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Armas letales

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Dudo que en los anales de las acciones de contrainsurgencia exista una operación tan letal como la llevada a cabo por las fuerzas armadas colombianas contra el destacamento guerrillero que acompañaba a Raúl Reyes, segundo jefe de las FARC. Parece cosa de Hollywood.

Según nos cuentan, se trata de un raid aéreo sobre fuerzas vivas con una eficacia del ciento por ciento. Una operación en la que todos los blancos son abatidos a la vez, realizadas por militares eficaces hasta la perfección con aviones y helicópteros que llegan sin ser notados, contra guerrilleros sordos e incautos hasta el absurdo de establecer un campamento sin desconcentrarse, sin colocar postas, ni establecer la defensa circular, apilando las armas fuera de su alcance, dormir con pijamas, utilizar teléfonos celulares y, en el silencio de la madrugada, en la selva profunda, no escuchar el ruido de aviones y helicópteros que se aproximaron a baja altura.

Sin importar que tecnología se utilice, el hecho cierto es que se trató de una operación nocturna contra un destacamento entrenado y presumiblemente alerta, que al vivaquear establece medidas de seguridad rutinarias y, por instinto de conservación, es capaz de reaccionar y cubrirse del fuego enemigo.

Los militares, entrenados para el combate nocturno saben que durante la noche la eficiencia de las armas y los hombres diminuyen notablemente y si bien la oscuridad es una aliada que contribuye a la sorpresa, también es un obstáculo para el desplazamiento, la puntería y un estado que favorece la propagación de los ruidos.

A no ser que los 25 guerrilleros ultimados durmieran confiados en una misma carpa, cosa descartada o estuvieran agrupados como los apóstoles en la última cena, no es posible ponerlos fuera de combate con cuatro rocket lanzados desde el aire, ni con ametralladoras.

La aviación, incluyendo los helicópteros tiene más capacidad de destrucción que de precisión, su punto más débil es la incapacidad para seleccionar los blancos y realizar puntería sobre objetivos pequeños y en movimiento. El uso de aviones y helicópteros en operaciones de asalto, sorpresivas y de gran precisión como la efectuada por el ejército colombiano en Ecuador, excluye totalmente la improvisación.

De noche a velocidades de ataque, a los pilotos les es virtualmente imposible identificar y seleccionar los blancos, máxime cuando se trata de individuos capaces de esconderse y protegerse. La selección de los blancos es para la aviación una acción previa sólo posible mediante la exploración que puede ser terrestre o electrónica y la actividad de inteligencia, incluida la penetración en el dispositivo que se ataca.

Usualmente, al levantar vuelo, gracias a los datos aportados por exploración y las evaluaciones de inteligencia, los pilotos han sido instruidos acerca de los blancos que deberán abatir, el tipo de municiones que deben utilizar, así como las velocidades y alturas a operaran. Muchas veces en maquetas, computadoras y simuladores, se ensayan las acciones. Los mejores resultados se consiguen cuando los blancos son previamente marcados y las acciones aéreas son apoyadas desde tierra.

No obstante, los avances de la técnica militar, no existen combates en que haya cinco veces más muertos que heridos; la proporción es exactamente contraria. Ni siquiera cuando se ataca a poblaciones civiles se consiguen tales rangos de eficacia. En toda la II Guerra Mundial tomaron parte 110 millones de militares, de los cuales murieron 34 millones (31% del total). En los tres años que duró la Guerra de Corea, Estados Unidos involucró a más de 2 millones de hombres en acciones combativas, de los cuales murieron 33 mil y de los 600 mil militares norteamericanos que combatieron en Vietnam, murieron 58 mil. En 78 días de bombardeo sobre ciudades yugoslavas densamente pobladas, Estados Unidos y la OTAN ocasionaron alrededor de tres mil muertos.

De acuerdo a las evidencias recogidas y apreciadas en el terreno por los militares ecuatorianos, el improvisado campamento guerrillero fue bombardeado desde el sur, es decir por aviones procedentes de la profundidad de territorio del Ecuador. Tal modo de operar sólo es posible si los aviones procedentes de Colombia sobrevolaron el campamento en viaje de ida, giraron y de regreso atacaron, lo cual es improbable, excepto que los guerrilleros fueran sordos o hubieran sido drogados, lo cual parece de ficción.

Otra manera improbable de hacerlo es que los aviones y helicópteros despegaran de algún lugar en la costa del Pacifico colombiano, entraran en territorio ecuatoriano desde el mar, maniobraran dentro de Ecuador y atacaran a los guerrilleros desde el sur. Es menos probable que las aeronaves ingresaran en territorio ecuatoriano volando sobre tierra, por lo que tendrían que haber violado el espacio aéreo de otros países.

En cualquier caso hay demasiados cabos sueltos, puntos oscuros y extremos por aclarar. Para no variar, por doquier asoma la evidencia de una presencia o asesoramiento extranjero, el empleo de tecnologías inaccesibles al ejército colombiano y nadie pudiera descartar la corrupción y la traición. Los expertos tienen la palabra y nada hay más socorrido que un día después de otro.

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Jorge Gómez Barata

Jorge Gómez Barata

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional.

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