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Historia de horrores en la prisión de Bagram, en Afganistán

En este artículo: Afganistán, Estados Unidos, Torturas
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bagrams_gitmLa base aérea norteamericana de Bagram, al norte de Kabul, ha vuelto a ser noticia. No por los aviones de guerra de gran tamaño como los C-5 Galaxy  o los C-17 Globemaster que utilizan su pista de hormigón de casi 5 kilómetros. Tampoco por la llegada de nuevas tropas para la guerra en Afganistán autorizadas por Obama. Bagram es noticia desde finales de noviembre pasado por las revelaciones sobre abusos y torturas en una cárcel secreta que abrió allí la CIA en el 2002 en cumplimiento de una orden del presidente George W. Bush.

Dos días después de asumir como jefe de la Casa Blanca, el 22 de enero de 2009, Obama firmó una orden ejecutiva, la 13491, que dispuso el cierre de las cárceles secretas de la CIA y también la infame prisión de la base de Guantánamo, cuyos 240 prisioneros serían trasladados a Estados Unidos o a otros países en un plazo de un año. De igual modo, esa orden hacía énfasis en la prohibición de continuar la práctica de  torturas como método de los interrogatorios y del acceso de la Cruz Roja Internacional a los lugares donde hubiese detenidos como sospechosos de terrorismo. También esbozó algunas ideas dirigidas a procesar y juzgar a los detenidos.

Todo eso hizo pensar, entonces, que Obama tenía la voluntad de hacer una política muy diferente a la de su antecesor en relación con la lucha antiterrorista. Un año después esas promesas, en su mayoría, no han podido cumplirse. Los dictados de los grandes intereses del complejo militar-industrial, como ha ocurrido desde finales de la II Guerra Mundial, han sido una vez más los que un Presidente de los Estados Unidos ha podido instrumentar.  Sea blanco o sea negro, sea católico o sea protestante, sea un ilustrado o sea un ignorante, la amarga verdad es que todo jefe de la Casa Blanca, junto a las cúpulas de los partidos Demócrata y Republicano, e incluso el Congreso, deben someterse a tales dictados. Las estrategias políticas sobre las guerras del imperio, los conflictos y las tensiones con este país o con aquel otro son determinadas por los que producen y comercian con armamentos y controlan mercados de materias primas, petróleo o níquel, cobre o coltán…

Un simple hecho puede ser ilustrativo: Cuando Obama llegó a la Casa Blanca le impusieron que al frente del Pentágono tenía que seguir Robert Gates, un vestigio del último período de Bush , y que antes estuvo al frente de la CIA. Fue una señal clara de que, en lo fundamental, la política de guerra continuaría y que para intentar justificarla era necesario mantener la doctrina neoconservadora de “lucha contra el terrorismo”, emprendida tras la voladura de las torres gemelas de Nueva York y el ataque al Pentágono.

Al parecer, de lo prometido, Obama solo ha podido poner fin a los vuelos secretos y algunas de las cárceles secretas de la CIA en varios países, algo que indignó a la comunidad estadounidense y a la internacional. La prisión de Bagram se mantuvo, aunque operada por tropas de operaciones especiales, al igual que la de Guantánamo, en territorio usurpado a Cuba. Ambas prisiones -verdaderos campos de concentración– han sido las más activas, antes y durante el primer año de gobierno de Obama, en el internamiento en condiciones inhumanas y en aplicación de brutales métodos de interrogatorios a los arrestados como sospechosos de terrorismo, en su mayoría musulmanes.

La propia prensa de Estados Unidos, y de modo particular The Washington Post, confirmó que en la prisión de Bagram, donde hay cerca de 700 presos, dos adolescentes,  Issa Mohammed y Abdul Rashid, de 17 y 16 años, respectivamente, fueron golpeados y torturados, fotografiados desnudos y obligados a ver pornografía, sometidos a confinamiento solitario en jaulas de alambre como si fuesen animales salvajes e impidiéndoles que durmiesen. Todo eso ocurrió durante el período de gobierno de Obama.

Durante varios años a la prisión de Bagram no podían tener acceso ni representantes de la Cruz Roja Internacional ni abogados ni la prensa.  Las autoridades militares se han negado siempre a dar nombres de detenidos, y no permitieron que se tomasen fotografías de la prisión, ni siquiera de lejos.

Algunas denuncias de organizaciones de derechos humanos han obligado al Pentágono a crear una comisión investigadora sobre los hechos de horror acontecidos en Bagram. A raíz de tal investigación es que han salido a la luz algunas fotos sobre las jaulas utilizadas para encerrar a los presos y, al mismo tiempo, otras de la maquinaria de propaganda del Pentágono sobre locales de internamiento con mejores condiciones.

A Bagram fueron llevados en 2002 los detenidos en Afganistán, a los cuales, como no había instalaciones, los metieron en contenedores metálicos, y varios murieron asfixiados. En el 2005 se supo que los prisioneros Habibullah, un campesino afgano, y Dilawar, un vendedor de piezas de repuesto para equipos automotores, fueron golpeados, y murieron encadenados al techo. Después se conoció el caso del neurocirujano paquistaní Aafin Siddique, a quien también asesinaron luego de cinco años en esa prisión. El 19 de enero, por cierto, en Nueva York habrá una audiencia judicial sobre este caso.

Abu Ghabri, en Iraq, Bagram, en Afganistán, y Guantánamo, en Cuba, son los campos de concentración de mayor horror en esta primera década del siglo XXI. Basta con lo poco que se ha filtrado de lo que ha ocurrido en ellos para hacer tal afirmación. Algún día los gobernantes y militares norteamericanos responsables de ese horror y muchos otros deberán responder por tales crímenes ante un tribunal internacional. La justicia tarda, pero llega.

Se han publicado 1 comentarios



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  • F. Juan Águila dijo:

    En el artículo EEUU: Dieciocho veteranos de guerra se suicidan cada día acabo de comentar los efectos de las torturas no en los torturados, que son en definitiva los que llevan la peor parte, si no en los “Torturadores”, junto al uso de las drogas, que es una de las fórmulas para “facilitarles” no solo hacer la guerra si no también cometer otros desmanes.

    Esto no constituye una justificación ni defiende la inocencia de ninguno, por supuesto

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Juan Marrero

Juan Marrero

Periodista cubano, vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba

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