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Fidel, el Plan Sierra del Rosario y el Monumento Nacional “Las Terrazas”

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Hoy residen en Las Terrazas poco más de 1 000 personas; el 52% de la población es menor de 35 años y la edad promedio es de 33. Foto: Deny Extremera/ Cubadebate.

El triunfo de la Revolución encontró prácticamente deforestada y despoblada, la cordillera de Guaniguanico. Majestuosa, otrora exuberante de bosques y vegetación, en la que cimarrones, plantadores cafetaleros, esforzados soldados mambises y españoles, campesinos serranos, y soldados rebeldes, tejieron leyendas fascinantes, parecía tierra arrasada. La pobreza extrema en que vivían sumidos sus escasos moradores, los obligó a convertir en carbón, aquel pulmón natural del occidente de Cuba.

Para revertir dicha situación, concibió el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, cuatro planes de desarrollo integral, que cambiaran para siempre la faz de aquellos parajes. Mil Cumbre, San Juan de Sagua y el Pan de Guajaibón, sería uno, fundamentalmente agrícola. En Cajalbana, crearía un Instituto de Investigaciones Forestales, en el que, desde la ciencia, se haría la gran revolución. San Andrés de Caiguanabo serviría al desarrollo de planes ganaderos, mientras que, en el oriente de la cordillera, se desarrollaría el Plan de desarrollo integral Sierra del Rosario, con epicentro en lo que se convertiría con el tiempo en el proyecto Las Terrazas, situado muy cerca de donde alguna vez tuvo su comandancia el Sexto Cuerpo del Ejército Libertador, en Aranjuez, y su campamento principal la guerrilla del movimiento 26 de julio comandada por el capitán Rogelio Payret Silvera, Claudio.

Para dirigir este último proyecto, escogió Fidel a un revolucionario que, a su lealtad de principios, a toda prueba, unía su inmensa capacidad de soñar; un hombre que concebía la revolución como una obra de arte, capaz de imaginar aquellas erosionadas tierras, como un santuario natural reverdecido, vivo y floreciente.

A inicios de febrero de 1968, Fidel le manifestó al arquitecto y capitán Osmany Cienfuegos Gorriarán, que tenía para él una misión especial en El Cuzco. Rápido de pensamiento, pensó Osmany en la República de Perú, aunque pronto se percató, que el asunto era mucho más cercano, en el lomerío del mismo nombre en el extremo oriental de la Sierra del Rosario, en la otrora provincia de Pinar del Río.

A mediados de ese mes, se instalaron las primeras casas de campaña, conformando un campamento integrado por obreros, topógrafos, operadores de equipos, jóvenes campesinos, y voluntarios, que de inmediato se dieron a la tarea de preparar un sistema de terrazas escalonadas, para evitar la erosión y los deslaves. A ellos se unió, en el mes de mayo, igualmente orientado por Fidel, treinta estudiantes de tercer año de ingeniería civil, quienes voluntariamente se sumaron al proyecto hasta su conclusión en el año 1978. La Universidad de La Habana con sus estudiantes y profesores, fue protagonista activa de aquella gloriosa epopeya.

La transformación integral del lomerío incluía la creación de vías de comunicaciones, caminos, y un poblado para los habitantes de la zona, todo, acompañado de investigaciones científicas en el área forestal. La combinación del trabajo y el estudio, marcó la cotidianidad de las mujeres y hombres que participaron en aquella particular revolución.

En 1969, estudiantes del Instituto Pedagógico Enrique José Varona, divididos en dos grupos, se encargaron de elevar el nivel cultural de los jóvenes pertenecientes a la Columna Juvenil del Centenario y la Brigada Invasora, que emulaban con su trabajo, con los heroicos mambises que un siglo antes habían iniciado el camino de la independencia. El objetivo era alcanzar al menos tres niveles de primaria y uno de secundaria.

Las alrededor de 130 familias que habitaban esta parte de la sierra, se vieron favorecidas, por vez primera, con la presencia de un médico, acompañado de una laboratorista y una enfermera. La cultura no se hizo esperar. Allí cantaron Silvio Rodríguez y Teresita Fernández, y actuó el elenco del programa campesino Palmas y Cañas. A la luz de quinqués, las canturías y serenatas nocturnas formaron parte de la cotidianidad en aquellos hermosos años.

A las montañas llegó Martí en la voz de destacados conferencistas; un telescopio en el que los campesinos pudieron apreciar la dimensión de un mundo diferente al que hasta entonces conocían. Llegó el cine a bordo de un camión, y, para deleite del espíritu, en una tienda de campaña se montó una exposición con reproducciones de obras del arte universal.

El lomerío era un hormiguero, día y noche, un laboratorio de creatividad en el que, con la más absoluta austeridad, convivían jefes, campesinos, obreros, alumnos, voluntarios, visitantes, estudiantes y maestros. La espiritualidad alimentaba las almas de aquella tropa que llego a estar formada, en 1971, por cerca de 700 miembros.

Al hermoso y apasionante proyecto se unió la Academia de Ciencias de Cuba con sus institutos de investigaciones. Las 5000 hectáreas de la sierra contempladas en el Plan, en diez años de duro trabajo, se vieron beneficiadas con 20 kilómetros de carreteras conectadas a la red vial nacional, 1370 terrazas y 170 caminos de accesos a estas. Se plantaron siete millones de árboles maderables de veinte especies diferentes en las áreas terraceadas, donde predominaban la majagua azul, la caoba, el cedro y la teca, y se levantó una original comunidad, de confortables viviendas para los campesinos originarios de la zona, que hasta entonces vivieron en las más precarias condiciones.

El 67 % de la población de aquellas montañas, decidió, voluntariamente, mudarse al poblado, diseñado teniendo en cuenta sus deseos y aspiraciones.

El reclamo de “muchas puertas y ventanas” para sus viviendas, se respetó. Las obras se concluían en trabajos de choque llamados Vorágines, en los que, cual torbellinos, las mujeres y hombres de aquel sueño colectivo, laborando día y noche, ponían punto final a cada objeto constructivo.

El 15 de febrero de 1985 la Sierra del Rosario fue declarada por la UNESCO, reserva de la biosfera. En su corazón, se encuentra la comunidad Las Terrazas, aquel proyecto de desarrollo integral ideado por Fidel y tantas veces visitado por él para velar el sueño, y estimular con su presencia y trabajo, a los que allí realizaban un imposible.

En 1991, comenzando el período especial, se inició un nuevo proyecto turístico que tuvo como premisa la preservación del entorno y la naturaleza, y el beneficio de la Comunidad en su desarrollo.

Las Terrazas, acaba de ser declarado oficialmente, el pasado 28 de febrero, Monumento Nacional. El paraíso terrenal que hoy contempla nuestro pueblo y los cientos de visitantes extranjeros que lo visitan, es cien por ciento, una obra cultural de la Revolución. Bautizada durante muchos años como Plan Osmany, como justo reconocimiento popular a quien ha puesto su alma toda en la materialización de un sueño de Fidel, e identificando en él a los cientos de anónimos hombres y mujeres que lo acompañaron para, con manos laboriosas, lograr el milagro, Las Terrazas se levanta, orgullosa, como un Monumento a la capacidad transformadora de un pueblo, capaz de los más grandes sacrificios y quijotescas hazañas.

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Se han publicado 4 comentarios



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  • Jose R. Oro dijo:

    Me hace muy feliz que se justiprecie la extraordinaria tarea como dirigente y arquitecto, del gran cubano capitán Osmany Cienfuegos Gorriaran, perona maravillosa y dedicada a su pueblo toda la vida! Muchisimas felicidades capitán Osmany!

  • Pinareña dijo:

    Con el perdón del resto de los pobladores de mi amada isla, ese es el lugar más hermoso de Cuba, su paisaje y su gente se merecen cualquier premio !!!!

    • Memoria Cubana dijo:

      Pinareña, en cuanto a obra humana lo que hicieron allí es colosal. He estado allí varias veces y es realmente bello. Yo, que soy habanero de nacimiento y tengo 60 años, con mucho plantaría mis huesos en Las Terrazas.
      Lugareños ¡cuiden esa obra!

    • Giselle Gl dijo:

      Coincido contigo. Un sitio en el que se respira a plenitud, bello por demás. He estado ahí y he compartido con esas personas que residen en este pedacito de nuestro país. Me encanta

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René González Barrios

René González Barrios

Presidente del Instituto de Historia de Cuba.

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