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Bella página de amistad y solidaridad

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Por Oscar Sánchez Serra

Hace cuarenta años, en 30 minutos trascendentales para la historia de la humanidad, el Comandante en Jefe pulverizó la macabra intención imperial de aislar y dividir al Movimiento de Países No Alineados, sembrando la idea de oponer ese bloque de naciones a las ideas socialistas.

El general Giap le impone a Fidel el Sello de Combatiente de Dien Bien Phu.

El general Giap le impone a Fidel el Sello de Combatiente de Dien Bien Phu.

Todo intento de enfrentar a los países No Alineados con el campo socialista es profundamente contrarrevolucionario y beneficia única y exclusivamente a los intereses imperialistas. Y agregaba que enajenarnos de la amistad del campo socialista es debilitarnos y quedar a merced de las todavía poderosas fuerzas del imperialismo. Sería una estrategia torpe y una colosal miopía política.

Era el 7 de septiembre de 1973, cuando el entonces Primer Ministro del Gobierno Revolucionario habló durante media hora en la IV Cumbre del Movimiento de Países No Alineados, celebrada en Argel. Fue también uno de los episodios de una bella página de solidaridad con Cuba, que comenzó justo el mismo día de su partida hacia Guyana, el domingo 2 de septiembre de ese año, como si la historia recompensara a la defensa de las justas ideas.

Desde Guyana, Fidel, acompañado de su anfitrión, Forbes Burnham, y el homólogo jamaicano de ellos, Michael Manley, partieron hacia Guinea en su ruta a Argel, pasando antes por Trinidad y Tobago, donde los tres se encontraron con los también primeros ministros de esa nación Eric Williams y su colega de Barbados, Earl Barrow. En Conakry fueron recibidos por el jefe de gobierno, Sekou Touré, y de allí, con el mandatario guineano, partieron hacia la Cumbre.

En todos los sitios Fidel recogía vibrantes muestras de apoyo y solidaridad con la Revolución y el pueblo cubanos, como también ocurrió en Argelia, Bagdad y la India, tras la celebración de la Cumbre, un periplo que se convertiría en la antesala del clímax de una verdadera apoteosis de cariño y hermandad. El líder de la Revolución cubana estaba en el camino que lo llevaría a Vietnam.

[¼ ] ¡Reconozcamos todos los países No Alineados al Gobierno Revolucionario Provisional de Vietnam del Sur y démosle nuestro apoyo pleno en su lucha por el cumplimiento de los Acuerdos de París (el 27 de enero de 1973 se reconoció formalmente la soberanía de ambas partes (Vietnam del Norte y Vietnam del Sur) y en dicho acuerdo las tropas estadounidenses debían retirarse para el 29 de marzo) [¼ ] Proponemos a los países No Alineados que participemos en la reconstrucción de Vietnam, aportando su contribución, cada uno de nosotros, en la medida de nuestras fuerzas [¼ ], expresó en Argel aquel día siete del noveno mes del año 1973.

EL HEROÍSMO, EL VALOR Y LA RESISTENCIA DE UN PUEBLO

Justo el día en que Fidel inició su gira internacional, se cumplían 28 años de que el Presidente vietnamita Ho Chi Minh leyera la declaración de independencia, tras 14 días conocidos como la Insurrección de agosto. Nacía entonces ante el mundo la República Democrática de Vietnam y el inicio de una nueva etapa en la historia de ese país, convertido en un estado de obreros y campesinos que abría las puertas a la era de la descomposición del sistema colonial en el sudeste asiático.

Médicos cubanos dieron los primeros auxilios a cuatro vietnamitas, víctimas de una granada sembrada por el imperialismo en suelo de ese heroico pueblo.

Médicos cubanos dieron los primeros auxilios a cuatro vietnamitas, víctimas de una granada sembrada por el imperialismo en suelo de ese heroico pueblo.

Pero las derrotadas tropas francesas no aceptaban el revés y reiniciaron sus agresiones, con la ayuda militar de Estados Unidos, cuyo objetivo era controlar los gobiernos serviles y dirigir la guerra en la región. Sin embargo, los europeos solo encontraron el heroísmo, el valor y la resistencia vietnamitas que culminaron con el aplastante revés en Dien Bien Phu, el 7 de mayo de 1954, fracaso que obligó a los europeos a firmar el Acuerdo de Ginebra, el 20 de julio de ese mismo año. El territorio vietnamita quedó provisionalmente dividido, el Norte completamente liberado y el Sur aún ocupado por el imperialismo y sus lacayos.

Se incluía, tras dos años de la firma, la celebración de elecciones para reunificar el país y Estados Unidos anunció que respetaría esos documentos. Sin embargo, el imperio pisoteó esos Acuerdos y acondicionó todo para reemplazar a los colonialistas franceses en el Sur. Vietnam no se cruzó de brazos y en 1959 creó las Fuerzas Armadas Populares para la Liberación y luego, en 1969, el Gobierno Revolucionario Provisional de Vietnam del Sur.

Desde 1960, Estados Unidos inició en territorio vietnamita un verdadero genocidio, transformado también en ecocidio. Jamás un pueblo demostró tanto valor y heroísmo para resistir tan brutales agresiones, venciendo a las letales y más sofisticadas armas del imperialismo yanki. Los agresores lanzaron más de 7 millones de toneladas de bomba entre 1965 y 1972, cuatro veces más que las que cayeron en la Segunda Guerra Mundial. Sus bombardeos completaron más de un millón y medio de vuelos, pero no pudieron con el pueblo de Ho Chi Minh.

LA BANDERA DE LA VICTORIA

El 12 de septiembre, poco más de nueve meses después de diciembre de 1972, cuando la República Democrática de Vietnam había volcado en victoria uno de los más bárbaros ataques sobre su territorio, Fidel llega a Hanoi, justo a las 11 y 55 de la mañana, y expresó a Le Duan, primer secretario del Partido de los Trabajadores, y a Pham Van Dong, primer ministro, así como al general Vo Nguyen Giap, ministro de defensa, que nunca había llegado a ninguna parte con mayores sentimientos de afecto y cariño. Guardaremos en nuestros corazones los recuerdos de este recibimiento.

Pham Van Dong expresaría que, además del honor de recibir a un hermano y a la delegación del querido pueblo cubano, era de gran alegría para todos los vietnamitas que esta visita de Fidel se produjera en el momento en que la resistencia antiyanki de su pueblo había alcanzado la grandiosa victoria por la salvación nacional.

Luego del caluroso recibimiento en Hanoi y su encuentro con el Presidente Ton Duc Thang, Fidel cumple una amplia agenda de trabajo, durante la cual el general Giap le impone el sello de Combatiente de Dien Bien Phu.

La comitiva cubana emprende un recorrido por la República Democrática de Vietnam, que la lleva el día 15 hasta la provincia de Quang Binh, la cual Fidel define como la vanguardia del norte y la retaguardia del sur. Allí, en el sector especial de Vinh Linh, la parte más meridional del norte vietnamita, el Jefe de la Revolución cubana comparte con trabajadores, milicianos y campesinos, sobre cómo resistió esta región la metralla enemiga, equivalente, le dicen, a 12 toneladas de bomba por habitante, a trabajar de noche y a estar horas enteras durante el día bajo tierra. Justamente le entregan un poco de tierra de esa zona y expresa que la mezclaría con la cubana, en símbolo de amistad y de unidad entre las dos naciones.

Sin las primeras luces del día 16, ya pasa el paralelo 17 y a las 5 y 25 de la mañana cruza los pontones sobre el río Ben Hai y se funde en un abrazo con el general Tran Nam Trung, ministro de Defensa del Gobierno Revolucionario Provisional de Vietnam del Sur. Continúa la caravana por las zonas liberadas de la provincia de Quang Tri, que es el 85 % de su territorio; llega hasta la Base de Tan Lam y le explican el desarrollo de los combates de la primavera de 1972. Se detiene en Cam Lo y de ahí a Dong Ha para entrar en la base Doc Mieu, una colina que domina una gran extensión territorial hasta el río Ben Hai.

Era ese el emplazamiento clave de la línea McNamara, desde donde estadounidenses y saigoneses auscultaban con aparatos electrónicos la vasta región, y al menor ruido descargaban los criminales bombardeos y el fuego artillero.

Allí, visiblemente emocionado Fidel recibe la bandera de la victoria, de manos de un Jefe de Batallón de las FAPL, que combatió durante 82 días. La hace ondear delante de los aplausos y vítores de las tropas. Quien estaba allí con los valerosos combatientes, era el primer Jefe de Gobierno que pisaba tierra liberada en Vietnam del Sur.

De regreso, Fidel ordena parar en medio de la carretera, pues cuatro vietnamitas, entre ellos dos jóvenes muchachas, una casi niña, están heridos. Laboraban en el campo y explotó una granada sembrada por los amos de la guerra, que seguía cobrando víctimas. Los propios médicos que acompañan al Comandante les dan los primeros auxilios y pronto son trasladados a hospitales.

Pocas palabras pueden reflejar las emociones vividas, pero él, momentos antes de la despedida, expresó: Solo viéndolo se puede captar en toda su magnitud el crimen cometido contra este pueblo heroico. Y al comentar su victoria argumentó: En el pueblo de Vietnam podemos palpar la educación de un Partido revolucionario.

La emoción de sus días vietnamitas lo embarga y les dice que de esos días solo se lleva un dolor:

No haber llegado a Vietnam antes del 3 de septiembre de 1969 y no haber tenido el privilegio de conocer en vida al Presidente Ho Chi Minh, que tanto admiramos, pero nos compensa el hecho de haber visto y haber conocido de cerca al pueblo vietnamita y ver reflejada en él su obra, sus enseñanzas, su trabajo, su educación, su ejemplo, su heroísmo, su modestia.

Abonada por aquella bella página de amistad y solidaridad, escrita hace exactamente 40 años, Cuba y Vietnam han mantenido y estrechado sus lazos. La pequeña Isla del Caribe no se doblegó frente a los ataques imperiales, que han sido después tan groseros y arteros como entonces, y Vietnam, preñada de esas cualidades que Fidel reconocía, transformó el infierno de la guerra en una economía socialista que crece sostenidamente.

(Tomado de Granma)

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