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De Madre a Patria: Turbulencia

En este artículo: Aeronáutica, Cuba, España
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Foto: Nuestroclima.com

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“Tengo ganas de pintarle un conejo a Dara Yisel”. Eso es lo primero que me viene a la cabeza cuando el avión, en plena travesía sobre el Atlántico y a medianoche, empieza a sacudirse como si tuviera convulsiones.

Hasta ese momento, yo he sido uno de los contadísimos insomnes de este Boeing 767-300 de Air Europa. Este enorme aparato que, en viaje hacia Madrid, atraviesa una zona de severa turbulencia. Este gigante que se mueve como una marioneta junto a los corazones de sus (ahora) despiertos y agitados pasajeros.

Me imagino que sea por los nervios. Lo cierto es que se me ocurre ponerme a pintarle un conejo a mi hija pequeña, y después que dibujo los ojos echo mano del pan que mi madre, previsora, me ha puesto en la mochila. “Si me voy a joder, que sea lleno”, pienso mientras le hago las orejas al muñeco.

En el avión no hay pánico, pero advierto inquietud en las miradas. Hace un par de minutos pasó por mi lado una aeromoza, y todavía no vuelve de la cabina de la nave. “¿Irá a caer en el mar este portento?”, me pregunto, y enseguida concurren a mi mente las disertaciones de unos amigos que se la pasan entre que si Boeing, que si Airbus y que si Douglas Corporation, y me digo que eso me importa un coño y que “como hablan mierda esos dos viejos”, y que ahora lo único importante es que este pájaro metálico nos ponga vivitos y coleando en el aeropuerto de Madrid.

No sé por qué, pero juro que había tenido un mal presentimiento en estos días. Inclusive tomé un meprobamato antes de abordar, empeñado en que el sueño me venciera y pasara las horas de viaje en el reino (que no en brazos) de Morfeo.

Sin embargo, no ha servido de nada. A poco de subir a la aeronave empecé a ver cómo la gente caía rendida en sus asientos, y traté de imitarlos acudiendo a todos los mecanismos a mi alcance. Esto es, resolví algún que otro problema de un libro de ajedrez, escuché instrumentales, y hasta vi un fragmentico de Harry Potter II. Mas todo en vano.

Para colmo, el comandante Germán Rodríguez ha dicho que “el tiempo eztimado de vuelo zerá de ocho horaz y treinta y zinco minutoz”, de manera que faltan años luz por recorrer, y con este traqueteo en el avión haría falta -muchísima falta- acabar de ver tierra. Una tierra que se me antoja tan lejana como las ilusiones perdidas de la infancia.

Resignado, me pongo a divagar. Por ejemplo, reparo en que el mundo está repleto de personas con rostros espantosos -el primero en percatarse de eso fue mi colega Pepe-; y lamento que los asientos de aviones parezcan hechos para enanos, porque las rodillas se entumecen con tanta apretadera; y me jode que el pasajero más cercano a mí se haya gastado tantos euros en tatuajes y ninguno en aprender un poquito de idiomas extranjeros, para que ahora podamos decirnos unas cuantas mentiras entre tanto el Boeing 767-300 de Air Europa amenaza con ser polvo en el viento de la noche.

“Io no parlo inglese ni españolo”, me ha dicho, y parece haberle ido cogiendo el gustico a la desgracia en ciernes, porque se recuesta a la ventana con la misma expresión complacida y soñolienta del Sleepy de los hermanos Grimm.

No hay remedio. Todo, en verdad, es muy aburrido. Por allá, en la pantalla, Harry se desgasta haciendo Potteradas, las aeromozas siguen de un lado a otro con sus sonrisas predeterminadas, y ante mí, un papel plastificado me recuerda que no puedo fumar, y que debo hacer esto y aquello, y que nadie se atreva a encender un celular, y no sé qué, y no sé qué más. Terrible.

“La culpa, concluyo, es de Da Vinci, por su capricho con los planeadores, de los hermanos Wright y de Santos Dumont, que más tarde le hicieron el jueguito. Y de Rubiera, que no dijo nada sobre las turbulencias de esta noche en las capas altas de la atmósfera. Y mía, que me subí en el traste éste. Y de mi hermana, por invitarme a España. Y de este italiano cabezón que nada más sabe de tatuajes”…

Eso pienso mientras me voy quedando adormilado. El avión se sacude a cada rato, pero los ojos, afortunadamente, se me cierran. Menos mal. Que Dios y la aeronáutica me guarden.

Se han publicado 27 comentarios



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  • Rosy dijo:

    Una crónica espectacular!

  • LG74 dijo:

    Muy bueno este artículo de las horas en un avión, pero la verdad es que así se siente uno cuando de turbulencias se trata y hasta los más valientes se le bajan los grados nada más de sentir como desciende y vuelve a subir.
    Es algo así como estar encerrado sin poder hacer nada, sin poder pedir parada y bajarte en el próximo pueblo..
    Gracias por tu experiencia..!!

  • Rosa carret dijo:

    Me ha gustado tu recuento del viaje en avión, yo le tengo miedo a los aviones pero ese miedo me ha venido después de ser una adulta mayor, no obstante me atrevo a viajar en ese medio des Camagüey a La Habana pero no me imagino en u viaje de tantas horas con esa descripción tuya y mis propios miedos juntos. No obstante si mi hija viajara y me invitara…..sofocaría los miedos jajajajaj……
    Feliz fin de año y que viajes de nuevo en el 2012……
    Saludos desde Camagüey
    Una lectora….Roxana

  • jorecha dijo:

    Ya dejaste de ver la pelota?
    Que nos aporta este comentario?
    Eres el primer cubano, de los que conozco, que protesta por tener que montarse en un avión.

  • Jo dijo:

    Cubadebate, de vez en cuando tiene artículos como este que no tienen nada que ver ni con imaginación ni literatura, o peor, noticias y noveades.

  • pedro dijo:

    Magnifico articulo para desconestar. Por cierto en los viajes en avion es cuando uno se da cuenta de la cantidad de cobardes que hay, con gran apego a la vida y si se tiene la mala suerte de caer en una turbulencia, se aprecia lo rapido que todos se hacen creyentes y se la pasan orando y recordando a Dios y el Espiritu Santo.

    La cara tan seria y traumatica de todos, la verdad que llama a la risa.
    ’10 puntos para este articulo.

  • harley dijo:

    Como siempre, espectacular. Que te vaya bien por allá y que la travesía de regreso sea menos turbulenta, aunque no estoy seguro que quiera que sea así porqué sino no podríamos contar con la crónica de ese viaje.

  • Azul dijo:

    Michel ers un cómico, no sabes como me he reido, yo he viajado hasta Madrid en este mismo aparato y a la verdad también pasamos una zona de turbulencia, no como la tuya, pero me la recordó. Es verdad lo que dice Pedro a esa hora todo el mundo acordándose de Dios,el regreso va a ser mejor te lo aseguro, siempre es asi.
    Salud y vida para los foristas
    Feliz año 2012 para todos

  • iroel dijo:

    Buen comentario aunque considero inadecuado el uso de malas palabras (importa un c… y que “como hablan m… esos dos viejos”). Sin embargo, elogio la creatividad para llevar al lenguaje escrito la pronunciación de las “s” por el comandante (el tiempo eztimado de vuelo zerá de ocho horaz y treinta y zinco minutoz), jajaja

  • yo dijo:

    tienes razon con la turbulencia se le va la valentia a cualquiera… por mas que uno se ponga a pensar en otras cosas, el pensar lo peor es inevitable, buen articulo , disfruta tu estadia y traeme una camisa del real madrid, saludos

  • Truenoazul dijo:

    Michel, y como siempre acostumbras, obtienes en este artículo calificación MB.
    En verdad creo que la gente pierde las agallas cuando montan en avión turbulento, al extremo que no se atreven ni a contar por escrito lo que han sufrido a 20 ò 30 mil pies de altura.

    Recuerdo un amigo de la “tierra caliente” que decia que cuando viajaba en avión bajo esas condiciones, casi lloraba como un bebé y hasta por señas pedia estar viajando en el tren de Habana a Guantánamo, aunque fuese de pie los 1100km, pero nada de avión turbulento.
    Felicidades Michel;y como dice el amigo Pedro, desconectemos un rato hasta que Industriales aplome su maltrecho pitheo, saludos azules,

  • Castillo dijo:

    Como la mayoría de las tuyas, excelente entrega hermano. Mis deseos de que disfrutes a plenitud tu estancia por allá, y en octubre de 2012 te esperamos acá en Cienfuegos con esta joyita concursando en el Festival de la Crónica. Un abrazo y feliz 2012 para ti y tu familia. Un beso paternal para la linda e inquieta Dara Yisel.

  • Raisa dijo:

    Un artìculo excelente y que nos desconecta, està muy simpàtico y me gustò, pues he viajado bastante en aviòn y sè lo que se experimenta en estos casos, aunque nunca he sufrido una turbulencia como la que describe. Regresa pronto y ya veràs que el regreso serà mejor. Muchas Felicidades y un buen Fin de Año.

  • Pepe dijo:

    Mi estreno fue hace mas de cinco lustros en un IL-62, que en medio del Atlántico dio una caída nivelada que parecía un elevador con el cable cortado, justo cuando había anochecido y acababan de servir la comida. O que decir del “arrullo” de las turbinas del lado derecho cuando me tocó el asiento junto a la última ventanilla del IL-62… los que han viajado en el lo conocen bien, pues no se parece en nada al chiflido de los remaches como única música de fondo en el primer asiento.

    ¿Y que decir de la primera impresión que dejan los AN-26 con sus paticas cortas al despegar, cuando estás mucho más cerca de la pista que en el IL-62, y por tanto, parece que corre más, aunque no sea cierto? ¿O como se flexionan las alas de los AN-12 en una turbulencia como la que pasó Michel?

    Lo de los asientos pegados no es exclusivo del 767, los 777 también son así… ¿y que decir del majestuoso 747-400 de Air France que me registró los bolsillos antes de llegar a mi destino, derramando en el pasillo los regalos que traía en los bolsillos del saco que traía puesto sobre el pasillo con los estrechos bracitos del asiento?

    ¿Y del AN-2 que vuela bizco, volando adelante con la nariz al lado en una travesía con viento cruzado?

    ¿Turbulencias en un 767? Eso no es nada…

    Pepe

    PD: Pienso que también tuve más suerte en aquel vuelo en el IL-62. Mi recuerdo no es el de un italiano tatuado, sinó el de la azafata de Cubana con silueta de Criollita de Wilson que casi ocupaba el ancho del pasillo…

  • Héctor Miranda dijo:

    Me gustó la crónica. Con turbulencia y todo, me hubiera gustado ir en ese avión, camino de Barcelona, donde debería tener una hermana que me pagara los gastos por unos meses para ver la vuelta del clásico entre culés y merengues.
    Usted tiene que dedicarse a eso: a escribir cosas así.
    Ahhh y no le haga mucho caso a los pepes o truenos azules que andan por ahí.
    Un abrazo

  • jairo campo burgos. dijo:

    buena nota la de los aviones en turbulencia! me hizo reir . en especial aquello de hecharle las culpas a otros del problemazo que nos metemos…es muy tipico de los seres humanos. Ohala sigas con estas notas, y no solo aquelllas de aviones, tambien de otros tipos de vehiculos…quiero tambien verles las caras…a los otros.

  • Javier dijo:

    Hace dos meses viajé a madrid y experimenté emociones parecidas a las descritas en el artículo con las sonadas TURBULENCIAS sobretodo de regreso y al igual que el autor no pude dormir a pesar de que me lo propuse, parece un relato sencillo , pero su narrativa es muy agradable y nos hace evocar la vivencia de una manera original ,particurlamente me gustó su artículo. FELICIDADES , aun asi estoy dispuesto a pasar semejante prueba nuevamente pues conocer ese pais fue una experiencia muy gratificante, incluyendo el vuelo….Feliz Año Nuevo a todos.

  • Pepe dijo:

    Hector:

    Lamentable que no haya podido visitar a su hermana y ver a los culés y los merengues. Barcelona es una linda ciudad.

    En el 82 regresaba yo de Holguín a La Habana en un flamante TU-154, con el que atravesamos una tormenta en la que uno de los rayos aparentemente nos tocó. Al otro lado del pasillo venía una señora que regresaba a Miami y se pasó el viaje rezando por no morirse en ese avión del país que había emigrado anteriormente (por decirlo de una forma suave y no como lo dijo ella).

    No pasó absolutamente nada, salvo el susto de ver el destello entre la nube y el avión en que coincidimos. Curioso que demoré más en llegar de Boyeros al centro de la ciudad que de Holguín a Boyeros, y eso que atrapé el primer almendrón que encontré disponible…

    No obstante, a pesar de los pesares, prefiero el avión al ferrocarril.

    Y sí, no lo dije antes, me gustó la cronica, que si no no me hubiera hecho recordar mis travesías anteriores, como la entrada a Santiago de Cuba, cuando al bajar al nivel de las cumbres de la Sierra Maestra, el YAK-42 también temblaba de lo lindo y le hacía a uno alegrarse de pisar una vez más la Tierra Caliente.

    No estaría mal que nos contara la experiencia al regreso.

    Pepe

  • Alexis Mario Cánovas Fabelo. dijo:

    La poetización del miedo, muy bien lograda… Lo triste es que no se pensó en Dios, “si tuviera Fe, como una granito de mostaza” las turbulencias se hubieran ido. Dios mueve montañas.

  • andyv dijo:

    Me he divertido much con su artículo. Yo la solución que busqué para viajar tranquilito y sin nervios –también porque justificaba mi gusto jajajaja– fue darme unos “cañangazos” de lo primero que tenga a mano y te puedo asegurar que funciona jajajajajaja. Claro, sin llegar a parturbar a nadie. En mi caso el efecto que logro es todo lo contrario al pánico, me pongo chistozo y juro que los que me rodean se divirten con mis “observaciones” sobre el vuelo jajajajaja. Saludos

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Michel Contreras

Michel Contreras

La Habana, 1973. Periodista especializado en temas deportivos.

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