Imprimir
Inicio » Opinión  »

¡Conspiran!

| +

Siempre lo hicieron. Espiaron, subvirtieron, apoyaron las peores causas y fabricaron y pagaron a los más abyectos “disidentes”. Inventaron mentiras, se adueñaron de conceptos universales y se hicieron expertos en el arte de la política de doble rasero. El mundo, sin embargo, no siempre se observó desde la atalaya imperial.

Hubo una época, bipolar por cierto, en la que a Washington no le quedó más remedio que ponerse guantes de seda, actuar por los flancos y emboscarse para caerle encima a sus presas.

Amparados en una supuesta lucha contra el terrorismo y con un Emperador neofascista como inquilino de la Casa Blanca, el imperio decidió, al inaugurar el siglo XXI,  convertir el Planeta en el viejo Oeste americano. Pistola en manos sus principales dirigentes amenazan a todos. Pegan en las paredes los rostros de los “enemigos” y organizan cuadrillas que al galope se lanzan en su búsqueda para lincharlos en el primer descuido.

En ese bajo empeño lo acompañan las transnacionales de la desinformación que se encargan de crear y difundir matrices de opinión que justifiquen la arbitraria e ilegal acción. Mientras, en el Capitolio, los representantes del ala más conservadora de la política estadounidense-y otra fauna naturalizada-, amén de los que por abulia se convierten en sus cómplices, escuchan a los nuevos sheriffs.

Así, en la primera semana de marzo, el subcomité de asuntos interamericanos del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, recibió a Roger Noriega, a quien la nueva Dama de Hierro, Condolezza Rice, nombró para el más alto cargo de las relaciones con el Hemisferio.

La visita tenía como objetivo argumentar ante los legisladores la necesidad de que se apruebe el abultado presupuesto que solicita la Administración para el 2006 con el objetivo de “ayudar” y “apuntalar” la democracia en el continente.

Para que no cupiera dudas de la necesidad de aprobar los tantísimos millones(los oficiales, por supuesto, pues hay cuentas secretas que se usan a “discreción”) Noriega, como por arte de magia, los hizo percibir el olor a azufre, al dedicar una buena parte de su intervención  a la “amenaza” que representa Hugo Chávez para Latinoamérica.

Que si el mandatario venezolano representa un “peligro” y un “riesgo” ,que su “agenda muy personal” amenaza a socavar las instituciones democráticas de Venezuela y de los países vecinos; que las armas compradas por Caracas a Rusia podrían caer en manos de las guerrillas colombianas, calificadas por Washington de terroristas y que es impostergable que las naciones latinoamericanas le corten el paso al discípulo de Bolívar.

“Estados Unidos no quiere aislarlo”, dijo Noriega y fue quizás la única verdad dicha durante la audiencia senatorial.

No quiere aislarlo, quiere asesinarlo. Sabe que Washington apuesta al magnicidio porque ya probó por intermedio de sus cómplices locales todo: el golpe de Estado, el sabotaje petrolero, el referéndum revocatorio, la instigación a la desobediencia civil, las campañas mediáticas de descrédito.

La “agenda” de Chávez les molesta más que una piedra en el zapato y le temen más que el Diablo a la cruz.

Las misiones sociales, sufragadas con recursos del Estado comienzan a revertir la situación de las mayorías en la Venezuela petrolera, donde gobiernos neoliberales mantuvieron en la marginalidad y la pobreza extrema al 80% de la población a pesar de haber recibido millonarios  ingresos provenientes de la venta del crudo con los cuales se enriquecieron y formaron una elite corrompida y servil a los intereses del amo yanki.

Aquella eufemísticamente llamada meritocracia, amamantada con petróleo que usurpó el lugar del pueblo en PDVSA, no vaciló en convertirse en huestes terroristas comandadas desde Washington y entre diciembre y febrero del 2003, atacaron con saña el corazón de la economía venezolana, intentando desangrarla para acabar con el proceso.

Pero la Revolución Bolivariana es mucho más que las misiones sociales. Ha devenido alternativa posible y viable de los nuevos tiempos que no sólo mira hacia el desarrollo endógeno del país, sino que tiene una estrategia continental que pasa por la integración económica con el objetivo de construir juntos los caminos que conduzcan a la región hacia la plena, total y definitiva independencia.

Acaba de producirse en Montevideo este 1ro y 2 de marzo el adelanto de lo que puede llegar a ser regla y no excepción en las relaciones latinoamericanas. Acuerdos de integración con bases solidarias han sido firmados por los presidentes de Uruguay, Venezuela, Brasil y Argentina. Otros como Bolivia y Paraguay se beneficiaron con otros de orden bilateral. El MERCOSUR se refuerza con la entrada de Caracas y la Comunidad Andina de Naciones se fusionó con éstos en la Comunidad Sudamericana con iguales objetivos.

Petróleo por alimentos, alimentos por transferencia tecnológica y productos y servicios médicos, becas para altos estudios, largos años de gracias e intereses adecuados a los préstamos, constituyen la expresión de esas nuevas relaciones que jamás podrían ser logradas entre gobiernos que no tengan a las mayorías en el centro de su mandato o con el Fondo Monetario Internacional. Relaciones en los que la extorsión y el chantaje no forma parte de las negociaciones.

Este de marzo del 2005 no fue el Uruguay que, usurpado por la prostituida OEA, sirvió de escenario a la expulsión de la Cuba revolucionaria del concierto de naciones hemisféricas.

Y, en ese cambio, sin lugar a dudas, hay un conjunto de factores, una sumatoria de hechos que tienen que ver con el fracaso del modelo neoliberal impuesto por Washington, el desplome de los partidos tradicionales, responsables de la debacle, y tuvo mucho que ver, sin duda, con la vocación bolivariana del presidente Hugo Chávez y la consolidación del proceso del que es líder indiscutido.

No por casualidad, la Administración Bush apuesta al magnicidio.

Una vez más se equivocan. El propio Chávez lo ha dicho. Su muerte jamás detendría el proceso bolivariano el cual es, no lo dude el imperio, la respuesta inevitable a la dominación, las vejaciones y la explotación a la que fueron sometidos nuestros pueblos que, cada cierto tiempo hacen un alto y paren figuras que los encarna.

Miente Roger Noriega cuando dice que la democracia está en peligro en América Latina. Lo que está en peligro, porque comienzan a surgir verdaderas democracias, son los dos siglo de dominación imperial. Por eso conspiran.

Haga un comentario



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Nidia Díaz

Nidia Díaz

Periodista cubana, especializada en temas internacionales. Actualmente trabaja en el semanario Granma Internacional.

Vea también