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Una leyenda de la música haitiana visita Cuba

En este artículo: Cuba, Cultura, Haití, Música
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La maestra haitiana Micheline Laudun es una leyenda viva de la música clásica universal. Foto: Vanessa Moquete Denis/ Cubarte.

La maestra haitiana Micheline Laudun es una leyenda viva de la música clásica universal. Foto: Vanessa Moquete Denis/ Cubarte.

La maestra haitiana Micheline Laudun es una leyenda viva de la música clásica universal. A sus 87 años aún toca piano, estudia y no deja de sonreírle a la vida, la cual ha sido pródiga con ella. Considerada una de las más excelsas pianistas de Latinoamérica y el Caribe, ha desarrollado una exitosa carrera por disímiles escenarios del mundo, incluyendo los más exigentes de Europa y Estados Unidos además de aportarle a su país la gloria que la ha acompañado por más de 70 años de carrera.

Micheline Laudun se encuentra en La Habana preparando un concierto junto a la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, el cual será dirigido por el maestro haitiano Tido Dejan, y donde convergen la sabiduría, la experiencia, el talento y la maestría. La maestra Micheline no habla español, por lo cual conversamos además con una de sus hijas, Pascale Denis Moquete, que más allá de ayudarnos con la traducción nos explicó que viajó a Cuba como parte de una Fundación fundada por ella, la cual se encarga de potenciar el legado de su madre a través de conciertos benéficos, documentales y exposiciones sobre ella, y sobre la cultura haitiana.

Pascale, antes de comenzar a dialogar con la maestra Micheline, quisiera saber el motivo de esta presentación en Cuba.

“Este año vamos a celebrar los 70 años de su carrera pianística. Nosotros, sus hijos, tenemos una Fundación, llamada Culturama, y vamos a celebrar el evento el venidero 4 de mayo en Haití. Este jubileo también tiene otro objetivo, que es dar a conocer tanto al pueblo haitiano como al público internacional, otros aspectos de su vida y obra, que serán mostrados a través de un libro que contará su vida y su obra con retratos, anécdotas, recortes de prensa etc. También habrá una recopilación en CD de sus mejores conciertos, que fuera grabado precisamente por nuestro padre, Raoul Denis, ya fallecido, el cual contaba con su propio estudio y que tanto ayudó a la carrera de Micheline. A todo ello se suma un documental que estará dirigido por nuestro hermano Raoul Denis Jr. y como primicia les adelantamos que uno de los objetivos para complementar ese material era el hecho que nuestra madre pudiera tocar con una orquesta sinfónica de renombre internacional, y fue cuando supimos que nuestro amigo el  Mtro. Tido Dejan, también haitiano, había trabajado con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba y así fue que hicimos el contacto y a partir de ahí surge la idea de viajar a La Habana y de hacer este concierto. Este documental tendrá carácter cultural, tendrá esa finalidad, y no un fin comercial ni mucho menos”.

Maestra Micheline, es la primera vez que viene a Cuba, ¿qué siente?

“Así es. Es mi primera vez y estoy muy contenta de estar aquí, pues había sido uno de mis sueños”.

Hay mucha expectativa por parte de nuestra OSN, ¿pero qué expectativas tiene Ud.?

“Tocar junto a la OSN ha sido uno de mis sueños. Yo espero que los músicos tengan los mismos deseos que tengo yo, ya que es un sueño hecho realidad. Estoy muy contenta, de verdad”.

Hábleme de este concierto para piano y orquesta, en la menor, Op. 16  de Edward Grieg, ¿qué complejidades tiene? ¿Cómo se siente interpretarlo?

“Primero hay q decir que es una obra romántica, que tiene mucho virtuosismo. Hay que trabajarlo mucho y poseer una técnica muy fuerte para poder interpretarlo. Al mismo tiempo hay que saber cantarlo, e interpretarlo con sentimientos. Como es un concierto es para una orquesta, ¿pero qué significa esta palabra? Pues concertarse. Hay que conocer muy bien la parte de la orquesta y viceversa, para poder dialogar y entenderse cuando se está tocando”.

Maestra hábleme de sus inicios en la música.

“Bueno, primero tienes que ver que no soy tan joven y mi carrera ha sido muy larga (risas). Tuve mucha suerte, primero con mis padres que entendieron que tenía talento para el piano, así como con maestros que me ayudaron a seguir mi  carrera, tanto en Haití como en el extranjero pues desde los 16 años he obtenido varias becas, y la primera de ellas fue a Estados Unidos. Luego obtuve otra en el Conservatorio de París, en la modalidad de perfeccionamiento, y más tarde en Alemania. También tuve la dicha de haberme casado con una persona que entendió muy bien la importancia de mi carrera, Raoul Denis, quien no me exigió mucho en la vida hogareña sino que me impulsó a seguir mi camino como concertista. A él le debo mucho”.

Se ha desempañado sólo como concertista, ¿pero no ha impartido clases?

“Dar clases es mi pasión, aparte de ser concertista. Poder compartir mi saber con mis alumnos ha sido algo maravilloso, y toda mi vida he dado clases a jóvenes músicos, y he formado muchos pianistas. También escribí un método para la enseñanza del piano adaptado a la realidad haitiana, escrito sólo en francés y en creole”.

¿Ha compartido con algún músico cubano en algún escenario?

“Sí, con Electo Silva, es un gran amigo. Él estuvo en Haití hace un tiempo y tocó violín y yo lo acompañé al piano. Y recientemente estuvo en Haití el maestro Gonzalo Rubalcaba al cual pude apreciar en su concierto de jazz, aunque él me visitó en casa y hasta tocó en mi piano, lo cual le agradezco. Pero yo no toqué junto a él (risas)”.

¿Algún mensaje para el público cubano?

“Estoy muy contenta y muy agradecida de estar entre Uds. y he podido apreciar en los cubanos su disciplina, su forma de ser, su desarrollo, su educación y realmente lo que quisiera es tuvieran más intercambio con el pueblo haitiano”.

Luego de esta pequeña charla la maestra Micheline se dispuso a ensayar por primera vez con nuestra OSN los tres movimientos del concierto para piano y orquesta, en La menor de Edward Grieg. Se levantó de la silla del camerino donde estábamos de manera ágil, y con una sonrisa quinceañera y con una profesionalidad increíble se sentó al piano a hacer escalas y arpegios, a esperar por los minutos de receso de la orquesta. Su jovialidad es contagiosa, su ímpetu es de una fortaleza descomunal. A sus 87 años asumir este concierto –o cualquier otro- y retarse junto a una orquesta sinfónica no es un juego. Es una manera muy sabia de decir, a través del piano: soy una reina.

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