Cuba tuvo otro Cervantes

Ignacio Cervantes Kawanagh, continuador del legado de Manuel Saumell, padre del nacionalismo musical cubano, y discípulo del profesor más reconocido del siglo XIX, Nicolás Ruiz Espadero.
- Tomado de Aula Todoterreno
El reconocido novelista Alejo Carpentier catalogó a Ignacio Cervantes Kawanagh como el más importante y completo de los músicos del siglo XIX cubano. Sin embargo, a más de 170 años de su natalicio, expertos en musicología aseguraron la carencia de estudios profundos sobre la vida del pianista.
Ya hace más de veinte años la profesora Mirta Aguirre Carreras (1912-1980), escribió: “Ignacio Cervantes nos parece un nombre muy familiar. Pero a decir verdad, desconocemos gran parte de su obra, sin poder decir siquiera que porque se editó ayer anda ya hoy agotado, se encuentra semioculto en algunas bibliografías escolares y en bibliotecas, o en pocos repertorios de profesionales”.
Vía correo electrónico, el concertista cubano Cecilio Tieles Ferrer corroboró este criterio al afirmar que el quehacer artístico de Cervantes se incorpora en la actualidad a las interpretaciones de muchos profesionales, pero “creo merece una biografía exhaustiva y con rigor, para aclarar varias facetas de su vida aún dispersas”.
Continuador del legado de Manuel Saumell, padre del nacionalismo musical cubano, y discípulo del profesor más reconocido del siglo XIX, Nicolás Ruiz Espadero, Ignacio Cervantes Kawanagh nació en La Habana el 31 de julio de 1847 y murió el 29 de abril de 1905 debido a desgaste mental, provocado por la sostenida labor de composición hasta largas horas de la noche, describen textos referenciales.
A la edad de diez años hizo su primera partitura, dedicada a su madre, La solitaria, llamada después Soledad, por su hija María Cervantes, quien continuó y difundió su obra. Para 1866, contaba con el primer premio de piano del Conservatorio Imperial de París.
El quehacer de Cervantes, sobre todo pianístico, “tiene un lugar especial en la Historia de la Música como asignatura y sí se ha profundizado”, precisó Ana Casanova, profesora de la Universidad de las Artes (ISA) e investigadora del Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana.
En cambio, la musicóloga Gretchen Jiménez, docente homóloga a Casanova, consideró: “Si bien hoy se tocan composiciones de Cervantes, su figura mucha veces queda relegada al área de los estudios musicales sin abordarse la influencia del contexto sociocultural sobre sus composiciones”. A propósito, Tieles Ferrer acotó que podría profundizarse más en su juventud y actividad como promotor musical, desde las escuelas.
Otro significativo aspecto de la vida del compositor representó su oposición al gobierno de la metrópoli. Por eso apoyó la causa libertadora con fondos recaudados en sus conciertos, lo cual motivó su expulsión de Cuba.
Sobre cómo lo envió al exilio el capitán general de la Isla, Francisco de Ceballos y Vargas, la Doctora en Ciencias Sociales y profesora de Cultura Cubana de la Universidad de Cienfuegos, Alegna Jacomino, rememoró: “Tenemos la certeza de que el dinero que usted recauda en sus conciertos pasa a mano de los insurrectos. ¡Lárguese antes de que me vea obligadoa encarcelarlo!… ¿A dónde se marcha usted?…. A los Estados Unidos -contestó el músico- allí podré seguir haciendo lo que aquí hacía”.
De ese entonces nacieron sus danzas más conocidas: Adiós a Cuba, Los delirios de Rosita, Camagüeyana y Los Muñecos, en esta última incorporó elementos de la rumba. “Es interesante resaltar el dualismo sentimental presente en las piezas cervantinas, donde se mezclan junto al humorismo criollo, la nota melancólica y apasionada”, explicaron Gisela Hernández y Olga de Blanck en su compilación Cervantes: 40 Danzas.
“En un estadio superior de nacionalismo musical ubicaría a Ignacio Cervantes, el más completo de los músicos de su época. El sentimiento por su tierra constituía el hilo conductor de toda su obra, plagada de ideas propias sobre la influencia europea y donde adquiría significación el acento nacional”, declaró la Doctora Jacomino.
Para mayo de 1892, Ignacio Cervantes y el violinista Rafael Díaz Albertini visitaron la villa de Tampa, en Estados Unidos, donde recibieron un homenaje. Días después, en los talleres de tabaco de esa ciudad, los músicos cubanos tuvieron un trascendental encuentro con José Martí, quien lo reflejó en el periódico Patria.
Al decir de Edgardo Martín, en su libro Panorama histórico de la música cubana, los aportes del pianista contribuyeron a que Cuba fuera, en la primera mitad del siglo XIX, pionera para rendir las barreras de los estancos musicales y la influencia foránea, así se creó una música propia, indefectiblemente nacional. “Si un Cervantes tuvo España, Cuba tuvo otro Cervantes”, dijo el poeta villaclareño Manuel Serafín Pichardo.
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