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Sucesos del 27 de Noviembre: Cuatro historias contra el odio (+ Video)

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Contrario a la pintura más conocida, a los estudiantes los asesinaron de dos en dos, con las manos atadas a la espalda, de rodillas y de espaldas al pelotón de fusilamiento. Foto: Archivo.

El suceso es uno de los más dolorosos de la historia de Cuba. Más de 40 estudiantes de primer año de medicina fueron llevados a dos Consejos de Guerra, acusados de profanación de tumbas y luego de infidencia. En el primer juicio unos quedaron absueltos y otros tuvieron condenas menores, pero la furia del Cuerpo de Voluntarios de La Habana y la bajeza del gobierno colonial español se combinaron para anular la sentencia. En un segundo y todavía más injusto proceso, ocho jóvenes recibieron la pena de muerte.

Ninguno de los fusilados pasaba de los 21 años y en el Cementerio de Espada únicamente habían correteado con el vehículo usado para conducir los cadáveres a la sala de disección. El más joven —de solo 16 años— arrancó una flor. Sin embargo, los señalaron como los profanadores del sepulcro del periodista Gonzalo Castañón, un furibundo anticubano muerto un año antes.

Contrario a la pintura más conocida, a los estudiantes los asesinaron de dos en dos, con las manos atadas a la espalda, de rodillas y de espaldas al pelotón de fusilamiento. De la sentencia definitiva al momento final apenas pasaron poco más de tres horas. Casi siglo y medio después, todavía los mitos y la realidad se entrelazan para contar esta historia de horror y tristeza.

El defensor de los estudiantes en el primer juicio

Capdevila pronunció un discurso memorable donde echó por tierra cada acusación. Foto: Archivo.

De todas las figuras relacionadas con el fusilamiento de los estudiantes de medicina, la del capitán español Federico Capdevila es quizás la más conocida. Nacido en Valencia el 17 de agosto de 1844, fue el abogado de oficio con la responsabilidad de defender a los 45 jóvenes acusados del delito de profanación de tumbas durante el primer Consejo de Guerra.

Luego de escuchar todas las declaraciones del fiscal, Capdevila pronunció un discurso memorable donde echó por tierra cada acusación. Según el testimonio de Fermín Valdés Domínguez, durante las casi siete horas del juicio el capitán español “se elevó a un alto puesto entre los hombres de verdadera fe patriótica”.

No es difícil imaginar las circunstancias en las que este hombre de solo 27 años enfrentó a unos magistrados carentes de argumentos, pero impulsados por la furia de los Voluntarios de La Habana. Según varios historiadores, afuera del edificio miles de ellos exigían la muerte de los estudiantes; en la sala, mientras tanto, los gritos prácticamente impedían avanzar e incluso uno de los voluntarios intentó agredir al defensor de los estudiantes.

Sin embargo, prácticamente sin apoyo frente a la muchedumbre, Capdevila no dudó en describir el juicio como triste, lamentable y repugnante, y a los voluntarios como “un puñado de revoltosos que hollando la equidad y la justicia, pisoteando el principio de autoridad y abusando de la fuerza, quieren sobreponerse a la sana razón y a la ley”.

“Desde la apertura del sumario he presenciado, he oído la lectura del parte, declaraciones, y o yo soy muy ignorante, o nada, nada absolutamente encuentro de culpabilidad (...) ¿Dónde está el delito, ese desacato sacrílego? Creo y estoy firmemente convencido que sólo germina en la imaginación obtusa que fermenta en la embriaguez de un pequeño número de sediciosos", aseguró.

Luego del primer juicio, los voluntarios intentaron apresarlo y el Presidente del tribunal lo obligó a salir hacia otra habitación. Desde ese momento, los más de 40 procesados quedaron solos ante el terror. Ante la inconformidad de los voluntarios con las sanciones menores, un segundo Consejo de Guerra fue convocado apenas cuatro horas después.

Cuando Capdevila supo del fusilamiento quebró en público su espada y renunció a continuar prestando servicios como oficial. Años más tarde, cuando otra injusticia lo obligó a cumplir tres años de cárcel en Santiago de Cuba, un grupo de cubanos recaudó 1200 pesos para él, pero de nuevo el español dio muestras de honestidad y se negó a aceptar el dinero.

Según un artículo publicado en 2009 por las periodistas María Julia Guerra y Ángela Peña, Capdevila propuso invertir esa suma en un monumento a los estudiantes asesinados. Entonces, el grupo le entregó una espada con una icónica inscripción: “Al Señor Federico Capdevila, el héroe del 27 de noviembre de 1871”.

Capdevila murió de tuberculosis el primero de agosto de 1898 y luego de un breve enterramiento en Santa Ifigenia, en 1903 sus restos fueron depositados junto al de los estudiantes. Más de treinta años después de su defensa y de ver por última vez a aquellos muchachos, la historia lo colocó por fin en el sitio que merecía.

Nicolás Estévanez: “Antes que la patria están la humanidad y la justicia”

la Oficina del Historiador de la Ciudad. Foto: Habana Radio.

Desde el 27 de noviembre de 1937 la Oficina del Historiador de la Ciudad organiza cada año un acto junto a una tarja en las afueras del actual Hotel Inglaterra. El sitio, conocido hace más de cien años por las tertulias y discusiones escenificadas por los sectores progresistas del país en la Acera del Louvre, es otro de los lugares vinculados al fusilamiento de los estudiantes de medicina.

El protagonista resultó el capitán español Nicolás Estévanez, un hombre de 33 años que había llegado a Cuba para evitar luchar contra los republicanos en su país. Como mismo ocurrió con Federico Capdevila, al escuchar las descargas de los fusiles contra los estudiantes, Estévanez no pudo contener su ira, escenificó una airada protesta pública y en el acto renunció a su carrera como militar.

Según cuenta en sus memorias, días antes había escuchado de la revuelta de los voluntarios contra los estudiantes, pero no le dio importancia e incluso se echó a reír cuando alguien le anunció el posible fusilamiento.

“Sometidos los muchachos a un consejo de guerra y probada su inocencia, hubieran sido absueltos si los capitanes que constituían el tribunal militar no hubiesen tenido la debilidad de creer que se evitarían mayores males imponiéndoles algún castigo”, escribió años más tarde para referirse al primer juicio.

En un contexto marcado por la furia de los voluntarios y el desapego a las leyes y la justicia, la actitud de este hombre fue un acto casi temerario de valentía y dignidad. Foto: Archivo.

Sin embargo, Estévanez no se enteró del segundo Consejo de Guerra y el asesinato lo tomó por sorpresa. “Me detuve en la puerta del Louvre muy sorprendido de que allí no hubiera casi nadie. En aquel momento llegó a mis oídos el ruido seco de una descarga cerrada. ¿Qué sucede? —pregunté—. Es que fusilan a los estudiantes, respondió un camarero”. Según contó, en ninguno de los trances de su vida perdió la compostura como en ese momento.

“Me descompuse, grité, pensé en mis hijos, creyendo que también los fusilaban; no sé lo que me pasó; ahora mismo no acabo de explicármelo. Dos camareros se apoderaron de mí encerrándome en un patinillo, sin lo cual es posible que a mí también me hubieran asesinado cuando las turbas aullando volvían del fusilamiento”, escribió años más tarde al recordar el suceso.

En un contexto marcado por la furia de los voluntarios y el desapego a las leyes y la justicia, la actitud de este hombre fue un acto casi temerario de valentía y dignidad. De hecho, al decir del historiador cubano Emilio Roig de Leuchsenring, Estévanez fue el más puro, noble y digno de los pocos españoles que se pronunciaron contra el crimen cometido por los voluntarios con la complicidad de los gobernantes de la Metrópoli.

Después de aquel acto de valentía y honor, el capitán español decidió abandonar la Isla y regresó a España a inicios de 1872. Luego de varios años vinculados a los movimientos republicanos en la península, murió en París el 19 de agosto de 1914.

Junto a él, a los profesores Domingo Fernández Cuba y Juan Manuel Sánchez Bustamante, los generales españoles Antonio Venenc y Rafael Clavijo —opuestos al crimen pero obligados por los voluntarios a permanecer en el juicio—, así como el capitán Víctor Miravalles y Santa Olalla —vocal del primer Consejo de Guerra y negado a firmar la sentencia—, representan los más altos ejemplos de hidalguía en aquellos momentos oscuros.

Recordarlos a todos, según las palabras del Dr. Félix Julio Alfonso, es “un acto que ennoblece y engrandece el alma cubana”.

El guardián de la inocencia

En 1872 Fermín Valdés Domínguez llegó a Madrid y junto a José Martí organizo muchos d elos trabajos para rescatar la memoria de sus compañeros muertos. Foto: Archivo.

Con solo 19 años, Fermín Valdés Domínguez ya tenía en su historia la fundación junto a José Martí del periódico El Diablo Cojuelo y una condena de seis meses acusado de infidencia. Sin embargo, quizás durante toda su vida nunca estuvo tan cerca de la muerte como en aquellos días de 1871. Fermín fue uno de los estudiantes conducidos a prisión en la tarde del 25 de noviembre.

En un magnífico libro publicado dos años después, Valdés Domínguez fue el primero en contar los detalles de esas horas. De las acusaciones del Gobernador Político recuerda la brusquedad y su “habilidad funesta para teñir de política los actos en el cementerio”.

Mientras tanto, del profesor Pablo Valencia —incapaz de detener el arresto en su salón de clases— rememora el “miedo egoísta que embargaba todas sus facultades”. De la prisión, habla de las dos noches obligados a dormir en el piso y sin mantas.

Sin embargo, pocos testimonios son tan reveladores como el de la espera para conocer el veredicto del segundo juicio.

“Momentos fueron aquellos terribles para nosotros; aquella galera era nuestra capilla. Aquella ansiedad, que no era mayor que la de toda la noche y todo el día, duró una hora. Todo indicaba que iba a consumarse el crimen, pues la capilla de la cárcel esperaba ya a las víctimas; una compañía de Voluntarios la custodiaba, y aun no sabíamos quién había de morir”.

En el segundo Consejo de Guerra, Fermín y una decena de estudiantes recibieron la condena de seis años de cárcel. Otros debían cumplir penas de cuatro años. No obstante, luego de varias gestiones y gracias al escándalo desatado en algunos países por el fusilamiento de los jóvenes, a mediados de 1872 el rey Amadeo I firmó un indulto para todos y sin rehabilitarlos públicamente los deportó a España.

Nada más llegar a aquel país, Fermín comenzó un titánico trabajo para denunciar la injusticia cometida con sus compañeros muertos. En el primer aniversario de los hechos circuló por Madrid un impreso que recordaba a los estudiantes y en años sucesivos publicó varias ediciones de su libro Los voluntarios de La Habana en el acontecimiento de los estudiantes de Medicina

Junto a ello, en enero de 1887 logró que uno de los hijos de Gonzalo Castañón confirmara la normalidad del nicho de su padre, un testimonio que echó por tierra la justificación empleada 16 años antes para fusilar a los estudiantes. A su vez, impulsó la exhumación de los restos de sus compañeros y recaudó fondos para erigir el actual monolito funerario. Más tarde él también reposaría allí.

Gracias a las gestiones de Fermín Valdés Domínguez fue posible salvar de la demolición un fragmento de la pared que sirvió para fusilar a los estudiantes. Foto: Archivo.

Finalmente, cuando se habla del fusilamiento de los estudiantes es imposible no recordar el pequeño monumento que guarda el sitio donde los ocho jóvenes encontraron la muerte. Allí también estuvo la mano de Fermín Valdés, porque gracias a sus gestiones fue posible salvar de la demolición un fragmento de la pared que sirvió para colocar a los estudiantes frente a sus verdugos.

Es un sitio pequeño, con ocho columnas de mármol y algunas inscripciones para recordar aquel fatídico día. Si uno se acerca lo suficiente puede ver las huellas de las balas sobre los bloques de la pared. A su lado, esbelta, la bandera cubana que Fermín Valdés elevó sobre el muro como prueba de fidelidad y patriotismo.

"Icé con mis manos la bandera que, al lado del pedazo de pared de La Punta, dice al mundo que allí está algo de nuestro corazón, que aquella sangre allí derramada hace de aquel lugar altar donde nuestro amor a la nacionalidad nos tiene siempre de pie y dispuestos a lo que el deber nos mande hacer en honra de ella", contó casi al final de su vida.

La labor de este hombre fue vital para preservar la memoria histórica sobre los hechos. Sin su constancia quizás muchos detalles se hubieran perdido en el tiempo. Con sus textos, su valentía y su labor de años para demostrar la inocencia de los estudiantes y denunciar lo ocurrido, reveló quiénes deberían ser los verdaderos acusados.

Entre la verdad y el mito: Los héroes negros

Desde el 2006 los miembros de la sociedad abakuá realizan una peregrinación hasta el lugar donde según la tradición cayó uno de los negros aquel día. Foto: Archivo.

La muerte de cinco negros el mismo día del fusilamiento de los estudiantes de medicina es tal vez la más mítica y desconocida de las historias que hasta hoy llegan en torno al 27 de noviembre de 1871.

Para unos, aquellos hombres pertenecían a la sociedad secreta abakuá y se lanzaron casi al suicidio en cofradía con uno de los suyos. Para otros, ese acto es la muestra para negar que no todos los cubanos quedaron indiferentes ante el crimen.

Como varios sucesos de la época, este es un hecho con muchas inexactitudes históricas. Esencialmente transmitido de forma oral, todavía quienes lo investiguen deben limpiar la hojarasca para dejar la verdad. Así, algunos se refieren a que el intento por rescatar a los estudiantes tuvo lugar cuando salían camino al paredón de fusilamiento.

Otros, por su parte, afirman que todo ocurrió más temprano y fue un ataque contra los voluntarios apostados en las afueras de la cárcel. Algunos más exageran la historia y hablan de un levantamiento de negros en La Habana e incluso del enterramiento colectivo de todos —atacantes y estudiantes— en la misma fosa común. Quienes sostienen esa idea no tienen pruebas de tales afirmaciones.

Sin embargo, todos coinciden en un elemento: al parecer en el acto murieron cinco negros liderados por el hermano de leche de Alonso Álvarez de la Campa, el más joven de los estudiantes condenados. De hecho, esa es la versión que sostiene la película cubana Inocencia, inspirada en los sucesos del 27 de noviembre y que tras una profunda investigación tiene su estreno este martes en La Habana.

Del asunto también habló el Che Guevara en noviembre de 1961. Entonces dijo que el terror “no solamente se cobró en esos días la sangre de los estudiantes fusilados. Como noticia intrascendente que aún durante nuestros días queda bastante relegada, porque no tenía importancia para nadie, figura en las actas el hallazgo de cinco cadáveres de negros muertos a bayonetazos y tiros”.

La marca de los abakuás termina en el monumento a los estudiantes. Foto: Archivo.

En un artículo publicado en 1998 en La Gaceta de Cuba, el investigador cubano Serafín Quiñónez recoge tres documentos que arrojan cierta claridad sobre el asunto. En el primero de ellos, se cuenta cómo “apostados detrás de los fosos que se extienden frente a la plaza, unos negros dispararon sus revólveres contra los voluntarios, hiriendo a un alférez de artillería".

A su vez, Quiñónez cita un segundo testimonio que agrega cómo “el resto de los que se sintieron atacados por los negros arremetieron inmediatamente contra ellos, y en aquel punto fueron despedazados los cinco que se creyeron autores de la agresión”.

Finalmente, también habla sobre un estudio publicado en Santiago de Cuba en 1956 que recoge el testimonio del celador del lugar: “son cinco los hombres de color muertos, recogidos en diferentes lugares de este barrio, los cuales estaban heridos de arma de fuego y bayoneta”.

Autores contemporáneos como los periodistas Pedro de la Hoz y Pedro García, así como el investigador cubano Félix Julio Alfonso, se han referido al tema. En el discurso pronunciado el 27 de noviembre de 2015 en las afueras del Hotel Inglaterra, Alfonso aseguró que “tampoco podemos olvidar a los mártires abakuás que, en una acción temeraria, casi suicida, intentaron en vano salvar la vida de los condenados y fueron cazados a tiros en las calles aledañas al lugar del crimen”.

Por su parte, en el epistolario de Emilio Roig de Leuchsenring, antiguo Historiador de la Ciudad de La Habana, aparece una carta fechada el 18 de enero de 1943 dirigida al Ministro de Obras Públicas y donde, luego de hablarle de los cinco negros muertos, le pide que “dicte las órdenes oportunas para que en el Parque de los Mártires (…) se rinda cerca del templete que rodea el lienzo de pared junto al cual cayeron los estudiantes de 1871 un permanente homenaje a la memoria de los que pagaron con su vida la defensa de aquellos inocentes”.

Aun así, para otros historiadores cubanos, entre los que se encuentra Luis Felipe Leroy y Gálvez —autor de una de las más completas investigaciones sobre el 27 de noviembre de 1871—, la muerte aquel día en La Habana de cinco hombres negros no es un indicio concluyente para afirmar que lo hicieran en defensa de los estudiantes, y mucho menos que existiera un levantamiento mayor.

De acuerdo a su criterio, la escasa credibilidad “se patentiza por el hecho de que no sólo no existe tradición seria en ese sentido, sino también que el número de defunciones asentadas en los libros de entierros del cementerio de esta capital, mantiene el nivel normal durante esos días”.

No obstante, desde el 27 de noviembre de 2006 los miembros de la sociedad abakuá realizan una peregrinación hasta un jagüey situado en la esquina de Morro y Colón en La Habana Vieja, el lugar donde según la tradición cayó uno de los negros aquel día. Luego siguen su recorrido hasta el templete erigido en el sitio donde murieron los estudiantes.

Para el Dr. Orlando Gutiérrez Boza, Diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y Presidente del Consejo Supremo de la Asociación Abakuá de Cuba, recordar los hechos del 27 de noviembre de 1871 es una manera de honrar a sus antepasados. Según dijo a Cubadebate, la peregrinación incluye cantos luctuosos propios de ese grupo religioso, así como bailes y ofrendas florales tanto a los estudiantes como a los negros muertos.

La historia de los cinco negros muertos casi junto a los estudiantes de medicina aun necesita conocimientos mayores. Sacar a la luz los documentos citados por algunos investigadores, aclarar desde la historiografía detalles importantes de lo sucedido ese y los días siguientes, así como sistematizar —desde lo oral pero también desde las pruebas documentales— un estudio definitorio sobre lo ocurrido, son aspectos decisivos para arrojar la exacta claridad sobre el asunto y zanjar de una vez las dudas sobre el tema.

El antiguo Cementerio de Espada fue el lugar de los sucesos que sirvieron para justificar la detención. Foto: Archivo.

Así luce en la actualidad el sitio donde murieron los estudiantes. Foto: Archivo.

En Video, el monumento a los estudiantes

Se han publicado 41 comentarios



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  • Heriberto Feraudy Espino dijo:

    Mágnifico trabajo, pero recordar que el 27 de noviembre es de triple duelo , también un dia como hoy falleció la Madre de la Patria.

  • ray dijo:

    Hace unos años Julio Acanda presentó en la televisión un excelente reportaje sobre este tema que nunca más he podido ver, ojalá pudieran recuperarlo.

    Saludos

    • Vicente Antonio de Castro y Bermúdez dijo:

      Amigo ray busquelo en youtube ahí está.

  • dr orlando gutierrez boza dijo:

    felicitamos al periodista por abordar este tema y valorar los elementos de la tradicion oral y la memoria popular que recogen como en plena esclavitud,se derramaba sangre cubana en aras de la justicia ante el abominable crimen.
    gloria a los martires del 27 de noviembre
    gloria alos heroes abacua que fieles a
    nuestra conducta etica protagonizaron la protesta armada

    • Colaboración Médica Manzanillo-Granma. dijo:

      El fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina ocurrió el 27 de noviembre de 1871. En esa fecha fueron injustamente fusilados ocho inocentes estudiantes del primer curso de Medicina de la Universidad de La Habana y que se recuerda cada año como una triste efeméride. Al efecto se han considerado en primera instancia el clima que imperaba entonces en la ciudad de La Habana, además de quién había sido Gonzalo Castañón y cuál era la calidad moral y humana de quienes tomaron su nombre como pretexto para convertirse en los principales responsables de este horrendo homicidio colectivo.
      Motivo
      Era la tarde del viernes 24 de noviembre de 1871, y los alumnos del primer curso de Medicina esperaban en el Anfiteatro Anatómico la llegada de su profesor, doctor Pablo Valencia y García, quien a las 3:00 p. m. debía impartir una clase de Anatomía. El anfiteatro estaba ubicado en lo que hoy es la calle San Lázaro entre Aramburu y Hospital, muy próximo al cementerio de Espada que en aquella época no se había aún clausurado.
      Al enterarse los estudiantes de que demoraría la llegada del profesor, por un examen que tenía en el edificio de la Universidad, situado entonces en la calle O'Reilly esquina a San Ignacio, se dispusieron varios a asistir a las prácticas de disección que explicaba el doctor Domingo Fernández Cubas. Algunos entraron en el cementerio y recorrieron sus patios, pues la entrada no estaba prohibida para nadie.
      Otros, al salir del anfiteatro, vieron el vehículo donde habían conducido cadáveres destinados a la sala de disección, montaron en él y pasearon por la plaza que se encontraba delante del cementerio.
      Los nombres de estos últimos eran Anacleto Bermúdez, Ángel Laborde, José de Marcos y Juan Pascual Rodríguez. Por otra parte, un joven estudiante de 16 años llamado Alonso Álvarez de la Campa, tomó una flor que estaba delante de las oficinas del cementerio.
      El vigilante del cementerio nombrado Vicente Cobas, mortificado porque aquel grupo de jóvenes “había descompuesto sus siembras”, hizo una falsa delación al gobernador político Dionisio López Roberts, el cual dijo que los estudiantes habían rayado el cristal que cubría el nicho donde reposaban los restos de Gonzalo Castañón.
      Esa declaración de Cobas, cuyas funestas y terribles consecuencias ni él mismo previó, fue motivo para que el gobernador fraguara con increíble prontitud un plan para elevar su “prestigio” ante sus superiores.
      Encarcelamiento de los estudiantes
      El gobernador político Dionisio López Roberts, tras visitar el cementerio, trató de apresar primero a todos los estudiantes de segundo año de Medicina asistentes a la clase del profesor Juan Manuel Sánchez Bustamante y García del Barrio quien, con el respaldo y protección enérgica a sus discípulos, impidió la consecución de tan cruel propósito.
      Sin embargo, el panorama fue completamente distinto con los alumnos de primer año del profesor Pablo Valencia, quien asumió una actitud muy cobarde ante tal situación al permitir el encarcelamiento de 45 de sus 46 alumnos de Anatomía Descriptiva, se condujeron a la cárcel, a la que entraron a las 8:00 p. m. del sábado 25 de noviembre.
      Al día siguiente, bajo las órdenes del segundo cabo, general Crespo, por encontrarse ausente el Conde de Valmaseda, los estudiantes fueron procesados en juicio sumarísimo.
      Desde la medianoche del día 26 hasta bien entrada la mañana del 27 demoró la decisión del rigor de la sentencia y del número de prisioneros que se someterían a ella. El fallo de este juicio no fue aceptado por los voluntarios españoles amotinados frente al edificio de la cárcel donde se celebrara el juicio.
      Los estudiantes fueron procesados seguidamente una segunda vez, donde se determinó que, tanto el estudiante que había arrancado la flor y los 4 que habían jugado con el vehículo se debían condenar a la pena máxima y otros 3 escogidos al azar para llevar a cabo el escarmiento.
      Muerte
      El consejo de guerra firmó la sentencia a la 1:00 p. m. y, leído el fallo a los ocho estudiantes que debían morir, entraron en la capilla poco antes de las 4:00 p. m. Después de permanecer allí por espacio de media hora, se les condujo con las manos esposadas y un crucifijo entre ellas hasta la explanada de la Punta, donde se llevaría a cabo la ejecución.
      Frente a los paños de pared formados por las ventanas del edificio usado como depósito del cuerpo de ingenieros, se colocaron de 2 en 2, de espaldas y de rodillas a los infelices inocentes, fusilados a las 4:20 p. m. por el piquete de fusilamiento al mando del capitán de voluntarios Ramón López de Ayala.
      Momentos antes, en la capilla, habían dejado sus últimos mensajes, tanto a familiares como a amigos. Fueron notas breves, con detalles aparentemente de poca importancia, ante lo que ya era la muerte inminente, pero no por ello menos desgarradores.
      • Eladio solicitaba a Cerra que, como prueba de amistad, conservara un pañuelo en posesión de Domínguez y que diera a este el que le acompañaba.
      • Anacleto pedía que padres y hermanos se consolaran pronto y entregaran a Lola su sortija y leontina para que siempre se acordara de él.
      • Alonso reiteraba a los suyos un querer entrañable y la fe de ver a los padres en la gloria.
      • Pascual decía a Tula nunca haber creído verse en un caso así, porque había sido hombre de orden.
      • Ángel, en el adiós definitivo, afirmaba: muero inocente, me he confesado.
      Los cadáveres fueron trasladados a un lugar extramuros de lo que actualmente es el Cementerio de Colón y conocido con el nombre de San Antonio Chiquito, acompañados por una compañía de voluntarios. No se permitía a los familiares el reclamo de sus muertos para darles sepultura.
      En el sitio fueron arrojados los cuerpos sin vida en una fosa de 2 metros de largo por 1 ½ metros de ancho y 2 ½ de profundidad. Para proporcionarles un mejor acomodo en el fondo, se dispuso colocar 4 en un sentido y los otros 4 en sentido opuesto.
      Las partidas de defunción no se registraron en ninguna iglesia parroquial. No fue sino después de 2 meses y medio que se asentaron sus partidas de enterramiento en los libros del cementerio de Colón, donde aparece que los cadáveres fueron inhumados de limosna.
      Esto permite comprender hasta qué punto de humillación quiso llevarse todo lo concerniente a la ejecución de los ocho estudiantes del primer año de Medicina. De sus restantes compañeros de curso, 11 fueron condenados a 6 años de prisión, 20 a 4 años y 4 a 6 meses de reclusión, con independencia de que los bienes de todos quedaron sujetos a las responsabilidades civiles determinadas por las leyes.
      La tragedia, que concluyó el 27 de noviembre, se ha expuesto generalmente como hecho aislado, limitada a una inocente travesura estudiantil bárbaramente castigada por el régimen colonial, sin relación alguna con la lucha que libraban los cubanos por su independencia.
      Este oscuro hecho fue un escarmiento ejemplar que quiso dar España ante el desarrollo insurreccional para desatar el terror y demostrar así la medida de los extremos a que podía llegar un sistema agonizante. Tanto el abominable crimen, como el inconcebible proceso judicial que lo precedió, contribuyeron a fortalecer el sentimiento independentista de los cubanos.
      La fecha de noviembre 27 se celebra en Cuba como día de Duelo Nacional. En memoria a los jóvenes fusilados injustamente, se encuentra este Monumento a los ocho estudiantes de Medicina, a la salida del Túnel, a la izquierda del Malecón habanero.
      Datos de los estudiantes
      Alonso Álvarez de la Campa y Gamba (edad 16).

      Nacido: 24 de junio de 1855

      Bautizado
      Fecha: 25 de agosto de 1855

      Lugar: Parroquia de Nuestra Señora de Monserrate, La Habana
      Libro: Bautismo de Blancos, Libro 5, Folio 59, No. 241
      Por: Pbtro. Francisco de Paula Gispert

      Anacleto Bermúdez y González de Piñera (edad 20).

      Nacido: 7 de junio de 1851

      Bautizado
      Fecha: 23 de julio de 1851

      Lugar: Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, La Habana

      Libro: Bautismo de Españoles, Libro 31, Folio 505, No. 1009

      José de Marcos y Medina (edad 20).

      Nacido: 7 de marzo de 1851

      Bautizado
      Fecha: 16 de abril de 1851

      Lugar: Parroquia de Nuestra Señora de Monserrate, La Habana

      Libro: Bautismo de Blancos, Libro 3, Folio 64, No. 211

      Ángel Laborde y Perera (edad 17).

      Nacido: 5 de diciembre de 1853, Barrio del Cerro, La Habana

      Bautizado
      Fecha: 22 de diciembre de 1853

      Lugar: Parroquia El Salvador del Mundo, Cerro, La Habana

      Juan Pascual Rodríguez y Pérez (edad 21).

      Nacido: 24 de junio de 1850

      Bautizado
      Fecha: 5 de agosto de 1850

      Lugar: Parroquia del Espíritu Santo, La Habana

      Libro: Bautismo de Españoles, Libro 40, Folio 25v, n.º 54
      por: Don Antonio Abad Facenda

      Carlos Augusto de la Torre y Madrigal (edad 20).

      Nacido: 29 de julio de 1851, en Puerto Príncipe

      Bautizado
      Fecha: 16 de octubre de 1851

      Lugar: Catedral de Camagüey, Puerto Príncipe

      Libro: Bautismo de Españoles

      Eladio González Toledo (edad 20).

      Nacido: 29 de octubre de 1851, en Quivicán, Habana

      Bautizado
      Fecha: 27 de noviembre de 1851

      Lugar: Parroquia de San Pedro Apóstol, Quivicán, Habana

      Libro: Bautismo de Blancos

      Carlos Verdugo y Martínez (edad 17).

      Nacido: 15 de enero de 1854

      Bautizado
      Fecha: 18 de marzo de 1854

      Lugar: Catedral de San Carlos de Matanzas, provincia de Matanzas
      Libro: Bautismo de Blancos, Libro 27, Folio 84, n.º 320
      por: Pbtro. D. Francisco Caleat
      Situación de España
      La situación para el régimen colonial español era crítica en el año 1871. En aquel momento la administración estaba saturada de funcionarios que, como el gobernador político Dionisio López Roberts, acechaban la ocasión para amasar fortunas por delaciones, indultos y pago de rescates, que constituían crímenes imperdonables contra la corona.
      A pesar de la ofensiva militar española contra las fuerzas mambisas, la Revolución avanzaba y ello fue uno de los motivos de la opresión indiscriminada sobre la población civil. Los mambises estaban dando al mundo civilizado un ejemplo de revolución unificada y organizada, ya con una constitución y un gobierno establecidos.
      El Ejército Libertador asestaba golpes contundentes a las tropas del ejército español. En esos momentos las fuerzas mambisas vivían una etapa de recuperación en el orden militar; Máximo Gómez había obtenido grandes éxitos al invadir Guantánamo y Antonio Maceo, quien también diera una dura pelea en aquel territorio, fue ascendido a coronel, situación que dio al traste con los esfuerzos de Martínez Campos.
      En Camagüey, el mayor General Ignacio Agramonte y Loynaz, tras reorganizar su tropa, había protagonizado el 8 de octubre el rescate de Sanguily, una asombrosa proeza que dejó perplejos a los españoles y llenó de admiración a los revolucionarios y simpatizantes, con una muestra de valentía y capacidad combativa que también recuperaban Calixto García y los suyos. Esta situación favorable a la causa independentista exacerbaba la ira colonialista. Ante la imposibilidad de asestar un golpe definitivo a los mambises, desató su furor en mujeres y niños.
      El cuerpo de voluntarios protagonizó la violencia contrarrevolucionaria en las zonas urbanas, donde sembraron el terror. Su condición de dueños casi absolutos de las ciudades, se demostraba en su impunidad en acontecimientos como fue el fusilamiento de los ocho estudiantes de Medicina el 27 de noviembre de 1871, expresión de máxima y feroz represalia que la metrópoli desataba contra los independentistas cubanos, con los voluntarios de La Habana como principales promotores y con la complicidad de las más altas autoridades colonialistas.

      • Albertico dijo:

        Felicidades a la colaboración médica Manzanillo-Granma, tremendo trabajo que vino a enriquecer el artículo del periodista Yanier Sifonte. Gracias a ambos.

      • Rubén Rodríguez dijo:

        Compatriotas manzanilleros, esta semana en Caracas pondremos la película Inocencia a estudiantes venezolanos de historia y medicina. Gracias a los datos que ustedes colocan les hablaremos a ellos. Gracias por la noticia y el magisterio. Un abrazo cordial de Patria o Muerte.

  • Jose R. Oro dijo:

    Felicidades por tan inteligente y balanceado articulo, para el periodista Yunier Javier Sifonte Díaz. Este es uno de los momentos mas tristes de la historia de Cuba y debe ser tratado, como en este documento, con toda la seriedad debida

    • Colaboración Médica Manzanillo-Granma. dijo:

      Poema de José Martí
      En 1871, José Martí escribió un poema sobre el asesinato de los ocho estudiantes de Medicina. [1]
      A mis hermanos muertos el 27 de noviembre de 1871
      Cadáveres amados, los que un día
      ensueños fuísteis de la Patria mía,
      Y luche con mis lágrimas, que hervían
      en mi pecho agitado, y batallaban
      con estrépito fiero,
      pugnando todas por salir primero;
      y así como la tierra estremecida
      se siente en sus entrañas removida,
      y revienta la cumbre calcinada
      del volcán a la horrenda sacudida,
      así el volcán de mi dolor, rugiendo,
      se abrió a la par en abrasados ríos,
      que en rápido correr se abalanzaron,
      y que las iras de los ojos míos
      por mis mejillas pálidas y secas
      en tumulto y tropel precipitaron.
      Lloré, lloré de espanto y amargura:
      cuando el amor o el entusiasmo llora,
      se siente a Dios, y se idolatra, y se ora.
      ¡Cuando se llora como yo, se jura!
      ¡Y yo juré! Fue tal un juramento,
      que si el fervor patriótico muriera,
      si Dios puede morir, nuevo surgiera
      al soplo arrebatado de su aliento!
      ¡Tal fue, que si el honor y la venganza
      y la indomable furia
      perdieran su poder y su pujanza,
      y el odio se extinguiese, y de la injuria
      los recuerdos ardientes se extraviaran,
      sobre un montón de cuerpos desgarrados
      una legión de hienas desatada,
      y rápida y hambrienta,
      y de seres humanos avarienta,
      la sangre bebe y a los muertos mata.
      Esclavos tristes de malvadas gentes,
      las hienas en legión se desataron,
      y en respirar la sangre enrojecida
      con bárbara fruición se recrearon!
      Y así como la hiena desaparece
      entre el montón de muertos,
      y al cabo de un instante reaparece
      ebria de gozo, en sangre reteñida,
      ¡así con contemplarte se recrea,
      así a la patria gloria te arrebata,
      así ruge, así goza, así te mata,
      así se ceba en ti, maldita sea!
      ¡Campa! ¡Bermúdez! ¡Álvarez! Son ellos,
      pálido el rostro, plácido el semblante;
      ¡Horadadas las mismas vestiduras
      por los feroces dientes de la hiena!
      ¡Ellos los que detienen mi justicia!
      ¡Ellos los que perdonan a la fiera!
      ¡Dejadme ¡oh gloria! que a mi vida arranque
      cuanto del mundo mísero recibe!
      ¡Deja que vaya al mundo generoso,
      donde la vida del perdón se vive!
      ¡Ellos son! ¡Ellos son! Ellos me dicen
      que mi furor colérico suspenda,
      y me enseñan sus pechos traspasados,
      y sus heridas con amor bendicen,
      y sus cuerpos estrechan abrazados.
      ¡Y favor por los déspotas imploran!
      ¡Y siento ya sus besos en mi frente,
      y en mi rostro las lágrimas que lloran!
      ¡Oh gloria, infausta suerte,
      si eso inmenso es morir, dadme la muerte!
      Cuando la gloria
      a esta estrecha mansión nos arrebata,
      el espíritu crece,
      el cielo se abre, el mundo se dilata
      y en medio de los mundos se amanece.
      ¡Déspota, mira aquí cómo tu ciego
      anhelo ansioso contra ti conspira:
      mira tu afán y tu impotencia, y luego
      ese cadáver que venciste mira,
      que murió con un himno en la garganta,
      que entre tus brazos mutilado expira
      y en brazos de la gloria se levanta!
      No vacile tu mano vengadora;
      no te pare el que gime ni el que llora:
      ¡mata, déspota, mata,
      para el que muere a tu furor impío,
      el cielo se abre, el mundo se dilata!
      José Martí

  • #Ana dijo:

    Bonita manera de contar un hecho que aun conocido por todos, se pierde en los entresijos de la historia

  • Vater dijo:

    Excelente trabajo. Felicito al autor.

  • cubanodeapie dijo:

    Excelente articulo, un justo recordatorio de nuestra historia, historia que nunca nuestro pueblo debe olvidar por que de ella depende nuestro futuro como nación, Felicitaciones al periodista y justo tributo a los caidos.

  • Angel dijo:

    Muy buen trabajo, fiel a la historia

  • Odalys dijo:

    Tener presente la historia es comprometer el futuro, los niños y jóvenes de hoy deben tener conocimiento de la historia de su país.

  • yordanqui76 dijo:

    #UCMPinar #MaisMedico En la Universidad de Ciencias Medicas de Pinar del Rio se realizo el Acto Provincial por el 147 aniversario del fusilamiento de los 8 estudiantes de medicina con la participacion de autoridades del Partido, la UJC y demas invitados. El dia comenzo con una marcha estudiantil desde el Bloque docente Simon Bolivar hasta la Plaza 27 de Noviembre de dicha universidad, donde a su llegada se dio inicio al maravilloso acto.

  • sachiel dijo:

    Una sola cosa ronda mi cabeza: ¿eran tan fuertes los voluntarios españoles, que el propio Ejercito español no pudo detenerles? Recuerdese que retuvieron a varios generales, e intentaron agredir a Capdevila y a otros defensores, miltares de oficio, ¿eso no era sedición tambien?

    ¿Por qué 16 años despues, ante la revelación del hijo de Gonzalo de Castañon, no se abrió sumario contra los promotores de tal masacre?

  • Kevin Jaciel Gomez dijo:

    Un articulo excelente.

  • enrique15 dijo:

    Si una película no voy a perderme en el ya cercano festival de cine, será esta sobre los estudiantes de medicina. Espero que la historia recoja todos los sucesos relacionados con los hechos y que salga una película digna del honor que merecen esos muchachos asesinados por el odio y la intransigencia atroz.

  • Yordani. dijo:

    Excelente trabajo periodístico-investigativo. Solo conocía de la actitud digna del capitán español Federico Capdevila, pero no de Nicolás Estévanez ni los otros españoles que se mencionan se opusieron a la injusticia cometida contra los 8 estudiantes de medicina fusilados ese día. Honor y respeto, extensivo a la figura de Fermín Váldez Dominguez y a los miembros de la sociedad abakúa que murieron ese día.

  • guajira dijo:

    Felicidades Yunier por tan excelente artículo, un dia muy triste, inocentes niños, por eso siempre lo recordaremos y seguiremos buscando en la historia, pude ver una parte del making de la pelicula Inocencia en un documental, muy triste, y muy bien por la sociedad Abakuá de honrar a los que cayeron, héroes también.

  • Albertico dijo:

    Felicidades muy buen trabajo investigativo sobre un hecho ta doloroso para nuestro país ahora me gustaría conocer que pasó con los verdugos, si en algún momento fueron denunciados, enjuiciados, sancionados, condenados, ajusticiados o si vivieron en paz el resto de sus vidas.

  • joloro dijo:

    Un excelente artículo,con referencias historicas muy precisas y fundamentadas.Realmente fue un suceso muy triste,injusto,irracional.Muy valientes los militares españoles que defendieron la verdad.Cobardes y sucios los Voluntarios que promovieron y apoyaron el crimén,los colonialistas que lo ejecutaron.Desconocia tantos detalles sobre los negros asesinados ese dia.Creo que profundizar en estos sucesos seria muy positivo y esclarecedor.Que jamas olvidemos este dia de nuestra historia.

  • DrC. Esequiel Hernández dijo:

    Cuando los voluntarios fueron al aula a detenerlos, el profesor Bustamante no los entregó, más bien expulsó a los voluntarios quienes regresaron mas tarde y el profesor Pablo Venecia si los entregó, entonces comenzó el circo romano
    Este Pablo Venecia por desgracia fue el mismo que luego realizó la necropsia de José Martí, y viviendo en Oriente y apenado de haber entregado a sus alumnos a los voluntarios (que también eran cubanos)

    Un abrazo

  • DrC. Esequiel Hernández dijo:

    El médico manzanillero Francisco Codina estaba entre los sentenciados y cumplió cárcel por ello

  • AKM83 dijo:

    Excelentísimo trabajo, que manera tan linda de contar la historia que aún sin haberla vivido y habiéndola escuchado por nuestro profes durante muchos años reconozco que hoy he aprendido algo.

    • Yunier Sifonte dijo:

      Gracias a usted y al resto de los foristas que elogian el trabajo. Es un deber acercarnos a la historia de la manera más natural posible, y junto a los hechos, mirar los hombres que los protagonizaron. Todavía queda mucho por descubir en este y otros temas. Si el texto le pareció productivo, entonces el trabajo valió la pena. Saludos

  • Adrian Salazar dijo:

    Hoy es un dia cargado de historia para nosotros los cubanos, pues rendimos homenaje a los 8 estudiantes de medicina fusilados injustamente por el gobierno español. También un dia como hoy pero en 1958 cae en combate el comandante del ejercito rebelde Braulio Curuneaux y el capitán Guillermo González durante la Batalla de Guisa.

  • Néstor del Prado Arza dijo:

    Ya Yunier Javier nos tiene acostumbrado a sus sustanciosos y bien documentados artículos. Lo felicito una vez más. Sería muy bueno que diera continuidad a este tema de tanta importancia histórica y escribiera sobre las conmemoraciones realizadas de las generaciones que le sucedieron, tanto en la etapa anterior al triunfo de la Revolución, como a partir de 1959. El 27 de noviembre ha sido una de las más extraordinarias bandera de lucha del estudiantado cubano.
    Yo me comprometo a apoyarlo en la memoria histórica de la conmemoración del centenario en 1971, en que yo estaba como presidente de la FEU de la UH y de Cuba. Un gran abrazo

    • Yunier Sifonte dijo:

      Estimado Néstor, gracias por sus palabras. Dé por seguro que tendré en cuenta su sugerencia. Este es un tema apasionante que como usted dice marca la historia del movimiento estudiantil cubano. Estoy seguro que faltan muchas historias por contar. No dude que lo contactaré para comenzar a trabajar. Un saludo.

  • Cero tolerancia dijo:

    Me encantó este trabajo, enriquecido con los comentarios de los lectores. Espectacular!

  • Don Vicente Antonio de Castro y Bermudez dijo:

    Excelente articulo,mis parabienes para el periodista,es a eso lo que yo llamo un articulo serio y no lo que hacen muchos en este y otros medios...decirles que me emocionó muchisimo,aun más pues soy medico y considero que este es un capitulo super triste de nuestra historia patria,emocionante tambien,pues no tenía conocimiento de acto realizado por los 5 miembros de la sociedad Abakúa,por cierto de gran valentía.
    En fin excelente reportaje,amplio,esclarecedor y que insita a quien lo lee a investigar...creo que esos son mejores ingredientes para cocinar un articulo periodistico.

  • Yasnay Grisel Ferrer Herrera dijo:

    Triste suceso el de los 8 estudiantes de medicina ,los colaboradores de la misión médica en Venezuela le rendimos tributo con el cumplimineto del deber y demostrando la valía de la medicina Cubana en la atención a este maravilloso país de Bolívar y de Chávez

  • Isidro José Zertucha Martínez dijo:

    como complemento a este trabajo les sugiero agregarles el reportaje aparecido hoy en el periódico GRANMA:

    como detalle agrego que el nombre correcto era Dr. Isidro Teodoro Zertucha y Ojeda, y que también era el hermano del Dr. Máximo Mauricio Zertucha y Ojeda (médico personal de Antonio Maceo)

    http://www.granma.cu/cuba/2018-11-26/ni-mis-companeros-ni-yo-habiamos-cometido-delito-alguno-26-11-2018-13-11-24

    Autor: Delfín Xiqués Cutiño | archivo@granma.cu

    26 de noviembre de 2018 13:11:24

  • Isidro José Zertucha Martínez dijo:

    «Ni mis compañeros ni yo habíamos cometido delito alguno»

    Testimonio de un sobreviviente de los sucesos del 27 de noviembre de 1871

    Autor: Delfín Xiqués Cutiño | archivo@granma.cu

    26 de noviembre de 2018 13:11:24
    Fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina.
    Fusilamiento de los ocho estudiantes de medicina. Cuadro del pintor Manuel Mesa. Foto: Granma

    Uno de los crímenes más horrendos cometidos por el colonialismo español en Cuba, fue sin lugar a dudas el fusilamiento de los ocho inocentes estudiantes de medicina, ocurrido el 27 de noviembre de 1871.

    Han transcurrido casi ciento cincuenta años de aquellos terribles hechos y nuestro pueblo cada vez que conmemora esa luctuosa fecha se estremece de dolor, porque esa herida aún permanece abierta y jamás se cerrará.

    Todo comenzó en la tarde del 23 de noviembre cuando un grupo de estudiantes de medicina del primer año esperaban al profesor de anatomía, en el anfiteatro anatómico del antiguo Asilo de San Dionisio, continuo al Cementerio de Espada.

    Su ubicación actual corresponde a las calles San Lázaro, Vapor, Espada y Aramburo, como limitantes del cementerio y el anfiteatro anatómico colindando con éste por su lado de Vapor.
    Los estudiantes se dispersaron por el camposanto. Unos dieron vueltas subidos a la carretilla donde conducían los cadáveres. Otro arrancó una flor y el resto jugaban entre sí lanzándose piedras, entre uno y otro comentario o burla. Eso fue lo que ocurrió.

    «Profanaron la tumba de manera intencionada de Don Gonzalo Castañón y rayaron el cristal de su nicho» esto fue lo que dijeron las autoridades españolas que sucedió.
    El doctor Isidro Teodoro Zertucha y Ojeda, de 94 años de edad, es uno de los supervivientes de los estudiantes fusilados el 27 de noviembre de 1871. Foto tomada en noviembre de 1946. Foto:

    Teodoro Zertucha tenía diecinueve años cuando ocurrieron aquellos funestos sucesos y no se encontraba allí aquella tarde. Cuando lo entrevistaron en noviembre de 1946, contaba con noventa y cuatro años de edad y permanecía recluido en la Sala Inclán en la Quinta Covadonga, en La Habana (hoy Hospital Salvador Allende).

    Este venerable anciano al igual que Fernándo Méndez Capote, eran en aquella época, los únicos supervivientes que existían de aquellos trágicos acontecimientos. Increíblemente el doctor Zertucha estaba muy lúcido. Recordaba todo, o casi todo lo ocurrido con sus compañeros de clase.

    Por unas amistades se enteró de que los voluntarios tenían cercados en aula a sus compañeros. No obstante, decidió presentarse y correr la misma suerte que ellos.

    Dijo Zertucha: «Ni mis compañeros ni yo habíamos cometido delito alguno para que se nos detuviera... No tuve dificultades para entrar. Me dejaron hacerlo con la pasión del que ha tendido una trampa y espera, sin impacientarse, a que sus víctimas vayan cayendo en la, misma.

    «En el aula me enteré que por la mañana el Gobernador y los voluntarios habían intentado detener al segundo curso de Anatomía, pero que su profesor, el doctor Sánchez de Bustamante, se había opuesto. Por la tarde regresaron, pero se dirigieron al aula del doctor Valencia, quien no opuso la más leve resistencia y dejó que nos detuvieran con su anuencia, entregando las listas de clase a las autoridades que las reclamaban, garantizando a algunos, pero no a todos.

    «Un poco más tarde se nos trasladó a la cárcel, que estaba entonces en lo que es hoy la explanada de los Mártires. Por la puerta de Prado fuimos entrando directamente a la Sala de la Audiencia y allí, en la misma mesa donde se decidieran horas más tarde la vida de ocho de los nuestros y el destino de los restantes, comimos aquella noche.

    «Un celador entró a tomarnos declaración. Aquel hombre honrado nos confesaba que ignoraba de qué se nos acusaba, porque a juzgar por las declaraciones él no encontraba delito alguno por el que se nos pudiera juzgar. Después nos llevaron a la Jaula, que era un depósito de chinos, según íbamos declarando.

    «El día que nos detuvieron era sábado. El domingo siguiente lo pasamos en la Jaula. De la calle llegaban rumores de que los voluntarios iban a pedir las cabezas de nosotros. Estábamos serenos. No habíamos cometido delito alguno.

    «Como a las siete de la noche de aquel domingo los voluntarios celebraban una parada. Una compañía del Quinto Batallón, al desfilar, gritó: «Mueran los estudiantes...»

    «En la cárcel sólo rumores llegaban hasta que ya de noche percibimos el ruido de una muchedumbre que protesta en las afueras de la prisión. La campana del penal tocó a rebato. Los familiares que nos habían visitado aquel domingo, tuvieron que retirarse, presos de la mayor inquietud.

    «Quedamos incomunicados. El rugido de aquella ola humana que reclamaba nuestras vidas se fue extinguiendo después que en la prisión se adoptaron medidas excepcionales para evitar una catástrofe».
    Doctor Fernando Méndez Capote, superviviente del fusilamiento de los estudiantes de medicina, el 27 de noviembre de 1871. La foto corresponde a noviembre de 1946. Foto: Bohemia

    LOS JUICIOS

    «El lunes, -- continúa el doctor Zertucha--, nos hicieron bajar. En un portal, adentro de la prisión, estaba constituido el Consejo de Guerra. Nos formaron. Escuchamos las acusaciones. No pudimos escuchar el discurso del capitán Federico Capdevila.

    «Sólo supimos que su defensa había excitado a los voluntarios, al extremo de que habían intentado matarle, y para evitarlo recurrieron a sus espadas tanto Capdevila como los demás miembros del Consejo de Guerra. La sentencia del Consejo aquél era arbitraria, pero no condenaba a ninguno a la pena de muerte. Por eso no satisfizo a los voluntarios. Y fue anulada. Vino el segundo Consejo de Guerra.

    «En esta ocasión nos fueron llamando uno a uno, primero; después a todos juntos. Cuándo me tocó declarar, el fiscal me preguntó qué sabía yo que habían hecho los estudiantes en el Cementerio. Yo respondí que lo ignoraba todo. Esa fue mi salvación.

    «A los que eran un poco explícitos y declaraban alguna cosa sin importancia los declaraban culpables. Fue así como Alonso Alvarez de la Campa fue considerado responsable al confesar, ingenuamente las infantiles actividades del carretón y el detalle sin importancia de que del jardín del cementerio él había arrancado una flor.

    «Recuerdo detalles de aquel Consejo, —continúa diciendo el doctor Zertucha—. Sus integrantes no eran militares, sino voluntarios, pero estaban sin armas. También recuerdo que en el patio de la cárcel estaban sentados en un cajón, con la cabeza entre las manos, los generales jefes de los cuerpos de artillería e ingenieros.

    «Estaban arrestados por los voluntarios. Estos se habían enterado de que los jefes militares consideraban como un motín la forma de conducirse y demandaban medidas de rigor para hacerlos entrar en razón y respetar la Ley. También nos enteramos en aquellos momentos que el comandante de la fragata de guerra española "Zaragoza" había estado en Palacio.

    «Quería desembarcar a los marineros de su barco para contener a los voluntarios amotinados. El Capitán General Romualdo Crespo rechazó los ofrecimientos del caballeroso marino, por temor a que los voluntarios se exaltaran más y dispersándose por la ciudad cometieran toda clase de desafueros».
    Primera misa celebrada el 27 de noviembre de 1899, ante la pared del Cuartel de Ingenieros que existía al lado del Castillo de la Punta, donde fusilaron a los estudiantes el 27 de noviembre de 1871. Foto: Archivo de Granma

    LA SENTENCIA

    «Nos devolvieron a la Jaula--, sigue relatando el doctor Zertucha--. Como a las tres de la tarde se escuchó un toque de silencio. El sordo rumor de la muchedumbre que en las afueras de la prisión rugía sin cansancio, fue acallándose lentamente.

    «De la galera contigua a nosotros, los presos comunes que en la misma estaban y que por su proximidad a la calle podían observar mejor, nos trasmitían los detalles. Nos dijeron que fusilarían a uno. Las voces de la calle volvieron a rugir.

    «Otro toque de silencio. Los presos nos comunicaron entonces que fusilarían a dos. Las voces volvieron a rugir. Otro toque de silencio y la muchedumbre de voluntarios y toques de silencio, fuimos enterándonos que se fusilaría a 8... Consternados nos mirábamos unos a otros. ¿Quiénes de nosotros serían los elegidos para ser llevados al paredón?

    «Esa era la terrible interrogación que nos hacíamos. La angustia nos colmaba todo y anulaba cualquier otro sentimiento... Había pavor en las almas. Habíamos perdido la fe en la justicia... «Separaron primeramente a los cuatro que habían confesado que en el Cementerio, una tarde, habían tomado el carro donde se conducían los cadáveres de los pobres de solemnidad, para dar una vuelta por dentro del mismo Cementerio, mientras llegaba el profesor.

    «¡Qué ajenos estaban ellos cuando dieron aquella vuelta, que estaban sellando sus destinos y que en ese mismo carro, unas horas más tarde, se llevarían sus cadáveres al cementerio!

    «Alonso Alvarez de la Campa fue también sacado. Había jugado con un rosal arrancándole una flor. Ese era todo su delito. Con él se completaban cinco. Los colocaron en una bartolina. Faltaban tres. Vimos entonces venir hacia la galera donde estábamos a un coronel de voluntarios, seguido de varios oficiales.

    «Traía en las manos un papel. Leyó tres nombres. Uno era Bermúdez, sí, Anacleto Bermúdez. Otro era Marcos Medina. Del tercero no puedo acordarme ahora. Pero con esos tres completaban los ocho».
    Tarja que recuerda el lugar donde fueron fusilados los ocho estudiantes de medicina el 27 de noviembre de 1871. Foto: Archivo de Granma

    EL MOMENTO MÁS TERRIBLE

    «Fue el momento más terrible de mi vida» --, continúa explicando el doctor Zertucha--. Y después agrega: «Jamás olvidaré aquella despedida. Cada uno fue desembarazándose del reloj, de las prendas, del pañuelo y lo fue repartiendo entre los que allí estábamos».

    «Hubo abrazos y hubo lágrimas... Los sacaron rápidamente y los reunieron con los otros. En la galera había un silencio sepulcral. Nos mirábamos como aterrados. Recuerdo perfectamente que yo estaba cerca de la puerta y los vi salir uno a uno, mientras en sus manos inocentes los voluntarios ponían esposas.

    «Vimos entrar ocho curas. Eran los confesores. Media hora más tarde vimos salir a nuestros compañeros. Iban con las manos esposadas. Junto a cada uno de los condenados marchaba el confesor pidiendo al cielo que recibiese aquellas almas inocentes.

    «Marcharon por entre una doble fila de voluntarios que los miraban indiferentes. Levantando las manos esposadas cuando pasaban por cerca de nuestra galera nos decían adiós. Iban serenos. Yo los vi ir...

    «Escuchamos una descarga. Se había cometido el horrendo crimen... Yo tenía 19 años. Teníamos la suficiente cultura para no acusar a España de ese crimen, pero si a los voluntarios que no eran España...»
    Estudiantes cubanos desterrados en 1871. Sentado en el suelo, a la extrema derecha, el doctor Teodoro de la Cerra y Dieppa. Santiago de Compostela, 30 de enero de 1873. Foto:

    LAS CANTERAS

    «Apenas si el eco de los disparos se había perdido, aunque nosotros lo percibimos durante mucho tiempo y aun creo percibirlo yo, a pesar de los años, cuando el mismo coronel de voluntariosretornó a la galera. Leyó los nombres y las condenas.

    «Yo tenía que cumplir cuatro años de presidio. Sin tiempo para nada nos sacaron de aquella galera y atravesando una doble fila de voluntarios que nos gritaban: "A las canteras, a las canteras... a las canteras...", pasamos al Presidio Departamental, como se le llamaba entonces».

    «Nos quitaron las ropas de civiles que hasta ese momento vestíamos y nos entregaron el uniforme de los presidiarios. En los pies un grillo de tres eslabones fue remachado. Nos dieron además un número. Yo era el A-144. La letra era de la galera a donde estaba destinado. Por el momento todos fuimos a la misma galera.

    «A las cuatro de la mañana del 28 de noviembre ya estábamos camino de las canteras. El grito de venganza de los voluntarios se saciaba en nosotros con ímpetu brutal. Nos pusieron a cargar cantos. Estos medían una vara de largo por tres varas de grueso. Entre tres teníamos que cargarlos para colocarlos encima de una carreta.

    «Los carreteros levantaban la yunta de bueyes para que la carreta bajara. En ese momento nosotros teníamos que empujar el canto hacia la plancha de la carreta.

    «Cuando nos vieron las manos sangrantes nos dieron un remedio casero. Consistía en empaparnos las manos de sebo y orina. Aseguraban que las manos se endurecían y soportaban mejor la faena. En la misma cantera almorzábamos. De una bodega cercana nos enviaban la comida. La cantera era un barranco. En lo profundo estaban los presidiarios mezclados con los cabos de vara y los carreteros.

    «En lo alto, los guardias armados con rifles. Allí estábamos treinta y un estudiantes. Por la tarde, ya anocheciendo, nos llevaron a pie por todo el litoral a la calle de San Lázaro hasta el Presidio Departamental, donde dormimos para volvernos a levantar al otro día a las cuatro de la mañana. Y así otro día y otro... hasta completar tres meses.

    «La cuadrilla la integrábamos unos cien presos. Todos estaban condenados por causas políticas. La cantera era la misma donde José Martí, dos años antes había sufrido y padecido, como sufríamos y padecíamos nosotros ahora.

    «A los tres meses nos sacaron de la cantera. En distintos departamentos fuimos repartidos. Unos fueron a la Quinta de los Molinos que era entonces residencia veraniega de los capitanes generales a trabajar como criados, barriendo y limpiando. Yo fui trasladado a la sastrería. Después ingresé en la banda del penal, valiéndome de que conocía un poco la flauta. Y allí fue donde la aprendí bien».
    Supervivientes del 27 de noviembre de 1871. Parados, de izquierda a derecha: Doctor Fernándo Méndez Capote, doctor José Ramírez y Tovar, doctor Luis Córdova y Bravo, doctor Antonio Reyes y Zamora, Francisco de Armona. Sentados, de izq. a derecha: Angel Valdés Cajigal, doctor Mateo Trías, doctor Isidro Zertucha. Foto: Archivo de Granma

    EN LIBERTAD

    «Una mañana nos mandaron a formar. Eran las cuatro de la madrugada. A esa hora no sólo sacaban a los presos que iban a las canteras, sino también a los que iban a La Cabaña a cortar yerba y a realizar otros trabajos. Nos trasladaron, junto con la cuadrilla que iba a La Cabaña, al pescante de La Punta, donde los embarcaban.

    «Allí vimos que además de la lancha para ese traslado, había otra de la Marina de Guerra. Además junto al embarcadero había veinticinco hombres de infantería de marina y un cañón. Nos embarcaron. Con sorpresa para nosotros, nuestra lancha no se dirigió a La Cabaña, sino hacia la fragata de guerra «Zaragoza», que estaba anclada en medio de la bahía.

    «Los infantes de marina, con el cañón, nos seguían en otra lancha. Inmediatamente que estuvimos a bordo nos formaron. El comandante del barco nos informó que estábamos en libertad desde aquel momento, pero aun cuando no estábamos desterrados, nos suplicaba que no abandonásemos el barco y que desembarcáramos en cualquier lugar que no fuera Cuba.

    «Yo fui a Barcelona. Allí terminé mi carrera. Después regresé a Bejucal, donde he ejercido hasta hace un año. El mismo día en que cumplí los noventa y tres años, hice mi última receta».

    Fuente:

    Libro 27 de noviembre de 1871, de Fermín Valdés Domínguez, octava edición, Universidad de La Habana, Comisión de Extensión Universitaria, 1969.

    Revista Bohemia, 24 de noviembre de 1946.

    • Elio dijo:

      Nunca como este día he aprendido tanto sobre esta triste efémeride. Gracias a usted y demás foristas, como Colaboración Médica... Una pregunta, que parentesco tiene usted con los doctores Zertucha?

  • Raul dijo:

    Muy buen artículo, es necesario recordar, para que los voluntarios de esta época de internet, que con mentiras justifican y promueven los crímenes más atroces contra su patria, vean el triste lugar que dejaran en la historia. Homenaje y recordación para todos aquellos hombres dignos que se opusieron al crimen.

  • Marta O. Carreras Rivery dijo:

    Interesantísimo artículo. Una provocación para profundizar e investigar sobre la rica historia patria; una aproximación que nos conduce a imaginar el convulso momento del parto de la nación cubana formada al fragor de la lucha por la justicia, sueño común que no diferencia en razas ni procedencia, que nos unió en la manigua y que nos llega hasta hoy.

    “Antes que la patria están la humanidad y la justicia”-exclamó el dignísimo peninsular Estévez. "Patria es Humanidad", sentenció también Martí, y el Che, y Fidel, concepto que llevan en el morral de sus acciones, los miles de cubanos que en diferentes momentos de nuestra historia han puesto sus vidas al servicio de las causas más nobles y justas dentro y fuera de nuestras fronteras.

    Y también está una narrativa no menos importante: la de los apátridas y desclasados, que azuzan odios contra los suyos: los barriguistas que sueñan llenar sus panzas con las migajas que les tiran los opresores que también los desprecian. De esos hay en todas partes y en todas las historias; a esos hay que identificarlos como a los virus y cerrarles el paso.

  • Dayami dijo:

    No debemos olvidar la historia,yo estudio medicina tengo 20 años,pienso en q ellos tenían mi edad y me causa mucho más dolor,como propios cubanos q se rebajaron ante el poder español pudieron abogar y buscar esta sentencia para estos jóvenes?todavía n lo entiendo

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Yunier Javier Sifonte Díaz

Yunier Javier Sifonte Díaz

Graduado de Periodismo en la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en el año 2016. Periodista de Telecubanacán. Colaborador de Cubadebate. En Twitter: @yunier_sifonte

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