Mauro Casagrandi, uno de los nuestros

Mauro Casagrandi.
En La Habana que amó tanto como a Roma ha muerto Mauro Casagrandi, nacido en Italia, profundamente comprometido con Cuba.
Su corazón, salvado de parar varias veces antes de este 19 de noviembre en que dejó de latir para siempre, era noble y generoso como el de los revolucionarios auténticos que describió el Che: movido por grandes sentimientos de amor.
Una vez, mirando una foto suya de los años 60, cuando llegó a La Habana como empresario de los míticos Alfa Romeo, pregunté quién era ese actor de cine cuyo rostro, a lo Delon, me resultaba tan familiar.
"Es Mauro", respondió Marta, su segunda esposa cubana y madre de dos de sus tres hijos. Es decir que sí, además de bueno era bello, como héroe de poema latino.
Para entonces, era también héroe cubano. Uno de aquellos hombres y mujeres que la CIA creyó haber reclutado a su servicio y que se lo jugaron todo como agentes de la Seguridad cubana durante dos décadas.
Pasó el tiempo y pasaron muchas inolvidables veladas en la casa de Miramar adonde hoy van los amigos a transmitir pesares a los hijos, junto a sus cenizas.
Allí había vivido, hasta su muerte, su padre, militante de la rancia derecha italiana, quien solía gritar consignas fascistas desde su habitación, a escasos metros de la terraza donde su hijo compartía con amigos cubanos y extranjeros, izquierdistas todos.
La caída del socialismo en Europa llegó con afanes persecutorios de hombres como Mauro, luego de que las antiguas agencias de inteligencia del Este vendieran sus archivos al Oeste voraz y vengativo.
No se amilanó. Invirtió en las nuevas áreas que se abrían en Cuba, dejando huella memorable en la vieja Habana de Eusebio con un restaurante de reales sabores italianos: Prado y Neptuno, que perdió y nunca pudo recuperar por lamentables errores que nada tenían que ver con su gestión.

Mauro Casagrandi.
Cuando quiso y pudo, se decantó por el periodismo y mantuvo sus veladas para charlar sobre la oscuridad de los tiempos que corrían. De esa época, los mejores recuerdos saben a pastas con tomates frescos y suenan a óperas italianas que él solía poner de fondo a las conversaciones, pero también de los poemas de Pablo Armando y Miguel Barnet en sus propias voces, y de revelaciones tremendas de Raulito Roa, tan magnífico en la diplomacia como en interpretaciones musicales cubanísimas.
Sí, Mauro también era culto, muy culto y deliciosamente memorioso. Lo ratifiqué en el difícil marzo de 2003, cuando él y Marta me alojaron en su hogar romano y me mostraron los mil y un sitios de la Ciudad Eterna, contando cada detalle de sus valores patrimoniales a pura memoria de romano orgulloso.
Junto a él lloré frente a la Piedad de Miguel Ángel, entré a la Capilla Sixtina, lancé monedas en la Fontana de Trevi y desfilé en una fría tarde contra la guerra en Iraq. Y esos son apenas tres de infintos recuerdos entrañables.
Hay otras memorias y deudas más profesionales: su apoyo a nuestro Juventud Rebelde, cuando en plan de empresario extranjero ayudó a conocer y entrevistar, a las flores nocturnas de la Quinta Avenida, que le permitieron a Rosa Míriam Elizalde armar con solidez el dossier de su formidable investigación periodística sobre la prostitución, en los años 90.

Mauro Casagrandi.
Más tarde, sería otra vez uno de los nuestros en la fundación y sostenimiento en la red de Cubadebate, el sitio contra el terrorismo mediático que hoy quiere rendirle agradecido tributo, aunque no le perdonemos que se nos fuera sin hacer un libro de su historia personal, legendaria por donde se le mire y, para nuestra suerte, también cubana en las esencias de su entrega.
Adiós amigo, compañero, colega, maestro. En algún lugar de la eternidad nos encontraremos para saldar deudas. Sé que eres mucho más que todos mis recuerdos.


EPD gran patriota. Mis condolencias a sus familiares. Lo siento mucho Dr. Davide.
Querida Arleen, muy tierno El recuerdo de Mauro. Fue eso y mucho mas. Se queda ahora la Luz que un hombre dejo. Es ese momento obscuro de la fin quedan las luces, El bien. Manana es Otro dia.
La vida humana es finita, pero la gloria, el honor, la valentía, la solidaridad, el humanismo, el internacionalismo, son valores eternos. Su ejemplo perdurará entre nosotros.
Gran hombre, tuve el honor de conocerlo y protegerlo durante los primeros años de haberse revelado su identidad como Agente de los Órganos de la Seguridad del Estado. EPD.
EPD querido y admirado Mauro Casagrandi, gracias Aleen por tu sentida crónica homenaje. Un hombre ejemplar que demostró ser fiel a Cuba a la Revolución. Siempre leí todo lo que se publicó sobre su labor, su vida. Seguro mucho más habría que publicar
Parte hacia la eternidad otro de los buenos. Que en paz descanse. Estaremos siempre en deuda contigo. Gracias Arleen por este sentido y justo homenaje. Algo habrá que hacer para que su vida inspire a otros hombres, a las nuevas generaciones. Esa, nos la debemos.
Un abrazo.
Hermoso homenaje, tal como lo merece Mauro, ese grande italiano cubano.