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Kissinger y el golpe de estado a Salvador Allende

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  Henry Kissinger, la mano negra tras el golpe de estado a Allende  

Dice Christopher Hitchens, en el capítulo 6 de su libro "The Trial of Henry Kissinger" (El juicio a Henry Kissinger), que en Washington existe un axioma que señala que cualquier revelación oficial contendrá material peor de lo que los más cínicos comentaristas pueden sospechar. Tiene razón. Lo único que las revelaciones oficiales son regularmente "filtradas" y le quitan lo más comprometedor. Y cuando un investigador como Hitchens o Seymour M. Hersh (The Price of Power, Henry Kissinger in the Nixon White House) o cualquiera de los que, con objetividad, se han dedicado a hurgar en este oscuro período de la historia norteamericana, encuentran que la mayoría de las evidencias han sido suavizadas o, en su defecto, guardadas en el más absoluto secreto hasta la muerte de sus protagonistas, de manera de que el lodo caiga sobre sus tumbas y no sobre sus cuerpos vivientes.

En el caso de Kissinger, al dejar el Departamento de Estado, en 1977, hizo un arreglo con la Biblioteca del Congreso para que sus documentos permanecieran en el más absoluto secreto hasta su muerte. De ellos, solo los relacionados con la muerte de Ronni Moffitt, una norteamericana asesinada junto a Orlando Letelier, por la inteligencia de la dictadura de Pinochet, el Plan Cóndor y la mafia anticubana de Miami, han visto la luz pública. El resto tal vez nunca sean conocidos o aparecerán con las consabidas tachaduras para impedir que se sepa toda la verdad.

Dicen que cuando Kissinger, a la sazón asesor de seguridad nacional de Nixon,

conoció del triunfo de Salvador Allende en las elecciones de septiembre de 1970, con el 36,6% de los votos, y la probabilidad de que fuera ratificado por el Congreso, en vez de al candidato demócrata cristiano, Jorge Alessandri, dijo una frase que fue premonitoria de lo que ocurriría después: "No veo por qué tenemos necesidad de estar parados y ver un país ir al comunismo por la irresponsabilidad de su propio pueblo". (I don't see why we need to stand by and watch a country go Communist due to the irresponsibility of its own people). Esa frase refleja su total falta de respeto por la democracia y por la soberanía de los pueblos, en este caso de Chile. Sobra decir que Chile no era en aquel entonces ni lo es ahora una prioridad para la seguridad nacional de Estados Unidos. Tampoco Salvador Allende era comunista, sino socialdemócrata. De lo que se trataba, según algunos colaboradores de Kissinger, era de impedir que el ejemplo de un gobierno popular pudiera trascender a otros países de la región y, por tanto, había que impedir su éxito a toda costa y, si era posible, evitar que Allende asumiera la presidencia del país.

Detrás de esta postura no solo había intereses políticos, sino económicos. Los de las transnacionales ITT, Pepsi-Cola, Shase Manhattan, Anaconda y otras, interesadas en

mantener gobiernos dóciles en Chile que les permitieran seguir sus negocios sin interferencias. Además, pensaban revertir la nacionalización del cobre, iniciada por el presidente democristiano Eduardo Frei. El entonces director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), Richard Helms, entregó a la Comisión de Inteligencia del Senado que investigó los sucesos del golpe de estado del 11 de septiembre sus notas de una reunión que sostuvo con Richard Nixon y Henry Kissinger el 15 de septiembre de 1970 para decidir los pasos e impedir la toma de posesión de Allende. Las órdenes, según Helms, fueron las siguientes: "No tener en cuenta los riesgos... trabajar todo el tiempo... los mejores hombres que tengamos... hagan gritar a la economía... 10 millones de dólares disponibles... más si es necesario... no involucrar a la embajada norteamericana en el asunto". El encargado de hacer cumplir esas órdenes fue Henry Kissinger.

Y la CIA hizo con creces lo que le mandaron. Lo primero fue tratar de impedir que Allende asumiera la presidencia, mediante el secuestro o el asesinato del general René Shnieder, jefe del ejército y un hombre de firme postura constitucionalista. Shnieder fue asesinado el 23 de octubre de 1970 por grupos de extrema derecha dirigidos por los generales Roberto Viaux y Camilo Valenzuela, que fueron contactados por la CIA, por oponerse a que Allende, un comunista como lo llamaban ellos, asumiera la presidencia. La CIA había entregado una gran cantidad de dinero a ambos generales así como tres ametralladoras para llevar a cabo el atentado. Lo segundo fue tratar de impedir que el Congreso ratificara a Allende, para lo cual invirtieron grandes sumas de dinero comprando diputados y tratando de lograr que los democristianos, dirigidos por Eduardo Frei, se opusieran a su designación. Además, hicieron todo lo posible porque algunos miembros del ejército dieran un golpe de estado antes de la toma de posesión en noviembre de 1970.

Y como todo eso fracasó, a pesar de los millones gastados, parte de ellos entregados por la ITT, la Anaconda, el Chase Manhattan y la Pepsi-Co., entonces aplicaron medidas económicas, a los efectos de "hacer gritar a la economía" chilena. El 9 de noviembre de 1970, la Casa Blanca emitió el Memorándum No.93 del Consejo de Seguridad Nacional, dirigido por Kissinger, titulado Política hacia Chile, una orden altamente secreta, que refleja quizás como ningún otro documento los objetivos del gobierno Nixon: "Dentro del contexto de una postura suave y correcta hacia Chile", la administración podría tomar (o realizar) "vigorosos esfuerzos... para asegurarse que otros gobiernos de América Latina comprendan totalmente que Estados Unidos se oponen a la consolidación de un estado comunista en Chile, hostil a los intereses estadounidenses y de otras naciones del hemisferio, y para presionarlos a que adopten una postura similar". (Tomado de The Price of Power, pág. 294. La traducción es del periodista)

El memorándum establecía toda una serie de medidas económicas, como las de no dar garantías a nuevas inversiones en Chile, impedir que el gobierno pudiera obtener préstamos de los organismo financiero internacionales como el Banco Mundial y el FMI, terminar con las garantías y los acuerdos de financiación, etc. Al mismo tiempo, se recrudeció la campaña contra el gobierno a través del diario El Mercurio y de otras publicaciones, para crear el caos económico mediante la retirada de los activos de muchas empresas extranjeras y nacionales chilenas. Es decir, el plan consistía en lograr un desastre económico en Chile, empeorar las condiciones de vida de la mayoría de la población y provocar la caída de Salvador Allende y su gobierno por una vía o por otra. Es conocido que el diario El Mercurio y otros medios de prensa de la oligarquía chilena recibieron dinero de la CIA, de la ITT y de otras empresas norteamericanas.

Fueron varios los intentos de golpes de estado que tuvieron lugar en Chile antes del 11 de septiembre de 1973. Si tienen buena memoria recordarán que dos de ellos fueron impedidos por el propio Augusto Pinochet, tal vez porque todavía no había recibido la orden de proceder. Los contactos con los altos mandos del ejército o los grupos de extrema derecha del país, encabezados por Viaux y Valenzuela los mantenían la oficina de la CIA y el agregado militar, coronel Witmert, quien en una entrevista, luego de su retiro, dijo que en varias ocasiones entregó altas sumas de dinero a varios oficiales, incluidos los ya mencionados.

Consumado el golpe del 11 de septiembre, el gobierno Nixon dio todo su apoyo a la dictadura de Pinochet que desarrolló una fuerte campaña represiva, que costó la vida a más de 3 mil personas. Otros varios miles fueron hechos prisioneros y torturados. Decenas de miles de chilenos tuvieron que marchar al exilio. El gobierno norteamericano devolvió toda la ayuda económica e influyó en los grandes préstamos que llegaron al país procedentes del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. Y es bueno recordar que las relaciones cordiales con Chile continuaron después de la renuncia de Nixon. Es decir, durante los gobiernos de Gerald Ford, James Carter, Ronald Reagan y George Bush (padre).

En el año 1999, según escribe Christopher Hitchens en su obra ya mencionada, fue desclasificado un memorándum secreto en el que Kissinger informa de su conversación con Augusto Pinochet, el 8 de junio de 1976. Kissinger visitaba Chile con motivo de la asamblea anual de la Organización de Estados Americanos, otra "gran defensora" de los derechos humanos. En sus memorias Kissinger dice que echó en cara a Pinochet las violaciones a los derechos humanos, pero, en el memorándum en cuestión dirigido al presidente Gerald Ford, dice otra cosa bien distinta, pues lo que hizo fue explicar a Pinochet porque tenía que criticar su régimen: "Trataré los derechos humanos en términos generales, y los derechos humanos en el contexto mundial. Me referiré en dos párrafos al informe de la Comisión de Derechos Humanos de la OEA sobre Chile. Diré que el tema de los derechos humanos ha obstaculizado las relaciones entre Estados Unidos y Chile. Esto es en parte el resultado de las acciones parlamentarias. Agregaré que espero que usted removerá estos obstáculos... No puedo evitar decir esto, porque el no hacerlo produciría una reacción en los EE.UU., lo que llevaría a restricciones por parte del Congreso. El discurso no está dirigido a Chile. Quiero hablarle de esto. Mi evaluación es que usted es una víctima de todos los grupos izquierdistas en el mundo y que su pecado más grande fue que fue capaz de derrocar a un gobierno que se iba convirtiendo en comunista". Creo que sobran los comentarios.

A lo largo de los 8 años que Kissinger participó en el gobierno de los Estados Unidos, primero como asesor de seguridad nacional y luego como secretario de estado, proliferaron en América Latina los golpes de estado y las dictaduras militares, entre ellas la de Argentina. Fue Kissinger uno de los promotores del plan Cóndor, o sea, la alianza represiva entre los gobiernos de Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Bolivia, con el apoyo del FBI que vigilaba a los exiliados latinoamericanos en Estados Unidos. Pero Kissinger es también uno de los principales promotores del apoyo al régimen sionista de Israel y uno de los culpables del recrudecimiento de la guerra en Viet Nam, de los bombardeos a Laos y Cambodia, que costaron la vida a cientos de miles de personas. Sin embargo, en 1974 le fue entregado el premio Nobel de la paz, junto al ministro de relaciones exteriores de Viet Nam que, por razones elementales de dignidad, lo rechazó.

Kissinger pasará a la historia norteamericana como uno de los políticos más controvertidos de la segunda mitad de siglo XX. Su influencia llega hasta nuestros días, pues muchas figuras que hoy ocupan posiciones importantes en la Administración, se formaron bajo su manto. Hoy día, para salir de los Estados Unidos, tiene que primero recibir la promesa de que no será detenido como su protegido Pinochet, pues está demandado por la justicia en España. Francia, Argentina y Chile por su papel en los golpes de estado y en los asesinatos que cometieron las dictaduras.

Su última designación para un cargo público la hizo W Bush cuando lo nombró al frente de la comisión encargada de investigar los atentados terroristas del 11 de septiembre en Nueva York y Washington. Para muchos era el hombre ideal para que jamás se supiera la verdad sobre esos hechos. Renunció casi de inmediato al cargo, tal vez porque se dio cuenta de que ya no era creíble o, como dijo, por "conflicto de intereses". Está por ver cuáles son esos intereses. Como siempre, los invito a que mediten.

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Eduardo Dimas

Eduardo Dimas

Periodista cubano, especializado en temas de política internacional. Falleció en La Habana en 2008.