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Que se les oiga es lo que más necesitan

Publicado en: NosOtros
En este artículo: Antropología, Cuba, Cultura, Religión, Salud
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Yemaya, de Maria Giulia AlemannoR.M.- Yuriel, tenemos varios tópicos en el tintero, le parece si hoy conversamos sobre…

Y- Si usted me lo permite, le presento a un amigo, religioso también, que me visita con frecuencia. Su nombre es Remigio. Es médico. Tiene cuatro misiones internacionalistas ahí donde usted lo ve.

R.M.- Mucho gusto. Claro que acepto. Entonces con más razón podríamos dedicar este encuentro a la comunicación. La comunicación que se establece entre las personas que vienen necesitadas de restablecer su salud y ustedes.

Y- Sí, bueno, pero de comunicación podemos hablar en varios sentidos, y no sólo en el acto o en el proceso de la curación.

Es interesante probar cómo las personas lo que más necesitan, cuando vienen a nosotros, es sentirse escuchadas. Es que se les oiga. Un oído receptivo. Y creo, que de tenerse en cuenta este aspecto, la relación entre los individuos mejoraría en extremo, no sólo aquí entre nosotros, sino en sentido general. Pero, también podemos intercambiar sobre la comunicación, la palabra, en el sentido de que esta religión, por no estar institucionalizada y no tener para su conservación y difusión, uno o varios documentos escritos, nuestra manera de mantener la memoria ancestral, es a través de la palabra. Es la oralidad nuestra fortaleza.

R.M.- Interesantes ambas propuestas. Pero, me parece no debemos desaprovechar la presencia de Remigio para conversar sobre la primera.

Y y R- Como médico le puedo asegurar que es uno de los tópicos más cuestionados en la medicina en este momento. No sé si conoce que en la actualidad hay consultas médicas por Internet, por teléfono y hasta por televisión y radio. No me estoy refiriendo a consultas didácticas para enseñar a la población como debe actuar en tal o mas cual situación. No. Se trata de consultas individuales, donde el enfermo dice lo que padece y el especialista responde con tratamiento o simplemente consejos a seguir. En Cuba por suerte, no tenemos estas situaciones. El asunto es muy preocupante, porque si no se tiene el contacto directo con la persona a la que vas a atender, nunca consigues el diagnóstico acertado. La manera en que la persona se proyecta ante el médico o el curandero, y las miles de preguntas que surgen a partir del contacto directo, es una experiencia única e irrepetible, y que brinda mucha información a la hora de cerrar un dictamen.

Le voy a relatar una experiencia que tuve en una de mis misiones en Suramérica.

La población que nosotros atendíamos, por supuesto, era muy pobre, pero a nosotros podía llegar cualquier persona con otras posibilidades económicas y era atendida sin distinción. Un día, viene a mi consulta un señor algo instruido, con buena presencia, con señales de desesperación. Venía a pedirme que lo visitara en su casa, pues allí tenía una hija que ya no podía caminar, que cada día iba más para atrás, y que se le estaban haciendo todos los remedios ordenados por el médico, que él no comprendía, etc. etc. El sorprendido era yo, y a la vez sentí curiosidad por el caso. Ese mismo día casi al anochecer me aparecí.

La muchacha afectada, de 19 años, estaba acostada en su cama desde hacía casi siete meses, y era su madre quien la aseaba y malamente la obligaba a comer. A los pocos días de creada esta situación en la casa, la madre intenta por todas las vías buscar ayuda. En el hospital local, conversa con un médico que le dice que no es necesario que llevara a la muchacha, que comenzara a darle unos relajantes musculares y unos somníferos, pues los síntomas (que describió la madre) son muy comunes en los jóvenes de esas edades y que ya él había tratado varios casos similares en la zona.

Cierto es que este antecedente me daba muy poca información acerca de la paciente. Intenté varias veces conversar con ella, pero la resistencia era total. Decidí que si no hablaba con la muchacha poco y mal podía ayudar, porque tampoco se dejaba auscultar ni acercársele. Estuve visitando aquella casa diez días consecutivos. El día once, como por “magia”, aquella joven rompe a llorar frente a mí y me mira, como suplicando que tuviera paciencia, que ella me necesitaba. Esa fue mi interpretación. Pasaron otros quince o dieciséis días más, hasta que en el borde de su cama y con voz muy baja me empieza a contar, que a su amigo lo mataron delante de ella, que aquella noche la violaron seis hombres y que ella no quería seguir viviendo.

La familia lo desconocía todo.

No crea usted que esta información la obtuve en un solo día. En eso estuvimos como un mes. No soy psicólogo, pero me propuse que aquello lo resolvía, costara lo que costara.

La paciente sufría una parálisis de los miembros inferiores, provocada por el shock tan fuerte que experimentó el día de los trágicos sucesos. Y pudo llegar a ser peor.

Este fue un caso mal tratado desde el principio, nunca debieron creer los padres que tales rechazos de la hija a querer hablar y levantarse, iba a buen puerto. Pero, el médico actuó irresponsablemente, pues era el único capacitado para traducir todos los síntomas en un diagnóstico de valor. La mirada y las palabras de la joven no podían ser sustituidas por nada. El diagnóstico real sólo se podía generar en ese tope.

Me siento orgulloso de ser médico cubano, pues aquel padre vino a buscarme por la opinión que se manejaba en la comunidad acerca del trabajo de nosotros.

En la curandería popular sucede exactamente lo mismo. Creo que el elemento de la comunicación se fortalece, pues las personas cuando escogen visitar al curandero, casi siempre vienen con afecciones vinculadas a su cotidianidad, más aún a la pérdida del equilibrio de esa cotidianidad, entonces, es preciso alimentar un ambiente de confianza y comunicación para brindar el apoyo necesario. No es poco lo que debemos intercambiar para comprender todo lo que pasa en y alrededor de la persona, y encausar su estabilidad. Que se les oiga es lo que más necesitan.

Se han publicado 5 comentarios



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  • Carlos Valdés Sarmiento. dijo:

    El tema de hoy, la comunicación, es fascinante; Jesús (Elleguá según me han dicho, hijo de Olofi) tenía ese estilo en su predicación, muchos son los ejemplos, pero quizás el más ilustrativo es su encuentro con la Samaritana; hay que tener en cuenta el ambiente difícil en que se produce este encuentro, judíos y samaritanos no se trataban (Juan capítulo 4, versículos 1 al 42).
    La samaritana iba al pozo al mediodía, pues era una mujer de dudosa moral y a esa hora estaba el pozo solitario, Jesús propicia el dialogo, buscando algo que los uniera, — mujer dame de beber —, ambos tenían sed; esto crea la empatía necesaria para el acercamiento y la comunicación. Esto propició que ella entrara en sí misma y fuera sacando la realidad de su interior y valorándola, en un ambiente en que se sentía oída, escuchada, NO JUZGADA, esto le permitió extraer lo mejor de ella, ese es el proceso que ella vive.
    La transformación se expresa en su cambió de actitud, de ir casi escondida al pozo a buscar agua, deja el cántaro y sin temor, a gritos, convoca a todos los vecinos a conocer a Jesús, “Vengan a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho”, Juan 4:29.
    Jesús mantuvo este estilo de relacionarse con los que lo rodeaban, hasta el momento de su muerte, donde se encuentra en la cruz con el buen ladrón, Lucas 23: 23-43.
    Casualmente el domingo próximo comienza la Semana Santa, es Domingo de Ramos que concluye el otro domingo, con la resurrección, y hoy se celebra en la liturgia católica la fiesta de la Anunciación, otro ejemplo de comunicación, pues es el momento en que el ángel informa a la Virgen del nacimiento en su seno de una criatura por la voluntad de Dios, a través de la acción del Espíritu Santo; Lucas 1: 26-38.
    Es un tema fascinante, felicito a la autora del comentario por el mismo, Jesús, el más pequeño de los dioses o el más grande de los filósofos, el único que con su nacimiento ha marcado la división de la historia en dos eras, es un ejemplo del trabajo este, persona a persona, logrando que se sientan, OIDAS, ESCUCHADAS, NO JUZGADAS, Y SOBRE TODO AMADAS.
    Hoy nuestros médicos, como el de la entrevista, son un ejemplo de la efectividad de este método; llegue a el la expresión de mi profunda admiración y cariño, es necesario llenar este mundo de AMOR, solo así encontraremos la forma de comunicarnos y cooperar para salvarlo.

  • Ernesto Franco dijo:

    La cultura del cubano es muy diferente de la del latinoamericano en cuanto a la salud. No sólo es cuestión de conocimiento, también media el problema humano. Este caso por ejemplo deja ver que es la disposición a querer ayudar, y hacer el bien lo que distingue una posición de la otra.
    Aunque la Doctora se disguste porque la feliciten, al menos yo insisto en hacerlo, pues sorprende la cantidad de temas interesantes que logra tocar con sus entrevistados.
    A pesar de que llegado el momento estamos confiados que Cubadebate abrirá un espacio a otras religiones que también pueden dar lecciones a nuestros lectores.

  • Donato Acosta dijo:

    Saludos a los colegas y hermanos Yuriel y Remigio.
    Del Hermano Donato

  • Donato Acosta dijo:

    saludos también a la promotora de todas estas entrevistas que ya vienen siendo mas de diez y que no deja esconder el mensaje Tantos años de discriminación no es posible que no se le de el espacio que tanto merecemos ahora que la revolución nos ha dado nuestro lugar.
    Gracias.

  • AURELIO MATEO dijo:

    Hay que ver que hay parálisis funestas. Pero la mas terrible de todas es la de la mente humana. Ese médico de ese pais suramericano es un burro. estará ahí solo para ganar dinero. Que lo corran. Debían denunciarlo en su pais para que no siga haciendo barbaridades

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Rosa María de Lahaye Guerra

Es doctora en Ciencias Filosóficas y antropóloga cubana. Actualmente es profesora de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana. Tiene varios libros publicados, entre ellos “Yemayá a través de sus mitos”, en coautoría con Rubén Zardoya.

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