Parque Carlitos Aguirre

Parque Carlitos Aguirre. Foto: Havana Times
Carlitos Aguirre Sánchez es una de esas personas a las que toca una muerte que no es la suya. Como se lee en el pedestal de la estatua que se le erigió en el parque que lleva su nombre, fue “tempranamente arrancado de la vida cuando era ejemplo a la juventud y la mente vigorosa y fuerte eran presagios de indescriptible grandeza”. Una muerte absurda que hace que hoy le recordemos. La familia encargó al escultor italiano Giovanni Nicolini esa imagen de bulto que se emplazó en el parque situado a un costado del estadio de la Universidad, donde la calle deja de ser Ronda para llamarse precisamente Carlitos Aguirre.
Nicolini es autor de varias obras en la ciudad de La Habana. Son suyas la estatua del mayor general José Miguel Gómez, segundo presidente de la República, en su fastuoso monumento de la calle G, en El Vedado; también la del mayor general Alejandro Rodríguez, alcalde de La Habana, y la de don Tomás Estrada Palma, primer mandatario de la nación.
Es un parque que forma parte del área donde el Ayuntamiento habanero proyectó erigir el llamado Panteón Nacional, que se ubicaría en el espacio enmarcado entre las calles San José, Mazón, Valle y los terrenos propiedad de Rafael Navarro. Así lo acordó esa entidad el 6 de septiembre de 1912 y se puso en proyecto en manos de un comité gestor que presidía el Marqués de Santa Lucia. Posteriormente, ya en 1920, se construyó el parque, sin perjuicio de entregar oportunamente la parte del terreno que se destinaría al Panteón, proyecto que nunca se llevó a cabo. La familia Basarrate-Mazón pidió indemnización por el terreno del parque, por donde pasaría la calle Ronda. El presidente Menocal le negó todo derecho y confirmó la expropiación.
El monumento a Carlitos Aguirre se inauguró el 2 de septiembre de 1924 con la asistencia del alcalde y del Obispo de La Habana.
La familia
Carlitos era hijo de Charles Aguirre, coronel del Ejército Libertador, que se alzó en armas el propio 24 de febrero de 1895 y fue jefe del Estado Mayor del mayor general José María Aguirre en la Segunda División del Quinto Cuerpo de Ejército en la provincia de La Habana. Cesada la guerra contra España fue capitán del puerto habanero, y más tarde, entre 1911 y 1912, jefe de la Policía de la capital de la Isla. Un incidente desafortunado lo llevó a la cárcel en mayo de 1916, causó lesiones con arma de fuego a un sujeto llamado Generoso Canal. Lo condenaron a tres años de privación de libertad. Un indulto lo benefició en noviembre de 1918.
La madre, Fredesvinda, era hermana de María Luisa, la esposa de Orestes Ferrara, el avieso político italiano avecindado en La Habana, también coronel de nuestras gestas independentistas. Su residencia, que acoge hoy al Museo Napoleónico, colindaba por la parte trasera con Villa Carlitos, morada de los Aguirre, en San Rafael y Ronda, convertida desde hace años en una casa de vecindad ya muy deteriorada por el tiempo y el abandono. Allì murieron Fredesvinda y Charles años después del triunfo de la Revolución.
Siempre que Ferrara estaba en Cuba –fue embajador en Washington y Canciller en tiempos de Machado- atravesaba el patio junto con María Luisa, para almorzar con los Aguirre, almuerzos cordiales, escribe en sus memorias, pese a la situación del país. Allí, mientras almorzaba, supo del atentado que costó la vida a Clemente Vázquez Bello, presidente del Senado e íntimo de Machado, que lo veía como su sucesor. Y allí almorzaba –espaguetis napolitanos- el 12 de agosto de 1933, cuando ya la dictadura machadista se había desplomado. De la casa de los Aguirre salió hacia el puerto habanero a fin de tomar el hidroavión que lo conduciría al exilio. De pura casualidad los estudiantes que lo perseguían no pudieron atraparlo.
Sobresaliente
En una vívida crónica que el amigo y colega Luis Sexto escribió hace años y que incluyó en su libro El camino siempre va a alguna parte (2008) del que conservo un ejemplar generosamente dedicado por su autor, dice que Carlitos Aguirre nació en 1901, y que en 1919 matriculó la carrera de Derecho para graduarse de abogado el 6 de junio de 1923. Luis, que revisó su expediente universitario, asegura que en el documento casi todas las asignaturas muestran la calificación de excelente con premio. Escribe el cronista: “Su expediente confirma que Carlitos Aguirre era una promesa en lo intelectual y lo moral. Uno de sus profesores definió su vida como el breve esfuerzo de una mente electa”.
Ya para entonces Carlitos había publicado un libro, Sensaciones de viaje, fruto de un periplo turístico y cultural por varios países europeos, y, en tiempo en que la aviación estaba todavía en pañales, había tenido la temeridad de cruzar en avión el Canal de la Mancha. Confesaría con relación a ese vuelo que no sintió miedo porque “era fatalista y sabía que su muerte estaba prescrita con día, mes y año en un tiempo inexorable”.
Dos meses después de su graduación universitaria, Carlitos Aguirre era cadáver. Sus éxitos estudiantiles fueron premiados por sus padres con un viaje a Europa. Su cuerpo embalsamado llegó a Cuba por mar el 4 de octubre. Lo velaron en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.
Muerte insólita
¿Qué sucedió? Dejemos que Luis Sexto no lo cuente.
“El día de su muerte presenciaba una corrida de toros en Bayona. En el ruedo, el matador ejecutaba sus últimas figuras, fintas, pases; la bestia resoplaba, parecía querer abrir un hueco con las patas para tal vez huir de aquello que no comprendía. La cólera le aliviaba el agotamiento. El matador se acercaba con la espada.
“La señorita que lo acompañaba, norteamericana de origen, le dijo a Carlitos: ‘El sol me molesta’.
“El matador midió la distancia, caminó luego como en puntillas. Carlitos se levantó y cedió su asiento a la señorita Strauss. El matador clavó la espada allí donde la vida de toro estaba inerme, vulnerable. El animal bufó, sacudió la testuz. El arma se desprendió como un proyectil…
“La espada terminó su vuelo en el pecho de Carlitos”.
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¡Qué mala suerte tuvo!
Crónicas de nuestra historia que es muy difícil de encontrary que Ciro nos la desempolva para todos.
Es sencillamente, Sr Bianchi, un gusto y un placer leerlo.
Un saludo
Escena digna de la saga Destino Final.
Otro pasaje de la historia al que el profesor Ciro nos acerca de manera amena. Gracias
Es una lastima que ese parque este hoy tan abandonado teniendo en cuenta que junto al estadio Juan Abrantes tenga una historia tan vinculada a nuestros líderes estudiantiles y al movimiento revolucionario.
Un final de vida asombroso para una joven promesa. Queda su historia y su nombre en el patrimonio de la ciudad. Gracias profesor Ciro.