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Bolivia: Los expertos en petróleo

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Alrededor de 9 millones de personas, en esta nuestra Bolivia de sabores y sinsabores, nos hemos convertido, poco menos que en expertos petroleros. Hablamos de barriles de petróleo, de trillones de pies cúbicos de gas, de importación de diesel, exportación de carburantes. Por supuesto que pocos saben de lo que están hablando, pero ¿quién nos convence de nuestra ignorancia?.

No es éste el tema que pretendo tratar aquí. Más bien se trata de una corriente de opinión que ha hecho carne incluso en gente bien intencionada. ¡Cómo es posible que esté, en la presidencia de YPFB, un abogado cuyo otro título es de maestro normalista! Esta es la razón, según esos criterios, para que se produzca la escasez de combustible. Peor aún: faltando un mes para cerrar la gestión, sólo ha cumplido algo más del 40% del presupuesto. A ese señor tan ineficiente, siguen diciendo, ¿le van a dar 1.200 millones de dólares el año siguiente?

Esto tiene que acabar. Hay que poner expertos a dirigir la empresa nacional más importante del país. La empresa que es, hoy por hoy, el pan nuestro de cada día. Naturalmente que, los expertos, están deseosos de contribuir al desarrollo del país, más aún cuando se aprobó, por ley, que los profesionales que trabajen en YPFB podrán ganar más que el presidente de la república. ¡El patriotismo no es gratis, señoras y señores!

La madre del cordero

La entrega de la propiedad de los hidrocarburos a las transnacionales, dispuesta por Goni, refrendada por Banzer y festinada por Tuto, sólo podía ser anulada por una decisión firme, sin concesiones. Esto ocurrió el 1 de mayo de 2006, cien días después de la toma de mando por el presidente Evo Morales. Un año antes, cuando tenía que hacerse, los dos mandatarios que se sucedieron no pudieron o no quisieron cumplir la ley.

Recordemos que, la nueva Ley de Hidrocarburos, aprobada por el Congreso Nacional pese a la cerrada oposición del gobierno encabezado por Carlos Mesa, daba un plazo de seis meses, a las empresas petroleras, para adecuarse a la nueva disposición. Mesa, quien se negó a promulgar la ley, tampoco la puso en ejecución. Lo mismo hizo su sucesor Rodríguez Veltzé.

Las empresas, por supuesto, se encargaron de hacer una amplia campaña, ayudadas por los grandes medios de comunicación, amenazando con retirarse si alguien se atrevía a modificar sus contratos. Crearon una atmósfera de temor e incertidumbre que incentivaron los gobiernos, con su reticencia a cumplir la ley. De ese modo pasaron los seis meses y, como nada ocurrió, las petroleras creyeron que habían ganado la partida.

Las consecuencias de esa situación fueron desastrosas para el país. Las inversiones que debían hacerse entonces, quedaron en suspenso durante todo aquel 2005 y prácticamente todo el 2006. Porque, el 1 de mayo, hubo que dar un nuevo plazo de 180 días y sólo en los últimos días de octubre se firmaron los nuevos contratos. Es decir, durante dos años, si es que no mucho más, suspendieron las inversiones en la exploración y ni siquiera el mejoramiento de la explotación, transporte y comercialización. De la industrialización, ni hablar.

¿Cómo es que no invirtieron en un negocio que les daba suficiente rentabilidad? Pues, si terminaron adecuando sus contratos a la nueva Ley de Hidrocarburos, es porque siguen teniendo ganancias. Nunca olvidemos que, en todo negocio, un factor determinante es la influencia política que tiene esa producción o transacción; quienes dicen que una cosa es la economía y otra la política, están mintiendo o se mienten a sí mismos.

Lo que las transnacionales hicieron, al suspender sus inversiones, fue una presión política. Como no tuvieron éxito, prefirieron firmar los nuevos contratos, evitando así pagar las indemnizaciones que debían por incumplimiento de deberes.

Tampoco se invierte ahora

A poco menos de tres años de administración, el gobierno de Evo Morales no ha hecho ninguna inversión significativa en hidrocarburos; las empresas que prestan servicios, tampoco lo han hecho. La situación se agrava, pues se presenta una escasez de carburantes que, a corto plazo, no parece tener solución. Se está acudiendo a la importación. Además, hemos reducido en volúmenes considerables la venta de gas a la Argentina. Esto, por supuesto, repercute en la economía interna. Prefecturas, municipios y universidades protestan por la reducción de su participación en el IDH.

Ocurre que, al no haberse invertido hace tres o cuatro años antes, no puede esperarse una producción sostenida de petróleo y gas. Peor aún, esperar que se descubran nuevos pozos y aumente el volumen de explotación.

Y el hecho de que no se haya invertido en este gobierno, tiene el mismo origen. Cuando se aprobó la ley de hidrocarburos, la distribución de fondos que aprobaron los parlamentarios de la coalición MNR-MIR-NFR-ADN, tuvo el propósito básico de impedir el fortalecimiento de YPFB. Ha debido trabajarse, en estos años, en la recuperación de los planes iniciales que, en el caso concreto de la empresa fiscal del petróleo, suponen inversiones de primera importancia. Aún ahora, cuando se anuncia que el Banco Central otorgará un crédito de mil millones de dólares a YPFB, la derecha reaccionó en forma violenta y hasta intentará ilegalizar esa operación.

Los técnicos neoliberales

¿Quiénes son los principales opositores a la política del gobierno con respecto a los hidrocarburos? Los técnicos, los profesionales con experiencia que se formaron en la empresa estatal y reclaman ahora que les den su dirección. ¿Qué harían?, ¿volverían a llevar a la empresa a su desintegración, como lo hicieron para capitalizarla? Recordemos que, esos técnicos y profesionales emigraron a las transnacionales o se fueron a Estados Unidos o los países árabes. De ninguno de ellos podemos esperar que le den una orientación progresista y democrática a la nueva empresa que se está organizando ahora.

De otra parte, no es honesto decir que se trata de un tema técnico que nada tiene que ver con la política. Mienten cuando sostienen que no importa cuál sea el gobierno, la explotación de hidrocarburos se hace de una sola forma. Y quienes, desde la propuesta de cambio, llegan a la misma conclusión, están engañados.

Sería ideal tener técnicos y profesionales con muchos años de experiencia y con un compromiso real con la política de cambio. Si no se encuentran, ¿cerramos YPFB? o ¿les entregamos el paquete a nuestros enemigos? Personalmente los conocemos. Si tienen la posibilidad de retroceder en el tiempo, se opondrían a la ley de hidrocarburos. No lo hacen ahora, por los beneficios que reciben las regiones y los distritos. Pero, tengan la seguridad que encontrarían ventajas que darles a las transnacionales.

No son ellos quienes contribuirían al desarrollo de la explotación y la industrialización de los hidrocarburos. Somos nosotros, aprendiendo las técnicas más modernas, para llevar adelante el programa de cambio.

Por eso, las condenas a quienes dirigen ahora el tema hidrocarburífero son un arma más de la oposición más intransigente a la revolución democrática.

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Antonio Peredo Leigue

Antonio Peredo Leigue

Es periodista, profesor universitario boliviano. Hasta 1992 fue director del semanario Aquí. Fue candidato vicepresidencial del MAS.

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