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El cambio climático como campo de batalla

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Como en los lejanos días de la Edad Media, donde contendían los partidarios de la ciencia con los del dogma ultramontano, hoy se enfrentan las mismas fuerzas con idénticos propósitos. No es una exageración, sino la triste constatación de que los datos de la ciencia aún son rechazados por quienes ven en ello un peligro para los intereses que representan. La diferencia estriba en que en nuestros días quienes se oponen a la verdad e intentan represarla no lo hacen a nombre de la infalibilidad papal o el carácter intocable de las Escrituras, sino por razones mucho más mundanas: mantener y elevar las fabulosas ganancias de las corporaciones y mantener a raya a los siempre molestos Estados con sus impuestos y regulaciones.

Cualquier mortal del Universo podría aportar datos, derivados del sentido común y de la observación, que fundamenten la apreciación de que algo está cambiando en el clima: los veranos son cada vez más calientes, los ciclones, heladas y tsunamis más destructivos, los terremotos más frecuentes, las lluvias más escasas. Los ciclos de la naturaleza se acortan o se alargan, se trastocan ante nuestros ojos. Es la danza enloquecida  de un mecanismo de relojería sacado de su rutina, alterado en sus leyes, estremecido por quienes debieron haberlo preservado y respetado.

Y no hablemos de los datos de las ciencias que miden con una exactitud inigualada esos mismos cambios y alertan constantemente  que, de seguir la conducta irresponsable de los hombres, tendremos un cataclismo devastador de alcance global que podría significar el fin del mundo conocido. ¿Y alguien, en su sano juicio, podría dudar de que hoy los científicos cuentan con el más perfecto arsenal tecnológico capaz de registrar, con pasmosa minuciosidad y en tiempo real, desde la caída de las hojas de los árboles de la selva amazónica, hasta la muerte de un molusco ciego en las profundidades abisales de los océanos? ¿Podrían escapárseles los datos, las pruebas, las mediciones que avalan el grito de alerta lanzado a la conciencia humana?

Pues he aquí que en ese mundo raro e indescriptible donde mora el pensamiento neoconservador, las cosas no son tan evidentes, los datos no se consideran tan irrefutables y el sentido común es el que más escasea y menos se respeta.

En apenas dos días, entre el 21 y 22 de mayo, fueron publicados dos artículos sobre este tema, y con idéntico enfoque, en “Townhall.com”, brazo armado de Heritage Foundation, y en “Human Events”, que se reputa como ” el medio de prensa que lidera el pensamiento conservador en Estados Unidos, desde 1944″. Llama poderosamente la atención la asombrosa coincidencia entres los contenidos de “Is Global Warning Really Cause for Alarm?”, de Paul Driessen, y “Democrats Say Climagate Politicizing the Science”, de Connie Hart. Como si sus autores estuviesen cumpliendo disciplinadamente una tarea, o guiándose por el mismo talking points.

Para Driessen, “mucho dinero se ha gastado en el lado de los que abogan por la explicación de que el cambio climático ha sido provocado por el hombre y no se debe a causas de adaptación natural… A pesar de las buenas intenciones-afirma-tanto dinero puede ser corruptor, o por lo menos, puede desviar el curso de las ciencias.” Como si no se supiera que el movimiento neoconservador nada en un océano de dinero corruptor que mana de las arcas de las corporaciones, la comunidad de inteligencia, el Complejo Militar-Industrial y el sionismo.

Desvela a Driessen que tales investigaciones “bien financiadas” puedan dar poder  “al gobierno, a fundaciones millonarias y a grupos de activistas, de forma que puedan decidir lo que es mejor para todos, qué tipo de energía debemos usar en el futuro, y quién debe estar a cargo” Y eso, por supuesto repugna al pensamiento neoconservador que ha hecho de la extrema libertad individual ( en realidad, corporativa) la coartada perfecta y el comodín mediático para azuzar a una población desinformada y manipulable contra todo lo que afecte el sacrosanto derecho de los monopolios-monstruos a ganar cada día más y a cualquier precio.

Para “refutar” el último informe sobre el efecto nocivo del dióxido de carbono sobre las plantas , y por ende, sobre el calentamiento global, elaborado por el de Carnegie Institution, y publicado el 4 de mayo por los respetados científicos Long Cao y el Dr Ken Caldeira, Dreissen no encuentra mejor argumento crítico que deslizar una sombra de sospecha sobre la integridad personal de este último, a quien acusa de ser asesor de Bill Gates, y de que ha recibido financiamiento para sus investigaciones por valor de varios millones de dólares.  De los resultados de la investigación, Dreissen escribe poco, apenas para reconocer, y como de pasada, que son científicamente válidos, aunque “pudieron usarse para otros fines, y no para causar alarma y ser políticamente enfilados contra las emisiones de Co2, ni para que ahora se intente controlar nuestras fábricas, autos, empleos y niveles de vida”.

A confesión de partes, relevo de pruebas: un locuaz y airado Sr Dreisser ha dejado traslucir, a su pesar, que lo que molesta a quienes le dieron la tarea de desviar la atención del público sobre este último informe y desacreditar  aviesamente la reputación de sus autores, es que de ello se derivará mayor conciencia pública sobre los devastadores efectos de las emisiones incontroladas de Co2 a la atmósfera, y es de esperar, mayores restricciones a “nuestras fábricas, autos, empleos y niveles(privilegiados, irresponsables y egoístas) de vida”.

Connie Hart va en la misma dirección, solo que comentando  las sesiones del Comité Selecto de la Cámara para la Independencia Energética y el Cambio Climático, presidido por Ed Markey(D-Mass). Tras constatar que en ellas se han aportado pruebas  de que los científicos que creen que el hombre es la causa de estos fenómenos están siendo sometidos a acoso y presiones (corporativas) incluso, mediante mensajes de correo electrónico, la Sra Hart desliza frase sacadas de contexto y “revierte” la acusación afirmando que ellos han “confesado” haber trucado sus resultados y “censurado” las opiniones divergentes. La conclusión es la misma a la que arriba el Sr Dreisser: las ciencias están siendo manipuladas con objetivos políticos, especialmente dirigidos a denigrar injustamente a las seráficas e inofensivas corporaciones.

En efecto, es raro e indescriptible el mundo en que habita el pensamiento neoconservador. Para empezar, ostenta un grado de cinismo irresponsable pocas veces visto, y esa beligerancia corrupta y caradura que caracteriza a esas figuras de mercenarios medievales, como Gatamellata, retratados por Leonardo Da Vinci.

Los neocons dirán que s bien no pueden ganar el pleito sobre el cambio climático, al menos pueden dejarlo bien enredado. ¿Qué importa que el tiempo apremie, mueran los pobres en las catástrofes o nos enfrentemos a un futuro apocalíptico? Mientras sigan llegando los cheques de las corporaciones, especialmente las petroleras, pensarán estos amanuenses a destajo,… ¡Que viva la Pepa!

Se han publicado 2 comentarios



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  • Carlos Valdés Sarmiento dijo:

    Eliades, disfruto mucho leyendo sus comentarios, si lee el mío le pediría que de ser posible dedique uno a la conexión entre lo sajón y el sionismo, tengo una gran amiga teóloga y me aclaró que existe un vinculo inventado, a su parecer, que es el sustento incluso de religiones muy poderosas en EEUU.
    Gracias y disculpe mi atrevimiento, pues Ud. Debe tener sus propias líneas de trabajo.

  • Debate Cuba dijo:

    Contrario a lo que dicta la ciencia, la cultura occidental ha promovido através de la historia, sobre fundamentos religiosos y filosóficos, la idea que el ser humano (solía ser el hombre) es la culminación de la creación, lo que automáticamente parece darnos el derecho de utilizar el universo -ya estamos contaminando Marte con nuestros aparaticos- según nos convenga. La integración hombre-tierra que poseen culturas mal llamadas primitivas consecuentemente no existe, y en lugar de maravillarnos ante la majestuosidad de una montaña nevada, muchos preferimos hacerlo ante un edificio de cien plantas.

    A ello hay que añadir la muy explotada idea del progreso que nos hace creer que somos invencibles, que todo está bajo nuestro control y que podemos solucionar sin ningún problema todos los desastre que vamos creando con el paso del tiempo.

    Y si somos dueños del universo y además invencibles, se deduce que, a partir de la organización de las sociedades, unos son más dueños que otros, o más bien que unos son dueños y los otros no, unos pueden opinar y los otros no, quedando la propiedad comunal que es la tierra y su atmósfera, que le pertenecen a todos los seres humanos, a merced de los intereses de unos pocos, para el beneficio de estos y el daño a todos.

    Y para colmo los intereses se basab en la desenfrenada búsqueda de beneficios económicos.

    Como todo lo que antecede es intrínsicamente inmoral y perverso sólo se puede justificar a base de propaganda, o sea información mayormente errónea y tergiversada, principalmente en contra de la ciencia.

    Cualquiera que visite un departamento científico de cualquier universidad norteamericana verá que la mayoría de estudiantes de doctorado son extranjeros, porque los hijos del Tío Sam prefieren estudiar para abogados -ladrones con licencia- o hombres y mujeres de negocios -ladrones con licencia-.

    En otro tiempo, cuando existía la Unión Soviética y un poderoso enemigo a quien derrotar, la situación era distinta: la mayoría de estudiantes eran norteamericanos y el dinero fluía desde el gobierno hacia los investigadores.

    Hoy obviamente el enemigo es el conocimiento… ¿Quién puede dudar que la campaña a favor del Creacionismo y en contra de la Teoría de la Evolución tiene fines malévolos?

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Eliades Acosta Matos

Eliades Acosta Matos

Filósofo y escritor cubano. Es el autor del libro “El Apocalipsis según San George”.

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