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Las lecciones del girasol

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Hoy es el cumpleaños de mi madre. Coincide con el último día del año.Para ella no era tan importante el día en que nació, sino el día en que quiso nacer. Es como si el cariño tuviera más derecho a la verdad que los propios acontecimientos.

Extraño, por cierto, esa sencilla máxima de mi madre….

Entonces permítanme una historia:

No había criatura nacida del suelo de la tierra  que le causara a Haydée más placer que el girasol. En casa habían girasoles en todas sus formas. Pinturas, fotos, girasoles vivos y muertos.. Van Gogh y su sublime estridencia…

Cuando le preguntaba a Haydée porqué era el girasol su flor favorita me contestaba: “Porque para ser tan hermosa como es no renuncia a ser inteligente, fácil de plantar y útil: De ella se saca buen aceite,  el girasol se siembra en campos abiertos al sol y al agua. Esa flor  menea la corola en busca del Sol  formando los lindos  rejuegos con el tallo… y además le gusta convivir  con sus compañeras… Es en definitiva, hija mía,  una flor revolucionaria”

  Es cierto: cuando he querido recordar a mi madre me ha bastado  mirar una botella de aceite vegetal de girasol.

  La flor del girasol no necesita cuidados especiales como la rosa del Principito. Se puede uno  ir a hacer el bien  (la revolución) sin cuidado de abandonar algo… Pues el girasol para contonearse y ser útil no precisa más que un buche de agua y un rallito de Sol. Es fácil tenerla en casa y  fácil seguirla por el universo.

Entonces mi madre y yo caímos  en cuenta  de que el girasol es una flor muy feliz Algo más….

 Desde niña me hizo sentir Yeyé  que  la felicidad se haya  en el secreto de ser útil. Tal cual el girasol.

Martí dijo alguna vez que creía en la utilidad de la virtud. Mas  a  Haydée le gustaba  la contrapartida: la  virtud de la utilidad. Siempre que se es útil se es virtuoso, y siempre que se es virtuoso se es feliz.  Así de sencillo

Estas son las “lecciones del girasol” que me enseñó Yeyé cuajada de dicha y revuelta en sus infinitos misterios de ternura.

 Todas sus lecciones eran así. No hubo lápiz ni papel para que me enseñara algo. No se necesitan: cuando se   escribe en y desde el corazón, tan sólo es  imprescindible una pluma de ángeles.  Yo sin merecerlo,  tenía a mi disposición un ángel completito para mí sola.

Las manos de Haydée eran tan blancas que en realidad comenzaban a ser azules; sus ojos tan enormes y claros, que al mirarlos se asomaba uno a la ventana del mundo.  Sí, y el mundo  es demasiado hermoso para que sigamos traicionándolo como lo estamos haciendo Es tan entrañable  como los girasoles: Lo bueno que vale del mundo es barato, útil, hermoso y comprometido. 

 A veces pienso, sin embargo que no siempre tuvo mi madre posibilidad alguna de pensar en  los girasoles.

   Mi madre estuvo triste, muy triste, que no quiere decir infeliz,  se le cansaron las esperanzas… lo comprendo ahora.

 He visitado la celda donde estuvo presa después del Moncada y todavía no acepto de manera consciente que esa mujer radiante y feliz, esa mujer que hacía una fiesta con una jarra de agua, que me peinaba el cabello, que hacía de Casa de las Américas la sede del entusiasmo, ésa que me hizo adorar la música de Silvio cuando sus canciones se escuchaban sólo de su voz adolescente esa misma mujer estuvo presa junto a Melba en una oscura celdita y perdió a su hermano y perdió a su novio y lo único que le quedaba era una Patria herida y palpitante y un hombre que sería quien la salvara. No sé si alguien le llevó girasoles a aquella cárcel.

Por suerte, pudo diseñar mi revolución . La revolución cubana fue de alguna manera la revolución de los girasoles,  que no la de los claveles.  Girasoles con fusiles en sus hojas. Todos juntos, apretados y moviendo dudosos las cabecitas… a la izquierda, a la derecha, de vez en cuando..Pero sin dudas con sus verdes fusiles dispuestos a defender todos los sueños de una sola vez..

Así, despacito Haydée  fue de alguna manera la mujer más feliz de América, porque supo conquistar el amor de los girasoles.

En Casa  de las Américas aprendimos a vivir día a día sin temor al enemigo. Ella decía que Casa estaba demasiado cerca del mar precisamente porque por el mar vendrían los asesinos, y entonces Casa sería la primera fortaleza para defender la revolución. de los girasoles.

Lo curioso que en aquella mística década de los sesenta eran los intelectuales y artistas del Continente quienes se enfrentarían de primero con “los enemigos,” esos que nos amenazaban con el terror nuclear ¡Tontos! La reacción nuclear no vencería jamás  a la pluma de Benedetti y el Gabo, ni al pincel de Matta y Lam y muchísimo menos a la voz de Roque Dalton, ni a la guitarra de Silvio y Víctor Jara.

El Universo es demasiado sencillo: la molécula de agua, tan simple y ordinaria es una  de las más estables. A los girasoles no los reduce usted tan fácil. Sus cuellos verdes se resisten  siempre, a no ser que quiera usted utilizarlos en provecho…tal cual como mi madre. Ella  murió con el único objeto de seguir viva, como para convertirse en aceite de girasol.

Haydée  está junto a mis otros tres recurrentes fantasmas.

El Che (uno de ellos), le decía en una carta  provocador como siempre: “Veo que te has convertido en una literata con dominio de la síntesis, pero te confieso que como más me gustases en un día de año nuevo, con todos los fusibles disparados y tirando cañonazos a la redonda. Esa imagen, y la de la sierra (hasta las peleas de aquellos días me son gratas en el recuerdo) son las que llevaré de ti para uso propio.”

¡Sí! El Che se llevó a Bolivia parte de los girasoles de mi madre. Él fue el girasol mayor. El Che Guevara  sabía donde se encontraba el sentido último de la felicidad.

Mi madre, decididamente, está  convertida en una estrella (eso sí, siempre roja) o en una burbuja de agua, o definitivamente  en una ola  azul del mar.

Haydée anda conversando  con  el Che y con Martí y   mi otro fantasma…

Ella se convirtió en la más bella girasola  del Universo. Y está  junto a ellos tres cruzando los dedos para que  el pueblo boliviano nos remonte desde sus ancestros indígenas  hasta el socialismo. Por cierto que el  Che quiso por allá desbocar la revolución en el Continente. Será una coincidencia, pero Bolivia además de sus tradiciones originarias tiene tradición de lucha obrera y fue además la tumba del Che…suena demasiado lindo para ser verdad.

Y no Bolivia.,en  Europa, la de Carlos Marx está desempolvándose el rostro en París con sus autos quemados. Y estuvieron juntos mis cuatros fantasmas en  Estados Unidos con  los obreros del transporte de New York que sueñan (sin que lo sepan) en cambiar ese país, y empezaron por atentar contra aquellas fatuas Navidades. Tienen también el derecho de hacer revolución. A veces no se lo concedemos.

Haydée,  el Che, Martí y mi otro travieso fantasma, que no me animo a decirles,  me están haciendo caminar por este  interminable sendero de  la felicidad que es la revolución.

Y así  amigos míos en este cumpleaños de mi madre les invito  a esta multitudinaria rebelión de girasoles.

 Entonces, al menos, no vean nuca un girasol sin pensar en Haydée Santamaría  y nunca miren uno sin voltear la cabeza al Sol.

Con un girasol nos salvamos, y con una  sonrisa..

Así liviano como la brisa del mar de Haydée y mis fantasmas nos encontraremos alguna vez …siendo feliz como los girasoles 

Hasta la Victoria  y feliz año

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Celia María Hart Santamaría

Celia María Hart Santamaría

Escritora y periodista cubana, licenciada en Física en la RDA. Hija de Haydée Santamaría y Armando Hart. Falleció en un accidente en el 2008, junto a su hermano Abel.

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