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Primavera perpetua: el Jardín de La Gorda (+ Video)

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Sara González. Foto: Roberto Chile/ Cubadebate

Sara González el 26 de diciembre del 2011. Foto: Roberto Chile/ Cubadebate

Yo sabía que la gordita Sara era uno de los seres  más simpáticos y ocurrentes entre toda la gente que he podido conocer. Nadie se salvaba de sus bromas. Nadie que se le acercara con un contratiempo, nadie que estuviera pasando por una vicisitud, se marchaba sin el gesto solidario, la frase animosa, en muchos casos la ayuda material; “gorda”, “gordo”. le decía lo mismo a la persona entradita en carnes que al ser más escuálido de cuantos han pisado esta tierra cubana. Lo que yo no había reparado en Sara González era hasta qué punto podía merecer el calificativo de “sabia” que se ganó el mismo día que decidió plantarse en un patio de El Vedado y denominar ese rincón del universo como El jardín de la Gorda Ella está allí el último domingo de mes, haciendo y deshaciendo, zafando y volviendo a tejer un caprichoso “crochet” donde todo deja de ser lo que ha sido y comienza a ser algo nuevo, más fuerte y novedoso. La gente no duda en concentrarse, ahora con el cambio de horario que fija la cita para las 4 de la tarde.

La sorpresa fue grande cuando yo me acercaba por  la calle 25 con toda mi calma. Luego de un significativo “pase usté, madre”, que me dijo un señor mientras recogía la puerta de su verja para evitar que yo tropezara, escuché a todo meter el sonido de la Sara Banda, me di cuenta del cambio de hora y apreté el paso. Doblé por la esquina y percibí, cada vez con mayor claridad, una bella voz de hombre lanzando un bolero muy conocido, de ritmo apurado; aplausos y comienza entonces a picarme la curiosidad porque la voz me sonaba conocida y ahora se trataba de uno de los más recios boleros mexicanos de los años 40, Verdad amarga, de Chelo Velázquez, además de sabrosamente recreado –dentro del modo de cantar de estos tiempos– impresionantemente bien acompañado a la guitarra.

El público del Jardín de la Gorda. Foto: Víctor Casaus

El público del Jardín de la Gorda. Foto: Víctor Casaus

Lleno, repleto el Jardín que no cabía un alma, tomé posesión de una silla que, sin duda, la dueña de todo aquello había dejado suelta por si yo llegaba. No lo pensé dos veces, ahí mismo al fondo, donde no se veía pero se escuchaba perfecto, me senté a darme gusto y, cuando no pude más de la curiosidad, me paré, me empiné todo lo que pude y vi que se trataba del trovador Eduardo Sosa con Dayron, el guitarrista del Cabildo del Son, de Pancho Amat. Fue ahí que Diana me divisó, vino, me agarró de la mano y me hizo caminar (con tremenda pena) para sentarme junto a su madre, en primera fila, entre exclamaciones de un horror del cantante que ni el mismo se creía, puesto que se lanzó a regalar (pensé que era un especial para mí) ese clásico del también mexicano Arturo Castro que Elena trajo, recién estrenado, en 1968: Llorando por dentro, en unl momento en que, según los francotiradores de la historia del bolero, ya no se componía esta modalidad de canciones en ese país, cuando lo cierto es que la expresión se mantenía en auge creciente si de creadores e intérpretes se trata. Y es que no es el movimiento de mercado el que tiene la verdad acerca de la historia de nuestros cantares; no es precisamente el pulso de su molienda el que registra la verdad de nuestra vida musical. No me desvío -entiéndanme–sino que me dejo dar cranque desde “allá” por La Gorda y su memoria, en medio de la contentura que me dio el haber encontrado  en el camino a un nuevo bolerista de lujo a quien pediría una y mil veces no abandonar esa senda llena de tesoros que piden a gritos no seguir confinados a lo más oscuro sino que reclaman, aunque sea de tarde en tarde, una lucecita que les permita seguir haciéndonos eso guiños tan preciados para el corazón.

Eso no era todo sino que nos esperaban todavía, en aquel jardín dedicado a la familia cubana, momentos especialmente sensibles donde se hicieron presentes –por derecho propio– nuestros cinco hermanos ausentes, en los poemas de su preferencia que, ante familiares suyos, la actriz Amada Morado y el actor Pedro Díaz Ramos, colgaron cuidadosamente en medio de la tarde.

Pensé que un solo domingo bastaría para no quedar en deuda con la propia vida; pensé que en un solo encuentro desde este espacio podría dar noticia de lo que fue el “jardín” de noviembre. No sería leal que me conformara con ofrecer una imagen incompleta; el testimonio de lo que fue la tarde del domingo 25, continuará pidiéndoles espacio y tiempo para el encuentro de la semana próxima; el caso lo merece.

En el Jardín de La Gorda pasan cosas. (Continuará)

Almendares, 2 de diciembre de 2012

Marta Valdés en el Jardín. Foto: Víctor Casaus

Marta Valdés en el Jardín, el 25 de noviembre de 2012. Foto: Víctor Casaus

En Video: “Amor de millones”, interpretado por Sara González con el Grupo Guaicán

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  • ABC dijo:

    Martha:
    Soy una más de los ‘muchos’ que admiramos su obra. Que sabemos de memoria, canturreamos, y hasta regalamos sus canciones. También de los que seguimos este espacio delicioso que cada domingo nos obsequia Ud. junto a Cubadebate. Tenía -lo confieso- muchas ganas de saber de Ud. más allá de sus palabras. Y quizás se pregunte qué podrá decirle esta foto casual a una joven que la admira? Créame que verla y saberla tan vital, ha sido un buen regalo acompañando la memoria de “La gorda”.
    Cuídese mucho. También para nosotros.

  • ABC dijo:

    Cuidé tanto lo que iba a escribirle, que se me fue una ‘h’ de más en su nombre. Me disculpa la falta?

  • Adonis dijo:

    Admiración y respeto profesan tantas glorias de la cultura cubana, más espacios para divulgar sus obras es lo que necesitamos pues la sed insaciable del buen gusto siempre acompañará a los que soñamos por el oido. Solo lamento que estos espacios acogedores donde se pueden disfrutar tan excelentes piezas y compartir con sus mejores ejecutantes sean casi esclusivos de la capital.

  • Enrique.maresma dijo:

    Sin lugar a dudas Grande Sara, Grande Martha Valdés…gloriosa Martha (PALABRAS) no tengo otras palabras para para ella y sus Palabras.

    Respecto a estos dos jóvenes virtuosos Eduardo y Dayron, siempre que se unen nos entregan el corazón en cada obra que interpretan, usted lo pudo corroborar al escucharlos en la distancia cuando apuraba el paso para llegar hasta el Jadín de la Gorda, hasta tener a estos dos talentos al alcance de su mano.

    Por otra parte tengo la dicha, la satisfacción y el honor de contar con el afecto de estos dos hijos que me colman de felicidad, que cubanos!, que grandes personas!.

    Que tranquilidad para Cuba, los cubanos saber que los tenemos, que cargan sobre sus hombros esa alta responsabilidad de mantener y que viva por simpre lo mejor y digno de la música cubana, de la cultura cubana.

    Martha un fuete abrazo , le deseo todo género de cosas buenas y hermosas que la vida le pueda deparar a un ser humano, más a alguien tan especial como ud. y que tanto nos ha entregado.

    Afectos para todos.

    Enrique Maresma Ballesteros.

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Marta Valdés

La Habana, 1934. Compositora, guitarrista e intérprete de sus obras. En 1955 se inició como compositora con su canción “Palabras”. La autora ha basado sus creaciones en géneros como el bolero y la canción dentro del estilo “feeling”. Entre los intérpretes de su obra se encuentran Elena Burke, Doris de la Torre, Bola de Nieve, Cheo Feliciano, Reneé Barrios y, más recientemente, prestigiosos artistas suramericanos y españoles que se han sumado a esta lista.

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