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¿Día de la mujer o clase de historia?

8 marzo 2012 | 3
Foto: Javier Montenegro/Cubadebate

Foto: Javier Montenegro/Cubadebate

El domingo pasado, uno de mis amigos del grupo espeleológico Guamuhaya me informó sobre una actividad por el día de la mujer que se realizaría en el Museo Carlos Baliño de Guanajay a una combatiente. Prometí asistir, pero a medida que se acercaba la fecha, tenía menos deseos; temeroso de un acto protocolar, llegué al sitio. Los organizadores del evento estaban nerviosos pues la compañera aún estaba en un conversatorio con los trabajadores de TRD del municipio.

¿Quién era la homenajeada? Rosa Mier López, una de las fundadoras del Frente Cívico de Mujeres Martianas, junto a Pastorita Núñez. Escuché un “ya viene, ya viene” y al instante miré en la dirección señalada. Una señora con bastón, con cada uno de sus cabellos blancos, y tomada del brazo por el abuelo de uno de mis amigos se acercaba al lugar. “La pobre”, pensé, “84 años no pasan por gusto”. Pero se soltó de su acompañante y entró en una casa unos metros antes de llegar a donde estaba yo. ¡Qué agilidad! ¿La traerían aguantada para que no escapara?

La Casa de Combatientes de Guanajay y el Museo Carlos Baliño habían organizado la actividad para homenajear a una de las mujeres insignias de nuestro pueblo, y no dejar para después, como muchas veces ocurre, los reconocimientos tardíos. Rosa iba saludando a cada uno de las personas mayores que salían a su paso con muchísimo cariño. A veces no los reconocía, y debía esperar a que le dijeran el nombre para saber quiénes eran. No es para menos, las arrugas son un disfraz que cada año mejora.

Incluso dentro del museo, no dejaba de repartir abrazos y besos. Llegaron los representantes del Gobierno y del Partido, y comenzó la actividad. Para ser sinceros, me sentí incómodo al inicio. Conocía a algunos abuelos de amigos, pero la mayoría eran personas que nunca había visto; era de los pocos jóvenes entre tantos años. Pero poco duró la incomodidad, como los temores del acto aburrido: presentación, un poema bello y sin excesos por el día de la mujer, y Rosita tomó la palabra.

¿De qué hablaba? Anécdotas, historias, rememorando los días de lucha. Una mujer muy desenvuelta, sin ese hálito de falsa modestia que envuelve a muchas personalidades. Hablaba como lo que era, allí todos sabían quién era ella, y desde esa posición, comenzó a recordar los días de lucha en Guanajay. Algunos de los presentes, compañeros de aquellos tiempos, la ayudaban en la reconstrucción de hechos, no por problemas de memoria, porque su lucidez era increíble, sino con algunos detalles, como nombres, fechas y horarios. Lo mismo hablaba de cuando Fidel estuvo en casa de Nuevo, o cuando Melba le pidió a Esperón y a Eros que imprimiesen “La historia me absolverá”, o de cuando asesinaron a Bilique, o de la noche que pasó presa en el cuartel del pueblo junto a Tony y otros amigos y compañeros de lucha presentes. Mucha naturalidad, más que un acto, aquello era una conversación entre amigos, una conferencia donde debieron estar cada uno de los jóvenes del municipio para que conocieran un poco de historia local.

Tampoco piensen en ancianos contando anécdotas sin ton ni son; toda la conversación giraba alrededor de un punto: Guanajay tiene una historia muy grande; moncadistas, asaltantes a Palacio, expedicionarios del Granma, luchadores clandestinos. Alguien tiene que rescatarla.

Rosita donó al museo del pueblo varios artículos: documentos históricos (algunos originales, otros fotocopiados), el traje que ella usó en el desfile del 50 aniversario de la Revolución, la Placa 280 Aniversario de la Universidad de La Habana entregada a las integrantes del Frente Cívico Martiano de Mujeres, fotos de reuniones en Guanajay allá por los años cincuenta, además de la clase de historia a la cual, al menos yo, tuve el placer de asistir. Luego llegaron los reconocimientos, a ella y a todas las mujeres presentes en aquella sala.

La anciana de ochenta y tantos años salió del museo para recorrer el pueblo con unas energías que quisiera yo tener a esa edad, si llego. Antes de terminar, Rosa Mier López reveló que sus cenizas serán echadas en el río Capellanía, una suerte de Quibu que atraviesa el pueblo de Guanajay.

Se han publicado 3 comentarios



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  • armando dijo:

    SALUDOS: AL PERIODISTA;

    DESEESE MUCHA SALUD PARA LLEGAR A LA EDAD DE ESA ” POBRE Y ANCIANA PERSONA”.

    EL “DESARROLLO DE LA HUMANIDAD”, HACE PENSAR Y ACTUAR A MUCHAS PERSONAS POR UN INSTANTE ” COMO NO PERSONAS “, PARA DESPUES “TRAGARNOS EL SABLE” Y NO SABER COMO TRATAR DE DISCULPARNOS.

    ” LAS COSAS GRANDES EN ESTE MUNDO” SE HACEN POR LOS AÑOS DE TRABAJO Y DEDICACIÒN DE LAS PERSONAS QUE PIENSAN”, NO POR LOS “IMPULSOS HONESTOS” DE SERES QUE POR INSTANTES DEJAN DE PENSAR COMO PERSONAS”.

    USTED NECESITA VIVIR MUCHO Y CONOCER PERSONAS DE MUCHOS LUGARES, PARA QUE ” NO LO VUELVA A TRAICIONARLE EL SUBCONCIENTE”.

  • JESUS R. -PERÚ- dijo:

    Siempre sorprendiéndome de cuando en cuando con el Pueblo Cubano.

    Sorprendido porque pensé que solo en este mi país los jóvenes son siempre los ausentes de eventos en donde deben ellos ser los mas y los primeros en participar, pero no es así, veo que en Cuba también pasa eso, por eso seguramente el autor de la nota haya hecho hincapié diciendo:

    “Mucha naturalidad, más que un acto, aquello era una conversación entre amigos, una conferencia donde debieron estar cada uno de los jóvenes del municipio para que conocieran un poco de historia local”.

    Además que la asistencia no era tanta como se ve en la foto.

    Un afectuoso y admirado saludo a Rosa Mier López, una de las fundadoras del Frente Cívico de Mujeres Martianas.

    Que bueno que aún siga batallando, porque lo que hace es eso: batallar porque la historia de parte de Cuba siga viva.

  • Candela dijo:

    Al periodista, muchas gracias por este relato y sobre todo, por sus comentarios.

    Usted por poco se pierde esa oportunidad magnífica de poder topar directamente con la historia, por culpa de los formalismos con que se suelen concebir y organizar ese tipo de actividades, que es después de despejar muchas condicionantes, la causa central por la que los jóvenes rechazan asistir a ese tipo de actividad.

    Qué pena que no se hubiera divulgado lo suficiente o, mejor: de la forma eficiente, para que los jóvenes y tal vez no tan jóvenes, pudieran conocer de primera mano un pedazo de historia de la Revolución cubana, no a través de teques, frases hechas, discursos; sino de la biografía de una persona con rostro, nombre y, sobre todo, CON UNA OBRA, de aquella primera década prodigiosa que, lamentablemente, por más que queramos traerla de vuelta, no se volverá a repetir jamás.

    No tuve edad para entender ese momento porque al triunfo de la Revolución yo acababa de cumplir los 4 años; pero hasta hoy, cinco décadas después, nos llega como signo de calidad las llamadas “viviendas de Pastorita”, porque aquella mujer con una dedicación tremenda por construir un nuevo país con beneficios y oportunidades para todos, asumió la tarea de la construcción de viviendas y lo hizo con una dedicación y una calidad, con una honestidad, que aún hoy se recuerdan y hasta se cotizan mucho más que las construcciones de microbrigadas que se hicieron después.

    Pastorita tiene 84 años y un día, por ley de la vida, no estará físicamente con nosotros; pero su obra la recordará siempre y eso es lo hermoso, porque es lo que trasciende al hombre más allá de sus límites físicos. Este, periodista, estuvo ante un monumento a la seriedad y la eficiencia, ese que tanto necesitamos traer de vuelta en este momento de Cuba.

    Los mayores de mi casa me han contado en más de una ocasión que entonces la gente trabajaba y nadie era capaz de robarse ni un clavo de esas construcciones que estaban destinadas para el pueblo; que se velaba por la calidad y por la estética; que Pastorita siempre se la veía en traje de miliciana de un lado para otro, tocando físicamente las obras, mirándolas, no respondiendo por ellas desde una oficina con aire acondicionado y a través de una estadística, quién sabe cuántas veces infladas para ocultar otras cuántas marañas o sonar como música del cielo para escalar nubes.

    . Me hubiera gustado preguntarle en ese homenaje- historia, , cómo logró controlar aquello, qué fuerzas movían a los colectivos de obreros porque en esa etapa sí había miseria y familias numerosas que mantener,,, en fin: hurgar en los hilos del pasado, para encontrar las respuestas del presente.

    ¡ Feliciades, Pastorita, por mujer y por cubana digna!

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Javier Montenegro

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