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Cuando Guáimaro acogió a Fidel y a las tropas rebeldes

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En esta casa, marcada con el No. 7, estuvo Fidel. A la entrada de ella aquellos tres niños, hoy dos hombres y una mujer, recuerdan aquel momento. Fotos: Evelio Hernández Ramos

La noche del 3 de enero los holguineros despidieron a la Caravana de la Libertad, encabezada por Fidel, en su marcha triunfal hacia la capital del país. Cuando menos los pobladores de Guáimaro lo esperaban él llegó a las inmediaciones del Parque de la Constitución. Era la fría madrugada del 4 de enero. Durante el transcurso de todo el día anterior, integrantes de otras columnas del Ejército Rebelde pasaron y saludaron al pueblo de la Cuna del Constitucionalismo cubano.

El grupo comandado por el Líder de la insurrección que destronó a la dictadura batistiana, buscaba donde tomar refresco o ingerir cualquier líquido para aplacar la sed. El más cercano de los establecimientos: el Parque Bar estaba cerrado.

Fidel aceptó la invitación de un vecino de Guáimaro, Orlando Manduley, de ir hasta su casa, ubicada en la intersección de la calle Martí, No. 7 y Ana Betancourt, donde la familia acogió a los rebeldes durante unas dos horas.

Resultó que Manduley, nativo de Cauto Embarcadero, en la provincia Granma, estaba emparentado con Celia Sánchez, la Heroína de la Revolución, quien se hallaba entre la comitiva. No la conocía.

A seis décadas de aquel hecho, Orlando Manduley Rivero, hijo, vuelve a recordarlo, a partir de la imagen que quedó en su mente porque apenas tenía ocho años cumplidos.

Retrató en la memoria la pose asumida por Fidel, de poner encima del refrigerador el plato del que tomaba los alimentos que ingería, facilitado por su alta estatura.

La casa se llenó de vecinos. La madre empezó a repartir galletas y refrescos, mientras Celia se ofreció a realizar los quehaceres domésticos.

En Guáimaro, Fidel recibe el aviso de que en Camagüey tropas masferreristas estaban apostadas en el hospital en construcción –hoy Manuel Ascunce Domenech— haciéndole resistencia a la Revolución. Ordenó que los tanques se posesionaran delante y avanzaran para neutralizar esa acción.

En ocasión del aniversario 51 de esa gesta, el viejo Manduley, ya fallecido, recordó que la llegada de los rebeldes fue una novedad, regalaban balas como trofeos de guerra y trajo a colación uno de los comentarios de Fidel, acerca de su convicción del triunfo porque la razón estaba de su lado.

Orlandito cuando Fidel llega a su casa estaba durmiendo. La mamá lo llamó y fue directo para la cocina. “Si mal no recuerdo me dio unas palmadas en la cabeza o en la cara”..

María Cristina Rivero, la ama de casa, fallecida también, recordó que Fidel quiso tomarse una fotografía con la familia en la saleta de la casa, instantánea que nunca lograron recuperar.

Así fue en Guáimaro el recibimiento a Fidel y a sus compañeros de lucha hace sesenta años. Antes de continuar hacia Camagüey, donde arribarían a media mañana, hombres, mujeres y niños aclamaron a Fidel. Era una nueva victoria.

(Tomado de Adelante)

Se han publicado 2 comentarios



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  • Yulaidi dijo:

    No solo en Guáimaro, hubiera sido así en cualquier rincón del país, porque el pueblo ya estaba convencido de la victoria y siempre estuvo, está y estará junto a Fidel en la primera trinchera de combate.

  • Rigo dijo:

    Sin malas interpretaciones!!: La conmemoracion de la Caravana de la Libertad, propongo reeditarla (osea, toda la ruta), en los aniversarios cerrados (cinco o cero), en el resto de los aniversarios, celebro un Acto en cada uno de los puntos mas significativos (capitales provinciales, poblados de importancia). Creo que nos ayudaria economicamente. Reitero, cada 5 años se reedita TODO EL RECORRIDO para que TODOS podramos recordar ese iconico acontecimiento. Que opinan los CUBADEBATIENTES??

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Enrique Atiénzar Rivero

Enrique Atiénzar Rivero

Es periodista del semanario Adelante, de Camagüey, provincia del centro de la Isla, y colaborador de Cubadebate.

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