El viandero
En mi pueblo, Arroyo Arenas, había un Liceo, algunos le llamaban La Sociedad. Allí se daban tremendos bailes, algunas veces en la Semana Santa y otras en cualquier fecha propicia del año. Las orquestas y conjuntos que tocaban eran de las mejores: la Arcaño y sus Maravillas, Antonio María Romeu con Barbarito Diez, Paulina Álvarez, el conjunto Casino, la Sonora Matancera y otros. Se bailaban danzones, boleros, guarachas, pasodobles y hasta rumbas y congas.
Yo era muy aficionado al baile, aunque era patón. No me perdía una pieza, desde luego, siempre que lograba ligar la pareja. ¡Que bellos eran aquellos danzones con su montuno! Había que hacer unas paradas dentro del baile, las muchachas se echaban fresco con sus abanicos, los abrían y los cerraban, con una gracia singular.
No sabía qué hacer en esas paradas, si ponerme las manos en los bolsillos de la levita o cruzar los brazos sobre el pecho o cogerme las manos por la espalda.
Los pasodobles eran piezas exquisitas. Se recorría todo aquel largo salón dando la vuelta con la pareja. Una vez me topé con una señora, creo que me llevaría unos años, me dijo: “Te voy a enseñar a bailar”. Me indicó que la sostuviera fuertemente, que se sintiera que yo era el hombre, que yo la llevaba y comenzamos a danzar aquel pasodoble por aquel piso que resbalaba como hielo. Yo me sentía muy bien, estaba como en un sueño.
Con el peso que me habían dado en la casa invité a la dama a una cerveza y me lo gasté todo (la cerveza costaba 10 centavos). Estando allí disfrutando de aquel rico trago escuché un grito. Era la voz de una jovencita. Esta le decía a su compañera: “Mira quien está allí, ¡El Viandero!”... Yo quería que me tragara la tierra. No sabía donde meterme, ni qué hacer.
Eran dos chiquitas lindas que yo conocía de la playa, a las que siempre miraba apasionadamente, pero sin decirles nada. Allá iba todos los días con mi carro de caballos vendiendo desde temprano la vianda que todos deseaban: papas, malangas, boniatos, yuca, ñame y plátanos y además las pregonaba: “Buenas papas de Güines”, “De repollo yo traigo las coles”.

Mi carro de viandas y frutas. El autor es el segundo de izquierda a derecha.
Escuche a Barbarito Diez, interpretando "A mi manera"
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me fasina las opiniones de pedro urra medina soy habanera y conosco muchas a nectotas como las que el narra y las difruto mucho gracias
Admirado Urra: Aprecio en mucho sus crónicas, las disfruto y creame que me hubiese gustado ser yo quién las escribiera. Su manera de contar es serena, como si estuviera disfrutando cada recuerdo. Cuando me jubile, para lo cual aún me falta un poco, espero poder hacer algo similar con las remembranzas de mi viejo y pintoresco Calimete. Sus crónicas me serán de mucha ayuda para tomarlas como referencias. Mis cordiales saludos y gracias.