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La estrategia nacional de seguridad de Estados Unidos: perspectivas imperiales para el quinquenio

En este artículo: Afganistán, Estados Unidos, Iraq, Seguridad
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Por Alejandro Torres Rivera

 Acaba de ser hecho público este mes por la Casa Blanca el documento titulado Estrategia Nacional de Seguridad (2015). En él, la Rama Ejecutiva de Estados Unidos de América delinea, para el próximo quinquenio, lo que serán los énfasis del gobierno estadounidense en materia de seguridad. Con la advertencia hecha en su presentación por parte del Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, a los efectos de que el crecimiento económico de su país es la base o fundamento de su seguridad nacional, el documento aborda diferentes capítulos tales como Seguridad, Prosperidad, Valores, Ordenamiento Internacional y Conclusiones.

En su Introducción, el documento señala la importancia para Estados Unidos de utilizar dicha estrategia como vehículo para asegurar su poder e influencia en el mundo. En dicha parte, el documento resume los aspectos más importantes sobre los cuales se basó la estrategia de Estados Unidos en los pasados seis años desde que se aprobó la anterior Estrategia de Seguridad Nacional de 2010, a saber: el fortalecimiento de las alianzas de Estados Unidos y la Unión Europea, así como su participación junto con otros Estados, particularmente en foros internacionales, con aquellos que forman parte del denominado G-20 y el grupo de países asiáticos; el regreso de las tropas destinadas a Afganistán e Iraq  y el fortalecimiento de un proceso de transición democrática en estos países bajo los gobiernos existentes; las respuestas de Estados Unidos ante desastres naturales en lugares como Japón y Filipinas; los esfuerzos llevados a cabo para la no proliferación de armas nucleares y de destrucción masiva, incluyendo los esfuerzos desarrollados dentro del marco de la imposición de sanciones a los países que promueven su desarrollo para producir armamento nuclear; el reposicionamiento de Estados Unidos desde el punto de vista de sus inversiones en Asia, África y América Latina; el debilitamiento de organizaciones como Al Qaeda y el enfrentamiento a amenazas como las del Estado Islámico de Iraq y Levante; el desarrollo de nuevas capacidades para enfrentar los llamados “cyberataques”; la nueva amenaza que supone la Federación Rusa y las nuevas pandemias que enfrenta el mundo. Una mirada al nuevo documento de 2015 permitirá constatar que la llamada ¨nueva¨ estrategia de Estados Unidos no es sino un refrito de la anterior.

En el nuevo documento, se establecen como prioridades lo que se consideran son los principales riesgos a los intereses de Estados Unidos: los ataques catastróficos a lo que bajo el Departamento de Seguridad Interna de Estados Unidos (U.S. Homeland Security) es la ¨infraestructura crítica del país¨; las amenazas de ataques contra ciudadanos estadounidenses fuera de Estados Unidos y contra sus aliados; el incremento en la crisis económica a escala mundial y los procesos de decrecimiento en las economías; la proliferación y uso de armas de destrucción masiva; el desarrollo a escala global de enfermedades infecciosas; el cambio climático; las interrupciones en los mercados de productos energéticos; los problemas que presentan para la humanidad los llamados ¨Estados Fallidos¨, incluyendo la secuela que traen en asesinatos en masa, crimen organizado y otras.

En materia de ¨Seguridad¨, se plantea como primera tarea, la protección de los ciudadanos estadounidenses dentro y fuera de las fronteras de Estados Unidos. Se plantea también como prioridad, la lucha contra el terrorismo para lo cual, destaca, la importancia de que los materiales nucleares se mantengan fuera del alcance de las organizaciones o grupos que promueven el terrorismo. Indica que uno de los pilares en dichos esfuerzos es la OTAN, aunque también señala la importancia de fortalecer las relaciones militares de Estados Unidos con países como Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda y Filipinas. A las fuerzas armadas de Estados Unidos se les atribuye un rol importante en la conducción de la lucha global contra el terrorismo, aunque se impulsa una reducción en el número de componentes de las Fuerzas Armadas estadounidenses. De hecho, aunque el documento no lo revela, ya sabemos a qué se refiere el mismo cuando examinamos la solicitud hecha recientemente por Obama al Congreso para ampliar, a escala mundial, la guerra contra el Estado Islámico.

Es interesante señalar que en el documento se indica que el uso de la fuerza por Estados Unidos se hará en forma selectiva. No obstante, si bien indica que no necesariamente el uso de la fuerza es la primera opción, señala que habrá ocasiones en que sí pueda serlo. De hecho, el documento hace reserva del alegado derecho de Estados Unidos a la utilización unilateral de la fuerza cuando así lo entienda necesario para la defensa de sus intereses a escala global.

En materia de seguridad, también se plantea el reforzamiento del Departamento de Seguridad Nacional (U. S. Homeland Security), particularmente en asuntos dirigidos a evitar el desarrollo del llamado ¨extremismo violento en sus raíces¨ (¨counter homegrown programs¨) y la protección de individuos que pudieran estar expuestos a ser cooptados por ¨ideologías extremas¨. El documento parte de la premisa que Estados Unidos aún está sujeto a ataques terroristas, por lo que se continuará dando mucha importancia a las actividades policiacas dirigidas a la detención, interrogatorio y procesamiento criminal de aquellos que se identifiquen como terroristas.

En la aplicación a nivel internacional de esta política, el documento plantea que Estados Unidos continuará los esfuerzos que al presente lleva a cabo en países como Somalia, Iraq y Afganistán. En el caso de Siria indica el informe, junto con algunos de sus socios, el gobierno norteamericano continuará equipando y entrenando a los que consideran ¨combatientes moderados de la oposición¨, en su propósito de derrocar al gobierno constitucional de Bashar al-Assad. La realidad es que en Siria, la oposición moderada no se ha levantado en armas contra el gobierno sino que participa del mismo como oposición. De hecho, en los pasados años las principales organizaciones respaldadas por Estados Unidos en Siria han sido el Ejercito Libre Sirio y el Frente Al Nusra, este último la filial de Al Qaeda en Siria y uno de los nidos desde donde surgió el hoy temible Estado Islámico de Iraq y Levante, conocido por sus siglas en inglés como ISIS.

Si algo salta a la vista en el documento es cómo la Estrategia Nacional de Seguridad dedica varias de sus partes a tratar las contradicciones y diferencias actuales entre Estados Unidos y la Federación Rusa. Como si se anunciara a través del documento la víspera del inicio de una nueva Guerra Fría entre ambos Estados, en cinco o seis partes del documento sale a relucir el tema ruso, todo ello dentro del marco de la actual crisis desatada en Ucrania tras el Golpe de Estado que fuera respaldado precisamente por Estados Unidos y la Unión Europea. Fue el derrocamiento del entonces presidente constitucional ucraniano lo que desató, primero la crisis en la península de Crimea, y actualmente, el conflicto secesionista en la porción Este de Ucrania. La propuesta de Estados Unidos en estos momentos ha sido desarrollar una amplia coalición con países socios con el propósito de ir articulando una coalición, que si bien en estos momentos va dirigida a intervenir mediante mecanismo tales como sanciones económicas en el conflicto, mañana podría ser de naturaleza militar.

También en materia de seguridad se mencionan otros aspectos importantes, a saber: la prevención contra el desarrollo y utilización de armas de destrucción masiva; el cambio climático; la seguridad entre países que comparten espacios comunes, tanto en el mar, como en el espacio o  el aire; y claro está, como parte de esa seguridad, la prevención por parte de Estados Unidos de los riesgos que conllevan  los llamados “cyberataques”, para lo cual se solicitará del Congreso la aprobación de legislación que oriente el curso a seguir por Estados Unidos en estos casos. Finalmente, el documento trae a colación, en materia de seguridad para Estados Unidos el desarrollo de enfermedades infecciosas, como es el caso del Ébola, así como ha sido en el pasado la manera en que se ha atendido los casos de HIV/SIDA,

En el apartado dedicado a la ¨Prosperidad Económica¨, el documento indica que Estados Unidos promoverá erradicar la pobreza extrema a la par que reducirá la desigualdad. A tales fines se plantea fortalecer un sistema global financiero; ampliar la base del acceso a la educación superior; el desarrollo de una nueva revolución en la manufactura de bienes a base de alta tecnología; una reforma migratoria que a la vez que permita unos mejores procesos de aplicación de la ley, allane el camino a la ciudadanía de los inmigrantes; la promoción de empleos; y la transparencia en los mercados financieros a la par que identificar entre ellos las posibles fuentes de financiamiento para actividades terroristas.

Otro de los renglones que se discute es fortalecer la producción de petróleo y gas natural, donde ya Estados Unidos es el principal productor a escala mundial. A su vez, se impulsa promover y contribuir a que Europa cese su dependencia en fuentes de energía de la Federación Rusa. Sobre este asunto, una vez más el documento utiliza como telón de fondo el conflicto en Ucrania para destacar la importancia de que Europa rompa su dependencia de Rusia.

Otro renglón tratado en el documento es el que Estados Unidos denomina ¨Valores¨. Para el gobierno de Estados Unidos, los llamados valores de Estados Unidos deberían ser los valores a los cuales aspiren los demás países del mundo. Así las cosas, por ejemplo, para atacar a la Federación Rusa, se plantea como una manifestación de autoritarismo ruso la intervención de Rusia en la crisis de Ucrania, la anexión de la península de Crimea, y el conflicto secesionista en el Este de Ucrania; todo ello ocultando la participación estadounidense junto a la Unión Europea y la OTAN en el proceso de Golpe de Estado que llevó al derrocamiento del gobierno constitucionalmente electo de Ucrania tras los sucesos del Maidan (Plaza de la Independencia) en la capital ucraniana.

La misma manera de tergiversar los hechos la podemos encontrar en la manera en que tales ¨Valores¨ se manifiestan con el documento al indicar que Estados Unidos ha cambiado la manera en que se trata a los prisioneros catalogados como ¨combatientes enemigos¨, encarcelados en Guantánamo; las modificaciones en las técnicas de interrogatorios; los esfuerzos que se vienen desarrollando con el Congreso para eliminar las restricciones vigentes sobre el traslado de prisioneros; y las reformas a los tribunales militares creados a raíz del 11 de septiembre de 2001, incorporando en los procesos establecidos nuevas medidas de debido proceso y otras protecciones en la administración de la justicia. La pregunta a hacerse es ¿por qué ha habido que esperar cerca de 14 años de violaciones sistemáticas de los derechos humanos de estos prisioneros para que sea ahora, cuando se indique que tales cambios son necesarios como parte de la estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos? ¿Es que antes lo que hoy se pretende cambiar sí era justificable como parte de la Estrategia Nacional de Seguridad de Estados Unidos?

Otro aspecto absurdo en el documento es el llamado a que Estados Unidos apoye las democracias emergentes concentrando recursos en tal gestión. Daría la impresión de que se trata de una broma de mal gusto, particularmente a la luz de los esfuerzos que Estados Unidos lleva a cabo en estos momentos para socavar la democracia en la República Bolivariana de Venezuela. Si comparamos el proceso electoral venezolano, ningún otro país de América Latina ha sido tan pródigo en garantizar a su población mecanismos de democracia participativa y elecciones. Se trata de  procesos democráticos mucho más abiertos que el proceso electoral estadounidense.

Estados Unidos no solo ha sido responsable de apoyar en Venezuela un Golpe de Estado, sino que no ha cesado en promover la desestabilización de este país mediante el respaldo a grupos de pandilleros y delincuentes que promueven la violencia. Hoy, precisamente en momentos en que se aprueba esta Estrategia de Seguridad Nacional por su gobierno, Estados Unidos está sirviendo de apoyo a una nueva patraña golpista contra el gobierno del Presidente Nicolás Maduro. Contrario a lo que Estados Unidos promulga en el documento, en Venezuela Estados Unidos contribuye a la destrucción de la democracia.

Como parte de esta Estrategia injerencista, el documento señala que, siendo la mitad de la población del mundo menor de 30 años, uno de los enfoques de Estados Unidos será establecer relaciones con gente joven a lo largo del planeta con el fin de identificar, desde ahora, quiénes serán los dirigentes políticos, empresariales y de la sociedad civil del futuro. Le faltó además indicar, que también identificarán quiénes serán aquellos y aquellas afines a sus intereses para a través de éstos, influenciar o dirigir a distancia sus gobiernos. Después de todo, en América Latina y otros países del llamado Tercer Mundo, Estados Unidos ha tenido desde hace muchas décadas el mejor laboratorio para el reclutamiento de gobernantes, el mejor semillero para la siembra de dictadores, la mejor cosecha para la formación de torturadores, la mejor camada para la selección y entrenamiento de militares, todos ellos sumisos a los intereses imperialistas.

El documento señala también, como uno de los objetivos de Estados Unidos, la prevención de los asesinatos de civiles, ofrecer respuestas a políticas y prácticas genocidas y buscar un consenso internacional que prevenga este tipo de conductas. Muy bien. Para ello Estados Unidos debería respondernos ¿Quién será procesado por el genocidio contra la población de Gaza? ¿Quién será responsable por las atrocidades llevadas a cabo en Libia por los grupos extremistas que Estados Unidos y la Unión Europea lanzaron contra dicho país en la orgía de sangre que ha resultado de derrocamiento del Gadafi? ¿Quién procesará a los responsables de la carnicería llevada a cabo en Siria por mercenarios al servicio de Occidente con el único y deliberado propósito de derrocar el gobierno constitucional vigente en ese país?

En cuanto al ¨Orden Internacional´, la política defendida en el documento nos refiere al Orden establecido y creado (¨la arquitectura¨, nos dice el documento) tras la Segunda Guerra Mundial; es decir, aquel que emerge de la creación de las Naciones Unidas en 1947, pero también, aquel que surge de los acuerdos de Bretton Woods, donde el capital fijó su agenda global. Para Estados Unidos, el momento de establecer un acuerdo económico que incluya Asia y el Pacífico, donde Estados Unidos sea el centro del mismo, es un objetivo del quinquenio. Modernizar sus alianzas en todos los niveles con Japón, Corea del Sur, Australia y Filipinas, entre otros, está en sus prioridades, sobre todo, ante los desarrollos económicos y militares de la República Popular China en la zona. También es una prioridad para Estados Unidos el fortalecimiento e integración Euro-atlántica, que en este caso, indica el documento, se extendería hasta Turquía y los países del Cáucaso, incluyendo también a Moldavia, Ucrania y Georgia como antesala al Mar Negro, todo ello bajo la sombrilla de la OTAN. Ciertamente, tal ampliación de zonas de influencia no pasarán desapercibidas para la Federación Rusa ni para China.

En cuanto al Medio Oriente, Israel, Jordania y los países de la región del Golfo, éstos siguen en la agenda de Estados Unidos como países socios en lo que es la agenda estadounidense. De ahí que el fortalecimiento militar de éstos siga siendo parte de la agenda central de Estados Unidos en la región. La propuesta para la creación de un Estado soberano palestino sigue estando condicionado a la seguridad de Israel.

En el caso de África, el documento claramente establece que dicho continente está dentro del radar de Estados Unidos, por lo que plantea fortalecer allí su presencia.

En el caso de América Latina, está en su agenda profundizar sus nuevos acuerdos económicos, así como otros en áreas tales como educación, desarrollo sostenible, acceso a la electricidad, efectos climatológicos y lucha contra el crimen organizado. En este último caso, se destacan los escenarios en países como El Salvador, Guatemala y Honduras. En el caso de Colombia, Estados Unidos  señala su apoyo a los esfuerzos de paz, aunque sabemos que a través del Plan Colombia y la entrega de este país de varias bases militares para uso de Estados Unidos, lo que Estados Unidos  persigue es incrementar su injerencia militar en América del Sur y la porción sur del Caribe. Finalmente, el documento incorpora como parte de la nueva ¨estrategia¨ de Estados Unidos hacia Cuba, ampliar el marco de la reciente apertura anunciada el diciembre como mecanismo para forzar un cambio político en dicho país.

Como podemos ver, lejos de tratarse de una estrategia nacional quinquenal dirigida a procurar la seguridad interna de Estados Unidos; se trata de cómo un imperio que se considera a sí mismo dueño o señor del mundo, perfila sus movimientos futuros para que sea a partir de sus intereses, que no necesariamente son los intereses de los pueblos, la forma de fortalecer su posición hegemónica. En la formulación de tales políticas o estrategias, de nada valen las miserias y necesidades que a lo largo de los años, precisamente tales estrategias imperiales causen a otros países y poblaciones. De ahí la importancia y vigencia de la lucha antiimperialista.

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  • Armando dijo:

    Muy interesante el análisis

    ¿En que URL está ese documento, para leerlo con calma?

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