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Borrachera seca, fundamentalismo, straussismo y ...oportunismo

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La política agresiva, dogmática y a veces absurda de la actual administración norteamericana ha suscitado todo género de investigaciones y explicaciones acerca de sus causas. Como quiera que siempre la actuación de los individuos en la sociedad ha sido de mucho interés para los psicólogos, filósofos y sociólogos, se ha acumulado una gran cantidad de estudios acerca de las características de los hombres que rigen hoy los destinos de la potencia militar más grande del planeta. Algunos mueven a risa, otros son muy serios y científicos y otros incitan a temer por la estabilidad del mundo en manos de personas con esas características.

Hoy día se acepta como un axioma sociológico el enunciado hecho por Carlos Marx en sus Manuscritos Económicos y Filosóficos de 1844 -cuando todavía no era marxista-- de que "el hombre piensa como vive", a lo que cabría agregar que el hombre actúa en función de lo que piensa. Y su pensamiento siempre va a ser el resultado de la época en que le ha tocado vivir, del medio social en que se desenvuelve, de la educación que ha recibido, de las ideas y principios que constituyen su ideología y, desde luego, de los rasgos de su personalidad. Como vemos, es un problema bien complejo pues, como dice un viejo refrán, cada persona es un mundo. Y como yo no soy ni filósofo ni sociólogo y mucho menos psicólogo, me limito a condensar en este artículo lo que otros han escrito y a tratar de dar una imagen lo más general posible de las características de la administración de W. Bush desde el punto de vista antes apuntado. Comencemos por el propio presidente, tal vez la personalidad más compleja de todas.

La Borrachera Seca

El diario inglés The Guardian publicó una nota fechada en Washington, en la cual señala que un estudio financiado por el gobierno de Estados Unidos establece que "el conservadurismo político puede ser explicado psicológicamente como una serie de neurosis que tienen su origen en el miedo y la agresividad, el dogmatismo y la intolerancia a la ambigüedad." (El subrayado es mío) Agrega la nota que para sacar de quicio a los más reputados republicanos, los autores del estudio vinculan a Hitler, Mussolini, Ronald Reagan y al presentador de televisión Rush Limbaug con esa patología, y explican "que todos ellos predican o predicaban el retorno a un pasado idealizado, en el que las desigualdades no tenían importancia".

El estudio fue financiado por la Fundación Nacional de Ciencia y el Instituto Nacional de Salud de Estados Unidos, a un costo de 1,2 millones de dólares. Los autores profundizaron incluso en la psiquis del presidente George W. Bush , un caso típico de neoconservador que, en su opinión, podría formar parte de los manuales de psicología. Según los científicos, las preferencias del presidente por las revelaciones bíblicas que incluyan certezas morales claras, demuestran su fobia por las ambigüedades y los matices. "Esa intolerancia hacia la ambigüedad puede conducir a la gente a aferrarse a lo que le es familiar, a llegar a conclusiones prematuras y a imponer estereotipos simplistas a la hora de analizar la realidad". Uno de los científicos que elaboró el estudio, Jack Glaser, afirmó que la aversión "a los tonos grises" explica el hecho de que W. Bush ignorara los informes de inteligencia que contradecían sus convicciones sobre las armas de destrucción masiva que justificaron el ataque de Estados Unidos a Iraq. Puede que Glaser tenga razón, pero un político no puede darse ese lujo, pues sus acciones han costado la vida a miles de personas inocentes que nada tenían que ver con la famosa y mal utilizada lucha contra el terrorismo.

Otras versiones sobre la personalidad del presidente van un poco más allá. Algunos psicólogos vinculan sus problemas psíquicos con la presión familiar, con el hecho de ser el hijo que recibió el nombre de su padre, un hombre indudablemente destacado en muchos aspectos, como atleta, como estudiante, como héroe de la Segunda Guerra Mundial, como político, mientras que W. siempre fue absolutamente mediocre en todos los aspectos, sobre todo en el plano intelectual. Para algunos psicólogos esta es la causa -o una de ellas-- por la cual W Bush cayó en el alcoholismo y las drogas por más de 20 años, algo que tiene sus consecuencias.

El pasado 5 de agosto, la página web "Conspiracy Planet, que se edita en los Estados Unidos publicó un artículo bajo el título "?Está loco el presidente?, que recoge las opiniones de dos renombradas psiquiatras norteamericanas, las doctoras Carol Wolman y Katherine Van Wormer. La Dra. Wolman, con 30 años de práctica profesional, trata de comprender la "psicopatología de un hombre bajo la tremenda presión de su familia, amigos y mundo en general", y se pregunta si W. Bush sufre de un Desorden de Personalidad Antisocial, tal y como lo describe el Manual de Diagnóstico y Estadísticas en su cuarta edición: "Es un patrón persistente de conducta que consiste en ignorar e infringir los derechos de los demás". (El subrayado es mío)

La Dra. Van Wormer, coautora de "El Tratamiento Definitivo contra la Adicción 2002", por su parte, señala que W. Bush es altamente considerado por "haberle dado la patada a la adicción de los demonios gemelos de la cocaína y el alcohol. Si aún está libre de ellos (y no hay pruebas de que no lo esté), un triunfo como ese, logrado con la ayuda y el ánimo de su esposa, es loable. Pero cuando se examinan los misterios de la química cerebral de Bush, un punto clave que es necesario considerar es que el daño causado a las células cerebrales debido al abuso de drogas es permanente e irreversible". (El subrayado es mío)

Y más adelante plantea la Dra. Van Wormer: "George W. Bush manifiesta los

patrones clásicos de comportamiento que los alcohólicos en proceso de recuperación llaman la borrachera seca. Su comportamiento es consistente con el de quien ha bebido grandes cantidades de alcohol por años y con posible uso de cocaína". Según explica la profesora Van Wormer en el artículo de referencia, la Borrachera seca es la jerga común entre los miembros y el personal de apoyo de Alcohólicos Anónimos y los adictos, para describir al alcohólico en recuperación que no ha vuelto a beber pero cuyo pensamiento es confuso. "Esa persona no ha vuelto a beber pero no está verdaderamente sobria; esos individuos tienden a perder el control". Ese pensamiento confuso explicaría porque W. Bush puede decir cosas como estas: "Yo sé que los hombres y los peces pueden convivir pacíficamente" o que "la mayor parte de nuestras importaciones vienen del exterior", por solo citar dos bushismos históricos.

Un buen ejemplo del "pensamiento polarizado" de W. Bush, apunta la Dra. Van Wormer, es su convocatoria a "Una cruzada basada en la "justicia infinita" para "aquellos malvados que conforman el eje del mal". Y añade que la repetición obsesiva de W. Bush le recuerda a muchos de los alcohólicos/adictos a los que ha tratado. Y lo que más preocupa a la Dra. es que "su poder es de tal magnitud que si él tiene una crisis de paranoia, gran parte del mundo colapsará con él". Y comenta que las conductas que caracterizan a la "borrachera seca" son paranoia, impaciencia, un punto de vista rígido y enjuiciador, comportamiento ostentoso, comportamiento infantil, comportamiento irresponsable, racionalización irracional, reacción exagerada, entre otras. Si tienen buena memoria, recordarán que en los casos de Afganistán e Iraq, W. Bush dio muestras de varios de esos síntomas.

En otra parte del artículo, la Dra. Van Wormer anota que "W. Bush abusó de la bebida por más de 20 años, hasta que decidió abstenerse a los 40, tiempo en el que se convirtió en un Cristiano que renació (como usualmente lo hace, va de un extremo a otro)", y puntualiza que una de las motivaciones de W. sería su necesidad de "probarse a sí mismo y a su padre que puede lograr lo que su padre no pudo y terminar el trabajo en el Golfo, al capturar al maléfico Saddam. Su compromiso de terminar la batalla de su padre no es insignificante, psicológicamente hablando".

Desde el punto de vista de la Dra. Wolman, "W. Bush podría ser identificado con un arquetipo que está más allá del libro de las Revelaciones, quizás, donde él se ve a si mismo como un instrumento del deseo de Dios de acabar con el mundo". Y la Dra. Van Wormer concluye que, casi en un sentido bíblico, "En su lucha contra el mal, Bush está listo para llevarse el mundo por delante".

Si todo eso es cierto, si W. Bush padece de "borrachera seca" y de daños cerebrales irreversibles "poco notables, pero significativos", como apunta la Dra. Van Wormer, yo no lo sé. Sin embargo, es evidente que él se ve a si mismo como un elegido de Dios, algo muy propio del fundamentalismo sureño que abrazó cuando dejó el alcohol. Pero todo eso no basta para explicar la agresividad y la falta de irracionalidad de su gobierno. El no gobierna solo. Hay otros factores que sería necesario analizar. No por gusto, el premio Nobel de Economía, Joseph Stieglitz, advirtió que W. Bush "está atrapado por un pequeño grupo de ideólogos", y que "tiene dificultad para tomar decisiones sin recibir excesivo consejo y ánimos de otros". (CBC, febrero 10 del 2003). Por lo pronto, se dice que su asesor espiritual es Michael Graham, el hijo de Billy Graham, uno de los pastores norteamericanos más fundamentalistas y reaccionarios, que dirige uno de los grandes negocios religiosos en los Estados Unidos. Para refrescar la memoria, fue él quien le sugirió a Richard Nixon utilizar la bomba atómica en Viet Nam, cosa que afortunadamente no hizo.

Pero esa influencia tampoco es suficiente. Como apunta Fernando Montiel en su artículo "Estados Unidos: Religión y Política" (aparecido en Rebelión el 14 de agosto del 2003), "...en el caso concreto de la Casa Blanca, la razón teológica parece siempre empatar con la razón política. La sincronía de intereses entre "el combate al mal del mundo" (razón teológica) y la existencia de gas en Afganistán, petróleo en Iraq e intereses corporativos personales de la familia Bush y su gabinete (razón política) hace, en el mejor de los casos, sospechoso el discurso religioso y el fanatismo institucional con que se maneja la política exterior estadounidense". Esto nos lleva al segundo aspecto del problema, tal vez el más importante.

Fundamentalistas Straussianos ...y oportunistas

Sobre la forma nada democrática en que W. Bush llegó al poder se han escrito miles de artículos en todos los periódicos y revistas del mundo. La mayoría coincide en que fue designado (no elegido) para ocupar la Casa Blanca, y que ese acto antidemocrático, que puso en la picota el prestigio del sistema político y de la Corte Suprema de Justicia, cumplía con objetivos de la elite de poder norteamericana o de una parte de ella. De ahí que no sea difícil llegar a la conclusión de que la conformación del gobierno también se inscribe dentro de esos objetivos. Y es bueno recordar que en los momentos en que tienen lugar las elecciones del año 2 mil, ya era previsible un proceso recesivo a escala mundial, el agotamiento del modelo neoliberal con todas sus consecuencias y, lo que es peor, la crisis del llamado consenso de Washington, que había logrado establecer ciertos acuerdos entre los tres centros de poder económico mundial para aplicar el modelo neoliberal en todo el mundo y mantener el actual orden de cosas. Para decirlo más claro, al gobierno de W. Bush le correspondía hacer el "trabajo sucio", es decir, imponer los intereses de Estados Unidos por medio de la fuerza si era necesario.

Le correspondió a Richard Cheney conformar la estructura del nuevo gobierno durante el período de transición antes del 20 de enero, y este se encargó de colocar en lugares claves a un grupo de figuras neoconservadoras, que habían ocupado diferentes posiciones desde el gobierno de Nixon y Gerald Ford hasta el de Bush padre, y que en los "recesos" demócratas, pasaban a ocupar cargos en los "tanques pensantes" conservadores como el American Enterprise Institute, el Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, con oficinas en Washington y Tel Aviv, o el Instituto Judío de Asuntos de Seguridad Nacional (JINSA), o financiados en varios casos por fundaciones como la Olin y la Bradley.

Es este grupo --del cual podríamos mencionar al propio Cheney, Donald Rumsfeld, Paul Wolfowitz, Richard Perle, John Bolton, Douglas Feith, Abram Chulsky, Elliot Abrams y James Woolsey-- el que en 1997 forma el Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNSA), en su mayoría fundamentalistas judíos, que piensan más en desarrollo del Gran Israel que en los propios intereses norteamericanos. Si vuelven a tener buena memoria, recordarán que Wolfowitz y Perle fueron asesores del gobierno del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu y que entre sus muchas recomendaciones estuvo romper con los acuerdos de Oslo, los mismos que ahora vemos en crisis, convertidos en la famosa hoja de ruta.

Súmenle a ese grupo a John Ashcroft, un fundamentalista cristiano, como Bush, intolerante y racista, y tendrán un cuadro de la peligrosa fusión que ha tenido lugar en este gobierno entre fundamentalistas cristianos y judíos, pues los dos piensan que son los elegidos de Dios y que sus actos, sean cuales sean están justificados, aunque ello sea la muerte de miles de personas inocentes como en el caso de Iraq y Afganistán. Otro hecho a tener en cuenta es el intento de ir introduciendo la religión en los asuntos del estado, cuando la Constitución norteamericana los separa. Como sabemos este es un viejo anhelo de los fundamentalistas, que parece tener el beneplácito de W. Bush. Y si a ello le agregan la dosis de oportunismo de hombres como Colin Powell y, tal vez, Condoleezza Rice, tendrán un cuadro aproximado de las características del actual gobierno.

Como complemento a todo eso, algunos de ellos se dicen discípulos de Leo Strauss, un filósofo judío de origen alemán, que llegó a Estados Unidos en 1938 y enseñó en varias universidades, entre ellas la de Chicago. Fue tutor de Paul Wolfowitz y de John Bolton, y Richard Perle confiesa que fue profundamente tocado por la filosofía de este hombre, que murió en 1973 y muchos califican de neonazi. Otras figuras que no son del gobierno, pero sí del mismo grupo neoconservador, son el actual director del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano, Gary Schmitt y el director de la revista neoconservadora Weekly Standard, Michael Kristol, hijo de Irving Kristol, uno de los fundadores de esta corriente en la década del 50 del siglo pasado.

En 1999, la profesora de la Universidad de Calgary, Shadia Drury, una estudiosa de la filosofía de Strauss, publicó un ensayo bajo el título "Leo Strauss and the American Right (Leo Strauss y la Derecha Americana). Al contestar algunas preguntas sobre Strauss, a petición de la página web Iraqwar.ru., dijo que "Strauss no era ni un liberal ni un demócrata". Y que para él, "El perpetuo engaño de los ciudadanos por los que están en el poder es crítico, porque necesitan ser conducidos, y necesitan gobernantes fuertes que les digan lo que es bueno para ellos".

Según la profesora Drury, Strauss pensaba como Platón que dentro de la sociedad "algunos son aptos para dirigir y otros para ser dirigidos. Pero, a diferencia de Platón, que pensaba que los dirigentes tenían que ser personas con estándares morales tan elevados que podían resistir las tentaciones del poder, Strauss pensaba que los que son aptos para gobernar son los que comprenden que no hay moralidad y que sólo existe un derecho natural, el derecho del superior a gobernar al inferior". Por otra parte, la profesora Drury señala que para Strauss "la religión es el cemento que une a la sociedad", y recuerda que Irving Kristol, había argumentado que la separación de la iglesia del estado había sido el mayor error cometido por los fundadores de la república norteamericana.

En otra parte de la entrevista telefónica, la profesora Drury expresó que, desde el punto de vista de Strauss, "la sociedad secular es lo peor que hay", porque conduce al individualismo, al liberalismo y al relativismo, precisamente las características que pueden alentar el disenso, que puede debilitar peligrosamente la capacidad de la sociedad de confrontar amenazas externas. La idea de Strauss, según ella, es que "exista una multitud que pueda ser manipulada como masilla". Por último, según la profesora Drury, Strauss fue muy influenciado por Thomas Hobbes, el autor de Levyatan. Como Hobbes, consideraba que la agresividad fundamental de la naturaleza humana podía ser restringida solo por un estado poderoso basado en el nacionalismo. "Porque la humanidad es intrínsecamente malvada, tiene que ser gobernada. Un tal gobierno sólo puede ser establecido, sin embargo, cuando los hombres se unen, y sólo pueden ser unidos contra otro pueblo".

Finalmente, la profesora Drury expone que para Strauss "un orden político sólo puede ser estable si es unido por una amenaza externa. Como Maquiavelo sostiene que si no existe una amenaza externa, hay que fabricarla... Desde el punto de vista de Strauss, hay que combatir todo el tiempo para sobrevivir. En eso es muy espartano. La paz lleva a la decadencia. La guerra perpetua, no la paz perpetua, en eso creen los straussianos". (Los subrayados son nuestros). Si nos guiamos por los llamados del actual gobierno norteamericano a la "guerra infinita contra el terrorismo", es obvio que la profesora Drury tiene razón.

Si tenemos en cuenta las protestas cada vez mayores al interior de la sociedad norteamericana, en contra de la política exterior de la actual administración, se podría llegar a la conclusión -ojalá que así sea-- de que esa política ha sido secuestrada por ese grupo neoconservador, guerrerista que muchos llaman ya los Chicken-Hawks, porque promueven la guerra pero ninguno de ellos estuvo jamás en un combate. Y leyendo a la profesora Drury, me acordaba de unas palabras de Donald Rumsfeld, pronunciadas en los días próximos al 11 de septiembre, cuando dijo que si era necesario mentir para alcanzar los objetivos del gobierno, él no vacilaría en mentir.

Ahora, luego que después de 6 meses de ocupación en Iraq las famosas armas de exterminio masivo no aparecen, Paul Wolfowitz dice con absoluto desparpajo que eso solo fue una "razón burocrática" para lograr que todos se unieran para atacar a Iraq y, más tarde, en Singapur, declara que había que tomar Iraq porque estaba encima de un mar de petróleo, no es difícil pensar que el gobierno de W. Bush mintió para justificar su agresión contra Iraq. Y si mintió para eso, podría haber mentido para otras cosas. A la "borrachera seca" de Bush se une la visión fundamentalista de judíos y cristianos ultraderechistas y una percepción straussiana (neonazi) de su propio papel como dirigentes y el de los dirigidos. Recuerden a Strauss: "La idea es que haya una multitud que pueda ser manipulada como masilla" y "los que son aptos para gobernar son los que comprenden que no hay moralidad..." Esa parece ser, según varios estudiosos del tema, la ideología que prima en la actual administración. Súmenle los intereses económicos nada despreciables que representan (industria petrolera, complejo militar industrial, etc) y tendrán los elementos para calcular la peligrosidad de este grupo que todavía no se sabe que es capaz de hacer para , dijéramos, no perder el poder que hoy tienen prácticamente sobre toda la humanidad. Los invito a que mediten.

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Eduardo Dimas

Eduardo Dimas

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional. Falleció en La Habana en 2008.