Tenería y calzado: ¿soñar con zapatos en Cuba?

La industria cubana del calzado tiene el reto de abastecer el mercado nacional y trazarse alianzas estratégicas con las nuevas formas de trabajo no estatal. Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Por Caridad Carrobello, con la colaboración de las estudiantes de Periodismo Lilian Knigth y Elizabeth Almeida
Una simple mirada al andar de los transeúntes que se desplazan cada mañana por La Rampa capitalina, el santiaguero Parque Céspedes, o los populosos bulevares de la ciudad de Camagüey y de Bayamo, Granma, lleva a contundentes conclusiones.
Cubanas y cubanos calzan, sobre todo, sandalias, tenis, o zapatos como las llamadas ballerinas, mocasines y hasta botas, ya sean estas últimas para actividades agrícolas, industriales y militares, o simplemente para lucirlas, “porque las altas y con tacones –como estas rojas mías– están de moda por el mundo”, afirma la joven habanera Dilenys Sosa, mientras viaja desde Coppelia en un ómnibus P9.
Mucho han cambiado el gusto y las opciones de calzado entre los pobladores de esta Isla.
Hasta mediados del pasado siglo se importaba cuanto estuviera en boga, ya fueran sandalias de tela con punta de “boca de pescado”, como popularmente se les conoció, mocasines, los puntifinos de dos tonos, así como elegantes confecciones para mujeres, de tacones altos, como exigía el buen vestir de la época.
Luego se trajeron los de charol, chanclos y zuecos, y hasta los plásticos, finalmente elaborados en Cuba un tiempo después.
Pero interesa señalar que, casi 60 años atrás, también gozaban de fama entre los hombres los “corte bajo” de piel, con marcas nacionales como Bulnes, Ingelmo, Valle y Amadeo. Claro, por su alta calidad y precios, no todo el mundo podía adquirirlos, pero al menos se elaboraban en el país y hasta se exportaban hacia diversas partes del mundo.
Por esa misma fecha, el procesamiento cubano de pieles para abastecer dichas producciones se realizaba en 68 tenerías, con diferentes capacidades. Pero este esplendor fue decayendo.
La debacle en las tenerías
La etapa de mayor bonanza en el curtido de piel vacuna en Cuba fue la de los años 80. Se había concentrado esta actividad en 13 industrias pertenecientes a cuatro empresas, ubicadas en las provincias de La Habana, Matanzas, Villa Clara y Camagüey. La capacidad productiva era de tres millones 900 mil metros cuadrados de cuero y mil 500 toneladas de suela.
“Pero en los 90 se fueron extinguiendo muchas fábricas, a causa del deterioro, la obsolescencia tecnológica y falta de recursos, pues el Bloqueo estadounidense cerró aún más la obtención de tecnología y piezas de repuesto. Por otra parte, hubo pérdida del personal que se desplazó hacia otros sectores mejor remunerados, como el turismo”, enumera Mysora López Soler, directora general de la Empresa de Tenería y Pieles (Tenpiel).
“Tampoco podemos olvidar que durante los últimos 30 años en este sector no existieron inversiones fabriles, y ha estado el período especial con muchas restricciones materiales y energéticas, por lo cual se perdió el sistema de mantenimiento.
“Hoy, por ejemplo, lo que pudiera conseguirse en países más cercanos, por el bloqueo, debemos mandarlo a comprar a Italia. A la vez traemos mercancías desde China, donde está el crédito, y tenemos que abarrotar los almacenes y hasta inmovilizar el dinero de las empresas. Eso nos está desangrando porque un contenedor de 20 pies, fletado desde allá hasta aquí, cuesta cinco mil dólares; si fuera desde México no sobrepasaría los mil dólares.
“En el cierre de algunas instalaciones ha incidido además la contaminación medioambiental. Nuestros centros utilizan sustancias muy dañinas como los ácidos sulfúrico y clorhídrico, la misma piel es agresiva biológicamente, además de que tiene la sal incorporada. Las inversiones en la planta industrial hasta 2020, destinarán una parte al tratamiento de los residuales, pero aún debe hacerse más.
“En la actualidad contamos solo con las tenerías José Ramón Martínez, en Guanajay, Artemisa; Patricio Lumumba, Hermanos Herrada y La Raupereza, en Caibarién, Villa Clara; así como la Abel Santamaría, en Camagüey, única en el país que curte al vegetal, pues el resto lo hace al cromo.
“Entre nuestros surtidos están los cueros semielaborados, para tiretas, forros, guantes, medios de protección y otros artículos de talabartería y calzado; wet blue (húmedo azul), un producto de exportación que debiera incorporar mayor valor agregado; cueros terminados, algunos engrasados para la fabricación de botas de trabajo, militares o el calzado profiláctico; y la suela vegetal, que sirve para hacer monturas, aperos de labranza, taburetes, entre otros usos”.
Mysora cuenta cómo se reaniman algunas tenerías con inversiones que elevarán su capacidad. “Pretendemos incrementar el suministro a la industria nacional del calzado. También pudiéramos beneficiar a las formas no estatales que cubren una parte del mercado de zapatos en Cuba”, concluye.
Cadena de principio a fin
Una compleja cadena productiva existe desde la obtención y procesamiento de las pieles hasta la elaboración de calzados. Se inicia en establos y potreros, continúa en los mataderos, saladeros, la transportación de los cueros para su procesamiento en las tenerías, y finalmente la materia prima va a la industria del calzado o la exportación, entre otros destinos.
La primera complejidad de estos enlaces es lo variopinta que resulta la tenencia de las reses. El ganado vacuno y bufalino pertenece a las distintas formas productivas dentro del Ministerio de la Agricultura (Minag), el Grupo Empresarial Azcuba y empresas ganaderas del sector militar.
No todo el mundo cuida sus rebaños, expresa Mysora. “Hoy recibimos la materia prima con desgarros causados por las cercas de púas y con perforaciones producidas por garrapatas. Gran daño ocasiona además el marcaje con hierro caliente, en cualquier parte. Y en adición, la talla y peso de los animales no siempre son óptimos”.
Por lo antes expuesto, en el sector pecuario se impone invertir más en cercas electrificadas, el control sanitario, y el buen manejo y alimentación de los rebaños.
Pero los males no se detienen aquí. A la par, en los mataderos del Ministerio de la Industria Alimentaria (Minal), o de las empresas pecuarias del Minag, entre otros, hay que reducir la espera del ganado antes del sacrificio, como modo de no afectar su peso.
“También es preciso lograr el tiempo mínimo de transportación de la piel extraída (no más de seis horas), su adecuado beneficio y conservación”, puntualiza la directora general de Tenpiel.
Las tenerías cubanas, sin embargo, cargan con el mayor reto: borrar el atraso tecnológico acumulado por décadas y elevar sus producciones para reducir las importaciones de cuero en kit, que hoy realizan las fábricas de zapatos. Varios créditos e inversiones inician ese proceso.
“Nuestro principal propósito es lograr el curtido de pieles con calidad y en cantidades suficientes para la industria del calzado, las confecciones deportivas, la talabartería artesanal y otras formas de producción no estatal”, concluye Mysora.
Entre vapores y pieles
La UEB Caibarién, de Villa Clara, compuesta por tres tenerías y un taller de maquinado, es la más grande del país. En ella se procesa cerca del 80 por ciento de la piel curtida en Cuba.
Sus principales renglones son el wet blue, una producción semiacabada dirigida a la exportación y surtidos para el abastecimiento de la industria nacional del calzado, así como para la confección de equipos de protección y guantes de beisbol.
BOHEMIA visita a la fábrica Patricio Lumumba y pudo constatar el proceso inversionista iniciado en 2008, el cual incluye la sustitución de equipos que abarcan desde el precurtido hasta el terminado.
Su directora, Evelyn Juliá García, explica que ya funcionan nuevas maquinarias en las etapas de exprimido y secado, sin embargo falta más de la mitad de la inversión destinada a la fase de acabado. Esta última área pretende disponer de líneas de lijado, grabado, laqueado, capaces de aumentar la calidad y, por lo tanto, los precios del producto en el mercado internacional.
La firma italiana Ital Project y el grupo REXI, presente desde 1998 en Cuba, están encargados de la inversión, la cual a partir de 2016 también se propone minimizar el impacto ambiental mediante la rehabilitación de los canales internos y externos, así como la instalación de una moderna planta para el tratamiento de residuales, a fin de eliminar restos de cromo, ácido sulfúrico y clorhídrico.
Sobre los vertimientos de esta industria al mar, Francisco Planas, director de Calidad, Tecnología y Desarrollo de la Empresa Pesquera Industrial de Caibarién, aseveró que la tenería es el principal contaminador de la zona costera norte Buena Vista. Genera daños al disminuir las algas marinas importantes para la alimentación de peces y langostas, los cuales se dispersan y mueren al ver afectados los valores de pH, salinidad y oxígeno.
Además de disminuir la carga contaminante, la UEB de Caibarién deberá resolver el problema de la transportación desde los saladeros hasta las tres tenerías de la provincia, tema que generó un incumplimiento acumulado a finales de 2015.
Algunas perspectivas
La agresividad corrosiva de la sangre animal, la sal y los químicos de conservación de las pieles, reduce la vida útil de las planchas transportadoras. Esto lleva a que las empresas de servicios de transporte rechacen trasladar la piel precurtida y por esto se forman los “cuellos de botella” rumbo a las tenerías.
Para ir resolviendo este dilema en 2015 se aprobaron tres cuñas nuevas, tres camiones e igual número de semirremolques, destinados a la empresa nacional Tenpiel, y existe un estudio de factibilidad para otros transportes.
Dentro de las líneas estratégicas de desarrollo en esta industria, comienza la ejecución de programas inversionistas que cierren ciclos productivos y agreguen valor a las pieles de ganado vacuno y bufalino; para una próxima etapa se procesarían las de ovino-caprino, cerdo y exóticas, de acuerdo con la disponibilidad.
En específico, en la tenería Patricio Lumumba, de Caibarién, aunque algunos trabajadores piensen que aún queda “un mundo por hacer” –y no les falte razón por la magnitud de la instalación y lo atrasadas que están determinadas áreas–, sin embargo, Evelyn Juliá se siente optimista.
Compara lo que vio aquí hace dos años cuando llegó al lugar: “Ni cercas había, lo cual ponía en riesgo la protección de cuanto elaborábamos. Pero hoy ya estamos pensando en modernizar y realizar ampliaciones”.
Mientras muestra a los reporteros de BOHEMIA una máquina de pintar las pieles y otra que les imprimirá dibujos, la ingeniera química al frente de la fábrica expresa: “Puedo asegurar que, gracias al interés que el país está poniendo en nuestras producciones, dentro de un tiempo seremos capaces de hacer mejores ofertas para la fabricación nacional del calzado y para otros clientes como Thaba, el Inder, el Fondo de Bienes Culturales, así como para la exportación”.
Producción y comercio: ¿Soñar con zapatos?

Pobre calidad, precios altos y diseños poco atractivos caracterizan ofertas como estas. Foto: Trabajadores.
La industria cubana del calzado tiene el reto de abastecer el mercado nacional y trazarse alianzas estratégicas con las nuevas formas de trabajo no estatal
Todas las tardes se juega futbol en el terreno yermo de la escuela primaria Arístides Viera, del municipio capitalino de La Lisa. El balón va y viene entre una docena de pequeños que aprovechan la salida de las clases para practicar deporte. La pelota se mueve rápida entre tenis viejos, algún que otro zapato de futbol, chancletas destartaladas y hasta unos pies descalzos.
“Mi hijo ha roto ya tres pares de tenis desde septiembre para acá. Antes eran mejores y más baratos”, comenta Tania Rodríguez, notablemente molesta por la mala calidad de lo adquirido en la red de tiendas del Ministerio de Comercio Interior (Mincin).
Varios padres observan e igual se preocupan por el gasto que para la economía doméstica implica la compra anual del calzado escolar. Y si la calidad es mala, pues más pesos caen en saco roto.
Por eso no pocos educandos calzan tenis “de marca” traídos al país y vendidos por una red extraoficial, pero muy bien organizada. Estos, al menos, soportan un año de trotes infantiles.
Pero igual mala fama tienen otros zapatos de vestir, que hoy se mosquean en los estantes de las tiendas recaudadoras de divisas. A estos, si les cae un aguacero o permanecen un tiempo guardados en las zapateras de las casas, pues adiós suelas, y hasta se “descascaran”.
Ante la incertidumbre de si estos calzados salen buenos o no, hay quienes optan por echar otro par en la cartera. O prefieren las ofertas de los artesanos. Lo prueban las aglomeraciones en ferias para mamá, a inicios de mayo; en Fiart, cada fin de año; y en otros espacios de ese tipo, donde a duras penas se puede acceder y comprar en los estantes de zapatería.
Ante las carencias y los frecuentes desaguisados de la industria nacional y de las importaciones, muchos zapateros por cuenta propia han ido llenando espacios del mercado, con gran aceptación por parte de personas de todas las edades.
Ser o no ser…
Guillermo Mesa Santamarina, director de producción y ventas de la industria nacional del calzado, afirma que en los primeros años de la Revolución este sector logró mantener una producción estable y de calidad.
Por ejemplo, se exportaban zapatos de hombre, con la marca Amadeo, hacia Estados Unidos, Latinoamérica y Europa. Esta era una fábrica de mucho prestigio entre los buenos zapateros; se distinguía por la exquisita elaboración y la calidad de la piel.
Pero de igual forma que ocurrió en la actividad de las tenerías, en la industria del calzado la carencia de energía eléctrica, de piezas y materia prima se agudizó durante los años más difíciles del período especial, cuando se cerraron muchas fábricas. A ello se sumó la pérdida de muchos obreros de experiencia, quienes fueron reubicados en otras labores.
“A finales de los 90 y años siguientes, buscamos estabilizarnos, pero en varias etapas la carencia de inversiones en nueva tecnología, y el limitado rescate de recursos humanos, han inclinado la balanza”, plantea Mesa.
Hoy existen 27 industrias de este tipo, sobre todo se concentran en La Habana, Santiago de Cuba, Villa Clara, Granma, Holguín, Camagüey. Las prioridades son la producción de botas para el trabajo, los zapatos profilácticos -conocidos popularmente como ortopédicos- y el calzado escolar, para centros educativos.
Según el directivo, en 2015 se confeccionaron en total 4.8 millones de pares, cifra que no se lograba en el país desde hacía varias décadas, y los planes de 2016 son superiores.
“La política del Ministerio de la Industria Ligera y de Gempil (Grupo Empresarial de la Industria Ligera) es recuperar el mercado nacional y hacer la mayor cantidad de zapatos posible para cubrir las necesidades de la población”, comenta el entrevistado.
“Para lograrlo, desde hace tres años se realizan inversiones. Ya contamos con tres fábricas con tecnología de punta, en el habanero municipio de Regla; en Guanajay, Artemisa; y en Villa Clara. Se hizo además una renovación puntual de tecnología para otras 10 fábricas con el fin de elevar la calidad en las confecciones.
“Existen otros proyectos, que mejorarán por ejemplo la fábrica capitalina de PVC para la bota de goma, de la cual aún no logramos abastecer el mercado porque la tecnología disponible es muy antigua”.
El problema de la disponibilidad de las materias primas también es un obstáculo para la industria del calzado. La piel es el recurso más caro y al no poder obtenerse la suficiente con las tenerías nacionales ni mediante las importaciones, esto ha traído fallos en la confección de los colegiales destinados a la red de comercio interior, explica Mesa.
Pese a estos y otros escollos, hace algunos años se comenzó a trabajar en la línea de calzado para Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD), como parte de la sustitución de importaciones.
“Hubo un período como de tres años que estuvimos inactivos por problemas financieros, pero desde 2014 se volvió a este mercado y empezamos a abastecer también las tiendas del Mincin que comercializan en CUP”, informa Mesa mientras muestra una serie de surtidos dirigidos a dicha red, más asequibles al salario promedio del cubano.
De recorrido por tiendas habaneras del Mincin esta revista no pudo establecer la relación lógica entre los nuevos surtidos de zapatos que se declararon como producidos y las ventas en CUP. Algunos clientes dijeron que nada de eso llega a los estantes y dijeron sospechar que se guardan en la trastienda.
Habría que comprobarlo. Pero sí se encontraron, al doble del precio y más, algunas sandalias y ballerinas de la industria, “coladas” en las ofertas de trabajadores no estatales. Saque el lector sus propias conclusiones…
Volver a nacer
A toda vista, la producción estatal no ha podido ir mucho más allá de las botas militares y de trabajo, el calzado profiláctico y el escolar, todavía en cantidades insuficientes.
Una buena noticia para las enfermeras y enfermeros, es que se prevé comenzar a producir para el sector de la salud. Pero del tan demandado calzado de ocasión –deportivo y de vestir– aún se planifican exiguas cantidades.
La fábrica Aracelio Iglesias, de Regla, es una de las que recibieron el beneficio de las inversiones en los últimos tiempos, y dispone ya de modernos equipamientos.
Según Yoandra Pedraza, técnica en producción, este centro elabora 700 pares de botas y 500 de otros zapatos, pero no es suficiente. Para poder diversificar y ampliar los surtidos, faltan la piel nacional de calidad y otros elementos clave que atañen a estas producciones.
Aun así, el director de producción y ventas de la industria nacional del calzado explica que la política del Ministerio de la Industria Ligera es desarrollar la cadena productiva, que parte desde la producción ganadera, pasa por la reanimación de las tenerías, y de otras fábricas.
“Por ejemplo, se labora en la industria de la goma para facilitar hacer la bota de trabajo en Cuba y no tener que importarla; otras fábricas también pudieran asegurar el casquillo de este tipo de calzado, u otras partes del zapato, para ir sustituyendo la materia prima importada y elevar la calidad.
“La estrategia es ir cubriendo la demanda nacional y a más largo plazo recuperar producciones como el Amadeo, incluso para exportar. Para nosotros es fundamental integrar a nuestra industria las diversas formas de producción, ya sean las cooperativas o zapateros por cuenta propia.
Una cooperativa se levanta
A no pocas cuadras del hospital ortopédico Frank País, en el capitalino municipio de La Lisa, se halla la primera cooperativa del calzado, constituida en Cuba en octubre de 2013.
Todavía sus trabajadores no tienen definido el nombre comercial de la entidad, integrada a partir de la desaparecida fábrica Enrique Hart Dávalos, perteneciente a la empresa Amador Blanco Peña, antigua fábrica de zapatos Ingelmo.
La presidenta, Dayma Torres Fernández, reconoce que la mentalidad de obrero a socio no se cambia de un día para otro. Pero asegura que esta nueva forma de producción, con mayor independencia económica y superiores niveles de decisión de sus integrantes, ha nacido para quedarse.
Entre las ventajas está poder diversificar la producción, lo cual favorece directamente los ingresos de los 33 socios –el anticipo promedio oscila entre 800 y 850 pesos mensuales, más las utilidades a final de año–. Y desde luego, esto permite desarrollar nuevas ofertas para beneficio de la población.
Por encargo de la empresa estatal, la cooperativa produce el calzado escolar conocido como Pionero, botas de trabajo y sandalias. Por otra parte cubre encargos para los integrantes de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, en todos los municipios capitalinos.
De la empresa hoy reciben la piel. Para 2016 piensan contratar directamente con Tenpiel por lo menos un aseguramiento de 200 metros mensuales. Y en el almacén de la antigua fábrica aún guardan materia prima suficiente, como suelas, casquillos, contrafuertes y plantillas.
Según la presidenta, “la cooperativa pudiera hacer más, pero tenemos que inventar muchísimo con las hormas de hace cinco décadas y todos los perfiles de las suelas no son iguales a la hora de montar los zapatos.
“Otro problema es no poder operar en moneda convertible. Eso nos ata porque necesitamos acudir a un proveedor internacional para ir mejorando la tecnología. Tampoco se ha creado en el caso del calzado un suministrador mayorista que ayude a cubrir necesidades como las del pegamento; hoy esto nos resulta demasiado costoso.
“Nuestra fábrica es muy vieja, con maquinaria obsoleta. Vamos reparando los equipos con el esfuerzo de innovadores, la colaboración de mecánicos de otras industrias de calzado, y los contratos que podemos hacer con diversas entidades”.
Pero a pesar de tantos escollos, Dayma y el resto de los socios de la cooperativa no se dan por vencidos: “dentro de un tiempo vamos a levantarla, de seguro”.
(Tomado de Bohemia)
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El comentario está muy bueno pero al final no resuelve el problema. Existe una verdad mas grande que un templo: la necesidad de consumir ese producto, el producto CALZADO pero ahí es donde radica el problema: donde lo compramos? qué calidad tiene? A que precio lo puedes adquirir?
Los particulares NO SE COMO se las arreglan para cambiar en un año el diseño, cuando vienen las tendencias de la moda desde el exterior ellos están al tanto de lo que se usa y cambian los diseños, si se usan sandalias venden sandalias (distintos diseños), si son balerinas venden de todo tipo, color y diseño, plataforma las que tu quieras, boticas, es decir aprovechan el tiempo de la furia masiva de un diseño que está de moda, que la juventud le gusta y es donde se pueden adquirir no es de fábrica pero al final tiene el mismo diseño y calidad.
Soy avileña y aquí es mucho el zapato que venden los TCP en Ciego, las mujeres trabajadoras para sus uniformes (que no se debe usar cualquier tipo de calzado) hasta nos ponemos de acuerdo para comprar los mismo para que todas estemos iguales con el uniforme y el calzado apropiado. Pero es la pura verdad si vas a las tiendas no encuentras nada, ni un diseño representativo ni una calidad que valga la pena , entras a las tiendas y son anaqueles llenos de calzados feos con colores feos y muchas veces no es el material ni la calidad si no es el diseño que se la comen los que compran, que mal gusto por favor, pienso que la economía del país sea como uno en la casa si tienes 20.00 pesos no malgasta ese dinero por que a uno le duele y sabe cuanto trabajo costó ganarlo, piensa uno bien cuando lo va a gastar y que va a comprar, uno busca lo mas económico pero que pueda resultar de lo contrario lo compra al precio por que sabe que le va a durar. Los que compran en el exterior parece no saben cuanto cuesta producir un peso en Cuba y compran lo primero que encuentran sin tener presente nada de lo que hasta ahora se ha hablado en cada comentario así que esto debe se un tema de análisis por que la verdad que es abusivo malgastar dinero en calzado que nadie compra, esto es respecto al tema calzado si analizas otros productos es lo mismo, el que compra no tiene idea de lo que compra y se invaden las tiendas de productos que al final nadie compra ni a nadie les gusta y es dinero ya alguien sin dolor lo gastó en eso.
No pude resistir la lectura del artículo en cuanto leí el nombre, hablan de tenería? que es lo que dicen? En mi niñez corrí algún que otro domingo por una teneria mientras mi papá hacia horas extras, la Onelio Dampier en Regla, se curtian suelas y muy buenas, mi padre innovador de curtición rápida. Me hice química y trabaje en la tenería Cesar Escalnte, en la Virgen del camino, hoy almacen de TRD. Se producian cueros para la industria deportiva, para fabricas de calzados, talabartería y se curtian de todos tipo de pieles, de vaca, cerdo, chivo, tiburon, tilapia, cocodrilos, caguamas, etc. En los noventas llegó el periodo especial la industria decayo mucho, no fui testigo porque me fuí antes. Hace algunos años visité la antigua Empresa Teneria Habana, dirijida muchisimos años atras por Gerardo Hernández, no el heroe, pero si su papá. Aquella empresa otrara prospera me desconsoló, viejos compañeros con caras tristes asinados en un local desvencijado. Ojala un día podamos contar nuevamente con una Industría Tenera prospera, sostenible y respetuosa del medio ambiente. Mi papá ahora con 87 años sueñas todos los días con cueros, bombos y curticiones, yo como química formada en una teneria no veo proceso productivo donde se aplique más esta ciencia. Por otra parte nada mejor que un cuero de calidad para un buen calzado.
Es cierto que las pieles se pierden?
me hago una pregunta q de lejos si lo fueras a mirar tiene que ver con zapatos,e s decir con la materia prima para hacer zapatos
se preocupan algunos con la perdida d elas pieles, por rotura, marcas de fuego y otros y yo me preguntó por los animales que son robados a los ganaderos que tienen que hacerle guardia noche y día , bajo agua sol y sereno y después que los ladrones se lo llevan, lo multan o sancionan, está realmente, esta medida aplicada como es debido?, sin embargo los matarifes como le llaman en lo popular continúan desvistiendo a las vacas y no siempre atrapan al malechor , pero bueno esto sería un tema para otro artículo, pero piénsenlo
gracias
lo que puedo mirar es que todos los exponentes aqui son opositores, quien me reta y dice que no.
Todo esto es cierto y muy real sobre todo que nuestra industria ligera tien que proyectarse en desarrollar las nuevas tecnologias , aun cuando estas inversiones son muy grandes por que lo desarrollado tambien produce eficiencia y calidad , muchas pero muchas empresas de confecciones tienen deficis de maquinarias por que estan obsoletas y aunque el esfuerso de su recuperación atraves del movimiento de la Annir es fuerte llega un momento en que un eguipo no admite reparacuión ni invencioón por que llego al final de su vida util y esto se traduce en salario al final , muy bueno producir ,hace falta cojer ejemplos como este sobre productividad , calidad y eficiencia son otros temas que aqui , saber dios ,
Antes de 1959 había en Matanzas 7 tenerías y más de 120 fabriquitas de zapatos que se llamaban chinchales, las tenerías le vendían suelas y pieles a Bulnes y a Ingelmo
año 1950 Cuba produjo 15 millones de pars de zapatos para un pais con una poblacion de apenas 6.7 millones de personas , en Cuba habia grandes fabricas cubanas que producian calzado de fama mundial Amadeo , Ingelmo , burnel etc que rivalizaban en precios y clidad con las marcas norteamericanas que se comrcializaban en la isla , Florsheim y thon mcan
La Empresa Estatal socialista juega un papel primordial en nuestra economía, por qué aun hay graves problemas de calzado de trabajo. Es comprensible la inversión industrial pero también hay q preocuparse por los medios de protección e higiene del trabajo como las botas de trabajo. Gracias.