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En Fotos, la infancia del héroe Gerardo

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Por Rouslyn Navia Jordán

¿Cuánto recordamos del niño que fuimos? ¿Cuántas chiquilladas aún subyacen con uno aunque pase el tiempo? En homenaje a su cumpleaños, les proponemos el testimonio de Gerardo Hernández Nordelo, aquel muchacho que en su natal Arroyo Naranjo capitalino aprendió a jugar pelota y cometió más de una travesura en sus años de infancia

gerardo niño

Con el perrito Boby, en el portal de su casa. Aproximadamente a los 6 años de edad. Fuente: Cortesía de Adriana Pérez O´Connor

Gerardo es un narrador increíble. Con su permanente sentido del humor y su modo optimista de asumir la vida, siempre logra atrapar por su manera de contar las cosas, con ese tono jocoso típico del cubano sencillo. Y es que este hombre, sobre el que pesan penosas e injustas condenas, sigue siendo también aquel niño de Arroyo Naranjo que amaba jugar pelota y cometía alguna que otra travesura.

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Junto a su hermana, a la edad de 6 años.

“Al igual que Adriana nací en el hospital materno de 10 de Octubre, en Luyanó, más conocido entonces como Hijas de Galicia. Del hospital fui directo para el Reparto Alcázar, en Arroyo Naranjo, y de allí no salí hasta que nos casamos. Luego de un tiempo, mi papá se enfermó y regresé con Adriana a vivir allí de nuevo.

“El Alcázar es un reparto pequeño y no tan conocido como algunos de los barrios con los que limita. Sin embargo, me crié con un concepto de “barrio” bastante elástico. Mi casa era la última de la Avenida Norte, a la que solo alguien que haya “perdido el Norte” le llamaría Avenida. Hace poco la asfaltaron y ya, al menos, parece una calle”.

Aproximadamente con 7 años, en su barrio natal, el Alcázar.

Aproximadamente con 7 años, en su barrio natal, el Alcázar.

“Desde la casa, con solo unos pasos, ya se está en el reparto Vieja Linda, y también, en dirección contraria, quedan muy cerca el Rosario, el Capri, la Güinera. Por eso a veces, cuando alguien me preguntaba de dónde era, mencionaba cualquiera de esos barrios, o simplemente decía que de Arroyo Naranjo. En ese municipio cursé todos los niveles de enseñanza hasta que ingresé en la universidad, en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI).

“A pesar de ser tan chiquito y casi desconocido, allí vivieron personas muy conocidas. Temo que se me quede alguien, pero podría mencionar a Vicente de La O, médico de la Columna 8 del Che, cuya foto de guerrillero atendiendo a un campesino aparecía en el libro de historia de sexto grado. También el escritor Manuel Cofiño vivió un tiempo allí, el periodista Grabaloza, la familia Urfé, de músicos; la familia Noda, uno de cuyos miembros era judoca. Aunque no lo he confirmado creo que es Justo Noda, el entrenador del equipo nacional masculino. Para ser un reparto tan pequeño, ha tenido muchos vecinos “famosos”. Me gustaría que un día Ciro Bianchi escribiera algo sobre la historia de esa zona de Arroyo Naranjo, porque no conozco mucho al respecto.

“El Alcázar es un reparto muy pintoresco, me crié en un ambiente de muchos contrastes. Sin dejar de ser un barrio “de ciudad”, se podían ver cosas propias del campo, como un vecino pastoreando sus vacas o sus chivos, otro atendiendo sus colmenas de abejas, peleando gallos, o haciendo carbón vegetal. Además, en los huecos de mi “avenida” había pececitos y camaroncitos ¿De dónde salían? No me pregunten, pero tengo a todos mis vecinos de testigos”.

Alrededor de 1978, en el portal de la casa.

Alrededor de 1978, en el portal de la casa.

Los vecinos nos llevábamos como una gran familia. Las broncas eran algo muy raro. En mi casa siempre hubo perros y gallinas, y durante un tiempo criamos conejos. Otras veces hubo al menos un puerco, carneros, un chivo, patos, jicoteas… Puedo decir que me crié en contacto con la naturaleza, y eso me marcó de tal manera que no me gustan mucho las urbes. Me encantan el campo, los animales y las plantas. Aunque Adriana y yo vivimos ahora en otro lugar, mi familia, que ha ido creciendo, se mantiene casi toda allí, y trato siempre de estar al tanto de lo que ocurre en el barrio. Sé que algunas cosas han cambiado bastante, pero otras no tanto”.

LOS JUEGOS PREFERIDOS

“Lo que más me gustaba jugar era pelota. Frente a la casa había un terreno grande donde marcábamos las bases y echábamos algunos “pitenes”. Un “pitén” era lo que en otros lugares llaman “un piquete”. “Echar un piten” era jugar un juego de pelota, donde se pudiera y con lo que se consiguiera. La “brigada de mantenimiento” para la grama eran las vacas y chivos de los vecinos, aunque a veces el marabú nos ganaba y teníamos que dar tremendo machete. Allí solíamos jugar hasta que ya la pelota no se veía de tanta oscuridad. Estoy hablando de pelotas forradas con esparadrapo y bates que a veces eran cortados con machete del mismo marabú o de otros troncos de árboles”.

En 1977, cursando el 6to grado.

En 1977, cursando el 6to grado.

“En los pitenes del barrio siempre jugaba, pero a veces había encuentros más “importantes” para los que venían equipos de otras zonas. Y cada vez que yo me aparecía en un juego de esos, era el más virado para atrás, porque como era malo, no me dejaban jugar. Cuando más, me ponían de segundo receptor, o sea, detrás del cátcher, para agarrar las pelotas que se fueran. Pero eso sí: ¡era un buen segundo cátcher!

“Me gustaba mucho montar bicicletas. Recuerdo que la primera me la compraron de uso y tenía que estar siempre arreglándole algo. Las bolas, los trompos y los papalotes también se ponían de moda por etapas, pero después de la pelota, el juego más popular era algo muy característico del barrio: saltar guaguas. Resulta que en Alcázar estaba lo que se conocía como “el rastro” o “el cementerio de las guaguas”, a donde llevaban estos vehículos ya viejos para desarmarlos y fundirlos, pero se pasaban años allí.

“Estoy hablando de decenas de guaguas viejas dispersas entre el marabú, colocadas muy juntas para ahorrar espacio. Entonces los muchachos nos subíamos a los techos y saltábamos de una guagua para la otra. Algunos saltos eran bastante arriesgados porque había guaguas que no estaban tan pegadas, y no fueron pocos los accidentes. Por el peligro, y porque cada vez que mi mamá me agarraba en eso me castigaba, tengo que confesar que la mayoría de las veces me limitaba a observar a los saltadores desde abajo.

“Otro entretenimiento muy popular entre los muchachos del barrio, y hoy me avergüenza confesarlo, era cazar lagartijas. No dudo de que, sin plena conciencia de lo que hacíamos, hayamos causado algún daño ecológico con aquellas matanzas. Algunas veces lo hacíamos solo para ver quién cazaba más lagartijas, otras para echarlas a pelear, y otras para cazar arañas usándolas como carnada. Con el mismo lacito que hacíamos con una yerba, cuyo nombre ahora no recuerdo, enganchábamos la lagartija, y después la metíamos en la cueva de la araña. Cuando esta mordía la lagartija, la sacábamos. ¡Pobres lagartijas!”

En 1977, cursando el 6to grado.

En 1977, cursando el 6to grado.

“De lo otro que me arrepentí después, ya grande, fue de haber pasado bastante tiempo con tirapiedras cazando pajaritos. No solo es peligroso, y hubo varias cabezas partidas, sino que realmente era un abuso. Por eso, siempre que tengo oportunidad, les recomiendo a los niños que busquen entretenimientos más sanos, que no hagan daño a nuestros animalitos. Es bueno ver cómo se les puede ayudar, alimentándolos y construyéndoles nidos. Sé que hay especies que han sufrido mucho por la acción de las personas, y es algo en lo que se debe educar a los niños desde bien pequeños”.

VIEJOS RECUERDOS

En el Parque Lenin el 8 de enero de 1977

En el Parque Lenin el 8 de enero de 1977

“Nunca me había detenido a pensar en eso, pero creo que las memorias más antiguas que tengo de mi infancia tienen que ver con las guaguas. Resulta que cada vez que me montaban en una guagua me mareaba y vomitaba. A mi mamá le recomendaron todo tipo de remedios, incluyendo que me hiciera chupar un limón, y ella llevaba uno en la cartera cuando salíamos. Lo que mejor funcionó fue una pastillita que le decían Gravinol, que tenía que tomármela siempre que íbamos a hacer un viaje. Aun así, hice pasar más de una pena a mis padres vomitándole encima a alguien en una guagua llena. Tengo una imagen muy bien grabada de mi papá ofreciéndole el pañuelo a un señor después de yo haberlo salpicado.

“También recuerdo que por un problema que tenía en mis pies me mandaron unos zapaticos ortopédicos que llevaban hasta unas varillas de hierro que se sujetaban a las piernas. Para eso mi mamá tuvo que llevarme varias veces a Miramar, y en una de esas ocasiones la guagua en la que íbamos cogió candela y todo el mundo tuvo que bajarse corriendo. Lo más probable es que haya sido algo sin consecuencias, pero para mí que era un niño, ver aquel humo y el corre-corre para bajarse, fue algo impactante, al punto de que llegué a tenerles miedo a las guaguas. Y eso que todavía no se habían inventado los ‘camellos'”.

A los 12 o 13 años.

A los 12 o 13 años.

(Tomado de Soy Cuba)

Se han publicado 8 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • el jose dijo:

    con tanta propaganda a ratos se nos olvida que son humanos…..

  • MARBELLA M dijo:

    SALUDOS COMO SIEMPRE A NUESTRO PUEBLO CUBANO… ME ENTRISTESE LEER ESTOS PARRAFOS DE HISTORIAS SANAS Y NATURALES… DONDE EL EGOISMO DEL IMPERIO NO PUEDE NI PODRA ENTENDER JAMAS… NO PIERDO LA FE EN DIOS EL ARA LA DIVINA JUSTICIA… VENCEREMOS Y SEGUIREMOS EN LA LUCHA UNIDOS… “CUBA LA BATALLADORA CUBA”

  • ROSQUETE dijo:

    MAGNÍFICO, QUE SE REPITAN ARTÍCULOS COMO ESTE. NOS PARECE ESTAR JUNTO A ELLOS EN EL TIEMPO

  • claudinha dijo:

    ¿En qué estaría pensando Gerardo cuándo le tomaron esas fotografías, aún niño despreocupado, ingenuo…? Lo más probable es no imaginara siquiera que se convertiría en un héroe del pueblo…Con trabajos como estos los sentimos tan cerca…

  • Leo dijo:

    Gerardo:No sé si en algún momento leerás cubadebate, si tienen esa posibilidad, pero de todos modos he querido hacer este comentario. Me conmueve mucho leer esas crónicas de tu infancia y quizás porque encuentro un parecido asombroso con mis años infantiles, ya tengo 42. Até lagartijas con lazos de corricán, como dicen acá en el campo a las soguitas esas que eran medio peludas, también me arrepentí; hoy disfruto como ejercen su naturaleza cazando moscas. Los pajaritos que murieron por mi culpa fueron muchos, me arrepiento al extremo de aún pensar en eso. Fui malo en la pelota, alguito mejor en el fútbol que ya entonces nos vino vía Maradona, Mexico 86. Todos los remedios para contener el vómito en las guaguas fueron aplicados por mi madre: el limón, al papel amarillo, la peseta, entre tantos. Yo si vivo mucho más cerca del campo, en Venegas, Sancti Spíritus, donde sé que estuviste en tus años de Universidad creo, si mal no recuerdo de las muchas cosas que he leído de ti y del resto de los Cinco, fue en Fomento, en el Escambray. Me has hecho recordar mucho mi infancia y comprobar una vez más que fuiste como tantos niños de esta tierra, como tantos jóvenes, que en ningún momento fuiste entrenado para matar, que ese arrepentimiento que manifiestas de tus desatinos infantiles, que quitaron alguna vez la vida a un animalito, es la muestra más tierna de tu inocencia. Con mi madre tengo una deuda respecto a Tony, ella a sus 77 años vive enamorada de él, desde hace mucho busca su dirección para escribirle y de algún modo me ha hecho responsable de ello, no he podido complacerla aún. Si por este medio alguien me la pudiera hacer llegar, pues no sé si leerás esto, lo agradecería. Un abrazo donde estés. Leonel, profesor de Filosofía de la Universidad de Ciencias Médicas de Sancti Spíritus. Correo: pupo@ucm.ssp.sld.cu

  • polovcl dijo:

    sigue la lucha aqui te esperamos.

  • lisy dijo:

    que alegria me da cada articulo que sale haciendo referenca a Gerardo. Y muy emocionada porque en mi primaria en Camaguey yo tambien estaba en 6to B, asi que estoy henchida de orgullo. un beso grande para gerardo y sus niñas

  • YUS dijo:

    Que alegría siento vivir solo a una cuadra de donde nació y pasó la mayor parte de su infancia Gerardo. Igual a pesar de ser más joven que él y ser una muchacha jugaba con las lagartijas, igual me subía en el cementerio de guaguas que hoy es una microbrigada. La verdad es maravilloso y lo cierto es que cada vez que paso por esa cuadra me quedo mirando la casa con mucho orgullo.

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