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Medicina Natural y Tradicional: Plantas medicinales y embarazo

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El uso de las plantas medicinales y sus productos derivados, más que una práctica ancestral, constituye en la actualidad una opción terapéutica para muchos en el mundo moderno. En ocasiones es la primera o única terapia a la que se tiene acceso en países o regiones donde la cobertura sanitaria es insuficiente, pero también su demanda se ha incrementado en países desarrollados, sobre todo por aquellas personas que buscan métodos más naturales de cuidar la salud.

Durante dos semanas esta columna de Salud desde lo natural ha abordado la problemática del uso de las plantas medicinales por grupos especiales de población, específicamente por los niños y las mujeres que lactan. Hoy completamos la trilogía y haremos referencia al mismo tema, pero enfocándonos en el caso especial de la mujer embarazada.

Aquí la asociación de lo "natural" con lo "inocuo" representa una premisa que definitivamente puede implicar riesgos. Con el consumo de plantas medicinales en esta etapa es posible que se generen daños a partir de principios activos que estimulan las contracciones uterinas o que atraviesan la barrera placentaria. Ya sea un aborto o parto pretérmino en el primer caso, o malformaciones congénitas en el segundo, los efectos de las plantas medicinales sobre la mujer embarazada y el producto de la gestación pueden en algunos casos conducir a graves trastornos.

De forma general, los riesgos de la fitoterapia durante estos nueve meses incluyen:

  • Efectos oxitócicos y estimulantes uterinos: Existen principios activos que provocan contracciones uterinas prematuras, pudiéndose así desencadenar abortos espontáneos en el primer trimestre o partos pretérmino en el segundo y tercer trimestre. La menta poleo (Mentha pulegium), por ejemplo, provoca este tipo de efectos.
  • Teratogénesis y genotoxicidad: Los compuestos químicos presenten en las plantas también pueden dañar el ADN celular del embrión o feto, así como favorecer la aparición de malformaciones congénitas. El cundeamor (Momordica charantia) es una especie con evidencias experimentales de que puede provocar daños genéticos y malformaciones congénitas.

Además de lo anterior, algunas plantas medicinales provocan toxicidad hepática y renal, o afectan la absorción de alimentos y suplementos nutricionales como el ácido fólico y el hierro. Todo esto repercute de manera negativa en la salud de la madre, del feto o de ambos, en el peor de los casos.

Sin embargo, esto no significa que la fitoterapia esté absolutamente contraindicada durante el embarazo. Lo primero es que hay especies que se consumen de forma habitual como parte de la dieta, a dosis no necesariamente terapéuticas. El ají, el ajo, la cebolla, el orégano francés y el perejil son algunas de ellas.

Por otro lado, hay plantas que tienen bien estudiadas su seguridad a dosis terapéuticas y se emplean en el tratamiento de afecciones específicas. Un buen ejemplo es el del jengibre (Zingiber officinale), que se indica para controlar las náuseas y vómitos del embarazo. Por supuesto, la dosis siempre va a ser importante en estos casos y para el rizoma de jengibre seco, que se consume en decocción, no se debe superar la cantidad de un gramo al día. Otra especie que también resulta útil y segura es la moringa (Moringa oleifera), que por su valor nutricional impacta en el control de la anemia gestacional y contribuye a la ganancia de peso de la madre y el feto. Los resultados de varios ensayos clínicos con dosis de dos gramos diarios del polvo de la hoja de esta planta corroboran tal recomendación.

Comprender el equilibrio entre los beneficios terapéuticos y los riesgos toxicológicos de las plantas medicinales es fundamental para proteger la salud de la embarazada y el desarrollo fetal. Quizás sea durante la gestación donde mejor convenga aconsejar que para iniciar la ingesta de infusiones u otros tipos de preparados vegetales es imprescindible la autorización explícita de un médico, todo esto porque en la mayoría de los casos no se tienen suficientes evidencias de la seguridad o porque se sabe de riesgos bien identificados.

Se necesita que la investigación científica continúe avanzando en este campo, para confirmar o refutar la inocuidad de las principales plantas medicinales que se suelen recomendar popularmente a la mujer embarazada. En tanto se avanza en este camino, conviene limitar el uso de la fitoterapia durante etapa a aquellas especies bien estudiadas, con beneficios reconocidos y perfiles de seguridad adecuados. Solo de esta forma se va a contribuir de una manera racional a la salud materno-infantil con estos recursos terapéuticos… ¡desde lo natural!

 

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Johann Perdomo Delgado

Johann Perdomo Delgado

Médico especialista en Medicina Natural y Tradicional, jefe del departamento y del grupo nacional de la especialidad del Ministerio de Salud Pública.

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