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Primavera perpetua en el Jardín de la Gorda (continúa) + Audio

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Augusto Blanca en el Jardín de la Gorda. Foto: Víctor Casaus

Augusto Blanca en el Jardín de la Gorda. Foto: Víctor Casaus

Capítulo aparte, el Jardín de noviembre trajo un  regalo que no se nos había ocurrido esperar. Norlan (a quien Diana define como “el médico de cabecera” de la gordita Sara González) y su colega Julio, nos ofrecieron sus composiciones llenas de humor del bueno y excelente música, expresión de su Dúo del Sur (aclaran ellos que se trata de Santiago de las Vegas, al Sur de La Habana). Incansables en el esfuerzo por contagiar su fe en el valor del alivio  mediante la ocurrencia y el buen ánimo, cubrieron con sus composiciones uno de los ratos memorables de la tarde cuando, súbitamente y para su propio asombro, se vieron secundados por la Sara Banda en pleno.

Apareció, entonces, el toque primoroso de una canción que bien puede convertirse en el himno del Jardín. Augusto Blanca la traía, envuelta en la ternura de una bella historia donde hay mar, tierra y aire pero, sobre todo, amor. Había nacido como regalo del trovador a la Gordi en sus sesenta, cumplidos unos meses atrás. La imagen de lo que fue, es y será para todos los que guardamos ánimo y fuerzas a ver cómo vendrá la tarde en el último domingo de cada mes, aflora en cada motivo musical.

Una calma afilada pone proa al imprescindible Son oscuro de Noel cuando Amada Morado coloca en el ambiente una impecable lectura de los Cantares del mal de amores, de Mirta Aguirre cuyo centenario no se quedó sin grabar en el tronco del árbol que nos sirve como cobija. Nos vamos sintiendo cada vez más juntos. Pedro Díaz Ramos desdobla y lee un mensaje de Tony para Sara,  que salió de su escondite para meterse en nuestros corazones. La Sara Banda insiste en recordarnos que todo tiene un principio pero que en este sitio nunca se llega del todo al final. A Marta Campos, por detrás de la sonrisa, se le anuda la garganta y a nosotros también cuando coreamos: “quise esconder mi alma pero se me ve”.

Dice Diana que el Jardín de diciembre será el domingo 30 y estará dedicado al jazz y a Pucho. Aplausos. Nos formamos en grupos pequeños antes de ir saliendo en orden. Nos tomamos fotos, nos pedimos los teléfonos, nos abrazamos. En el Jardín de la Gorda pasan cosas.

Almendares, 9 de diciembre de 2012

BREVE LEYENDA DEL RUISEÑOR Y EL TOMEGUÍN

(A Sara y Diana, jardineras del amor)

Hay un lugar donde el amor

ancló su barca de tesoros

y abrió mil surcos en el lodo

con la esperanza del candor

Este lugar era un erial

no conocía de ternuras

del verso pleno, de dulzuras

colores, luz de manantial

Y fue brotando cada flor

engalanando aquel camino

para guiarnos al festín

del canto de este ruiseñor

que da la vida en cada trino

y a dúo con su tomeguín,

convierte el llanto en trova plena

vibrante coro…nuestro jardín

“¡ Ruiseñor, sigue cantando que no quiero verte nunca llorar,

Ruiseñor sigue cantando…no llores…!”

Augusto Blanca (Jibacoa, noviembre de 2011)

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Marta Valdés

La Habana, 1934. Compositora, guitarrista e intérprete de sus obras. En 1955 se inició como compositora con su canción “Palabras”. La autora ha basado sus creaciones en géneros como el bolero y la canción dentro del estilo “feeling”. Entre los intérpretes de su obra se encuentran Elena Burke, Doris de la Torre, Bola de Nieve, Cheo Feliciano, Reneé Barrios y, más recientemente, prestigiosos artistas suramericanos y españoles que se han sumado a esta lista.

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