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Argentina responde, mister Bush

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Los tiempos cambian, Noriega, aunque no se noten en los pasillos de la Casa Blanca, en las reuniones del famoso Salón Oval ni en las tertulias condimentadas de dólares y fraudes de la mafia de Miami.

Argentina es digna, míster Bush; pasó la época durante la cual, en la Casa Rosada, Menen y De la Rúa se apresuraban siempre a responder "Yes, yes" ante cualquier orden proveniente de Washington, aunque procediese de una figura de segunda fila, como un Subsecretario de Estado para Asuntos Hemisféricos.
Las declaraciones de este Noriega han puesto sobre la palestra de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y Argentina un diferendo que ya ganó el presidente Néstor Kirchner al demostrar, junto a miembros de su equipo gobernante, la altura del honor argentino.

El funcionario de Bush declaró ante un llamado Consejo de las Américas que la política de la Argentina actual hacia Cuba "es motivo de preocupaciones y decepciones" en Washington" y no le gustó nada que, durante la visita del canciller Rafael Bielsa a La Habana, este no se reunió con grupos contrarrevolucionarios pagados por el Gobierno de Estados Unidos.

Las insultantes declaraciones provocaron en Argentina un incendio de dignidad y de rechazo. El diario bonaerense Clarín se equivocó y publicó un titular en el que afirmaba: "Bush citó a Kirchner por Cuba y la deuda", lo que obligó al presidente Kirchner a declarar en un acto público en el poblado de La Matanza que "a Argentina no la cita nadie".
Para completar su idea y que no hubiese dudas de ningún tipo, aclaró: "A Argentina, no a un presidente circunstancial y temporal, no la cita nadie. Terminemos de ser alfombra. Podremos aceptar o concertar reuniones, pero a nosotros no nos cita nadie, y para retarnos menos, porque somos un país independiente y con dignidad."

Clarín se refería a una entrevista concertada hace tiempo entre Kirchner y Bush para el 13 de enero en Monterrey, donde se va a efectuar la Cumbre Extraordinaria de las Américas, y el tono del diario, más la prepotencia de Noriega, provocaron el río de respuestas contundentes al Gobierno de Estados Unidos.

De paso, Kirchner se refirió a los que en el país tienen miedo de Washington y los llamó a colocarse la camiseta de Argentina y ver los rostros de quieres están buscando estudio, trabajo y educación.

Aníbal Fernández, ministro del Interior, refiriéndose a Noriega, dijo con énfasis: "Los dichos de este señor son los dichos de un atrevido y me parece más una falta de respeto al pueblo argentino que otra cosa".

Como poniendo los puntos sobre las íes en las relaciones con Estados Unidos, Fernández señaló que la política exterior argentina ya ha sido diagramada y no se tiene que cambiar porque un funcionario atrevido se va de lengua; y Jorge Taiana, el vicecanciller, hizo su aporte en defensa de la soberanía nacional al señalar que las palabras de Noriega eran "superficiales, inapropiadas, inoportunas, sesgadas e improcedentes".

A juzgar por las agencias de noticias, Alberto Fernández, jefe del gabinete argentino, subrayó que las declaraciones del Subsecretario de Estado eran impertinentes y que "pareciera que no ha entendido que la relación que pretendemos tener con los Estados Unidos es una relación madura, seria, donde ya no existen más ni las relaciones carnales ni los alineamientos Automáticos", mientras el canciller Rafael Bielsa expresaba  su malestar al embajador estadounidense en Buenos Aires.

La situación se agravó aún más cuando el secretario de Estado, Colin Powell, ratificó las palabras insultantes de Noriega y casi con tono amenazante señaló que se reuniría con el Canciller Bielsa en Monterrey.

De paso, el jefe de la antidiplomacia estadounidense lanzó una andanada de críticas a Cuba, como acompañando a la serie de ataques verbales y acciones agresivas que se están dando en estos días y que el Gobierno cubano ha respondido cumplidamente.
Evidentemente, lo característico de este enfrentamiento diplomático entre la Casa Blanca y la Casa Rosada es el desfase total del Gobierno estadounidense, para el cual nada ha cambiado en América Latina desde que Bush asumió el poder y no se percata de que la opción de los pueblos, incluso a través de las elecciones de la llamada democracia representativa, va en sentido contrario a la política de sumisión que Washington desea.
El ataque no es nada casual y puede estar enlazado también con la posición de Argentina y Brasil en el MERCOSUR y hacia el Área de Libre Comercio de las Américas, pues ambos se niegan a una aceptación incondicional como hacen los de Centroamérica, Chile y algunos del área andina.

Además, a Washington y su Fondo Monetario Incondicional les preocupa profundamente el hecho de que el Gobierno de Buenos Aires maneje el problema de la deuda de forma independiente, se niegue a cambiar la forma de pago establecida y sirva de "mal ejemplo" a otros países que tienen el desarrollo encadenado por los reclamos de los bancos acreedores que el Fondo apoya.

Todo está claro y el Banco Mundial despejó más las dudas al anunciar que si Argentina no llega a un acuerdo con el FMI, no tendrá el desembolso de un crédito de 275 millones de dólares hasta obtener la aprobación del FMI por los pagos argentinos de la deuda.
Hay un encadenamiento de posiciones entre la política de Estados Unidos y las recetas del FMI y el Banco Mundial que no es preciso demostrar más allá de lo que demuestran las actitudes de Washington y los dos organismos financieros internacionales.

Los que mandan a orillas del Potomac no están acostumbrados al lenguaje franco y firme y lo mejor que harían es habituarse a escucharlo, porque las tendencias en América Latina comienzan a ser de defensa de lo nacional, no de obediencia ciega.

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Joaquín Rivery Tur

Joaquín Rivery Tur

Periodista cubano. Trabaja en la redacción del diario Granma.