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Al encuentro del joven Caturla (+ Video)

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Alejandro García Caturla

Alejandro García Caturla

La buena amiga Iddia Veitía, asidua lectora de estas cosas que escribo, en uno de los breves intercambios semanales que sostenemos me adjuntaba una serie de artículos que -a manera de dossier– ponían sobre el tapete a Alejandro García Caturla. Se trataba de una supuesta coincidencia que vino en nuestro auxilio: noviembre hubiera tocado a su fin sin que nos asomáramos, de alguna humana manera, a la imagen de este músico que, exactamente setenta años atrás, fuera asesinado en su natal Remedios por haber mantenido, en su carácter de juez de la localidad, una actitud intransigente ante el delito.

Se ha hablado mucho acerca de su integridad como ser humano, acerca de la altura que alcanzó como compositor, además de sus brillantes dotes como ejecutante de varios instrumentos; acerca de su actitud emprendedora que lo llevó a fundar más de una agrupación instrumental; de su lucidez para abordar la crónica y la crítica musical; de su nobleza como ser humano así como también su especial sentido del humor. Son tantos los atributos que el nombre de Alejandro García Caturla convoca, que no se nos ocurre hacer un alto en cada uno de los episodios plasmados en las diferentes cronologías o en los muy encomiables textos de carácter crítico o biográfico publicados por diversos autores –a la cabeza de los cuales figura María Antonieta  Henríquez– para, más allá de admirar o reconocer al genio,  apreciar de cerca la dimensión del joven que fue.

Dicen que, desde el piano, derramaba a torrentes su poder de improvisación y su sentido dramático en  comentarios de fondo a las películas silentes que se proyectaban en incontables cines de la capital. De esa manera se esforzaba por ganar el sustento para no ser una carga demasiado pesada a la familia durante los tiempos en que cursaba estudios de Derecho en la Universidad de La Habana. Había llegado a esta ciudad en el año 1922, a la edad de 16 años. Las más significativas luchas  cívicas emprendidas por los jóvenes de su tiempo le vieron incorporarse a sus filas, en la misma medida en que tocaba su piano en los cines o en los bailes, o bien dirigía su pequeña y singular jazz band;  a la vez que concebía deliciosos danzones y también ocupaba, como segundo violín, un atril en la Orquesta Sinfónica bajo la batuta de Gonzalo Roig o , más tarde, integraba la Orquesta Filarmónica de La Habana coincidiendo, en su sección de cuerdas, con otro joven muy talentoso, un poco mayor que él: Amadeo Roldán.

El joven Alejandro García Caturla

El joven Alejandro García Caturla

Lo vemos hecho un mar de letras sobre las páginas de las más diversas publicaciones donde se le elogia con justicia o se le llora con verdadero desconsuelo y, a veces, nos parece que fue un señor de cuello y corbata y se nos escapa el muchacho a quien, seguramente, hubiéramos querido invitar al homenaje a Ñico Rojas efectuado el pasado martes en el Museo Nacional de la Música.  Nadie puede decirnos que de no habérnoslo arrebatado la fatalidad, en noviembre de 1940, un par de años después habría estado admirando las canciones, los boleros, mambos y guarachas de los muchachos del feeling, tan cercanas al jazz; yo me imagino un mano a mano danzonero en Santos Suárez entre Frank Emilio y el joven Alejandro y pienso que, con toda seguridad, se habría fanatizado con Arcaño y sus maravillas. Más de una vez, he imaginado una coincidencia suya con Juan Pablo Miranda, nacido, al igual que él, en 1906 y también danzonero. Todavía, a estas alturas, sigo pensando en lo mucho que habría disfrutado algunos boleros de este grandísimo autor, como Mil congojas, Seguiré sin ti o ¡Qué difícil! Releo con gusto el testimonio de Isolina Carrillo –solo un añito menor que él– con quien trabara una amistad profunda y un verdadero intercambio de igual a igual en los trajines de animación por los cines de La Habana; miro, en fin, las fotos del joven Alejandro García Caturla, y me dispongo a apreciar su legado con el buen sabor y la convicción de que jamás será letra muerta.

Almendares, 28 de noviembre de 2010

Canto de los cafetales

El Coro Exaudi, dirigido por Maria Felicia Pérez, interpreta el “Canto de los cafetales”, de Alejandro García Caturla, en el certamen de masas corales de Tolosa 2008.

Se han publicado 3 comentarios



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  • Enmanuel Castells (Cuba) dijo:

    La segunda parte de esta crónica, la que empieza debajo de la foto del joven Alejandro, es diametralmente espectacular, fabulosa y algún que otro adjetivo tremendista que me sale (o me sacan) del alma. Si bien la historia es historia y hay que contarla y respetarla tal y como suceden los hechos, yo celebro esa licencia respetuosa que nos da la fantasía para crear la ficción de la escritura más seria del mundo.
    Eso tiene la segunda parte de esta crónica que muestra, además en su primera parte, el torbelino de genialidades que acompañaron a este hombre singular en su muy corta vida terrenal.
    Verdad que hubiera sido hasta hermoso verlo envuelto en todos los trajines espirituales que da el arte y su constante busqueda de la música bella, del enriquecimiento que da el mundo del pentagrama, codeado, rodeado y admirado de todos los que después le sucedieron.
    Y la muerte, ah…siempre con su halo de majestad misteriosa, arrebatando la luz y la impronta de un hombre a quien Dios puso en la Tierra solo para la belleza y la justicia.
    Yo pienso en ese minuto final en que uno le ve el rostro a la muerte y en fracciones de segundos pasan tantas cosas por la mente (si es que da tiempo a pensar y a que pasen) y me imagino cómo ha de haber sido ese impacto en la vida de un hombre de esa riqueza humana.
    Ah, y por qué no Marta Valdés?: Entre los autores que Alejandro García Caturla se hubiera quedado maravillado, encantado y seducido estás tú, aunque para entonces tú solo tuvieras 6 años cuando la parca se lo llevó en su viaje a la inmortalidad. Quién quita y en otro Parnaso te conozca y te celebre
    Sigue escribiendo, no dejes de hacerlo, siguenos convocando desde tus hondas y sentidas Palabras, domingo a domingo
    Larga vida señora mía, con afecto:
    Enmanuel Castells (Cuba)

  • iddia Veitía Gómez dijo:

    Cuando mi madre por primera vez que paró delante el conservatorio, me dijo con esa fuerza y zafiedad que la caracterizaban: -¡FÍJATE BIEN! Hubieras podido estar también en “AMADEO”, pero yo creo que este señor se parece más a nuestra familia.
    Sospecho que ya ella presentía que viviría tan poco como el músico, y que cómo él nunca sabría el legado que nos dejan.
    Gracias Marta, mire usted todo lo bueno que produce ser asidua admiradora de lo que hace.

  • Jaime Àlvarez Silva dijo:

    Con mucho agrado he leido este artìculo de Don Alejandro Garcia Caturla las palabras impresa en este artìculo son simples y emotivas que hacen que el lector se transporte a esos eventos felicito muy cordialmente a la Sra o Srta. Marta Valdès por conseguir ese efecto en la lectura al hacerla muy amena y recordatoria.
    Saludos desde Chile Viña del Mar
    Jaime Àlvarez Silva

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Marta Valdés

La Habana, 1934. Compositora, guitarrista e intérprete de sus obras. En 1955 se inició como compositora con su canción “Palabras”. La autora ha basado sus creaciones en géneros como el bolero y la canción dentro del estilo “feeling”. Entre los intérpretes de su obra se encuentran Elena Burke, Doris de la Torre, Bola de Nieve, Cheo Feliciano, Reneé Barrios y, más recientemente, prestigiosos artistas suramericanos y españoles que se han sumado a esta lista.

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