver con sus valoraciones claramente desdeñosas que el escritor acostumbra a verter contra el proceso revolucionario cubano cada vez que tiene una oportunidad en sus constantes viajes y escritos, criterios que reitera (como no podía ser de otra forma) ante el cuestionario de “La Nación”.
Pudiera decir yo, maliciosamente pensando, que Padura conoce cuál es el tipo de lector de “La Nacion” y él sabe que sus reiterados conceptos sobre supuestas “incertidumbres, sueños truncados y desencantos” del pueblo cubano (del que al parecer pretende erigirse como vocero) sobre su proceso, serán cantos de sirena a potenciales compradores de su último trabajo que- ¡oh, casualidad!- es una “crónica de la realidad de Cuba de los 90”.
Pero no seré tan “mal pensado”. Preferiré suponer que no es así y que Padura intenta preentarse el coherente ser humano que dice ser.
Lo que me queda claro es si Padura leyó bien la carta que B. Mitre envió a José Martí, tan distante en el tiempo como hace 132 años, como tampoco si leyó con paciencia la carta de Martí a su amigo mexicano Manuel Mercado la víspera de su muerte en Dos Ríos.

    ¿Qué otra cosa explicaría entonces el hecho de que no mencione en sus respuestas a “La Nación” ni por asomo, como no ha hecho nunca en sus giras y presentaciones, el también centenario deseo de la élite estadounidense de apoderarse de Cuba?
¿Qué otra cosa explicaría que Padura obvie los miles de muertos que nos ha costado (y sigue costando) a los cubanos esa obsesión “monroista” de los EE.UU., para lo que han empleado no solo millonarias sumas, sino también mortales engendros de guerra química y bacteriológica?
Padura obvia olímpicamente todo eso y, claro, los editores de “La Nación” lo premian ubicándolo en primera plana y las ventas de su libro subirán posiblemente de manera exponencial.
Pero nada de eso es nuevo en la actitud de Padura.
Lo que si no había escuchado hasta esta entrevista es “su reflexión” sobre la supuesta contradicción de “militancia y periodismo”.

    Ante la pregunta de rigor, y haciendo gala de su máxima narcisista, sin tapujos, sentencia como si fuera un apotegma que:
“El militante se traga por completo al periodista pues el militante obedece al partido. El partido decide y manda. El periodista entonces desaparece”.
No solo es absoluto Padura en su pretendida y mesiánica conclusión, sino que además miente.
Demasiados ejemplos lo aplastan, Martí el primero. 
Padura no debió decir eso nunca en la tierra de Rodolfo Walsh y Jorge Ricardo Massetti, para mencionar sólo dos paradigmas argentinos de la profesión.
En cuanto a Cuba, claro que la prensa cubana hoy no refleja todo lo que pasa, hace y discute nuestro pueblo, Es una lástima y una rémora por las que estamos pagando y seguiremos pagando un alto precio. Es cierto que las normas, disposiciones y hasta temores (algunos explicables a la luz de la historia. pero no razonables ni justificables hoy) nos mantienen en en general en una situación de complacencia y triunfalismos editoriales que dista mucho de la realidad.

    Todo eso es cierto, pero aseverar lo que de manera absoluta el exitoso escritor cubano dice, es cuando menos una ofensa a las decenas de buenos periodistas y hombres y mujeres de letras que aunque no sean periodistas de profesión, trabajan en el ejercicio de la palabra de una manera sincera, crítica y revolucionaria y Padura lo sabe porque él vive en Cuba (mérito a reconocerle) y convive con ellos. Y como lo sabe, por eso su aseveración es oportunista.
Al comentar este tema con un querido amigo, periodista experimentado y de sinceridad a toda prueba me decía: 
“…periodismo militante, ni por asomo, significa que quien lo ejerza sea miembro de un partido. Hay una militancia que nada tiene que ver con partidos políticos y tú y yo la conocemos bien en Argentina, donde decenas de amigos que defienden ideas de justicia, equidad , soberanía y autodeterminación no pertenecen a partido alguno. Pero sin ir más lejos, conozco a muchos en Cuba y en mi misma agencia que sin ser miembros del partido ejercen un periodismo de calidad e independiente que Leonardo Padura parece o quiere ignorar.”
Habría mucho que comentar sobre los otros temas que aborda Padura en su entrevista, pero el espacio es poco y la paciencia de los lectores es aún menor.
Finalmente debo decir que en sus exposiciones, tanto al diario argentino como en otras tribunas, Padura esboza (sin decirlo) cuál es la “Cuba normal que él desea”.
    Padura quiere jugar a otro juego. Él debe entender esta referencia por ser el aficionado a la pelota que es o dice ser…
El desea jugar al juego que niegue todo lo que ha conquistado Cuba en más de 145 años de vida republicana (no somos ingenuos y sabemos que sin república no se entendería lo que es hoy Cuba). Pero prefiere seguir callando que EE.UU. siempre ha querido tragarse a esta isla, desde que era una colonia española, y aún lo sigue intentando, con prisa y sin pausa.
Ojalá y su silencio se deba a que sabe muy bien por que Washington no lo ha conseguido.
Él debería ser claro y dejar de rozar los bordes. 
Él debería dilucidar si comparte los sentimientos políticos con Mario Vargas Llosa y Hugo Cancio respecto de la Revolución Cubana.
Él debe decir cuál es la “Cuba normal” que desea.
Él debe sinceridad a los miles que lo leen, aunque no la tenga consigo mismo…
La historia, Padura, nos pone siempre ante la misma disyuntiva que Shakespeare dispuso para Hamlet:
SER O NO SER, ESA ES LA CUESTION

  • Gustavo dijo:

    Padura, te estás pareciendo más a Vargas Llosa::::::::Criticón.

  • Sachiel dijo:

    No me dio chance a plasmar casi lo mismo, en mis palabras. Hace unos dias atras rebatia a otro forista que Padura «no es el mejor escritor de Cuba» como aseveraba (y otros foristas en otros foros por ahi), y he disfrutado sus libros, aunque encuentro a «La novela de mi vida» un poco densa, pero realmente, se es o no se es, y no se puede estar criticando fallos toda la vida sin decir claramente quien y quienes los cometieron. Estamos en una confrontación ideológica hoy mucho más fuerte que la de los 60, 70, y 90 (los 80 pasaron rápido) donde todo el mundo opina y según su formación más o menos materialista, asi es el prisma de como ve el mundo y a Cuba hoy, 2014.
    Dejemos entonces, lectores simples, a los verdaderos escritores y periodistas opinar sobre Padura, y que este a su vez responda, y muestre con sus hechos de que lado se vive mejor.

  • Sachiel dijo:

    Repasar esta entrevista: http://www.cubadebate.cu/noticias/2012/02/07/leonardo-padura-yo-quisiera-ser-paul-auster/

  • beatriz dijo:

    gracias profesor por su opinión, los intelectuales,artistas y todos los cubanos que aman y defienden un país anormal, según Padura, tratan de aportar a perfeccionarlo pero no se muestran víctimas pasivas de pluma y pincel finos.

Se han publicado 92 comentarios



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Guillermo Rodríguez Rivera

Guillermo Rodríguez Rivera

Escritor cubano nacido en 1943. Su producción incluye poesía, novelas como «El cuarto círculo» (1976, en coautoría con Luis Rogelio Nogueras) y ensayos como «Por el camino de la mar. Los cubanos» (2005).

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