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Cartagena de Indias: NACIMOS PARA SER UNO SOLO

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Especial para Cubadebate y Juventud Rebelde

El avión presidencial dio vueltas y vueltas, como un ave indecisa, en el cielo castigador de Cartagena de Indias.  Vadeando nubes y lloviznas en la barriga de aquel aparato que de cuando en cuando crujía, veíamos las casitas de la periferia de la ciudad, apretadas unas contra otras frente al Caribe, como si flotara dentro de un mar más vasto que este, escoltadas por árboles, murallas y charcos terrosos. 

 

Después de 40 minutos de sobrevuelo -y casi tres horas más tarde de lo concebido-, Hugo Chávez abrazó a Álvaro Uribe en el aeropuerto internacional Rafael Núñez, y seguían viaje juntos hacia la Casa de Huéspedes Ilustres, un airoso edificio levantado sobre las ruinas de un almacén para avíos de guerra, en el antiguo Fuerte de Manzanillo. Allí se produciría el encuentro entre los mandatarios de Venezuela y Colombia, que continuaba el diálogo abierto meses antes para convertir en un polo de progreso económico y social el territorio fronterizo, una línea de 2 219 kilómetros que ha sido el eje histórico de una relación política tormentosa entre los dos países. 

 

Como la lluvia que retrasó ese encuentro, las tensiones en la frontera han problematizado hasta niveles de franca inquietud las relaciones entre Colombia y Venezuela.  Mantener en permanente escaramuza a ambas cancillerías ha formado parte de la guerra sucia, dirigida por el Pentágono contra el gobierno de Chávez y amplificada con extrema malicia por militares y  medios de prensa hostiles en ambos países.  "Muchos han tratado de meternos en la cabeza a Colombia como una amenaza", aseguró el Presidente venezolano en la rueda de prensa convocada al final de este encuentro en Cartagena.

Venezuela ha denunciado y demostrado el carácter subversivo de la infiltración de narcotraficantes y de paramilitares, utilizados con fines criminales por ganaderos y latifundistas de ambos países, como el grupo que reclutó la Coordinadora Democrática para ejecutar en territorio venezolano acciones terroristas e incluso el magnicidio. O, más recientemente, masacró a seis venezolanos -entre ellos una ingeniera de PDVSA y un ahijado del Presidente-, en una emboscada en el Estado de Apure, donde días después se registraron otros ocho asesinatos.

 

"Pero Colombia no es una amenaza… Estamos avanzando en un modelo de desarrollo a lo Bolívar", añadió Chávez, poco después de que Uribe anunciara los importantísimos acuerdos de la reunión que, entre otros proyectos, contempla la construcción de un gasoducto que unirá Maracaibo con el Pacífico colombiano, una obra monumental concebida para mejorar la situación social de las comunidades por las que atraviese este enorme tubería con salida al mar. "No se puede seguir haciendo lo que se hizo siempre: torres petroleras rodeadas de miseria", añadió Chávez.

 

La agenda común incluyó la comercialización de combustibles, el drama de los desplazados, la cooperación aduanera y la rehabilitación de vías terrestres y fluviales… Frente a las manipulaciones y acusaciones contra Chávez, resulta innegable que con inteligencia y sentido común se ha sumado Colombia a lo que viene siendo la prédica y praxis de Chávez, un modelo de integración latinoamericana que intenta el retorno del poder político y económico a los países de la región, al margen de los intereses norteamericanos. O sea, la descolonización.

"Nuestro sueño es el sueño de Bolívar: la Unión Sudamericana", insistió el Presidente venezolano, que volvía a ratificar en el pequeño pabellón de la fortaleza militar construida en el Siglo XVI, donde se dio a conocer la declaración final del encuentro y ambos mandatarios sostuvieron un intercambio con la prensa, que la verdadera cruzada contra el terrorismo es aquella que promueve el respeto a la autodeterminación de los pueblos, la soberanía de los Estados y los derechos esenciales de todos los habitantes de este planeta. Un modelo humanitario espiritual contrario a la política de Washington de división y conquista de nuevos territorios.  

 

Concluía el encuentro en la medianoche del martes, unas siete horas después de lo programado, en una despejada y calurosa Cartagena que se despedía de Hugo Chávez ya sin lluvias: "La historia y lo geografía lo dicen: nacimos para ser un solo pueblo". Y el significado profundo de esas palabras del Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, que no se pueden descontextualizar de las horas de diálogo, la promesa de reunirse cada tres meses y el abrazo sincero entre los dos gobernantes, es muy evidente: entre el imperialista Monroe y el Libertador Bolívar, no hay término medio posible.

 

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Rosa Miriam Elizalde

Rosa Miriam Elizalde

Periodista cubana. Es Doctora en Ciencias de la Comunicación y autora o coautora de los libros "Antes de que se me olvide", "Jineteros en La Habana" y "Chávez Nuestro", entre otros. Ha recibido en varias ocasiones el Premio Nacional de Periodismo "Juan Gualberto Gómez" y el Premio Nacional "José Martí", por la obra de la vida. Fundadora de Cubadebate y su Editora jefa hasta enero 2017. Es columnista de La Jornada, de México.