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Nicanor Parra cumple 100 años y dice: “Es por la cueca que estoy aquí”

En este artículo: Chile, Cultura, Literatura, Nicanor Parra, Poesía
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Por Andrea Lagos

El antipoeta Nicanor Parra cumple 100 años, y en el marco de las celebraciones, dio una entrevista a El Mercurio de Valparaíso que apareció en el especial “Parra 100”, donde hizo un recuento de su larga vida. 

Estamos en la casa de Parra en Las Cruces. Detrás del antipoeta, físico y matemático hay una foto de él con sus compañeros del Internado Nacional Barros Arana. Sobre la imagen, una frase escrita a plumón por Parra: “Todas íbamos a ser reinas”. En esa foto está él también, hace muchos años. Mucho antes de que le dieran el Premio Nacional de Literatura, antes del Cervantes, antes de que lo postularan al Nobel, antes de estudiar cosmología en Oxford y mecánica avanzada en la Brown University. Antes de casarse con chilenas y pololear con suecas, antes de dar clases en Estados Unidos, antes de tomar té con Patty Nixon y que le repudiara la izquierda exquisita, antes de todas las incorrecciones que se ha mandado en un siglo completo. Ahí, en la foto está el jovencito que nació en San Fabián de Alico el 5 de septiembre de 1914 y que emigró a Santiago con una beca para niños pobres. Ése es el hijo de la costurera y del profesor tirado al litro que empezó a escribir poemas para conmover a su mamá, Clara Sandoval, que le daba cachamales si se portaba mal o se hacía el sabihondo. Ése que está en la foto es el mismo que pintó un indio pilucho y a caballo en una carnicería de su pueblo. El que se acostó con la mismísima hija del carnicero y que perdió siete cortaplumas fiadas en la pulpería. Ése es el hermano mayor de los Parra Sandoval, la familia de la Viola, del Tío Roberto, del Tío Lalo y de todos los demás. Ese niño hoy cumple 100 años. Y está como tuna, como lechuga, como lolito de 15.

– Usted está más helada que yo- dice cuando me toca y anuncia que “vamos a poner una cueca inmediatamente”.

Rosita sirve empanadas fritas de queso. Y las zampamos con hambre. Parra va impecable, de camisa blanca, pantalón color café con leche y chaleco abotonado al tono. Está contento. Hay sol y ha vivido 100 años. Sobre el sillón dejó su gorro de lana y en la mesa de centro, el Tao y un periódico del día. Mientras comemos, juguetonamente me nombra la Señorita Z. Sus amigos me explican que se refiere a una dama que Diego Portales conoció en Callao en 1822 y que creyó virgen hasta que se dio cuenta de que no.

-¿Era bonita, al menos?
-Lo único que se sabe de ella es que era desvergonzada e inmoral.

-Bueno sí, a veces somos inmorales. 
-¡Y mentirosas! La señorita Z juró que estaba virgen y no había tal. Después Portales descubrió que ya había sido prostituida (ese es el verbo que usa él) por la alta jerarquía militar de la época. Primero estuvo con el comandante Heres y después con otro capitán. Y él, Portales, ¡estaba en tercer lugar! En esa época estaba la chiva de la virginidad. Si la novia no estaba virgen, el novio tenía derecho a devolver la novia. ¡Qué tremendo! Y pensar que eso no ha desaparecido plenamente.

-Mi hermana quería llegar virgen al matrimonio.
-¡Mi nieta, la Lina Paya, igual! Lo anunció cuando tenía 11 años. Su mamá le dijo: es difícil, pero no imposible.

Lo invitamos a pasear en auto, para celebrar su cumpleaños. Rosa advierte que hay fotógrafos afuera, que hay cámaras, que ni asome la nariz. Nicanor pregunta: ¿Cómo es la cosa del cumpleaños? Y tararea: Cumpleaños feliz, que los cumplas feliz, cumpleaños, dear mother, que los cumplas feliz.

Le respondo con otra, con una de la Violeta: Mijito/ llegaste al mundo/ en hora muy principal/ hoy que es el día de tu cumpleaños, yo te vengo a celebrar/ que te pongan la mistela y la tortilla candeal/ que el día de tu cumpleaños/ es cosa muy principal.

Y Parra se ríe, se entusiasma y pide cuecas, que pongamos cuecas en el salón. Antes aclara que la Violeta “ya no es la top one de los Parra”. Que ahora es su mamá, la Clara Sandoval, que también componía: “Clara Sandoval, viuda de Parra y después viuda de Ortiz y después viuda de no sé cuánto. La Clara Sandoval, ¡señorita Z también! Pucha la payasá. Déjame ver si puedo recordar”.

Silencio. Agacha la cabeza y hace memoria frente a todos. De pronto, se larga de un zuácate: “Tenéme en tu corazón que yo te tendré en el mío/ por más que deje del verte/ no pensís del que te olvido”. Sigue con otros versos muchos, pero nadie tiene la memoria de este hombre de 100 años que pide el Ipad para que escuchemos en YouTube la canción de su madre, interpretada por “el Angelito y la Chabela”.

Se acaban las empanadas y Nicanor no ha tocado una sola. No tiene hambre porque desayunó tarde.

– Un pobre viejo siempre es un rey Lear (lo dice en alemán). O sea rey y mendigo, porque las hijas lo echaron a la calle, cuando él cometió el error de repartir la herencia en vida.

– Ese es un gran error: pasar la plata antes de morir, Nicanor.
– Y ése fue el error del rey Lear.

– Oiga, la prensa quiere averiguar cuánta plata tiene usted. 
– Díganle Lear: rey & mendigo.

Y se pone a recitar de memoria, en inglés, con fonética del siglo XVI la primera parte del Rey Lear. Su tema hoy no es la plata.

“VIEJO CULIAO”
Suenan las cuecas “apianadas”, las empanadas se acaban, el vino no.

Sale el tema del Premio Nacional de este año. Y Parra afirma que los premios, todos, son una guerra. “Sin Ester Matte Alessandri, no hay Premio Nacional para mí, porque ‘los compañeros comunistas’ decían: Parra, ¡fuera! Sólo para postular al Nobel, Bachelet escribió una carta de recomendación y fue la carta número uno”. Pero él no fue quien la pidió. Ni la pediría porque está convencido de que los favores “cuestan caro”. Le hablamos de Lagos, de que había dicho que era “su amigote”. Y él retrocede al año 2006, cuando el ex presidente presentó las Obras Completas.

-Ese día pasó algo extrañísimo. De repente se puso de pie un personaje que llevaba en la mano una botella. Y en la botella un mensaje. Avanzó, tá, tá, tá. Y puso la botella frente a mí. El mensaje decía: “Mataste la poesía, viejo culiao. Te odio”. Lo entregó y se fue.

-Jajajaja, ¿y quién sería ese anti-antipoeta?
-No sabemos. ¿Qué será de él ahora? ¿Dónde estará ese ñato? Me gustaría que apareciera.

Afuera está lleno de gente. Una pareja toca la guitarra en la cuneta. Dos mujeres traen un queque. Dos estudiantes esperan. Dos fotógrafos aguaitan. Un periodista ofrece millones. Un canal de televisión se devuelve a Santiago sin tomas. Todos quieren ver a Parra y Parra no quiere ver a nadie.

Parece un rockstar y como no le acomoda ese papel, Rosita lo esconde, lo niega, le espanta a los “paparazzi”, a los reporteros que tocan el timbre para sacarle una palabrita, una foto, un reto, un algo. Su nana propone que se esconda detrás del mesón o debajo de la escalera. A veces, cuando es mucha la jarana, pone un biombo para que el dueño de casa pueda estar en paz. Hoy Parra quiere mostrarnos, allá afuera, la biblioteca que la Lina Paya, su nieta, convirtió en pastelería. Pero la multitud no le permite salir de su propia casa.
Suspira y agarra un artefacto para evadir el auto-bombo. El papel dice: “Yo no soy ni derechista ni izquierdista” y él comenta: Las patitas ¿vio?

-No se casa con nadie, Nicanor. Y de los otros casorios ¿ahora tampoco?
-Me casé no sé cuántas veces ya. ¿Para qué más? Rosita, abramos una botella y sirvamos vino, se impone. Esta es la Gran Sangre de Toro, nada menos –dice, y se pone a cuequear con las manos sobre el cartón donde viene el vino. Al lado, con el palmoteo, rebota el Tao.

– Lo vimos en una foto del diario local, bailando cueca hace poco, en El Checo de San Antonio.
– Es por la cueca que todavía estoy aquí. A veces, listo para la foto y la Rosita pone una cueca y ¡zán! que me levanto del ataúd y me pongo a bailotear.

En seguida uno de sus amigos vierte más “sangre de toro” en vasitos verdes de vidrio con gallos tallados. A Parra le zapatea la lengua: “Casi siempre escucho cuecas apianadas, pero hoy quería oír el Arte de la fuga de Bach”, reconoce.

-¿Y ya no corre el tango con usted?
-No.

-Además en el tango hablan mucho de la mamá -reclama uno de sus amigos. 
-Madre hay una sola/ y aunque un día la olvidé/ me enseñó después la vida/que a ese amor hay que volver.

El otro compadre le dice: Yo tengo una mamá loca, ¿qué puedo hacer?
-Bueno, todas las mamás son medio locas. Esta es una frase de la mamá mía: ¿Eso le dices a tu pobre madre? ¡Tan inteligentonto que te han de ver! ¡Y zuáz!, el tapaboca.

Sobre la mesa del living, además del Tao, hay un libro gordo con varias fotos de él. En la portada aparece de perfil con un pañuelo al cuello, como actor de cine. Parece Cary Grant. Vemos más fotos. Hay una donde está bajo un sauce con un perro: el Capitán, señala.

-¿Y esta señora tan linda?
-Una novia mía sueca, era condesa.

Le tiene puesta la mano encima, como marcando territorio sobre la falda: “Cuando la conocí me dijo, ¿por qué te vas? Y yo le dije, bueno, me parece que no tengo nada que hacer acá. Estás celoso, me respondió. Y sí, parece. Porque habían llegado dos gigantes. ¡Dos vikingos rubios! Y se pusieron a hablar con ella en sueco. Yo no entendía nada y los escuché durante 15 minutos, hasta que dije: me tengo que retirar. Pesqué mi abrigo y ella me siguió y me dijo: Por qué te vas, estás celoso. A los celosos hay que decirles cómo es la cosa. Escucha, me dijo, yo tengo 22 años y me he acostado con medio Estocolmo y pienso acostarme con la otra mitad, así que si quieres te vas a la cresta o bien, nos vamos a la cámara nupcial. Y listo. Así fue”.

La cueca que suena ahora habla “de las chanchitas queridas”.

Seguimos hojeando el libro de fotos. En todas aparece como galán de película antigua. -En esa época esa era la moda. Galán de cine o nada- cuenta. Todos se mandaban a hacer la ropa a medida en sastrerías.

– Yo todavía tengo unos ternos por ahí de lanilla inglesa. Por favor. Y así había que ir al pedagógico, con camisa blanca recién planchada. Nos cambiábamos camisa todos los días. Hasta que llegó la UP y se acabó la cosa. Lo primero que hicieron los profesores y los alumnos fue tirar la corbata y el sombrero.

Pero para Parra era mejor seguir de punta en blanco, con pañuelo en el bolsillo. Afeitado, con sombrero, olorosito.

-Mire acá en esta otra foto, esa mujer ¡lo estaba afeitando con navaja! 
-Dios santo, mira lo que pasaba ahí. ¡Estaba entregado!

-Esta otra dama con dos gallinas, ¿quién es?
-La mamá del Chamaco, la Rosita Muñoz. Esas Gallinas de la Pasión eran sus regalonas.

-Aquí en esta foto está con la Violeta. ¿Qué están haciendo?
-Calentando vino navegado.

Cerramos el libro y pide un brindis. Brindamos por el siglo en sus venas y le preguntamos cómo lo hacemos nosotros para llegar también a los 100.

-Con cueca, con cueca brava no más.

LA CAMPANITA DE GINSBERG
Es tarde. La gente aún espera a Parra. Las señoras del queque siguen ahí, con su queque. Los guitarreros se fueron, los fotógrafos se fondearon y a Parra le dio hambre, así que pregunta por la comida.

-¿Rosita usted hizo porotos?
– Sí.
-¿Para todos?
– No.
– Sirva no más, aunque sea una cucharadita.
– No es la idea Don Nicanor, ¿ve que la gente puede decir que somos cicateros?

Y no sé cómo de los porotos saltamos a Allen Ginsberg, el poeta beat: “Ginsberg fue amigazo mío”, dice Parra. “Me llevó una vez a la tele. Me pagó una suma que las universidades no pagaban. ¿Por qué me llevó? Estábamos en un recital los dos y yo salí con una sorpresa. Hasta ese momento yo leía y todos los aplausos iban para Ginsberg, porque era mi traductor. O sea que yo leía ¡y los aplausos iban para él! Entonces pensé cómo dar vuelta la tortilla. Y estuve pensando esto un tiempo largo, preparándome. Hasta que ese día del recital dije: no es necesario el traductor, yo mismo diré el poema en español y en inglés. Y fue así: En su granja de Iásnaia Poliana/ vivió muchos años el conde León Nicolaievich Tolstoi/ no se afeitaba jamás, andaba siempre descalzo/ Dios lo tenga en su santo reino/ sólo comía zanahorias cruuuudaaaas./ Todo, en tono canto gregoriano. Y así seguí: Si mi querido abuelo estuviera vivo/ yo no tendría que andar pidiendo limosna/¡otro gallo muy diferente me cantaría!/ Mi enfermedad se llama encefalitis letárgicaaaa”.

-¿Y todo eso en la tele gringa?
– No, ahí me telefonearon para que me llevaran inmediatamente a la tele. Me pagaban lo que pidiera, porque eso, en aquel tiempo, no se hacía en Estados Unidos.

-Ginsberg se quedó en su casa de La Reina cuando vino a Chile. 
– El concierto lo dimos en una ex bomba bencinera, a dos cuadras de Washington Square. Ahhh, yo tengo un regalo que me hizo el Ginsberg. Rosita, ¿quieres traer la campanita? Me la trajo de la India, ahí la van a ver. Se toca y queda vibrando hasta el infinito.

Rosa trae la pequeña campana. Y bajo la vibración que ondula por todo el living Parra dice: “En una radio de Concepción le preguntaron a Ginsberg a qué había venido a Chile. La respuesta que dio no me atrevo a repetirla aquí”.

-Ginsberg era cosa seria. 
-¿Y como se llamaba el hippie que estaba a cargo de las drogas duras? –le pregunta Parra a sus dos amigos, quienes tiran varios nombres. En fin, el asunto fue que yo iba caminando y me encontré por accidente en la calle con otro astro: Jerry Rubin, el autor de Do it que había estado en Chile, en La Reina. Y me dijo, Nicanor, acompáñame. No me preguntes dónde voy, pero te lo voy a decir de todas maneras: tengo una entrevista secreta con las Panteras Negras. ¡Chupalla! Yo no entendía mucho de Panteras Negras en ese tiempo, no sabía que habían matado a unos policías en Chicago y que los andaban buscando. Y llegamos a un castillo desocupado, donde el diablo perdió el poncho. Las carreteras no tenían vuelta. Y esto no lo puedo olvidar, por lo que pasó al día siguiente. Yo ya había regresado a Manhattan. Y me llamó el decano de Columbia, donde yo tenía un taller literario y me dice: “Has arruinado tu futuro en este país, Nicanor”. ¿Por qué? ¿Cómo que por qué? Y en la primera página del The New York Times salía yo, abrazado con los Panteras Negras. ¡Y yo no recuerdo que eso haya ocurrido! ¡O eso fue un arreglo fotográfico o a lo mejor estaba borracho como piojo o estaba marihuaneado!

– Jajajaja ¡o con LSD! 
– “You ruined your future in this country”, fue la sentencia. Y colgó. Y una semana más tarde recibí una llamada de un Departamento de Estado, diciéndome que mi visa estaba vencida y que el pasaporte que yo tenía había perdido validez. Y todo estaba con una letra grandota que decía: Sospechoso. Entonces arreglé mis maletas. Y en seguida recibí otro llamado. Un filósofo del ecologismo me decía que sabía que volvería a Chile y que me llamaba para que no me fuera. “Yo sé por qué te lo digo. Hay cosas que van a pasar ahí y tú no debes estar”. Se refería al golpe militar. Pero yo tenía que volver, si era profesor de la universidad. Así que volví. A los dos o tres días, bombardeo de La Moneda y lo demás, ustedes lo conocen mejor que yo.

Hemos estado toda la tarde con Nicanor. Antes de partir a la capital, el antipoeta le pide a uno de sus amigos que le haga partir el Volkswagen que tiene afuera estacionado. Le preguntamos por una micro de la misma marca que tenía hace algunos años. Cuenta que lo dejó en un cementerio de autos junto a media docena de escarabajos. Nunca compró otro tipo de auto, siempre escarabajos. Toca la campanita de nuevo. Suena como una misa antigua en ese silencio sacrosanto de Las Cruces. Los amigos hablan trivialidades como todos los amigos. Le preguntamos por el temblor fuerte que hubo en la zona. ¿Qué hizo? ¿Hacia dónde corrió? Nada hizo. Sólo se quedó en la cama. Y dice que es lo mejor que se puede hacer: nada.
-Yo ya estoy curtido, viví el terremoto de Chillán. Esta casa es muy segura, aunque la casa del frente se puede caer encima.

Esa mansión, la del frente, le trae recuerdos:
-Estaba alhajada estilo cuico del siglo no sé cuánto. La iba a comprar pero me asusté porque yo no estaba para palacio. Así que me fui y miré para el frente y esta casa decía: ¡Se vende!

Pero habían ocupas. Y él no sabía qué diantres eran los ocupas. Pensaba que por haber comprado tenían que irse por obra y gracia del Espíritu Santo. Pero no, los ocupas no se iban de la casa.
-Al final, ellos mismos incendiaron la torre porque yo no supe como tratarlos. La incendiaron de pica. Con eso aprendí y ahora soy amigo de los ocupas.
Vuelve su compadre a entregarle las llaves y le comunica que los neumáticos están desinflados, que le robaron los espejos y que el escarabajo plateado no anda. Parra ni se aproblema:

-Hay que esperar al Tsunami, el hijo del Chamaco. Ése lo arregla todo con el Ipad. Nosotros los analógicos no existimos para él, no sabemos nada, sabemos menos que Internet. Somos antiguallas del siglo XX. Pero está bien lo que pasó porque si no funciona esta llave, puede que funcione esta otra.

-¿Usted maneja aún?
-No me atrevo fuera del barrio. A la esquina sí. Un día traté de entrar a la carretera y ayayai. Cerré los ojos no más. Ya no se puede depender de un Volkswagen del año del cuete. Qué más querés que te diga che papusa. Good bye Picadilly, Good bye Farewell Leicester Square. Esa es la canción de los soldados escoceses que cantan esa canción antes de partir, dice Parra y pide que le dejen las cuecas sonando a todo vuelo. Parra está cansado, pero las señoras aún están afuera. Dice que pueden pasar cinco minutos, pero con el queque.

(Tomado de Soy Chile)

Nicanor Parra con Silvio Rodríguez. Foto: Segunda Cita.

Nicanor Parra con Silvio Rodríguez. Foto: Segunda Cita.

El hombre que está a mi lado
tiene 100 años y un día,
y siendo antipoesía
no parece demasiado.
No alcanzo a dejar fijado
lo que tanto significa,
más allá de lo que explica
la simple y llana evidencia
de que lo escrito con ciencia
la vida lo certifica.

(De Silvio Rodríguez a Nicanor Parra. Tomado de Segunda Cita)

Frases de Don Nicanor:

Nicanor Parra

Nicanor Parra

“Hay dos panes. Usted se come dos. Yo ninguno. Consumo promedio: un pan por persona.”

“Creemos ser país y la verdad es que somos apenas paisaje”

“USA, donde la libertad es una estatua”

“El que lava los platos tiene que ser una persona culta, de lo contrario quedan peor que antes”

“¿Marxista?… No, ateo, gracias a Dios”

“¡Para qué hemos nacido como hombres, si nos dan una muerte de animales”

“La muerte es un hábito colectivo”.

“Cordero de Dios que lavas los pecados del mundo, dime cuántas manzanas hay en el paraíso terrenal”.

“Para ser Presidente hay que ser escupido previamente”

“La izquierda y la derecha unidas jamás serán vencidas”

http://www.13.cl/t13/espectaculos/10-frases-inolvidables-de-nicanor-parra

 

Se han publicado 5 comentarios



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  • 1 + QUE ESCRIBE dijo:

    ESTE HOMBRE ES DE LO IMPRESCINDIBLES……………..
    GRACIAS POR EXISTIR Y POR TAN BELLAS FRASES ………

    • Juan Bautista Gatica dijo:

      Bertolt Brecht no habría pensado , ni por un instante en Parra…

      Juan Bautista
      Santiago de Chile

  • Juan Bautista Gatica dijo:

    Las payasadas están bien en los circos…
    Como dice un amigo, Parra, como poeta, es un excelente ingeniero…

    Juan Bautista
    Santiago de Chile
    Suramérica

  • hugo angulo dijo:

    No habla el hombre…lo hace el Venerable Anciano. Sabiduría chilena…..

  • luis dijo:

    sumatoria de parras igual a chicha fresca .

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