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De Crisis en Crisis

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El hecho de que nunca se investigara a fondo a qué se debió la crisis económica que en los años treinta golpeó a los Estados Unidos, no se debió a incapacidad sino a prioridad. Los debates previos al conflicto y el desencadenamiento de la II Guerra Mundial absorbieron la atención de los líderes y de la academia norteamericana que no tuvieron oportunidades para meditar sobre el tema. Concluida la conflagración la crisis era agua pasada.

 

Muerto Roosevelt, el stablishment norteamericano se ocupó más de revertir las medidas que él había impulsado para salir de la crisis que en sus causas, sumando a las criticas al muerto la alianza con Stalin y culpándolo del control soviético sobre Europa Oriental, cosa que en Fulton, el 5 de marzo de 1946 Winston Churchill, con Truman a su diestra, definió como "Una cortina de hierro desde Stettin en el Báltico hasta Trieste en el Adriático."     

 

No obstante, algo se supo y entre otros factores desencadenantes y/o agravantes examinados figuran:

 

-Deficiente tratamiento al endeudamiento europeo como consecuencia de la Primera Guerra Mundial. Al presionar para cobrar las deudas contraídas durante la guerra, a la destrucción se sumó la carencia de dinero que motivó la drástica caída de la capacidad de compra de los países del Viejo Continente.

- A aquella circunstancia se añadió el Tratado de Versalles, redactado bajo la supervisión de Woodrow Wilson y que exigió a los vencidos, especialmente a Alemania "reparaciones de guerra" (eufemismo adoptado para evitar el término "botín") y, como quiera que Alemania carecía de oro para pagar los 33 000 millones que le correspondían, los vencedores  se apoderaron de las locomotoras, los buques, la maquinaria agrícola, los vagones y coches de ferrocarril, el carbón y los stock de sus almacenes. Además de vencido y humillado, el país fue descapitalizado. 

 

Debido a que aquella rapiña, raíz del auge del fascismo hitleriano, no sólo dejaba a Alemania incapacitada para la recuperación, sino que repercutía desfavorablemente en el comercio mundial, especialmente en el de los  Estados Unidos que entonces dependida más que ahora de sus exportaciones y donde soplaban aires de crisis, los norteamericanos negociaron el Plan Dawes que permitió asistir a Alemania con créditos privados y reprogramar los pagos y las "reparaciones".

Como quiera que el problema persistió y porque no se trataba sólo de Alemania, el triunfo bolchevique confería un papel clave en la estrategia militar imperialista y la crisis era inminente, en un gesto desesperado, el presidente Herbert Hoover dispuso la moratoria sobre las deudas de guerra y un año después, en la Conferencia de Lausana, todas fueron canceladas.

Por haber aprendido aquella lección, al concluir la II Guerra Mundial, en lugar de exigir el pago de las deudas, Estados Unidos ofreció dinero y financió no sólo la reconstrucción sino el rearme europeo. Así nació el Plan Marshall y la época de las "vacas gordas".  

Según las reflexiones de entonces, otra de las causas de la crisis de los años treinta fueron las vacilaciones del presidente Hoover que al considerar que el origen de la depresión se encontraba en Europa y no en los Estados Unidos, no fue suficientemente imaginativo para conjurarla. Se cuenta que después de ofrecer cierto apoyo a los bancos y las empresas, ante el peligro de vaciar las arcas del Estado, al revés de cómo se hace ahora, impidió que la Reserva Federal inyectara dinero (que entonces era preciso respaldar con oro).

 

Favorecido por una guerra que no inventó, apartándose resueltamente del liberalismo clásico, Roosevelt enrutó al país y con luz larga, percibió peligros que quiso conjurar. Su salud resquebrajada cuando con casi 40 años fue atacado por la poliomielitis, se resintió por los esfuerzos desplegados para administrar la crisis y conducir la coalición anti fascista, impidiéndole sobrevivir a la victoria. La ONU y el ahora denostado Bretton Woods forman parte de aquel empeño y de su legado. Luego les cuento.

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Jorge Gómez Barata

Jorge Gómez Barata

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional.