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Haitianos ven señales de vida y amor en medio de la devastación

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Marie Neslene Leon es felicitada por amigos y familiares después de su boda en frente de la destruida catedral de Notre Dame de Haití en el centro de Puerto Príncipe el domingo 28 de febrero de 2010. (AP Foto/Esteban Felix)

Marie Neslene Leon es felicitada por amigos y familiares después de su boda en frente de la destruida catedral de Notre Dame de Haití en el centro de Puerto Príncipe el domingo 28 de febrero de 2010. (AP Foto/Esteban Felix)

Su casa es una montaña de escombros, su iglesia está en ruinas y su alcoba de luna de miel es una carpa compartida con ocho familiares.

Pero Emmanuel Beauzile y Mary Leon encontraron bastantes motivos para celebrar mientras se daban el “sí” bajo una lona azul en las ruinas de la capital de Haití.

“Estamos todavía aquí”, dijo Beauzile. “No importa cuál sea la situación, vamos a estar juntos“.

La pareja se casó a la sombra de la Catedral de Nuestra Señora de Haití, donde asistían a misa y la novia cantaba en el coro antes de que el terremoto derrumbara el techo y dos costados.

La ocasión no fue del todo jubilosa: era difícil no pensar en los que hubieran asistido en caso de haber sobrevivido al terremoto, pero la ceremonia ya se había aplazado una vez, y los novios pensaron que era importante seguir adelante.

Es difícil exagerar la devastación del terremoto del 12 de enero. Mató aproximadamente a 230 000 personas y forzó a 1,2 millones más a dejar sus hogares.

Durante las pasadas siete semanas, la vida ordinaria se había detenido casi por completo. La vida de casi todos estaba vuelta patas arriba y el dolor era universal. Pero señales de normalidad están comenzando a brotar.

Las escuelas en la capital están todavía cerradas, pero al menos una emprendedora mujer de negocios da clases en tiendas de campaña. Se perdieron un número incalculable de negocios, pero los nuevos -desde salones de belleza hasta puestos que cargan baterías de teléfonos celulares- han surgido en los campamentos para servir a los nuevos damnificados. Los vuelos comerciales llegan al aeropuerto de Puerto Príncipe – y la banda tradicional de trovadores está de regreso para recibir a la gente en la sala de llegadas.

Algunos dicen que estos pequeños pasos son importantes para reconfortar a la gente que ha perdido tanto.

Alzire Rocourt, una cantante y maestra de música, ve esperanza en los ensayos del coro ahora efectuados dos veces por semana en el patio de su casa. Los estudiantes de dos escuelas católicas, varios de ellos perdieron a sus padres y amigos, querían regresar a la rutina de dos ensayos semanales. Pero no tenían otro lugar para reunirse.

“Cantar para ellos es consuelo. Es lo que les gusta hacer”, dijo Rocourt. “Encuentran su equilibrio en el canto”.

Beauzile, de 33 años de edad, y Leon, de 30, lograron reunir varios accesorios de una boda típica
. Ella portó un vestido totalmente blanco con guantes del mismo color que le llegaban hasta los codos. Él utilizó un traje gris oscuro. Hubo varios cientos de invitados. Decenas de personas que pasaban por la zona observaron desde arriba de los escombros en las calles polvorientas del centro. Los invitados cantaron himnos acompañados por un solitario tambor.

Leon dijo que intentó infructuosamente no pensar acerca de aquellos que no pudieron estar en la ceremonia, incluyendo dos compañeros cantantes en el coro, porque habían muerto en el terremoto.

“Estaba feliz y triste al mismo tiempo, porque tenía amigos quienes se suponía estarían ahí”, dijo Leon.

(Con información de AP)

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