Manolo de los Santos en el V Coloquio Patria: “Fidel no daba discursos, dirigía cursos de formación política”

Manolo de los Santos durante el cierre del V Coloquio Patria. Foto: Cortesía Coloquio Patria.
Al cierre del V Coloquio Internacional Patria, el director de The People's Forum, Manolo de los Santos, ofreció la conferencia magistral “La palabra hecha Revolución: Fidel y la comunicación”, que se convirtió en una verdadera clase de historia, política y estrategia comunicacional. Frente a un auditorio atento, el intelectual comenzó llevándonos de vuelta a Fidel, porque lo que construyó el Comandante no fue solo un método de dirección o liderazgo, sino toda una arquitectura donde millones de personas pudieran participar y ver.
La diferencia hoy —explicó Manolo— es que esa arquitectura no pasa únicamente por estar en la organización de la Revolución o escuchar la radio, sino también por las plataformas digitales y las nuevas dinámicas laborales. Sin embargo, la lógica sigue siendo la misma: cuando la comunicación deja de ser simple emisión y se convierte en un proyecto apropiado por lo colectivo; cuando la gente no repite un mensaje, sino que lo hace suyo; y cuando las voces individuales no se diluyen, sino que se funden en una sola voz común, entonces aparece el único colectivo que Fidel supo entender.
Manolo recordó entonces las palabras del presidente Miguel Díaz-Canel, cuando habló de cómo Fidel elevó los sueños de los humildes de este país. Eso —dijo— es la esencia de la amplificación de un mensaje político: lograr que millones de personas no solo sueñen, sino que hagan propio el discurso político.
Y con eso se plantó el fin del mito de que iba a haber una revolución en el mundo. Pero la respuesta de Fidel ante cada escenario revela mucho de cómo entendía la comunicación política: no solo como estrategia o táctica de lucha, sino también como una necesidad de supervivencia.
La entrevista a Matthews y el nacimiento de Radio Rebelde
Una de las primeras acciones que tomó el Movimiento 26 de Julio, en febrero de 1957, fue invitar a Herbert Matthews, periodista norteamericano, a realizar un viaje casi clandestino hasta la Sierra Maestra. La misión principal: entrevistar a aquel joven líder barbudo y revolucionario. Los artículos que comenzaron a salir el 24 de febrero demostraron no solo que Fidel estaba vivo, sino que en la Sierra Maestra existía un movimiento de jóvenes rebeldes dispuestos a dar la vida por transformar la realidad de todo el pueblo cubano.
Pero Fidel no se quedó solo en recibir entrevistas. En febrero de 1958 estableció Radio Rebelde. Manolo pidió respeto para el equipo de esa emisora, porque tiene una historia increíble. Para quienes no la conocen, explicó que transmitían con equipos montados sobre mulas que atravesaban las montañas; buscaban generadores con gasolina escasa; su señal era superdébil y su programación, bastante primitiva.
No tenían estándares técnicos ni las capacidades maravillosas de hoy. Sin embargo, Radio Rebelde se convirtió en el arma más potente del arsenal político de la lucha popular. ¿La razón? Porque no se dedicaba a transmitir propaganda en el sentido más simple. Daban noticias precisas sobre cómo iba la lucha armada; hablaban de las fechorías de la dictadura de Batista, de las condiciones de lucha en las ciudades y, algo inédito para su época, daban los nombres de los campesinos asesinados por la dictadura, poniendo rostro a la represión.
Reportaban las bajas de los guerrilleros y explicaban en términos concretos por qué se luchaba en la Sierra Maestra: la Reforma Agraria, la educación, la salud, la necesidad de terminar con un régimen cruel.
Manolo se refirió entonces a los largos discursos del Comandante. Todos sabemos que Fidel hablaba largo y tendido: hay miles de discursos, algunos de 15 minutos, otros de 4, 5 o 6 horas.
Para muchos observadores extranjeros resultaban extraños, e incluso algunos llegaron a decir que era medio patológico. Pero lo que realmente hay que entender —aclaró Manolo— es el objetivo real de Fidel: él no daba monólogos, dirigía cursos de formación política. No jugaba sobre la base de su autoridad personal, sino que buscaba colectivizar el proceso de gobierno del pueblo cubano.
El orador describió la estructura típica de sus intervenciones: Fidel entraba con el tema del momento inmediato —la inauguración de una escuela, el aniversario del 26 de julio— pero desde ahí conectaba con causas históricas más amplias y universales; hablaba de la correlación de fuerzas en el mundo. Podía pasar a detallar cuántas vacas, cuántos cerdos, cuántas escuelas y cuántas computadoras se iban a construir.
Pero lo más importante: en todo su discurso siempre reconocía los problemas. Iba del reconocimiento de los problemas a explicar sus causas y a proponer soluciones. Hacía múltiples preguntas a la multitud; no preguntas retóricas, sino preguntas que dejaban a la gente preguntándose a sí misma durante horas, días, meses y años.
Y algo que la prensa extranjera encontraba increíble: Fidel hacía chistes en sus discursos. No era un orador retórico en el sentido clásico. Era un maestro, un pedagogo. Enseñó a un pueblo entero a pensar de manera sistemática sobre sus propios desafíos. Nunca habló al pueblo como si fueran niños que necesitan que les digan el mensaje; les hablaba como adultos que necesitan entender y participar en el porqué y el cómo de las decisiones del país.
La comunicación política no puede ser solo contenido rápido
Para Manolo, las lecciones de Fidel son claras y también contraculturales. La comunicación política no se puede reducir a contenido rápido. En nuestro ecosistema digital, la comunicación más efectiva no es la que capta la atención en el momento, sino la que construye capacidad de comprensión colectiva de los problemas actuales.
Eso implica recuperar espacios de explicación, información y, sobre todo, debate político. Se necesitan hilos que conecten ideas, videos que desarrollen argumentos, materiales didácticos impresos que ayuden a pensar. No se trata de abandonar los formatos breves, sino de articular procesos más profundos.
Un movimiento que solo comunica para reaccionar o viralizar puede ser muy rápido en un momento, pero también se desvanece con la misma rapidez. Un movimiento que comunica para la formación política y construye criterios colectivos es el que se sostiene en el tiempo.
El conferencista confesó algo curioso: duró días buscando una imagen de Fidel del 4 de agosto y no encontró una con buena resolución, así que tuvo que recurrir a la inteligencia artificial.
Pero de ahí saltó a un momento crucial: la caída del Muro de Berlín, la desaparición de la Unión Soviética y el bloque socialista en 1991. Para Manolo, lo interesante es pensar cómo sobrevivió la Revolución Cubana en ese momento, cómo sobrevivió el Período Especial. Y aunque hubo múltiples factores políticos y económicos, Fidel nunca minimizó el sufrimiento del pueblo cubano. Explicó con lujo de detalle lo que significaba el colapso soviético.
Manolo contó que buscó videos de Fidel hablando en esos días y, de manera sistemática, en todas las oportunidades el Comandante hacía esta pregunta de múltiples maneras: ¿Aceptarían los cubanos ciertos sacrificios para preservar su independencia o estarían listos para rendirse? ¿Está Cuba dispuesta a volver a la esclavitud neocolonial de Estados Unidos? Esclavitud o libertad.
Esa no es la pregunta solo de las últimas seis décadas; es la pregunta de 500 años del pueblo cubano. Y la mayoría de los cubanos, siendo protagonistas de su propia historia, ya habían sido formados por el maestro Fidel, pero también porque vivieron en carne propia lo que ha sido y es el imperialismo norteamericano.
Luego vino el famoso episodio de la ONU. En el año 2000, Fidel llegó a dar su último discurso en Naciones Unidas y le dijeron a todos los miembros: “Tienen cinco minutos para hablar”. Pero Fidel no venía a hablar a nombre de Cuba; venía a hablar a nombre de los explotados, los oprimidos, los olvidados de todo el planeta. Entonces tomó su pañuelo y cubrió el cronómetro.
Ese gesto —explicó Manolo— era la esencia de la Revolución Cubana. Fidel fue un líder desafiante y a la vez profundamente serio. No se burlaba del protocolo: rechazaba la premisa de que los problemas de la humanidad se pueden tratar en cinco minutos. Los temas que Fidel vino a plantear fueron los crímenes de la colonización, la necesidad de reparaciones del norte global al sur, y la crisis ecológica, de la que nadie quería hablar en esa época.
“La comunicación política es performance política —subrayó—, es montar el escenario, no en un sentido superficial de espectáculo vacío, sino como capacidad performática de generar gestos”. Manolo puso un ejemplo contemporáneo: él estaba en una esquina de Nueva York y de repente sintió sobre su hombro a un presidente cubano que se atrevió a estar en esa esquina contra todas las reglas, todos los presupuestos y todos los recursos.
Esa acción, al igual que el pañuelo de Fidel, fue un dispositivo comunicativo que convirtió lo que pudo haber sido un simple discurso en la imagen más valiente, potente y viralizada. Hoy la lógica es evidente: las acciones que logran mayor impacto no son las que mejor explican una idea, sino las que encarnan un gesto claro que se pueda firmar, compartir y regalar.
Manolo describió el Período Especial no solo como una crisis económica, sino como una crisis política, ideológica y sobre todo cultural. El colapso del bloque socialista generó un sentido de triunfalismo en las élites mundiales y, para Cuba, ese entorno ideológico era muy amenazante, tanto o más que el colapso económico.
La respuesta de Fidel fue lanzar la Batalla de Ideas: una fuerza integral para renovar los fundamentos ideológicos de la Revolución, que no pasaba por dar impulso solamente, sino por la educación, nuevas instituciones culturales, videoclubs, centros de debate, espacios donde los jóvenes se encontraban con computadoras.
Y cuando el mundo iba en dirección contraria, Fidel —rebelde como siempre— generó una campaña pública para decir que el socialismo en los años 90 era más urgente que nunca, y que el capitalismo, por su crisis sistémica y cíclica, jamás podría responder a las necesidades de la humanidad.
Fidel no presentó el socialismo como una respuesta mágica, sino como un proyecto continuo de autosuperación colectiva.
Cinco lecciones de Fidel para los comunicadores de hoy
Manolo de los Santos resumió en cinco lecciones la práctica comunicacional del Comandante:
Primera lección: la confianza no se fabrica, se gana mediante la honestidad constante con el pueblo. Los discursos de Fidel, sus explicaciones detalladas, su disposición a reconocer errores, fueron los mecanismos con los que construyó confianza. En una era de “fake news”, el movimiento que dice siempre la verdad, cueste lo que cueste, es el que perdura.
Segunda lección: la comunicación tiene que ser un proceso colectivo. No funciona si solo habla el presidente o un líder. Tienen que hablar todos, sin repeticiones robóticas. Eso hace que el análisis político sea la visión de todo el mundo. Las redes premian la simplicidad y la emoción, pero construir poder requiere trabajo lento, constante y de hormiga.
Tercera lección: la comunicación se trata de dónde nos paramos y con quién. Fidel con los indígenas del Amazonas, Fidel con los pueblos del mundo, Fidel en Vietnam bajo las bombas. Es la identificación del proyecto político con la causa de todos los pueblos.
Cuarta lección: las crisis son los mejores momentos para hablar. No hay que abandonar la comunicación ni ser cautelosos. Fidel habló más en el Período Especial que en cualquier otro momento.
Quinta lección: la comunicación tiene que estar fundamentada en hechos, no en palabras. Cualquiera lanza un tuit, pero pocos —los revolucionarios— producimos hechos políticos. Las misiones médicas, las campañas de solidaridad, son hechos políticos comunicativos. El propio Coloquio es un hecho político, no un evento de comunicación.
Comunicación y acción política son una misma cosa
Manolo concluyó con una reflexión profunda: la comunicación no es una dimensión separada o posterior a la acción política; es lo mismo que la acción política. No se trata de construir falsas realidades, sino de movilizar lo que ya existe, lo que el pueblo aspira y sueña. Una lección profunda en esta era del siglo XXI es que el poder no solo está en quién domina la narrativa, sino en quién logra articular redes reales, afectivas y humanas en tiempo real.
Por eso el concepto de The People's Forum es tan importante: no se trata de encuentros digitales, sino de crear un espacio material concreto donde comunicadores y militantes políticos converjan en un solo proceso real. Ya no es como hace años, cuando decíamos “tú eres comunicador y yo soy militante”. No. Somos comunicadores y militantes políticos con un objetivo común: crear poder popular para derrotar al imperio y construir el futuro que queremos.
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Saludos, Fidel ofreció cursos de Formación Cívica a quiénes apoyen la Revolución. Cubana, no a los traid9res oportunistas politiqueros.
Excelente. Por favor publiquen la conferencia integramente.
Brillante y excepcional comunicador Manolo. ¿Dónde se puede encontrar su conferencia magistral? ¿Dónde descargar los documentos emanados del Coloquio Patria? Las armas deben estar al alcance de los revolucionarios.
Excelente conferencia, digna de replicarla en todos los medios y que sirva de instrumento de lucha. Gracias a Manolo un ferviente defensor de las causa más justas.
Brillante conferencia de un joven intelectual que precisamente no es cubano, me impresiona su comprensión del pensamiento político de nuestro Comandante.
Me gustaría mucho, que esos jóvenes cubanos que siguen creyendo en los cantos de sirenas, se dedicarán a estudiar al Comandante y también al Che, para que comprendieran dónde está la verdad y porque este pueblo ha luchado tanto desde tiempos inmemoriales y han caído tantos hombres y mujeres por nuestra independencia.