Artículos de Ciro Bianchi Ross
Destacado intelectual cubano. Consagrado periodista, su ejecutoria profesional por más de cuarenta años le permite aparecer entre principales artífices del periodismo literario en el país. Cronista y sagaz entrevistador, ha investigado y escrito como pocos sobre la historia de Cuba republicana (1902-1958). Ha publicado, entre otros medios, en la revista Cuba Internacional y el diario Juventud Rebelde, de los cuales es columnista habitual.
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Antes de que el Malecón existiera, casi todas las viviendas habaneras de entonces estaban dotadas de letrinas o pozos negros que se hacían construir casi al lado de la cocina. Como su limpieza se imponía periódicamente, aparecieron grupos de hombres que se encargaban de esa labor, que llegó a convertirse en una actividad lucrativa. Sacaban de noche las materias fecales y, ya de madrugada, las arrojaban al llamado Canalizo situado junto a las faldas del castillo de Atarés.
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El primer cadáver que se embalsamó en La Habana fue el de la señora Isabel Herrera y Barrera, esposa del primer marqués de Almendares. La operación la realizó, el 3 de junio de 1841, el médico Nicolás Gutiérrez, uno de los fundadores de la Academia de Ciencias. El método, que consistía en inyectar por la carótida del fallecido una sustancia que tendía a conservarlo, fue comprado por Gutiérrez al francés Grannal.
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Aguiar, esa calle habanera que comienza en la Avenida de las Misiones y se interna a lo largo de unas quince cuadras en la ciudad vieja para morir en Sol, junto a los muros del convento de Santa Clara, debe su nombre a Luis José Aguiar, uno de los regidores del Ayuntamiento de La Habana que se destacó de manera extraordinaria en la defensa de la ciudad ante la agresión británica de 1762.
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El Gran Teatro Tacón (hoy Alicia Alonso) fue en su momento uno de los mejores del mundo. Su lámpara central, en forma de araña, constituía, según la copla popular, uno de los elementos distintivos de la ciudad, junto al Morro y la Cabaña. “Tres cosas tiene La Habana / que causan admiración: / son el Morro, la Cabaña / y la araña del Tacón”.
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Guanabacoa es tierra de tradiciones y leyendas. Surgió como sitio donde los colonizadores españoles asentaron a indios dispersos y creció en torno a su iglesia. Fue por breve tiempo la capital de Cuba y muy pronto lugar de descanso de la aristocracia habanera que gustaba de sus verdes colinas y la pureza de sus manantiales.
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¿Qué pasará con las ruinas del teatro Campoamor? Recuperarlo fue uno de los sueños que Eusebio Leal no pudo realizar, y ya a estas alturas, piensa el cronista, lo único recuperable sería la fachada. Urge hacer algo con el coliseo de la esquina de Industria y San José, dado el esplendor que dio a la zona la restauración del Capitolio.
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La Ermita de los Catalanes es uno de los siete tesoros del Patrimonio Cultural Catalán en el exterior. Se halla en la carretera de Boyeros, camino del aeropuerto, frente a Río Cristal, y dicha selección es el resultado de una encuesta que llamaba a decidirse entre 33 propuestas. Allí se rinde culto a la virgen de Monserrat.
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Para quienes preguntan cuándo se empotraron en las aceras de la Rampa los mosaicos que reproducen obras de artistas plásticos del patio, diremos que ocurrió en octubre de 1963, coincidente con la inauguración del Pabellón Cuba, en la esquina de 23 y N. Quince diseños que se reproducían por varias cuadras hasta alcanzar los 180 mosaicos »
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Pedro Vargas fue una especie de puente musical entre Cuba y México. A partir de 1940 visitó la Isla por lo menos una vez al año. Por eso, Cristóbal Díaz Ayala, musicógrafo cubano radicado en Puerto Rico, lo define como “casi nuestro”. Siempre que se disponía a viajar a La Habana, pedía a Agustín Lara y a otros compositores importantes que le entregasen sus últimas producciones para estrenarlas en Cuba, e igual solicitud hacía a creadores cubanos al regresar a México.
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Comenta Dulce María Loynaz en sus memorias que fue una suerte de locura colectiva la que se adueñó de los habaneros durante la estancia en la ciudad del cantante mexicano José Mojica. Corría el mes de diciembre de 1931 y estaba el artista en la cúspide de la fama. La gente formaba largas filas frente a su hotel o al teatro, solo para verlo escapar rápidamente al salir, si no se escabullía antes por una puerta secreta.
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