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El dilema de Valido y el Comandante

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1.- Tomás Valido–Tira duro.

–No se te ocurra tirar duro.

Comenzaré parafraseando la popular canción: “La pelota tiene sus cosas, tiene espinas y tiene rosas…” Unos trascienden por los batazos, otros por la fuerza del brazo para lanzar, algunos por la velocidad de las piernas y otros tantos por el carisma que todos quisiéramos con nosotros, pero está dado a los elegidos.

Tomás Valido fue un jugador carismático que se desempeñó con el corazón. Es difícil encontrar otro tan humilde y criollo. No alcanzó títulos universitarios ni le hicieron falta, le bastó el cariño de su pueblo. ¿Quiere comprobarlo? vaya una tarde por el reparto Raúl Sánchez, de la ciudad de Pinar del Río.Encontrará un grupo de muchachos con palos, chapas, tapitas plásticas y otros improvisados implementos. Deténgase, pregunte y lo encontrará al bate o de pitcher con más de siete décadas a cuestas. Es un hombre de la pelota, a la que debe tres cuartas partes de su existencia. Le dedicó y dedica, ahora entre veteranos y vejigos, lo mejor de su vida.

Tomás Valido Miranda nació el 23 de junio de 1943, en Bahía Honda. Casi un niño se hizo machetero. La pelota le había venido como anillo al dedo para liberar las energías. Con el tiempo la vida lo llevó a engrosar las filas del Ministerio del Interior, junto a Felipe Álvarez, Adalberto Suárez, Raúl Martínez y otros. Allí patrullaba el jardín central como si en aquellos predios hubiera nacido, con zancadas inigualables para cubrir lo suyo y ayudar a los demás outfielders. Bueno hacia delante, para atrás y a ambos lados. Su brazo antológico hacía las delicias del público. Quizás alguna vez lo haya traicionado por falta de puntería.

Por su fuerza natural y el buen movimiento de las muñecas, logró un poder al bate que, a criterio de este cronista, le permitió engrosar las filas del “síndrome del jonrón”, un término que asocio a aquellos que siempre quieren conectarlos; entonces decaen los promedios y se resiente el tacto. Algunos elegidos pueden dedicarse a los cuadrangulares; él no lo era. No obstante, en la campaña 1968-1969 bateó 13; el líder fue Agustín Marquetti (19).

Había comenzado en Series Nacionales como refuerzo de los Occidentales, en la temporada 1966-1967. Un año después, en la VII Serie, cuando Pinar del Río tuvo equipos por primera vez, integró losVegueros, a las órdenes de Francisco Chito Quicutis. Al otro año pasó al Pinar del Río del Gallego Salgado, donde deslumbró con los 13 bambinazos, y las espectaculares jugadas. Regresaría al Vegueros, para retirarse con elForestales de Juan Charles Díaz, en la campaña XVI (1976-1977).

Otro atributo estuvo en la velocidad de las piernas. Excelente estafador, incluido el home, cuando ningún otro se arriesgaba.

Yo me robé el home varias veces, mucho antes que Víctor Mesa. Me decidía cuando estaba en tercera y no veía que me pudieran impulsar. Entre todas esas jugadas recuerdo más aquella en el Capitán San Luis ante los Industriales. Fue a fines de la década del sesenta, a las órdenes de Ismael Salgado. Lanzaba el Boricua Jiménez, con el catcher Gerardo Egües. Félix Leva Miranda era elcoach de tercera, pero nada le dije de la inspiración. En cuanto el Boricua se puso de frente y comenzó el wind up, salí para allá con la idea fija de llegar, a cualquier precio. Entré con los spikes por delante y choqué duro con Egües, que cayó bocarriba. Trató de retener la bola, pero no pudo. Allí salté sobre la goma, porque había anotado una carrera muy importante para el equipo. Hoy veo que algunos corredores llegan como damas, y no puede ser así, la pelota se juega con la vida, o no se juega.[1]

En once campañas y 2 147 veces al bate, conectó 478 hits (.223). Con 206 carreras anotadas, 209 impulsadas, 70 dobles, 19 triples, 32 jonrones, 75 bases robadas, recibió 33 pelotazos, 147 bases por bolas y se ponchó 366 veces.

Siempre admiré aquella salud de hierro. Antes de incorporarme al Vegueros, nos habíamos enfrentado en torneos regionales y provinciales; lo veía superior. Campechano, natural, de andar vivaz y admirador incombustible de Felipe, a quien aún reconocecomo su capitán. Si alguna palabra tuviera que aplicar al amigo sería la de genuino. Todas las mañanas, antes de las seis, salía a recorrer las ciudades.

En los últimos tiempos le aparecieron las dolencias. El hombre que jamás se había quejado, que reía de la vida y daba zancadas al futuro, ha visitado los hospitales, ora por problemas oculares, estomacales y neumonías. En fin, los achaques llegaron al pasar de los años. Sus pesquerías nocturnas quedan en el recuerdo.

Ahora no hablaré más del camarada, militar o padre de familia, solo algunas anécdotas que lo pintan de cuerpo entero. No era difícil escuchar aOwen (El Gallo) Blandino, aquel tercera base de los equipos villareños y del Cuba en los años sesenta: — ¡Qué Valido ni Valido, aquí no hay más Valido que yo! — Después se abrazaban.

Durante el Primer Llamado del Servicio Militar Obligatorio (1964-1967), me había graduado de machetero. Al finalizar la XI Serie, cuando habíamos comenzado en labores tabacaleras y terminamos tumbando caña, nos llevaron al Central Sanguily, en La Palma. Me vieron cortar y a alguien se le ocurrió una competencia con Valido. Él era un huracán, ni remotamente podía ganarle mocha en mano. Acepté el reto con una condición: el vencedor sería quien primero tumbara y apilara sus cuatro surcos; cayó en la trampa. Salió a la guardarraya un buen tramo delante, yo apenas apuré el paso. Él las tiraba al montón y mis cañas estaban organizadas; en un santiamén las apilé. Valido renunció y tuvimos que ayudarlo con las suyas.

Una noche jugaríamos con Industriales en el Latino. Por la tarde pasaban para el comedor Rodolfo Puente, entre los mejores torpederos, el slugger Armando Capiró y el antesalista Germán Águila, quien años después sería un eficiente ampaya. Valido afilaba los spikes en las gradas detrás de home. — ¿Cómo estás Valido? – Preguntó Puente. – Bien. — ¿Qué haces? — El santo me pide sangre y esta noche jodo a alguien aquí. No hubo más.

El juego avanzó, por los Azules lanzaba Rigoberto Sánchez, conocido por Bulto de Ropa: veloz, grande, colorado, fuerte, peludo, parecía un americano big leaguer; Julio Romero por nosotros. En su segunda vez al bate, Valido recibió un bolazo en la cabeza.Nos asustamos y corrimos hacia él. McDougal, como le decimos algunos por aquel jardinero de los Yankees que jugaba a partirse el alma, se puso de pie, sacudió la osamenta y salió disparado para primera. Bufaba como toro de lidia. Y en la instalación no cabía otra alma. Cuando arribó a la inicial, Marquetti le oyó decir: — Ahora van a ver quién es Valido. — Y una palabrota.

Al primer lanzamiento se fue para segunda. Habría sido un out seguro, por el perfecto tiro de Lázaro Martínez, mas nuestro hombre llegó como una fiera a la almohadilla y el camarero Ubaldo Álvarez, pelota en mano, se quitó del medio. Siguió para tercera; con Águila sucedió igual. En home lo toreó Lázaro, quien no osó enfrentarlo. El desaforado corredor saltó, pisó la goma limpia con sus spikes bien afilados que pedían sangre, y no tuvo que utilizarlos. Entonces gritó, mirando al lanzador: — ¡Yo soy Valido! A mí hay que respetarme.

Ni siquiera los ampayas le llamaron la atención, a fin de cuentas no hubo jugada, en una de las carreras más fáciles que se hayan visto. Y la fanaticada azul ardía.

El dilema

Años atrás sucedió el hecho que da nombre a este capítulo. El lanzador se llevó las manos a la cabeza cuando vio el disparo desde 350 pies, se quitó la gorra y retumbaron sus palabras: — Esto es increíble. – Eran, aproximadamente las tres de la mañana y el día parecía comenzar en el vacío estadio. Los pocos ojos iban hacia el pitcher. Días fundadores donde se unía la leyenda de las bolas y los strikes, con jugadores de todos los colores, sin mirar por encima del hombro. Madrugada invernal, estrellada, linda para la pelota, si no fuera por la hora, el cansancio acumulado del batallar en el terreno, y la tensión.

A las dos horas de aquel día se había aparecido el entonces primer ministro Fidel Castro al Latinoamericano, para descargar la jornada sabatina. Venía de inaugurar una presa en Oriente, una vaquería modelo, y una escuelita rural, según confesó.

Mientras, una voz retumbaba en los albergues: — Arriba muchachos, que llegó el Comandante y vamos a jugar. Fidel Linares preguntó: — ¿Y qué hora es? –Felipito Álvarez respondió rezongando: — ¿Y eso qué importa? Ahí está el Jefe y vamos para allá ¿O tú no quieres ir? – Ni muerto me quedo aquí. — Ya se distinguía la figura del líder de la Revolución triunfante de 1959, que hacía lanzamientos con un traje de Orientales.

A instancias suyas se formaron dos conjuntos, con él alinearon los vueltabajeros Felipe Álvarez en el campo corto, Fidel Linares en el jardín central y Tomás Valido en el derecho, quienes integraban la reserva de Occidentales para la III Serie Nacional. Linares era un establecido. El improvisado team lo dirigía FranciscoChito Quicutis.

Comenzó el desafío. A la altura de la segunda entrada Germán Águila conectó un doblete. Fidel lo miró con cara de pocos amigos, y el bateador con cara de carnero degollado. El lanzador volvió a mirar las señas del catcher, discrepó y lanzó una recta por el centro de home, quizás un poquito en la esquina de afuera. El hombre madero en mano no la perdonó y disparó un batazo hacia la pradera derecha que parecía remontar a Valido, quien se estiró cuanto pudo para capturar la pelota. Desde la incómoda posición, disparó para la antesala y Germán, que había salido confiado en pisa y corre, fue puesto out. La bola llegó de aire y el umpire lo decretó con toda la fuerza que le permitieron sus pulmones.

Ni corto ni perezoso, el ilustre lanzador paró el juego y llamó a los integrantes de las dos novenas, alrededor del box. Le apretó el brazo a Valido y preguntó: — Ven acá muchacho, ¿cómo tú te llamas? — Tomás Valido. — ¿De dónde eres? — De Bahía Honda. — ¿Con qué tú tiraste a tercera? – Con el brazo, Comandante. – Si los americanos vienen no hace falta darte ningún fusil ni un cañón, yo no había visto un brazo así, tú lo que tienes es un mortero.

Oyó un par de criterios y alabanzas para el jovencito de veintidós abriles, le hizo múltiples preguntas que respondió como pudo, pidió un bate y se dirigió al home. Entonces comenzó el dilema.

— A ver muchacho, lánzame tú a mí, y tira duro. — Valido, que jamás se había encaramado a un box, no lo pensó dos veces. Tres guardias lo escoltaron. Entonces oyó una voz bien cerca: — No se te ocurra tirarle duro al Comandante, lo puedes golpear. — Así no, te dije que tiraras duro. — Ordenaba el Primer Ministro. — No puedes tirar duro. — Sentenció con decisión el escolta.

En el dilema más complicado de su carrera, cumplió la orden cercana por temor al dead ball. Cuando el bateador conectó un par de buenas líneas se dirigió al manager: — Oye Quicutis, quiero que me entrenen a este muchacho como pitcher, ese brazo no se puede desperdiciar, a esa velocidad no hay quien le batee. Tú me respondes por eso. El asombrado director, refunfuñón como pocos, cumplió la orden con buena cara… hasta un día: — Valido, a partir de mañana te incorporas al entrenamiento de los lanzadores.

Así fue, el inexperto comenzó a entrenar durísimo e incorporó el wind up a lo Manuel Alarcón, exagerado. Había que verlo tirar “piedras”. Se agachaba buscando señas que sistemáticamente violaba, acto seguido se incorporaba, giraba sobre los hierros del afilado spike, enseñaba el número y sin mirar lanzaba para la goma. Los jugadores no querían enfrentarlo. Más bases por bolas y pelotazos, que outs. La gente entraba asustada al cajón de bateo, porque dolían de verdad y ponían en peligro sus vidas. Todavía lamenta el que le propinó a su amigo Luis Castro, el hermano mayor, ya desaparecido, de Juanito.

Pudo tirar sobre las 98 famosas millas que entonces no se medían, pero no había nacido con vocación de lanzador, ni deseos, ni control, ni asumió la orden como definitiva. Su verdadero oficio estaba patrullando la llanura central, allá donde pocos lograron vencerlo. También donde podía dar rienda suelta al brazo con que la naturaleza lo dotó y el bate de slugger.

Una tarde, con Pedro Chávez doblado sobre home por un pelotazo, Quicutis lo llamó: — Que me perdone el jefe, pero tú no eres ni serás pitcher, vete para allá atrás y gánate un puesto. — Entonces corrió feliz por el centro del diamante, para grabar su huella por los estadios de Cuba.

[1]Tomás Valido: Entrevista con el autor, 18 de junio de 2011.

Tomás Valido y Alfonso Urquiola

Tomás Valido y Alfonso Urquiola

Con Julio Romero

Con Julio Romero

Tomás Valido (izquierda) y Apolinar Barrios

Tomás Valido (izquierda) y Apolinar Barrios

 Papito Cruz, Valido, Félix Pino, Luis González, el autor, Jorge Fuentes y Casanova

Papito Cruz, Valido, Félix Pino, Luis González, el autor, Jorge Fuentes y Casanova

Se han publicado 7 comentarios



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  • mario dijo:

    tremendo vale la pena recordar a los grandes en la historia del beisbol como tantos de ligas de antes como la liga azucarera del oriente del pais , la de pedro betancourt , etc

    felicidades

  • El Loco dijo:

    Excelente artículo sobre una gloria del béisbol cubano, pero miren esto……que les pongo aquí……
    [1]Tomás Valido: Entrevista con el autor, 18 de junio de 2011.
    Papito Cruz, Valido, Félix Pino, Luis González, el autor, Jorge Fuentes y Casanova
    …..al final no se quien es el autor, parece mentira, que este trabajo haya llegado a la redacción o edición de Cubadebate sin autor……????

    • El profe dijo:

      “Loco”, el autor de este artículo aparece en la foto en colores, casi al centro y viste camisa y gorra azul. ¿Complacido?

  • Mimosa púdica dijo:

    Don Tomás Valido, cuanta satisfacción verlo en Cubadebate, honor a quien honor merece, usted siempre ha estado entre los grandes.
    Nuestro respeto y admiración.

  • Enrique15 dijo:

    De Valido recuerdo casi nada, o nada, pero sí recuerdo bien la fama que tenía su brazo. Sí lo ví jugar, pero muy poco pues no era de los más reconocidos al bate y su equipo pinareño era la cenicienta del campeonato en aquella época. Vale mucho recordar a estas figuras del pasado que jugaban al beisbol con tanta entrega y pasión.

  • jman dijo:

    Para El Loco, ¿podrá ser el autor alguien difierente de Martínez de Osaba?. Osaba, como siempre otra magnífica crónica, aunque no escribo al foro siempre las leo, soy tu amigo Manolo de la UPR
    Felicidades

  • Ramon Fonseca gomez dijo:

    Osaba , se te agrdeceria mucho que le hicieras uan entrevista o una cronica a Tomas Soto .

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Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

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