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Conozca a Nicolás, el ruso pelotero

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Foto BPor Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Para Ildefonso Ballart,

mi padre pelotero,

y Tito;

ellos lo rescataron

El sábado 6 de octubre de 2014, en el programa Béisbol de siempre, los televidentes pudieron disfrutar el documental Nicolás Slovacevich, el ruso pelotero, de Tito Osaba, que a muchos llamó la atención. Y es lógico que así sea, porque no fue una figura a nivel nacional ni dejó récords fabulosos. El propósito del mismo está centrado en rescatar la historia de un humilde y genuino pueblo de la más occidental de las provincias, a través de uno de sus principales ídolos, de un hombre con notables condiciones para la pelota que, como tantos otros, no llegó a trascender.

Conocido por el Rusito, Nicolás Slovacevich Bozenko tuvo una corta y azarosa existencia en la que se mezclaron los sufrimientos, el amor, el desconsuelo y la popularidad sin límites en un terruño que hizo suyo. Supo aprovechar las horas, minutos y segundos que su corto tiempo le asignó, y lo hizo con la intensidad de veinticinco años, cinco meses y veintiocho días en lucha por desechar la zozobra.

Había nacido, de Lido Nicolás Slovacevich y Nadia Bozenko, el 28 de diciembre de 1923, en la Rusia ya soviética y falleció, electrocutado, el 25 de mayo de 1949, víctima de un fatal accidente cuando trabajaba en las profundidades del Pozo No. 2 de las Minas de Matahambre, en Pinar del Río. No se ha podido precisar el lugar exacto de su nacimiento, pues los documentos hablan de Rusia, sin detalles del origen.

En ese mismo año los padres se trasladaron a los Estados Unidos en busca de mejor vida, pero la América del Norte era acechada por la que sería una de las crisis más traumáticas en la historia de la economía mundial, reconocida como “Crack del 29”. Fue así como decidieron, en 1925, sin pensarlo tanto, aceptar una propuesta de trabajo en Matahambre, por entonces un coto minero con poco más de una década de explotación, arrendado por la compañía norteamericana American Metal Company.

Debió ser difícil la decisión con dos hijos pequeños, pero las circunstancias en el gran país que había descabezado el zarismo, con fuertes nevadas, amenazado por la hambruna, invasiones de todo tipo y otras vicisitudes, mientras se empeñaba en construir una sociedad nueva proclamando a los cuatro vientos la justicia social, resultaba un camino duro e incierto y aquella familia no soportó los embates que el destino les había deparado, máxime cuando Lido Nicolás —según propia confesión— poseyó un par de hoteles y había vivido desahogadamente.

Hay muchas nebulosas en el destino familiar. El padre se convirtió en un reconocido electricista, cuyo oficio heredaría el hijo pródigo. Ya instalados en Cuba, poco tiempo duró el matrimonio. Nadia se alejó del pueblo sin dejar rastro y ambos muchachos pasarían a la tutela del padre, con Isolina, una mujer que los acogió como suyos.

FotoIsidro, el hermano mayor, sordo de nacimiento y con serios problemas mentales, tuvo que ser ingresado en el Hospital Psiquiátrico de Mazorra. Poco después sería recogido por la madre y, según versiones, ambos fueron a parar a la Isla de Pinos; de ellos no se supo más. Fue así como Nicolás, en plena adolescencia, quedó sin el cariño maternal y sin el hermano a quien tanto quiso. Entonces decidió refugiarse en un juego que se convertiría en la pasión número 1 de su vida: la pelota.

A la edad de nueve años se le veía jugar con otros niños en los pocos solares baldíos en un pueblo de colinas; lo hacía mejor que los demás. Poco después comenzó a “perderse” e Isolina salía a buscarlo, hasta que supo de aquella vocación infinita por las bolas y los strikes. Hallarlo era fácil, en los tres únicos espacios habilitados por la naturaleza en el pueblo: el estadio, de donde no pocas veces sacaban a los niños y jóvenes, la Represa, un lugar distante, llano, arenoso y el patio trasero de la Escuela “Ignacio Agramonte”, popularmente conocida como “Escuela Grande”, en los horarios de receso. Nicolás dejaba de merendar para aprovechar los pocos minutos. Allí, entre piedras y pequeñas elevaciones, defendía como ninguno la zona del campo corto y la segunda base.

El tiempo libre lo dedicaba a jugar pelota, a leer y por las noches se iba al cine para disfrutar las películas de amor y las del oeste, su otra afición. En ocasiones jugaba partidas de dominó en la Casa de Segundo, un modesto café-bar situado donde hoy está la iglesia, hasta que entre las nueve y la diez de la noche se aparecía el temido e implacable Cabo Gómez, con la sentencia: —¡Vamos, desalojando, que ya es hora de dormir, porque mañana hay que trabajar… Segundo nunca protestó públicamente, ni hubiese podido hacerlo, pero dejó de ganar bastante dinero por la caprichosa orden.

Foto APor esos días Nicolás conoció a la hija del comerciante Vicente Franco, una bella muchacha con quien firmaría su destino, sin papeles. Su condición de ciudadano ruso de nacimiento estaría en peligro si se casaban por la ley cubana; tendrían que hacerlo en la Embajada de la Unión Soviética, abierta en 1943 a raíz de la Segunda Guerra Mundial, con un embajador alterno en los Estados Unidos y Cuba; así y todo, no era bien vista por las autoridades. La necesidad los llevó a tomar la decisión de unir sus vidas sin actos oficiales ni públicos, un demérito social de aquellos tiempos, que poco importó a sus conciudadanos. Ellos harían una sencilla vida social, de bailes, playas y otros pocos entretenimientos.

Cuentan los antiguos que la pareja de Nicolás y Margot se convirtió en una de las más populares del pueblo. El amor los desbordó y de ellos brotaron Nadia, la hija que lleva el nombre de la abuela, con pocos meses de nacida cuando la tragedia, y Nicolás, todavía en la barriga de la madre, quien sería el heredero beisbolero según sus propias confesiones, pero ellos cargan la pesada cruz de no llegar a conocerlo.

El encantamiento por la pelota y las facultades naturales para defender el short stop, le abrieron las puertas bien temprano en el equipo MINAS DE MATAHAMBRE, donde llegaría a codearse con el receptor San Juan, lanzadores de la talla de Nenito La Puerca, Paco Mesa y el Gallego Hernández. Él haría combinación con el camarero Roberto Moreno, un sanjuanero importado en el pueblo. Aquel dúo ha pasado a la historia de la comarca como un modelo a seguir. A su diestra defendería el bueno de Ramón Rodríguez, Tato el negro, único de esa raza en el team, quien falleció meses después de ser entrevistado por los realizadores del documental. Poco a poco sobresalió, como ninguno, el Rusito Nicolás.

No obstante, su celebridad no tendría tanta repercusión si no hubiese sido el primer ruso que jugó pelota organizada en Cuba, solo antecedido a escala mundial (que conozcamos) por Víctor Starffin, un pitcher original del Cáucaso, emigrado a Japón a raíz de la Primera Guerra Mundial, quien mucho se destacó en la liga profesional nipona, al extremo de integrar su Salón de la Fama.

De acuerdo con documentos oficiales, Nicolás medía alrededor de 1,80 ms. de estatura y sobre las 160 libras de peso. Según cuenta la leyenda tuvo manos prodigiosas en su posición, un excelente brazo, inteligente y con desplazamientos envidiables. Jugaba con soltura, veloz y agresivo en el corrido de las bases. A todo ello unía la buena capacidad para batear y alcanzar almohadillas extras; tuvo poco poder en las muñecas. Comenzó en el pueblo jugando en torneos escolares y juveniles, hasta que a inicios de la década del cuarenta pasó a engrosar las filas del MINAS DE MATAHAMBRE como torpedero regular.

Además del equipo minero, jugó en la ciudad de Pinar del Río para el UNIÓN JUVENIL RAFAEL MORALES, bajo el mando de José Joaquín Pando, un otrora buen defensor de la segunda almohadilla, quien muchos años después sería considerado el padre del pitcheo pinareño en las Series Nacionales. Pando, a quien llamábamos el Viejito, en más de una ocasión comentó favorablemente sobre la calidad del Rusito, quien con ese equipo estuvo desde 1946 hasta 1949, compitiendo en la Liga Nacional Amateur, de la Unión Atlética de Amateurs de Cuba, único club pinareño, junto al ARTEMISA, que se tituló dos veces. En 1949 el conjunto clasificó para la primera división y varios scouts se le acercaron para contratarlo en el Béisbol Organizado norteamericano, pero rechazó jugar como profesional, tenía mucho apego a la familia y a las Minas.Foto C

Por eso siempre jugó amateur, aunque en más de una ocasión se fue a las prácticas de la Liga Profesional Cubana, donde le hubiera gustado desempeñarse para lograr una plena realización. Desconocemos las causas que le impidieron engrosar el roster habanista, almendarista, cienfueguero o marianense. Presumimos que la capacidad al bate le haya jugado la mala pasada.

En Minas de Matahambre llegó a ser poco menos que un héroe, el pueblo lo quería y admiraba. Rodolfo Martínez de Osaba Amalfi (El Clavo), líder de los impulsadores en el torneo de 1955, de la Liga Popular de Cuba, cuando Matahambre se tituló campeón y fue compañero de trabajo del Rusito, recuerda: “Cuando íbamos bajando en la jaula a las profundidades del pozo, era el centro de la atención: —Oye Rusito, qué clase de bola cogiste. — ¡Tremenda nube de polvo que levantaste en segunda! —Yo no había visto un tiro así—. Lo mismo sucedía a la entrada del cine y en cualquier lugar adonde llegara. Fue, sin dudas, el más popular de todos…”

Su huella en el béisbol produjo un debate periodístico en los años setenta, cuando el investigador Ildefonso Ballart Montano dio a conocer un artículo sobre la carrera deportiva del Rusito. Entonces lo divulgó por radio y televisión el periodista y promotor cultural José Antonio Martínez de Osaba Goenaga, más conocido por Tito Osaba, junto al periodista Rubén Cortés.

El cronista Elio Menéndez se hizo eco de esos trabajos y destacó la obra de Nicolás en el periódico Juventud Rebelde, considerándolo hasta ese momento, el primer ruso que jugó pelota a escala mundial. Posteriormente, en réplica, Luis Olivares intentó demostrar que el primero había sido William Arthur Cristall (Bill), nacido en Odessa, Ucrania, el 9 de octubre de 1878, que en 1901 había jugado en las Grandes Ligas para el CLEVELAND INDIANS de la Liga Americana. Por consiguiente, era ucraniano, no ruso. Que se conozca, hasta la fecha, Nicolás Slovacevich Bozenko, o simplemente el Rusito, fue el primero nacido en aquel país que jugó pelota organizada en Cuba y, hasta que otra cosa no se sepa, el segundo a escala universal, detrás de Víctor Starffin, como vimos anteriormente.

Pero el destino impuso la última jugada en el apogeo de su carrera. Desde hacía algún tiempo, la familia le pedía desistir de trabajar debajo de la mina. Y la Compañía americana parecía decidida a buscarle un oficio menos arriesgado, en la superficie, como solía hacer con los jugadores más destacados. Solo el tiempo y el destino lo evitaron. El 25 de mayo de 1949, desoyendo los consejos de amigos y familiares que presagiaron el final, se fue al trabajo. Y fue allí, en las profundidades de la tierra, donde falleció al recostarse a un cable «vivo» de alta tensión, que provocó la consternación en todo el pueblo.

En Matahambre, desde su fundación, hubo un pito que se escuchaba en todos los rincones. Sonaba cada ocho horas para anunciar el cambio de turno de los trabajadores: a las siete de la mañana, tres de la tarde y once de la noche. Así fue sistemáticamente, hasta que ya en la Revolución se redujo la jornada laboral a seis horas, entonces se oía a las seis ante meridiano, las doce del día, seis de la tarde y doce de la noche.

Los infortunios eran frecuentes en condiciones tan difíciles de trabajo. Escuchar la intermitencia del pito era sinónimo de accidente, generalmente fatal. La voz se propagó como la pólvora: —Es el Rusito. —Y el pueblo se volcó al Pozo No. 2, hacia la Enfermería (aún no había hospital), donde otros lograron salvar la vida, por lo general con consecuencias futuras de salud. Pero fue en vano, no había vida en aquel que supo echarse a todos en el bolsillo, desde el campo corto.

Su medio hermano Pucho, hijo de Nicolás con Isolina, recuerda: “Margot y varios amigos le aconsejaron que no bajara al pozo ese día, como presagiando una desgracia. Pero él, cumplidor a cabalidad de sus obligaciones, se fue al trabajo. En uno de los pocos momentos de descanso, envuelto en agua y sudor por el insoportable calor, se sentó, puso los brazos detrás de la cabeza y los recostó a la pared donde había un cable vivo de alta tensión. No pudo expresar palabras, allí quedó pegado. Fragmacio Duarte, su amigo pelotero, trató de socorrerlo, tomó un madero y partió el cable, pero el mal estaba hecho. Varios compañeros de trabajo lo cargaron, tomaron la jaula y salieron a buscar auxilio a la superficie. Ya era tarde…”

Así dejó de existir un símbolo histórico del pueblo de Minas de Matahambre. Dicen que las casualidades se abren paso a través de las necesidades, ellas pueden llegar en buena o mala hora. Como tantas otras, esa fue inmerecida, porque si alguien debió vivir más, ese fue nuestro hombre.

Tito Osaba es el realizador del documental Nicolás Slovacevich, el ruso pelotero, seleccionado para el Festival Latinoamericano de Cine 2013, y proyectado el 4 de octubre de 2014 en el programa Béisbol de siempre, conducido por Yasel Porto en el canal Tele Rebelde. Quien estas líneas suscribe se ocupó del guión. La fotografía estuvo a cargo de Emilio Caro Reyes. Por los realizadores también corre sangre minera.

En casa, nuestro padre pelotero nos nutría con las jugadas de Nicolás. Él vio y vivió dentro de un cascarón de béisbol. Solía compararlo con Willie Miranda, el torpedero azul del Almendares, que está entre los mejores de siempre. Pero el viejo iba más allá: —El Rusito era mejor que Willie. —Y nosotros nos asombrábamos con una sentencia, que con el tiempo hemos escuchado más de una vez. ¿Mito, leyenda, amistad recíproca? De todo hay en la viña del señor, pero bueno debió ser cuando lo comparan con Willie, Germán Mesa y tantos otros.

Algunos dirán que no jugó en la Liga Profesional Cubana, ni en las Menores o Mayores, que no dejó récords para la epopeya. Y a este redactor solo se le ocurre decir que su mejor marca ha sido la de permanecer por más de seis décadas en el corazón de su querido y humilde pueblo entre colinas, donde los aficionados de hoy suelen decir: ¡Qué jugada, como las del Rusito!

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Se han publicado 18 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • EL DON APACIBLE dijo:

    Increible historia, extraordinaria triste pro apasionante

    • Kamui dijo:

      Magnífica crónica, pero me sigue sobrando la última foto, totalmente innecesaria.

  • Elio dijo:

    Excelente crónica, saí pasamos muchos a la historia popular, sin más huellas que las que se dejan en los corazones de los familiares y amigos

    • Taran dijo:

      Me gustaria que repitieran ese interesante reportaje, por ejemplo en Pantalla Documental, gracias.

  • Chikungunya dijo:

    Bonita e interesante historia la de este ruso pelotero, la vida le jugó una mala pasada, así son las cosas.

  • Dilier dijo:

    Interesante historia me he quedado sorprendido.

  • ElProfe dijo:

    El baseball es capaz de hacer grandes a los hombres, sea cual sea su origen. Esto es un ejemplo. Y pasan los años y muchos los recuerdan.
    Quiero compartir con ustedes un resumen de la actuación de la armada cubana en la Liga profesional japonesa 2014
    http://elpalcodelahistoria.wordpress.com/2014/10/15/como-le-fue-al-baseball-cubano-en-japon-resumen-15102014/

  • cubana de a pie 100% dijo:

    muy bonita la historia…me gustó mucho

  • NOLASCO dijo:

    Magnífica crónica.
    Siempre se dice que la pelota es parte de la cultura nacional.
    Crónicas como ésta, lo demuestran.

  • Rafa dijo:

    dicen los que lo conocieron que tenia tremendas manos en el SS..muy bueno aunque le debía al bate..pero bueno del lobo un pelo..este ruso era muy pero que muy bueno con el guante ..
    saludos.

  • artemiseño dijo:

    Por el pasaporte parece mas bien Bielorruso o Ucraniano

    • Aroldo dijo:

      Inteligentón en Bielorusia se habla ruso, y en Ucrania ucraniano y ruso, en qué te basas para decir que parece de alguno de esos dos países.

    • Aroldo dijo:

      Además, ese pasaporte no es de él, sólo mira el año, 1895, que es año de nacimiento, y 27, que es edad, y él ni nació en 1895, ni llegó a tener 27 años, infiero que debe ser de uno de los padres, de la madre específicamente que es la que aparece en la foto con los niños.

  • Ale FCB dijo:

    me alegromucho de que hallan dedicado un artículo a este hombre pues hace poco en beisbol de siempre si mal no recuerdo pusieron un documental de su vida en las Minas de Matahambre y me resulto muy interesante asi que bien por la publicación

  • Liomessi dijo:

    Me encantó la historia del rusito. Así pasa muchas veces en la vida que desconocemos muchas cosas acerca de personajes increíbles como la de este insigne pelotero ídolo del poblado de Minas de Matahambre. Bravo por Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga. No deja de sorprenderme con sus artículos y excelente literatura deportiva. Me he leído casi todos sus libros.
    Saludos

  • Futbol Americano dijo:

    Gran Historia

  • Rosa M. Castillo Hernández dijo:

    Martínez de Osaba, quiero comunicarle que conocí a Nadia, madre del Rusito, en la década del 80 yo era trabajadora social, me gustó mucho leer el artículo porque para mí ella siempre fue un enigma, si en algún momento por curiosidad quiere conocer algún detalle le envié mi correo, vivo en la Isla de la Juventud.

  • Jose AE dijo:

    Excelente trabajo… Muchos incognitos del beisbol que tienen tremenda historia. Pregunto le que dara descendencia, sería bueno profundizar en esto…

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Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

Juan A. Martínez de Osaba y Goenaga

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