Crece el antisemitismo
Lisandro Otero, Premio Nacional de Literatura
Una de las peores consecuencias de la política exterminadora y criminal de Ariel Sharon contra los palestinos reside en el incremento del antisemitismo. Es tal el odio que han despertado los judíos en Francia que el gobierno francés ha programado la exhibición de filmes como La lista de Schindler, El Pianista y "Sophie´s choice" (refiero el título inglés porque no sé cómo se ha traducido en los diversos idiomas). Las tres películas son exponentes de las deformaciones del carácter y las crueldades a que fue sometido el ser humano bajo el nazifascismo que ahora, bajo diversos disfraces democráticos, está siendo promovido de nuevo por figuras ultrarreaccionarias como Bush, Aznar y Sharon.
Los ataques contra los judíos han aumentado de manera alarmante en Francia. El ministro de Educación del gobierno existente hasta ayer, Luc Ferry, declaró que es fundamental para los franceses combatir este renacimiento del racismo. Un manual sobre ideas republicanas está siendo enviado a todas las escuelas e instituciones francesas. Se han impreso 300 mil copias del panfleto. En esa guía se recomienda leer el Diario de Anna Frank, la Declaración de Derechos del Hombre y ver documentales sobre el Holocausto. Las autoridades francesas estiman que este incremento de los ataques a judíos y sinagogas y profanaciones de cementerios se deben a la política de Israel en el Medio Oriente.
La semana pasada ardió el Centro Judío de Tolón, en el sur de Francia como respuesta al asesinato del jeque Ahmed Yassin. Muchos de estas agresiones son protagonizadas por musulmanes, de los cuales hay en Francia entre cuatro y cinco millones. En las encuestas realizadas los maestros afirman que es frecuente que los adolescentes muestren sus preferencias por el fútbol y su rechazo a los judíos. En varias escuelas se ha aconsejado a los muchachos que sustituyan el bonete tradicional que indica su creencia hebraica por gorras de pelotero.
En Hungría se ha suscitado un incidente similar cuando Kornel Dobrentei, miembro del Comité Director de la Unión de Escritores, en un discurso público declaró que las leyes raciales durante la ocupación alemana tenían por objetivo preservar a los judíos. En ese acto los asistentes procedieron a incendiar una bandera de Israel. Es bien sabido que la mitad de los 800 mil judíos húngaros existentes entonces perecieron sacrificados en campos de concentración. El comité director de la institución se negó a intervenir en el asunto. Muchos miembros de la Unión de Escritores han renunciado a su membresía como protesta por esta aseveración de uno de sus dirigentes y la actitud subjetiva del órgano rector de la institución. La crisis ha sido expuesta en los diarios Frankfurter Allgemeine Zeitung y Le Monde.
El antisemitismo no es un fenómeno nuevo. Ha sido fundamentado por autores como Renan y Gobineau. Hasta poderosos industriales, como Henry Ford, profesaron un oscuro antijudaísmo. Al convertirse al Cristianismo el emperador Constantino prohibió, bajo pena de muerte, las prácticas judaicas. Justiniano prohibió la construcción de sinagogas. En el Concilio Luterano de 1215 se impuso a los judíos llevar una pieza de paño amarillo para distinguirlos. Lutero propuso medidas contra los hebreos. El triunfo del Cristianismo en Europa condujo a institucionalizar la segregación racial de los judíos.
El antisemitismo alemán --legado ideológico recibido por Adolfo Hitler--, se intensificó con la crisis financiera de 1873, al serle atribuida a los banqueros y prestamistas judíos las causas de la penuria económica. Textos apócrifos como "El protocolo de los sabios de Sion", de carácter racista, fueron muy difundidos en el siglo veinte y se encuentran en la raíz del antisemitismo hitleriano. Ese prejuicio tiene su raíz en la visibilidad social de los judíos, su destacado papel en las finanzas, la política y la cultura. Su diferenciación de costumbres y su credo, los fuertes trazos de su identidad, fueron factores en el aislamiento y separación de las comunidades donde residían.
La política de exterminio de los palestinos practicada por Ariel Sharon ha contribuido a reactivar un antisemitismo que se vio muy mitigado en todo el mundo tras el martirologio del Holocausto. Ese es uno de los más graves daños que el torpe, obcecado y sanguinario Sharon ha atraído sobre su propio pueblo.


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