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José Jacinto: de mi historia propia y verdadera

14 noviembre 2010 | 5
Puente de la Concordia, en la ciudad de Matanzas.

"Puente de la Concordia" sobre el río Yumurí, en la ciudad de Matanzas.

Por más que vuelva y le repita a toda persona que se interese en cantar alguna de mis composiciones: “no les inventes las notas, no les cambies la letra, a mí las canciones no se me ocurren, yo las compongo…” Otro es el caso de esta que titulé José Jacinto. Ella  -literalmente– se me apareció. Estábamos a 5 de noviembre de 1974. Yo había tomado el llamado “tren de Hershey”, que cubría el trayecto entre la pequeña estación habanera de Casablanca y otra similar en Matanzas, a orillas del Yumurí. Dos horas y media dando tumbos a derecha e izquierda parando y parando tanto, que una vez conté como 36 embarcaderos identificados con los nombres más curiosos que pueda imaginar mortal alguno.

Empezó a sonar en mi cabeza el nombre del poeta, engarzado en un esquema melódico que no paraba de reclamar mi atención. No pude resistirme, en medio del tedioso balanceo del cuerpo sobre el asiento duro en un camino mil veces recorrido sin freno para escapar hacia otros aires, mirar un río frente a frente, levantar los ojos sin pena delante de la luna y descubrir el juego de la neblina a medianoche por entre los faroles, caminando suelta sin despertar curiosidad. Un hilillo de música persistía por entre los matojos que, con tanta frecuencia, cubrían el camino a diestra y siniestra, haciendo pareja con la línea del tren. No pude resistirlo y me dejé llevar. A la altura de las dos terceras partes del trayecto había crecido, casi completa, aquella conversación con el poeta que había enmudecido por amor durante los últimos veinte años de su vida. Acababa de hacerse el milagro que venía deseando, con el anhelo de abrir caminos nuevos para mi canción. Todo era verdad en sus estrofas: mis ratos de contemplación en el parquecito junto a la Catedral, donde una vez acerté a ver pasar la luna llena matancera por detrás de un par de pinos que  escoltaban la estatua del poeta. Ya tenía las dos primeras estrofas, que no hacían otra cosa que contar su cuento. Tenía el final, de veras preocupante pero macizo, inamovible, donde -después de ofrecerle al bardo enamorado mi canción bajo la forma de un galán de noche, no pudo ocurrírseme otra cosa que levantar un Acta “en la ciudad de Matanzas, a los catorce días del mes de noviembre, junto a su nombre”.

José Jacinto Milanés

José Jacinto Milanés

No era aquella la fecha real pero tampoco cabía, con el vuelo que había conseguido la frase en letra y música, sustituir algo tan rítmico y sonoro como “a los catorce días del mes de noviembre” por la fecha real -día cinco–. No encajaba y la dejé tal como quiso nacer. No obstante, quería conseguir más elementos para concluir la parte central de la pieza así que, tan pronto dejé los bultos en la casa de los amigos queridos donde recibía hospitalidad, tomé de la mano al más pequeño de la familia y me dirigí al Museo. Allí me esperaba la razón que daba sentido a la fecha instalada en la última frase: en una urna, junto a un par de zapatos y al manuscrito de un poema que vagamente recuerdo como “la lágrima de amor”, una esquela mortuoria convocaba a los vecinos de la ciudad para asistir a los funerales del poeta, fechados-para- el-14-de-noviembre.

No podía dejar pasar esta caprichosa conjunción del día domingo con la fecha 14 de noviembre, cuando ya la grisura de aquellos tiempos pasó a la historia y la canción, hecha y derecha, no se ha cansado de generar episodios bellos -curiosamente, siempre en camino. A continuación, la letra y las gracias por haberme escuchado el cuento.

JOSÉ JACINTO

José Jacinto:

no sé si usted me reconoce entre los vivos

porque suelo llegarme a su parque

cuando está la luna

detrás de esos pinos

José Jacinto:

no sé si usted alguna noche

me ha confundido

con un fantasma

cuando la niebla es densa sobre la ciudad

y  yo camino

José Jacinto:

qué suerte tuvo usted que perdió la razón

clamando a gritos

por el único amor

antes de haber sabido que ningún amor

–absolutamente ningún amor-

es infinito

José Jacinto Milanés:

permítame poner

este galán de noche

en la ciudad de Matanzas

a los catorce días del mes de noviembre

junto a su nombre

José Jacinto

Almendares, 14 de noviembre de 2010

Se han publicado 5 comentarios



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  • Roberto Valera dijo:

    Para dar las gracias a Marta Valdés
    en el Primer Aniversario de Palabras, en Cubadebate.

    No has echado tus desvelos
    en saco roto, no es cierto,
    Marta, corazón abierto
    que ha dado al amor más vuelos.
    En nombre de los abuelos,
    -al año de nacimiento
    de tus Palabras, cimiento
    que reanima la memoria
    de la música y su gloria-,
    te doy mi agradecimiento.

    Roberto Valera
    13 de noviembre de 2010

  • fuillerat dijo:

    José Jacinto, un poema hecho canción, o una canción convertida en poema, no sabría definirlo. Mucho menos podría decir que es la mas hermosa composición de Marta, todas lo son.Si tuviera un dia que escapar y llevar en mi equipaje una sola canción, sin lugar a dudas, sería una de Marta, pero definir cual de ellas, tarea demasiado difícil. Y que bueno conocer la historia de José Jacinto y cuando Marta la contaba en estas paginas, la imaginé en el tren de Hershey, y sentí dentro de mi, esas dos horas y media dando tumbos a derecha e izquierda en el asiento al lado de Marta, porque ya lo hemos comentado en otras ocasiones, escribe como compone, compone como escribe, y habla también, lo hemos sentido en sus entrevista, como escribe y compone. Marta es la música convertida en mujer, en lo humano y en lo divino de la creación. Que felicidad se siente cada domingo al despertar e ir en busca de las Palabras de Marta, es un motivo principal, esencial para el despertar dominical, personalmente, es lo primero que hago al despertar, y es como recibir una inyección de cultura, de alivio, de ternuras, sobre todas las cosas, de amor. Gracias Marta por mostrarnos este José Jacinto a lo Marta Valdés, gracias porque siempre la tenemos cerca, gracias por las palabras. Acercándome a su verso, le diría !Que bueno haber conocido su obra antes de perder la razón y saber que ninguna obra es infinita, porque ahora, para mi, la suya lo es! Gracias Marta y un beso junto a otro galán de noche, el suyo.Fuillerat

  • gladys regina dijo:

    Evidentemente,solo una romantica seria capaz de componer una historia tan breve y ademas musicalizada.Yo,debo confesarlo,no habia puesto mucha atencion a la letra de la misma porque el nombre Jose Jacinto no me gusta,por mas que admire a su dueño.Gracias MArta,por esta leccion de hoy,ya se que no debo llevarme por absurdas banalidades como esta,le prometo que de hoy en adelante escuchare atentamente la letra de todas las canciones,hasta de las mas vulgares.
    Quiero apoyarla ademas en lo que escribio en el primer parrafo de estas “Palabras”,lo que me lleva nuevamente recordar como cada domingo otra de las enseñanzas de mi mama,nunca me ha permitido que cambie el texto original ni la melodia de cualquier tema,a pesar de no conocer de musica; siempre nos ha exigido respetar la letra y la musica original,y casualmente ayer venia yo pensando al respecto pues acostumbro a caminar o hacer mis tareas domesticas cantando,entonces quise improvisar un montuno al final de un bolero,(pero que mal me quedo),y me dije :-Menos mal que ni mi mama ni el autor andan por aqui!Pero bueno,me console,al menos no desafino.
    Creo que nadie,ni el mas famoso(a)y experimentado(a) de los interpretes tiene derecho a “hacer un aporte” a la obra terminada de un compositor.Gracias y saludos amigos foristas,un abrazo caluroso en este frio noviembre.

  • Enmanuel Castells dijo:

    Querida Marta, que buen tino el suyo en hablar hoy 14 de noviembre de su relación inspiracional con la figura del bardo José Jacinto Milanés y Fuentes, conocido en el gremio poético como el más romántico y loco de todos los poetas y dramaturgos cubanos. Si no le molesta, dado que somos algunos fieles los que domingo a domingo nos tomamos la democrática licencia de expresar aquí loas y ayes, me gustaría ahondar un tilín más en quién fue este hombre que a una joven edad, consumado en la más fervorosa agonía que le desató un irrefrenable amor por su prima, cayó en mutismo asociado a la locura.
    Milanés es nacido en agosto del 1814, un día 16, hijo de Don Alonso Milanés y de Doña Rita Fuentes en la ciudad de Matanzas, como se sabe, y fue el primogénito de una familia numerosa y de muy escasos bienes de fortuna. Se dicen muchas cosas de él, sobre todo a partir de su leyenda viva en haberse dedicado 11 años de absoluto ostracismo, después de haber sentido sobre su cabeza las hojas del laurel poético. Imaginemos (y viajemos) hacia ese inicio de siglo XIX cuando las luces de una ciudad aún no eran el derroche de neón que hoy podemos ver en Las Vegas. Se dice que era un caballero andante, lírico de inspiración, moralista de pensamiento, patriota confeso y que siempre vestía de negro impecable, con su barba, bigote y cabellos largos oscuros. Tal era de impresionante su figura que después de su desatino mental se le conoció como el loco de la calle Gelabert, creando el mito de ser visto como un zombi, acodado en las madrugadas sobre algún puente de su Matanzas natal.
    Milanés contó con la amistad y el apoyo intelectual del adinerado Domingo del Monte que creó en su casa de la Habana una de las más famosas tertulias de ese siglo. Lo invitó muchas veces, lo visitó muchas veces a Matanzas y lo puso de frente a frente con lo que más brillaba de la época, entre ellos, el ilustre Cirilo Villaverde, el de nuestra Cecilia Valdés, pero imposibilitado de llevar una vida independiente y cómoda, que le permitiera el desarrollo y cultivo de sus aptitudes intelectuales; terminó reconociendo que las musas eran el único solaz de su alma taciturna, el alivio de sus innatas soledades espirituales que desembocaba en versos sus hondas congojas.
    La génesis de su drama real muchos la identifican con la pasión que se le desbocó por su prima hermana Isabel de Ximeno, Isa, que a los 14 años de edad era ya una mujer muy hermosa.
    Pero el pretendiente era un hombre pobre, le doblaba en edad a su prima y su amor no era bien visto por los padres de la niña que estaba bien informada y visible en el balcón de su casa; la cual, para bien o mal quedaba frente por frente a la del bardo.
    José Jacinto Milanés y Fuentes mantenía un noviazgo formal con Dolores Rodríguez, una joven citadina. El conflicto de la ruptura con esta, sumado a las negativas de los familiares de Isa, sugiere haber desempeñado un papel catalizador en las crisis nerviosas del poeta hasta desembocar en locura total.
    Vivió hasta los 49 años de edad, sin embargo, sus principales creaciones se enmarcan en un período de solo ocho años, desde 1835 hasta 1843,
    Tenía 29 años nada más cuando comenzó a padecer del mutismo que le duró hasta su muerte veinte años después, convirtiéndose en un fantasma viviente en su casona de la calle Gelabert, donde vivió y murió, hoy sede del Archivo Histórico de Matanzas. Algo mejorado de su locura, escribió ya pocos versos, sin lograr igualarlos a sus mejores tiempos. En 1852 , con 38 años, su enfermedad sufrió nueva crisis que lo hizo caer en un mutismo casi completo. En ese estado, depauperado, roído y ajeno al mundo real, vivió once años hasta su muerte junto con su hermano Federico. Fallece el 14 de noviembre de 1863. A las cuatro de la tarde de ese día, salió el cortejo fúnebre desde el liceo de la ciudad; unos 60 caballeros de riguroso luto lo acompañaban, uno de ellos llevaba un cojín de terciopelo negro sobre donde descansaba un ejemplar de las obras del bardo, y sobre este, una hermosa pluma blanca. Otro portaba una corona de laurel como símbolo de las glorias alcanzadas. Hay quien dice que ese día llovió, otros dicen que había un sol refulgente. Sin embargo, no he leído por mucho que busco, si en alguna ocasión, la prima Isa, fuente original de la locura de José Jacinto Milanés, le profesara alguna correspondencia afectiva al poeta, una mínima muestra de cariño o quién sabe si alguna parcela de amor adolescente por el más romántico de los poeta cubanos de todos los tiempos.
    Gracias Marta y perdóname todo el espacio que me ocupó decir esto.
    Le quiero y respeto.
    Enmanuel Castells

  • RAUL DS dijo:

    Marta, aqui estoy como cada domingo, para mi, no hay margen donde opinar, salvo que sea alabado ( Lo cual hago modestamente) su escrito de este Domingo 14 de Noviembre. su lejano viaje, su Palabras y su cancion lo dicen todo, salud y suerte, Raul del Sol y Familia ( La de lejos y la de cerca.) Gracias….

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Marta Valdés

La Habana, 1934. Compositora, guitarrista e intérprete de sus obras. En 1955 se inició como compositora con su canción “Palabras”. La autora ha basado sus creaciones en géneros como el bolero y la canción dentro del estilo “feeling”. Entre los intérpretes de su obra se encuentran Elena Burke, Doris de la Torre, Bola de Nieve, Cheo Feliciano, Reneé Barrios y, más recientemente, prestigiosos artistas suramericanos y españoles que se han sumado a esta lista.

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