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El “Coquito” del judo cubano

En este artículo: Cuba, Deportes, Fotografía, Judo
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Héctor Rodríguez en el Salón de la Fama.

Héctor Rodríguez en el Salón de la Fama.

Su nombre y apellidos son quizás de los más comunes que existen, Héctor Rodríguez Torres, sin embargo, sus premios y méritos son únicos porque llevan el ingrediente de ser los primeros a nivel mundial y olímpico del judo cubano. Amigos, judocas y su pueblo natal de Guanajay, prefieren llamarlo Coquito, conscientes de que se refieren a un deportista símbolo e historia para un país.

El próximo 30 de julio celebraremos las cuatro décadas de que este deportista, con 63 kilogramos entonces, subiera a lo más alto del podio en los Juegos Olímpicos de Montreal y aportara el primer oro del judo cubano en estas citas. Tres años antes, Coquito había regalado un bronce mundial para inaugurar también a nuestro país en el medallero de esos certámenes.

La conversación sobre aquella electrizante victoria, su paso como entrenador por Cuba y España, su exaltación al Salón de la Fama y la venidera cita olímpica en Río de Janeiro 2016 estuvo marcada desde el inicio por su prodigiosa memoria y la humildad del hombre que cuenta hazañas con sonrisas, como si estuviera todavía marcando yuko, wazari o ippón sobre un tatami.

Cómo recuerda Héctor esa primera medalla de oro del judo cubano, por demás, la primera también de un deportista negro en esta disciplina

Como si fuera ahora. Recuerdo hasta la primera entrevista que hizo un periodista del periódico Granma, quien me preguntó a quien yo le dedicaba la medalla y dije: al pueblo de Cuba, a mi familia y al Comandante en Jefe. Fueron esas mis primeras palabras.

Y las recuerdo como si fuera ahora porque las medallas olímpicas se viven muy distintas a otros premios, a otras medallas. Ellas quedan impregnadas en uno tan fuerte, que por muchos años que pasen te parece que ese momento lo vives una y otra vez.

Pocos conocen que combatió con una lesión en esos Juegos  

Sí, tenía una lesión en la costilla, que venía desde la preparación en la altura en México. Allí estábamos todas las delegaciones de América preparándonos y por esa lesión hasta peligró la participación en los Juegos.

Los médicos hablaron con mi entrenador y él les dijo que confiaba mucho en lo que podía hacer, pues había competido muy bien en Munich 1972 (discutí el bronce y fui perjudicado con la decisión arbitral) y en Montreal podía lograr una medalla. Realmente no se esperaba un oro, pero sí una medalla.

En los primeros combates no me dolía mucho la lesión, pero para competir en la semifinal y final me infiltraron, porque el dolor era mucho.

¿Sorpresivo entonces el oro?

No lo fue tanto porque había cumplido un excelente ciclo olímpico (1973-1976) y los rivales sabían mi calidad. En 1973 fui tercero en el Campeonato Mundial en Lausana, Suiza, y terminé segundo en los Juegos Centroamericanos y del Caribe (1974) y en los Juegos Panamericanos (1975). Es decir, estaba picando la medalla olímpica, de ahí que no hubiera sido tanta sorpresa.

¿Quiénes ayudaron más a Héctor a ser campeón olímpico?

Varios nombres son imprescindibles mencionar. Han pasado 40 años, pero les estoy eternamente agradecidos a Isaac Azcuy, José Ibáñez, José González Phillips, José Silvio Jiménez (fue comisionado nacional después), Pedro Luis Herrera y otros que ya no están como Juan Ferrer Lahera (subcampeón olímpico de Moscú 1980), fallecido hace unos meses. Todos me ayudaron muchísimo. Por eso siempre digo que esa medalla de oro no es solo mía, sino también de ellos.

El uchi-mata era su arma fundamental en los combates ¿Cómo fue que logró perfeccionarla tanto?

Es cierto, el uchi-mata se convirtió en mi técnica preferida. Todo empezó porque nosotros íbamos mucho a Corea —casi todos los años viajábamos allí un mes o más— y había un alumno del entrenador coreano que hacía esa técnica de manera impresionante.

Me gustó tanto cómo la ejecutaba que lo copié hasta perfeccionarlo con la ayuda del entrenador. Lo perfeccioné a un grado tal que a algunos contrarios les parecía que lo tiraba distinto a los demás, pero era la misma uchi-mata, solo que con una rapidez increíble. Te reitero, los rivales me estudiaban todo el tiempo, pero no podían evitarla por la velocidad con que la ejecutaba.

¿Qué pasó con Héctor en los Juegos Olímpicos de Moscú 1980?

Bueno, allí lo que me golpeó fue el peso. Hoy puedo confesar que era un poco indisciplinado con ese tema. Siempre tenía que bajar mucho de peso para los eventos y eso conspiraba con mis resultados. Cuando llego a Moscú ya tenía una edad avanzada en el deporte y el peso me golpeó de tal manera que me sentí mal en la competencia.

Un año más tarde, en 1981, decidí retirarme por problemas de lesiones y también porque me era muy difícil cumplir ya con el peso de mi división.

Comenzó entonces otra etapa, ahora como entrenador.

Muy rápido me incorporé a ese trabajo. Empecé en 1982 como entrenador del equipo juvenil en la Escuela Superior de Perfeccionamiento Atlético (Espa). Entre las alumnas de esa época estuvieron Legna Verdecia, Daima Beltrán y Driulis González.

Luego, en 1989, me pasaron a la selección nacional femenina, que dirigía el profesor Ronaldo Veitía. Seguí el trabajo con Legna y Daima, pero también trabajé con Estela Rodríguez, Odalys Revé, Sibelis Veranes, es decir, una constelación de estrellas mundiales.

Más adelante pasé al conjunto masculino con Justo Noda, y desde hace algunos años lo hago en España, con el elenco nacional de ese país.

¿Qué recuerdos le dejan aquellos años de entrenador?

Siempre les hablaba a los atletas de la historia del judo cubano y de cómo empezamos nosotros. Les trataba de inculcar la importancia del entrenamiento diario, porque quien pretenda ser campeón no puede dejarlo de hacer. En el judo hace falta mucha disciplina y no puede haber fraude en el entrenamiento porque sale luego en la competencia.

En el 2013 llega su exaltación al Salón de la Fama y otra vez es el primer cubano en hacer historia.

Sentí una gran emoción y una enorme satisfacción en ese momento. Sucedió en el campeonato mundial celebrado en Río de Janeiro 2013. En mis palabras de agradecimiento hice mención a todos los que me ayudaron a lograr las medallas. Fue un reconocimiento muy bonito y justo,

Como lo fue el pasado año con Driulis González, segunda cubana en este Salón. La felicité y me emocioné con su premio porque ella es una de las más grandes de todos los tiempos no solo en Cuba, sino del mundo.

¿Características no deben faltarle a un judoca?

Lo primero es la disciplina, lo segundo es la preparación y los medios de trabajo: tatami, kimonos, alimentación y topes. También aptitud y deseo. Si cumplen eso, al final del túnel verán la luz.

¿Cómo evalúa su etapa de entrenador en España?

Estoy en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, por un trabajo que inicié hace muchos años con la Federación Nacional de Judo. Preparo atletas para competencias europeas, mundiales y los Juegos Olímpicos. Claro, cuando alguno de mis alumnos enfrenta a un cubano mi corazón se divide. Por una parte la responsabilidad como entrenador para que salga bien y por otro el orgullo natural de haber nacido aquí, en esta tierra maravillosa.

¿Pudiera valorar la calidad del judo cubano hoy?

Ha ido vertiginosamente ascendente. Hace poco felicité al colectivo de entrenadores de la selección masculina y les dije que no era egoísta, que quisiera ver a Asley González, a José Armenteros y a muchos más campeones olímpicos en Río de Janeiro, para que no existiera un solo Héctor Rodríguez, sino muchos más como hay en el femenino. El judo cubano en el mundo entero es un ejemplo, por sus resultados y porque en América somos los más fuertes, los que más medallas hemos obtenido en todas las competencias.

¿Ha pensado regresar a Cuba y aportar entre nosotros?

Nunca me he ido de Cuba, estoy trabajando en España, pero soy cubano. Espero un día no muy lejano volver definitivamente, y quizás para entonces no trabaje con el judo, pero no dejaré de pensar en él.

Cuando le dicen 30 de julio de 1976, Juegos Olímpicos de Montreal, ¿qué es lo primero que le viene a la mente?

Que ha pasado mucho tiempo. 40 años sí es algo. Tengo un poco más de edad, 65 años. Y me veo como si fuera ayer. Me da tanta alegría y tanta ilusión que no puedo describirlo. Sin embargo, espero que en Brasil se pueda repetir lo que hice hace 40 años atrás y así compartir un honor que jamás pensé tener.

Héctor Rodríguez, o mejor Coquito, termina de decir esta última frase con lágrimas de amor, pasión y recuerdo. Su ippón sigue siendo histórico e irrepetible hasta hoy. Y merecía escribirse.

Héctor Rodríguez en el Salón de la Fama.

El próximo 30 de julio celebraremos las cuatro décadas de que este deportista, con 63 kilogramos entonces, subiera a lo más alto del podio en los Juegos Olímpicos de Montreal y aportara el primer oro del judo cubano en estas citas.

Héctor Rodríguez en el Salón de la Fama.

Héctor Rodríguez

Se han publicado 7 comentarios



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  • jose angel dijo:

    los cubanos estamos muy agradecidos por los exitos que le dio a la patria en su momento como atleta,le deseamos que como entrenador coseche similares resultados

  • mundy dijo:

    grande hector rodriguez, recuerdo ese triunfo, muchas felicidades y que siga obteniendo resultados

  • Marilin Carrió dijo:

    Me emociona mucho haber leído este comentario, soy hija de un judoca Guantánamero de mucha fama, el profesor Rafael Carrió Alonso (fallecido en el 2002) sin ser autosuficiente, mi padre fue lo máximo en el Judo y los que aún viven en esta provincia que fueron sus alumnos me daran la razón, en el Colchón más que un profesor era un padre.
    De La Habana recuerdo a Lázaro Villarejo, el profesor Font y otros más .
    Incluso aqui hay un evento que es en Homenaje a él ¨¨ La Copa Rafael Carrió in Memorían¨ su alumno José Antonio Fernández, actualmente labora en la Dirección Provincial del INDER fue uno de los promotores.

  • Ernesto Lion dijo:

    este tipo de entrevistas nos permite recordar muchas cosas pensé que héctor estaba en cuba y que era uno de los olvidadosdel deporte como tantos otros me ha gustado saber que esta en españa aunque me gustaria queestuviera entre nosotros, aportando como lo hizo veitia y otros tantos espero que en los juegos olimpicos el judo pueda cumplir lo que dice gracias cubadebate

  • enrique15 dijo:

    Recuerdo su victoria como si fuese hoy. Yo tenía 12 años entonces y no conocía mucho del judo, por lo que su medalla para mí fue una gran sorporesa, uno pensaba: JUdo, Japón. Así que de pronto un cubano ganar oro en aquella olimpiada fue tremendo. Sin embargo, sí recuerdo perfectamente que compitió lesionado porque se habló mucho de eso entonces (después de la victoria) lo recuerdo porque esas cosas heóricas de los deportistas cubanos de la época eran casi normales, recuerden a Douglas Rodríguez con su mano fracturada ganando el Mundial de la Habana en 1974, Orestes Pedroso con la muñeca fracturada darle una paliza nada menos que a Leon Spinks en los Panam de 1975 en México y así otro más. En fin, mis felicitaciones para este gran campeón nuestro.

  • Osvaldo Martinez López dijo:

    Cuando escuche del fallecimiento de Ferrer Lahera, me vino a la mente a ese grande del Yudo Cubano, en la era que tanbien fui amante de este deporte, lo practique muchos años y siempre los admiraba y mas cuando ese oro en la olimpiadas qu eaun no ha sido igualado en la ramma masculina, Felicidades Hector donde este ahora como en España tus logros como entrenador son logros del deporte cubano, en estas Olimpiadas lograremos mas medallas de oro.

  • mara dijo:

    Muchas felicidades, no conozco mucho de este deporte, pero me relaciono con personas que lo han practicado, entre ellos el subcampeón olímpico de Moscú 80 Isaac Azcuy Oliva

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Joel García

Joel García

Periodista Cubano. Editor-jefe de la Redacción Deportiva del periódico Trabajadores desde 2007.

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