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El Fidel de Girón

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Fidel en Girón

“De pronto el Comandante se levantó y empezó a pedir llamadas telefónicas a distintos jefes militares. Mientras se comunicaban, daba constantes paseos de un lado al otro y decía: “Ya desembarcaron y por donde me lo suponía. Pero no importa: ¡Vamos a aplastarlos!”, pero con una palabra más gruesa. Caminaba y apoyaba las manos en la pared como si se balanceara de un lado a otro del pasillo, mientras recitaba versos del Himno Nacional. De pronto se paró y dijo: “¡Viva Cuba Libre!”, pero más fuerte que como lo dice en la Plaza de la Revolución, hizo un ademán de manos y dijo: ¡Vámonos!”

El escolta Bienvenido Pérez Salazar, Chicho[1], salió tras él de inmediato. Celia Sánchez y su hermana Acacia también habían vivido ese instante conmovedor en calle 11. Fidel se había recostado a descansar un poco pues la última semana había sido intensa: el sabotaje a la tienda El Encanto, los bombardeos del día 15 a los aeropuertos de San Antonio de los Baños, Ciudad Libertad -en La Habana- y el Antonio Maceo – en Santiago de Cuba-; la declaración del carácter socialista de la Revolución el día 16 durante las honras fúnebres a los caídos el día anterior, aquel trozo de puerta inolvidable en sus manos, en la cual estaba su nombre escrito con sangre de un joven miliciano. Y entonces, ese día 17 de abril iniciaba en la madrugada para él con la noticia de la invasión.

Fidel sabía que había que vencer en menos de 72 horas para que no hubiera posibilidad de que el enemigo lograra una cabeza de playa y diera paso al desembarco yanqui. Así salió de calle 11, decidido a todo.

La batalla

Los más de mil mercenarios, entrenados y respaldados por el gobierno norteamericano, pensaron que en Cuba les esperaría un pueblo oprimido, con un gobierno títere de una potencia extranjera, y lo que encontraron fue el fuego de los milicianos y un Patria o Muerte que les descolocó su idea de sorprendernos. No sabían que Cuba estaba en pie de guerra hacía días y que los jóvenes de las milicias, el batallón de combate de la Policía y del Ejército Rebelde, estaban listos en todo el país esperando al enemigo para hacerle frente. 

Por indicación de Fidel, Raúl estaba en Oriente, llamando al combate; el Che en Pinar del Río y Almeida en el centro del país, para cubrir el territorio nacional ante los posibles desembarcos. La batalla feroz tocó al centro de Cuba y hacia esa zona se movilizó todo cuanto hizo falta.

Desde aquellos primeros momentos, el gobierno de Estados Unidos quería hacer creer que se trataba de un asunto entre cubanos, pero siempre fue evidente que era un plan fraguado desde Washington para derrocar la joven Revolución. Era, además, una bravuconería ya entre la contrarrevolución de Miami hablar del ataque a Cuba, hasta que ocurrió.  John F. Kennedy, que había heredado ese plan de invasión de la administración que le precedió, de Eisenhower, le dio continuidad y le tocó cargar con la nota histórica: la primera gran derrota del imperialismo en América Latina. Con la primera y con la segunda también: cuando se vio precisado a pagar, pro primera vez en su historia, una indemnización de guerra, por daños materiales al pueblo cubano, luego de una batalla política de 20 meses que encabezó Fidel.

Los días de Girón fueron para el Comandante en Jefe y para el pueblo cubano una escuela, el reto de combatir en escenarios diferentes a la guerra de las montañas, el bautismo de fuego de aquellos milicianos y artilleros que no llegaban a los veinte años de edad; se probó el heroísmo de un batallón de la Policía que salió a defender la soberanía de su Patria y de unos rebeldes resueltos como en la guerra contra la dictadura.

El pueblo cubano no era lo que esperaban los invasores, al contrario. Se comieron “la mazorca con mata y todo”, como escribiera uno de los cabecillas de la invasión, José Alfredo Pérez San Román, y que fue publicado en el periódico Revolución el 30 de marzo de 1962, una vez en curso el juicio a los prisioneros de guerra.  Lo que los invasores encontraron fue un pueblo convertido en ejército para defenderse y a su líder como un león al frente de la batalla. Por eso el imperialismo pagó cara su derrota.

Como expresara Fidel el 19 de abril de 1964: “Playa Girón significó la primera derrota del imperialismo yanki en América Latina, y -como dijo recientemente el compañero Guevara-: “la primera, mas no la última”. Nuevas derrotas recibirán los imperialistas; las recibirán en nuestra tierra si nos agreden, y las recibirán en otras guerras, en manos de otros pueblos a los cuales esclavizan.”

Han pasado 65 años de esos hechos y es Girón una constante en la vida de la Revolución Cubana, que continúa siendo asediada, amenazada y agredida por el mismo enemigo de siempre: el imperialismo estadounidense. Para los nuevos tiempos, nuevos combates, pero defendiendo los mismos principios y valores que llevaron a todo el país a preservar la independencia ante el invasor más poderoso. La victoria de Playa Girón demostró que no hay enemigo invencible para un pueblo unido, y que jamás a los cubanos nos alcanza el miedo cuando se trata de luchar por lo que amamos.

Así ha sido en todos los momentos de nuestra historia, y lo será en este centenario del Comandante en Jefe, que continúa siendo la mira de nuestro fusil y nuestro mejor pulso.

En Calle 11, otra vez..

Fidel desciende de un tanque T-34 soviético en Playa Girón durante la invasión de las tropas mercenarias dirigidas por el gobierno estadounidense a Playa Girón. Autor: Tirso Martínez, el 19 de abril de 1961. Sitio Fidel Soldado de las Ideas.

1961. El 21 de abril se levantó temprano y con el rostro despejado, como quien ha tenido un sueño profundo. Había regresado de Girón la noche anterior. Se paró en su pequeño balcón del edificio de Calle 11, allí, donde había empezado todo. Aún estaba en pijama, se estiró fuertemente para despertar mejor el cuerpo, puso sus brazos sobre la baranda…y se quedó mirando fijo al horizonte durante unos minutos...[2] La victoria lograda ante los mercenarios era algo inédito. Habían caído compañeros valiosos, había nuevas batallas a partir de la declaración del carácter socialista de la Revolución, estaban los mercenarios prisioneros... Fueron solo unos minutos en el balcón, pero que le sirvieron para tomar el aire fresco de la mañana, volver a estirarse y regresar de verde olivo a la lucha cotidiana con nuevos bríos. Todavía había una campaña de Alfabetización que llevar adelante y bandidos por aniquilar. La Revolución socialista, luego de propinarle al imperialismo su primera gran derrota en América Latina, con Fidel, seguía en combate.

[1] Escolta quien diera ese testimonio a Elvin Fontaine, para el libro Fidel: desde Punto Uno a Playa Girón.
[2] Testimonio ofrecido a la autora en 2021 por Aida Moreno, trabajadora entrañable de la Oficina de Asuntos Históricos y esposa de uno de los miembros de la escolta del Comandante en Jefe.

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Daily Sánchez Lemus

Daily Sánchez Lemus

Graduada de Periodismo en 2006, de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Trabajó en el Sistema Informativo de la Televisión Cubana. Actualmente labora en Tele Rebelde. Es autora del libro "Raúl Gómez García: el periodista del Moncada" (2009). Su blog http://patriayamor-daily.blogspot.com/

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