Cinismo duro y cinismo blando
Cádiz Rebelde
El cinismo duro llena las páginas y las pantallas de Falsimedia. Vendría representado por la afirmación de Bush previa a la aceptación de una comisión parlamentaria "independiente", que analizará no se sabe bien que cosas en relación con la guerra de Irak y el asunto de las armas de destrucción masiva: "Quiero que los estadounidenses sepan que yo también deseo conocer los hechos".
Otra manifestación de ese cinismo fuera de límite alguno, y tal vez ya de control, sería la afirmación de Blair sobre los famosos "45 minutos" en el temporizador de las terribles amenazas de Sadam Hussein. El premier provocó la indignación de las tribunas en el Parlamento de Westminster al afirmar que cuando el 18 de marzo de 2003 autorizó la invasión de Irak no sabía si el dato de los 45 minutos se refería a un ataque con misiles de larga distancia o a un simple ataque de artillería en la futura zona de combate iraquí.
También entrarían en esta categoría las declaraciones del jefe de la CIA, Tenet, quien juega con las palabras para salvarse del posible chaparrón provocado por los "rebotes" que producen en Bush las acusaciones de David Kay, el buscador dimisionario de las armas de destrucción masiva. Comienza Tenet por asegurar que la central de inteligencia jamás habló de que Iraq constituía un "peligro inminente". Después advierte, como de pasada pero rindiendo tributo a los pésimos modales de la CIA, que "no podemos crear un ambiente en el que los analistas tengan miedo de tomar decisiones vitales para la seguridad del país". La Central de Inteligencia puede mentir impunemente. Después de esta petición de "carta blanca" para los servicios, el jefe de la CIA vuelve al asunto de la información que sirvió de coartada para la guerra. Entonces se refiere a "un trabajo en curso (en el Iraq anterior a la guerra) que hubiera permitido un giro rápido hacia la producción de agentes biológicos", y de la intención y la capacidad de Sadam de "convertir rápidamente industria civil en producción de armas químicas". Así pues, con otras palabras: "peligro inminente". La pirueta de Tenet está elaborada para salvarse a sí mismo y para salvar a su presidente. Al fin y al cabo, como bien sabe el jefe de la CIA, el público lo aguanta todo.
El cinismo blando cubre los vacíos del cinismo duro en las otras páginas y pantallas de la misma Falsimedia. Se encuentra también en todas partes, dentro y fuera de los EEUU. Podría representarse por las declaraciones de John Kerry, el probable candidato demócrata a la presidencia de los EEUU, que votó a favor de la guerra cuando todo el sistema de mentiras, coacciones y propaganda estaba meridianamente claro, el 11 de octubre de 2002, y que ahora protesta por "las promesas rotas sobre la participación internacional, el papel de la ONU y el uso de la fuerza como último recurso".
Aparece también en las palabras de David Kay, el buscador desmoralizado, cuando afirma de manera deliberadamente falsa: "casi todos nos hemos equivocado". Él, antiguo inspector de la ONU y miembro de la CIA, conoce perfectamente la transformación del primer equipo de Inspección de la ONU -el UNSCON- en una unidad de los servicios de inteligencia de los EEUU empeñada en mantener al día los movimientos y el sistema de refugios de Sadam Hussein durante las crisis de los "palacios presidenciales". La crisis aquella finalizó con la salida de los inspectores y varios días de bombardeos masivos -la operación "Zorro del desierto", durante el mandato de Clinton. También con la publicación de la noticia del abordaje y la toma por los servicios de inteligencia norteamericanos del Equipo de Inspectores. Kay sabía desde el principio lo que ahora dice a medias: que a partir de determinado momento las inspecciones fueron una absoluta coartada.
Otro agente del cinismo blando es, sin duda, Hans Blix, quien parece incapaz de extraer las evidentes conclusiones de sus propias palabras. Lleva meses diciendo sin decir del todo. Bush y Blair -se queja el antiguo jefe de inspectores de la ONU- "dramatizaron como vendedores que intentan exagerar la importancia de lo que tienen" y "no prestaron atención a la información que proporcionaron los inspectores de la UNMOVIC al Consejo de Seguridad". De las evidencias de antes y de ahora sobre una guerra decidida por encima de todo, y sobre unas causas trampeadas, Blix, que sólo parece haber sufrido por el desdén de los poderosos, concluye con una acusación liviana sobre "los fallos del espionaje occidental en Iraq".
El mismo cinismo blando se encuentra en todos los analistas que ahora mismo olvidan deliberadamente que el papel de coartada que tuvo la supuesta existencia de armas de destrucción masiva fue proclamado, sin tapujos, nada menos que por Paul Wolfowitz, subsecretario de Defensa de los EEUU. Él calificó la afirmación sobre las armas de Iraq como un "recurso burocrático": "por motivos burocráticos, acordamos un asunto, las armas de destrucción masiva, porque era la razón en la que todos iban a estar de acuerdo". Fue en el mes de mayo del 2003 cuando, ante una victoria que parecía indiscutible y sólida, a nadie le importaba la fabricación por los EEUU de las "causas" para la guerra. El olvido de esos analistas es muy oportuno porque no sólo evita preguntas y sospechas sobre la credulidad pasada, sino que deja a buen recaudo la buena fe de ahora.
Al cinismo blando tampoco le importan las víctimas ajenas. El senador demócrata Jon Cozine se atreve por fin a romper una lanza contra la guerra y se dirige así a la opinión pública de los Estados Unidos: "no se puede perder de vista la imagen global: hay estadounidenses luchando y muriendo en Irak debido a lo que el gobierno nos dijo basado en la información del espionaje".
Pese a todos estos mecanismos para sabotear la verdad o para enmascararla, la "guerra preventiva" de Bush aparece como una despiadada guerra de conquista.
Si algo ha demostrado la destrucción y la ocupación de Iraq es que no hay alternativas a la barbarie dentro del actual sistema internacional. No hay alternativas que no salgan de la resistencia empecinada al imperialismo y que no se planteen como objetivo el cambio de sistema.


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