Imprimir
Inicio » Especiales, Política  »

La democracia en deterioro

| +

Por Lorenzo Gonzalo

Una encuesta realizada por el Washington Post - ABC News, arrojó como resultado que el 80% de la población estaba en desacuerdo con el fallo que hiciera hace unos meses la Corte Suprema, otorgando a las Corporaciones el derecho de utilizar sus fondos para financiar las campañas políticas.

El fallo en contra no hubiese hecho otra cosa que limitar los procedimientos indirectos, los llamados loops, que han utilizado siempre los grandes conglomerados económicos para colocar en las direcciones políticas, a las personas que se comprometan a defender sus intereses, los cuales son generalmente contrapuestos al de las vastas mayorías.

La encuesta señala que el 85% de las personas inscritas en el Partido Demócrata, 81% de los Independientes y el 76% de los Republicanos se oponen a ese fallo porque limita precisamente las libertades de los demás ciudadanos y hace una entrega oficial del poder al pulpo de las finanzas y la industria.

La composición de las opiniones indica claramente la orientación partidista de la votación realizada en la Corte Suprema. De los nueve Jueces que la componen, cinco de aquellos considerados conservadores votaron a favor y cuatro de los liberales en contra. La encuesta presentó un abanico porcentual de opiniones semejantes.

Este partidismo enfermizo, es uno de los elementos que está en la base de las limitaciones que impiden una franca participación ciudadana, donde nuevos sucesos demuestran cada día, el divorcio existente entre las mayorías y las elites de poder. Un lamentable proceso que conduce a un deterioro gradual de la democracia estadounidense.

Cuando un organismo como la Corte Suprema tiene la autoridad para determinar de por vida, que los sectores económicos utilicen sus descomunales medios para decidir quienes deben administrar el Estado, la supuesta democracia se revela inequívocamente, como un complejo engranaje estructurado en función de esos intereses.

Las libertades individuales, que fuera el argumento para semejante fallo, quedan conculcadas, inclinando la balanza de la libertad hacia un reducido sector.

En sentido general ese ha sido el mecanismo de los estados a lo largo de la historia: estructurarlo de forma tal que el grueso de los beneficios vaya a favor de los sectores que dirigen. Sin embargo, con la llegada de la industria y el desarrollo del parlamentarismo, se crearon nuevas condiciones y se ampliaron las posibilidades de participación de los ciudadanos. Así quedó realmente establecido en el desarrollo europeo y otros países, pero en Estados Unidos la organización fue dirigida desde sus inicios a favorecer a los productores o sea a un sector bien definido. De ahí el carácter agrario de los primeros tiempos de la Independencia, cuando los colonos, a través de las asambleas, establecieron reglas y condiciones de participación que, entre otras cosas, eran excluyentes de las mujeres, los negros y las personas que no declaraban impuestos.

En Europa, el surgimiento del republicanismo fue diferente, porque nació de un proceso de luchas sociales. Recordemos que ya desde el siglo XVI se impugnaba la conducta individualista surgida de las concepciones monoteístas y las organizaciones eclesiásticas que las acompañaron. Luego, en el XIX, con la aparición del capitalismo salvaje, ocurrieron fuertes confrontaciones de clase, las cuales hallaron un cierto asidero en la proliferación de las ideas socialistas. De esta dinámica nació el republicanismo, que tenía como ejemplo estructural de gobierno, el estupendo aporte de la organización de Estado creada por los Padres Fundadores de Estados Unidos. Lamentablemente en éste último país, esa estructura nació castrada por las limitaciones impuestas a la participación plena de los ciudadanos. Los dirigentes de aquella gesta asumieron esa decisión, con el franco desenfado que los líderes de ese país han conducido siempre sus destinos.

El tiempo dulcificó esa limitaciones a la participación y en breve, el estilo de vida, influenciado por un consumismo que permitía a la gran industria, empresas de servicio y a la banca, aumentar sin frenos la producción, fue escondiendo debajo de la alfombra el polvo que producía aquel tipo de desarrollo. Conducida la sociedad, sólo en aras de obtener ganancias, con muy poca consideración del acceso necesario para las mayorías, a la satisfacción de requerimientos esenciales como la educación, salud, garantías contra la criminalidad, facilidades de movimiento, la cultura y estilos de vida orientados al crecimiento físico e intelectual, se entronizaron mecanismos que han perdurado hasta nuestros días y se han profundizado, en detrimento de la democracia.

La libertad no puede consistir en permitir que el más poderoso utilice sus recursos de la manera que crea conveniente, porque los más empobrecidos y aquellos con medios limitados no podrán jamás competir con ellos. Concederle a los grandes conglomerados económicos que puedan disponer de sus capitales para designar quiénes debe gobernar, significa desconocer a las mayorías ciudadanas. Permitir que en la media se expresen sólo aquellos que tienen los medios financieros para comprar espacios en la televisión, la radio y la prensa escrita, es matar la libertad de expresión de las mayorías y sobre todo de los sectores que tienen mucho que aportar al mejoramiento de la vida social.

Por eso es necesaria una revisión total del sistema en el cual vivimos y una redefinición de la libertad de expresión, la cual no puede ser ni patrimonio único de instituciones estatales, ni del acceso exclusivo de aquellos que cuentan con recursos financieros.

El resultado de la encuesta realizada por el Washington Post - ABC, demuestra que, sin saberlo quizás las personas están cansadas, de vivir bajo un control, que resulta endulzado por las disponibilidades de recursos que el país ha logrado acumular y que impide ver las grandes limitaciones en las cuales vivimos y criamos a nuestros hijos.

Observando las respuesta de la mencionada encuesta quizás resulte más fácil entender la reciente renuncia del Senador Evan Bayh, aduciendo que no puede seguir lidiando con un "sistema político disfuncional" dirigido por "un partidismo descerebrado".

Qué diferentes son las razones de este Senador de aquellas del Representante del Congreso Lincoln Díaz - Balart.

La primera, la del Senador Bayh, basada en un patriotismo herido, al contemplar que el partidismo, hunde cada día más en el lodo, las ruedas del carro que supone conducirla a un destino feliz. La segunda, la del Representante Diaz - Balart, suponiendo que sean ciertas las razones expuestas en su renuncia, aduciendo que desea dedicarse a la abogacía y un supuesto patriotismo que nada tiene que ver con el país que lo acogió y donde se comprometió a representar a los residentes de un distrito y por ende, a mejorar la democracia del sistema y a practicar su patriotismo, si lo tiene, en beneficio de la nación que le  concedió el derecho de representar a sus ciudadanos.

La visión amplia del Senador Bayh frente a la estrechez política del Representante Díaz - Balart es el principal debate al que se encamina la gran nación de Estados Unidos.

Esperemos que triunfe la concepción del Senador Bayh para que la democracia del país pueda llegar a la altura de una ciudadanía que ha demostrado ser capaz de una extraordinaria laboriosidad, a veces heroica y de aceptar profundos sacrificios que, lamentablemente y en variadas ocasiones, han sido estériles para el triunfo de los principios democráticos.

Haga un comentario



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Vea también