Tea Party
Opinión »
Son los primeros disparos claros de la nueva etapa de la contrarreforma y la contrarrevolución a escala global con que soñaron un día los que ficharon, organizaron, financiaron auparon y promovieron hasta el borde delantero de la política norteamericana y mundial a unos neoconservadores que tanto nos recuerdan por estos días a otros trasnochados que se reunía a soñar con el mismo objetivo, en las cervecerías del Munich, concluida la Primera Guerra Mundial.
Opinión »
En este mismo mes de febrero acaba de tener lugar lo inevitable. Después de la alharaca de Nashville, de donde emergió un pomposo Tea Party Movement, reunido bajo un mar de banderitas patrióticas y los bellos ojos de esa mediocre Barbie del conservatismo bronco que es Sarah Palin, una "amplia coalición de líderes conservadores, representantes de sus ramas fiscal, cultural, social y relacionada con los asuntos de la seguridad nacional", o sea, del conservatismo de salón, se reunió el pasado día 17 bajo la ceñuda mirada de Edwin J. Feulner, Presidente de Heritage Foundation, para endilgarle a la nación, y »
Opinión »
El conservatismo tradicional no liga con las doctrinas y prácticas políticas que pregonen la participación activa del pueblo en la vida social. Siempre que se trata de conservar algo, ello remite, por necesidad, a una supuesta Edad Dorada dejada atrás por los extravíos de la razón modernista, y por lo que de nocivo para las jerarquías inmutables trae siempre consigo la avalancha de las masas en los escenarios que antes le estaban vedados.
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El mito insurgente del Boston Tea Party ha vuelto encarnado en un movimiento reaccionario que crece y se extiende por gran parte del país en nuestros días. Un interesante fenómeno que, más allá de su inmediato impacto en las agendas del poder, resulta útil para trazar el mapa de los malestares en Estados Unidos, al tiempo que nos recuerda el vigoroso estado de salud del que goza la estupidez en el país de las barras y las estrellas.
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Sarah Palin, ídolo de muchos conservadores de Estados Unidos, usó un truco digno de sus hijos para pasar la "prueba" de una sesión de preguntas y respuestas este fin de semana: se apuntó pistas en la mano. En este caso las palabras "energía", "impuestos" y "elevar el espíritu estadounidense". También se veía escrito "cortes presupuestarios", con la palabra presupuestarios tachada. Lo malo es que, aparentemente, de lo que ella quería acordarse era de los principios que defiende.
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No es sólo un juego. Lo que lo vuelve más serio es que es una ventana a lo que es un creciente, cada vez más poderoso y diverso movimiento de base ultraconservador en Estados Unidos que ya provoca preocupación a las cúpulas y hasta impacto político nacional. Aunque los diseñadores del juego anuncian que es sólo entretenimiento lleno de acción con un tono satírico, advierten que "si los eventos actuales continúan transpirando así, entonces el golpe de Obama 2011 podría, en los hechos, convertirse en un capítulo oscuro de la historia estadounidense".
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